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17 oct. 2016

  • 17.10.16
Cuando la Virgen de Valme regresó a la Parroquia de Santa María Magdalena, después de un magnífico día de Romería, el nardo de su carreta aún se mostraba fresco y su olor impregnaba a cuantos se aproximaban a ella. Un olor que seguro que acompañará a la Protectora de Dos Hermanas durante algunos días más, como recuerdo a una jornada que será inolvidable por la gran cantidad de romeros que la acompañaron.



El tiempo fue esta vez benévolo y se vistió ayer domingo de gracia, marcando unos espacios que permitieron en todo momento que se pudiera disfrutar de la fiesta con plenitud. En la crónica de urgencia de ayer domingo, se dejó a la Virgen a bordo de su carreta recorriendo las calles de Dos Hermanas camino del Santuario de cuarto. Y unas horas después se recupera un recorrido que encaró hacia la Carretera Vieja a Bellavista, donde la Romería se lució plenamente.

El espectáculo entonces fue la Virgen, pero también la gran cantidad de gente que la acompañaba, muchísimos de ellos a su alrededor, como protegiéndola a quien es Protectora, o como queriendo protegerse de quien tiene esa fuerza. Fue en todo caso un único cuerpo que caminaba al paso de los bueyes, lo que permite idas y venidas, paradas para cantar, bailar, comer, beber, charlar, reír y abrazar.

El paso por Bellavista fue igualmente multitudinario, al igual que la llegada al Cortijo de Cuarto y al Santuario de la Virgen, que se hizo en medio de gritos de alabanza hacia su imagen y que se preparó para vivir una misa de romeros muy participativa. Y, a partir de ahí, todos, en una dirección y otra, se desparramaron en la busca de sombras, de las familias y de los amigos, y para degustar todas esas comidas que se habían preparado con tanto mimo desde el día anterior.

Pero como hay tiempo para todos, muy pocos se olvidaron de que la Virgen de Valme seguía en su pequeña capilla, esperando, de forma que fueron muchos, que llegaron a crear colas, los que se acercaron para rezarle y para hablarle cada uno de sus cosas. Y así hasta que todo se dispuso para el regreso.

Pasados unos minutos las seis de la tarde, y cuando el sol iluminaba aún pero ya dejaba de molestar, fue cuando la Protectora fue subida de nuevo a su carreta para iniciar un regreso que se tomaron todos de forma muy tranquila. Lo mismo que la llegada a la ciudad, en torno a las diez de la noche, con tiempo suficiente como para presentarse ante la casa-hermandad de la Oración en el Huerto y ante el monumento que en su honor se levanta en la Plazoleta. En ambos sitios se rezó.

Y de ahí, a Los Jardines, y a plantarse ante la Parroquia de Santa María Magdalena en espera de que las carretas y galeras que le acompañaron pasaran ante Ella, despidiéndose hasta el año que viene, y, éstas, de camino, conocieran cuáles de ellas habían sido las reconocidas como las más bellas dentro del criterio del Jurado de la Romería.

A las 11:30 horas, en medio aún de un intenso olor a nardos, la Virgen fue descendida de su carreta, presentada de nuevo ante sus fieles, y llevada a los pies del altar mayor, para reposar instantes después en su Capilla en medio aún de los ecos de su Salve. Una Romería, en resumen, espléndida. Un día, sin duda, muy grande en Dos Hermanas.

Imágenes de la Romería





































Incidencias

Como es normal en una Romería en la que se registra una gran asistencia de personas, superior seguramente a las doscientas mil estimadas en un principio, se contabilizaron algunas incidencias, todas en principio leves, provocadas en algunos casos por pequeños traumatismos, lipotimias, mareos, bajadas de tensión, picaduras de algunos insectos o como consecuencia de la ingesta de alcohol. Según ha informado Cruz Roja de Sevilla, se realizaron durante todo el día un total de 85 asistencias y cinco traslados a hospitales.









Uno de estos incidentes, afortunadamente sin heridos que lamentar, se produjo cuando los bueyes que tiraban de la galera número 32 realizó un giro brusco una vez pasado Barranco, camino de cuarto, cogiendo a toda velocidad hacia fuera de la carretera y provocando el pánico entre las personas que se encontraban en su interior, muy cargada en ese momento de mujeres y niños, e incluso un bebé.

La rápida actuación de los propios carreteros, uno de los cuales cayó al suelo sin resultar herido, hizo que los bueyes se detuvieran instantes después antes de que en su camino pudieran atropellar a alguna de las personas que allí se encontraban. El susto, como ya se ha indicado, fue tremendo, pero afortunadamente todo quedó en eso. Y, sin duda, un auténtico milagro de que no ocurriera nada.

F. G. / REDACCIÓN

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