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3 mar. 2017

  • 3.3.17
Ha sido un acto sencillo, rápido, por la distancia y por el frío y por el temor a alguna lluvia traicionera, pero cálido, especialmente cuando Santa Ana ya se encontraba en su capilla, porque todos cuantos sienten su devoción la arroparon acompañándola en un momento entrañable y, al mismo tiempo, de esos que quedan en la memoria personal de cada uno. Y es que la Patrona de Dos Hermanas regresó a su capilla siete meses después.



El interior de la Parroquia de Santa María Magdalena vivía con la tranquilidad de que las nubes se abrieron, no mucho antes, y dejaron sobre el cielo de la ciudad un ambiente frío pero sobre el que reinó incluso un gran arcoíris. Y de forma puntual, porque así se había previsto por parte de la Junta de Gobierno de la Hermandad de Santa Ana, a las 19:15 horas se inició un camino de regreso que fue soportado, en andas, por algunos de los hermanos de la Hermandad del Gran Poder.

Cuando salió a la calle, a la plaza abierta de Los Jardines, la temperatura era baja pero el cielo se mostraba limpio, como el ambiente, y la Patrona pudo realizar sin problemas el recorrido que la dirigía a su casa, de la que ha faltado los últimos siete meses debido a las obras que se han llevado a cabo en el patio exterior, con cambio de reja, con cambio de acceso a la entrada, con cambio de escalera y con otros detalles que le dan un aspecto mucho más atractivo.

Allí, tras pasar Santa Ana por debajo del arco anexo a la Torre del Olivar, la esperaban muchos, que, detrás de Ella, bajaron las escaleras para comprobar que, por lo demás, todo seguía en su sitio. Incluso, ya, la propia Santa Ana, que allí quedó de nuevo para alegría de los nazarenos y nazarenas que la arroparon.

Imágenes del traslado









F. G. / REDACCIÓN

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