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27 dic. 2016

  • 27.12.16
El pregonero de la Cabalgata de los Reyes Magos de Dos Hermanas, Manuel Pérez Muñoz, tuvo la capacidad de encender los corazones de quienes llenaban casi en su totalidad el Teatro Municipal nazareno. Y lo hizo gracias a su verbo fácil, a su voz casi apagada, a la música que le rodeaba y, especialmente, a la sinceridad con la que habló, tanta que fue capaz de convencer a todos de que los Reyes Magos existen de verdad.



El Teatro Municipal acogió en el mediodía de este domingo, día 26 de diciembre, el acto de proclamación de los personajes de la Cabalgata de los Reyes Magos de Dos Hermanas, que organiza, como cada año, la Asociación Nazarena Pro-Cabalgata de Reyes Magos ‘Estrella de la Ilusión’.



Sobre el escenario, las coronas fueron entregadas por quienes encarnaron a estos personajes de la ilusión en la Cabalgata de 2016 a quienes lo harán en la del 5 de enero de 2017, y que recibieron Ana Gata Jiménez, quien será la Estrella de la Ilusión; Myriam Monsalve Mateo, Cartera Real; Patricio Páez Martínez, Rey Melchor; José María Bonilla Medina, Rey Gaspar, y Francisco Rivera Muñoz, Rey Baltasar.



Allí, en presencia de la presidenta de la Asociación Nazarena Pro-Cabalgata de Reyes Magos ‘Estrella de la Ilusión’ y delegada de Cultura y Fiestas, Rosario Sánchez, y del vicepresidente de la misma, Francisco González Anguita, se encontraban también ocupando un lugar principal el pregonero de la Cabalgata, Manuel Pérez Muñoz, y su hija Estrella Pérez Laguna, quien iba a ejercer de presentadora. Y, como siempre, las voces eternas del Coro de Campanilleros de Ibarburu y su eterna 'Tradición'.



Cuando llegó el momento de la presentación, Estrella Pérez trazó un entrañable recorrido por una vida llena de "alegría e ilusión", que aprendió de sus padres, calificando al pregonero como "el Rey de nuestra familia" y afirmando de él que su 'Oro' era su amor a toda la familia, su constante disposición y humildad; su 'Incienso', ese que no se quema nunca y que perdura en el tiempo, "su fe", y su 'Mirra', "la que la mejor la define, es su arte y su creatividad".

Se trató de una presentación sin duda especial de una hija que se sentía emocionada y que consiguió también con sus palabras que el pregonero derramara alguna lágrima, que lo embargaron en un ambiente muy especial sólo instantes antes de que con la carpeta donde guardaba su pregón en una mano y en la otra un pequeño baúl, cuyo contenido sólo se conoció cuando se dirigió al atril del pregonero, lo situó sobre un pequeño mueble, lo abrió y de él sacó tres pequeños ratones de trapo que colocó a su lado.



En el ambiente comenzó a sonar una suave música y acompasada por una voz algo ronca, pero tremendamente cálida, comenzó a hablar: "A la alegría y juventud de mi hija Estrella; a la ilusión de mi hija Rocío; al amor de Consuelo, mi esposa; a Daniel por mostrarme la cara de un Rey en un mundo benigno; a Luis, por enseñarme a ver el verdadero sentido de la Navidad, y, sobre todo, a la dedicación desinteresada de todos mis compañeros".

Porque el Pregón de Manuel Pérez tuvo tres especiales dedicatorias: la que dirigió a su familia, a sus compañeros de hoy y ayer en el montaje de las carrozas de la Cabalgata y a los Reyes Magos, pero a estos a través de tres ratoncitos, de verdad, que quiso que estuvieran también allí presentes encarnados en los otros tres de trapo que le acompañaban junto al atril.

Y poco a poco, a través de tres apartados bien diferencias, Manuel Pérez fue construyendo un cuento muy especial que, como casi siempre ocurre, no empezó nada bien, ya que se dirigió a los tres Reyes Magos allí presentes para hacerles ver que en su niñez ellos no se portaron con él como esperaba y como siempre les pedía a través de unas cartas cuyos contenidos nunca fueron correspondidos.

"Ahora que les tengo frente a mí y hablándoles como a un niño, os quiero decir que no fuisteis justos conmigo, excepto el primer año", cuando le regalaron un caballo de cartón que esa misma noche fue víctima de un gran chaparrón que cayó de madrugada, y que, por tanto, pronto lo estropeó. Pero en los años siguientes, "cada carta que enviaba jamás fue escuchada ni respondida", y, frente a los demás niños que mostraban los juguetes que habían pedido, el suyo nunca llegaba.

Pero esa tristeza que le embargó de pequeño poco a poco se fue transformando, especialmente cuando pasados algunos años, junto a un grupo de amigos, comenzó a acercarse por los lugares donde se montaban las carrozas de la ilusión y a entregarles su arte a través de la pintura, aquella con las que daba forma a todos sus personajes. Y todo lo hizo guiado por una Estrella, "la Estrella de la ilusión" y mostrándose tal como es, "sin ropaje ni brillantes, vestido de niño y con el corazón repleto de ilusión e inocencia".
Poco a poco, en esos espacios, que lo mismo fueron naves de los almacenes de aceitunas o una vieja fábrica de café, y con medios muy rudimentarios, comenzó a conocer a un pequeño ejército de soldaditos vestidos de azul, los que están y los que ya se fueron, que lo daban todo cada año para que cada 5 de enero la ilusión nunca se perdiera.

Y en ello que aparecieron tres ratoncitos, uno llamado 'Ilusión', otro, 'Inocente' y uno último sin nombre y al que el propio pregonero bautizó como 'Papelito', porque cada día, cuando él se dirigía a la nave de la calle Arroz, lo sentía pasar rápido, huidizo, y lo veía cómo acumulaba en un mismo lugar los papelitos de los caramelos que endulzaron la boca de muchos niños.

Con ellos, Manuel Pérez construyó una simpática historia, la de una relación que transcurría cada día con ellos y de forma paralela con todos los soldaditos de plomo y con todos los pequeños y mayores que cada 5 de enero salían a la calle a llenarse de ilusión.

Sin embargo, un año, después de que pasara la Cabalgata, y mientras fuera caía un gran chaparrón, en una de esas tardes de perros, dos de esos ratones, 'Inocente' e 'Ilusión', se presentaron en su casa, y, tras entrar en calor junto a la chimenea y preguntarles el pregonero por el paradero de 'Papelito', éstos le respondieron que no iba a acudir, pero que les había dejado un 'papelito' para que se lo leyeran en voz alta, y que decía así:

"Sus Majestades los Reyes, esos que de chico decías que no te gustaban nunca los regalos que te traían, las cartas que tú mandaste, se guardaron en un arcón, y las llenamos de estrellas, de alegría e ilusión. A lo largo de tu vida, siempre estuvimos contigo. Los Reyes son de verdad, los Reyes no te han mentido. Siempre que tú decías que aquello no te gustaba, te dejaron una Estrella que en tu vida te acompañara. Somos los Magos de Oriente, regalamos las ilusiones, por eso pensamos: aquí te dejamos dos ratones: el ratón de la inocencia y el ratón de la ilusión. Y al pequeño Papelito, guárdalo tú con amor. Mientras estén en tu vida, serán tu salvación. No olvides que estos ratones son un regalo de Dios. El ratón de la inocencia y el ratón de la ilusión. Con lágrimas en los ojos, mira a nuestro alrededor. El pequeño Papelito, el más difícil de ver, se mete por los bolsillos y nadie lo puede coger. Busquemos a Papelillo, no perdamos la ilusión, porque al buscarnos la vida, se hace grande el corazón. Te dejaron este regalo, guárdalo en tu baúl, recibe un fuerte abrazo, porque Papelito eres tú".

Insignias de oro de la Asociación



Ya por la tarde, y en los salones de la Hacienda San Miguel de Montelirio, la Asociación Nazarena Pro Cabalgata Estrella de la Ilusión hizo entrega a todos los personajes de la Cabalgata de un pergamino en recuerdo por sus nombramientos, además también de reconocer a dos trabajadores de la Cabalgata por la entrega y dedicación durante los últimos años.



En esta ocasión, estas distinciones correspondieron a Antonio Lozano García, trabajador en las tareas de montaje, y a Jesús Aranyo, colaborador y estilista de la Cabalgata. Asimismo, se hizo entrega de una mención especial al periódico 'La Semana' por su veinte aniversario.

FRANCISCO GIL / REDACCIÓN

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