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22 abr. 2017

  • 22.4.17
En mi cuerpo hay un río que fluye; olas que no paran; un tambor que marca el ritmo sin estruendo; cambios milesimales; savia que alimenta. Y también hay una casa, un refugio, un templo que siempre anda abierto, esperando con calidez nuestro próximo encuentro. En mi cuerpo está todo; en mi cuerpo hay un universo.



He escrito esto esta mañana, después de una noche llena de tempestades y de monstruos que se alimentan de mi miedo a la inestabilidad. Llevo unos días inquieta, sin encontrar mi lugar, por eso me ha gustado el descubrimiento de esta mañana en la meditación. Siempre hay un lugar dentro de mí donde es posible la calma, donde todo fluye y la vida es fácil.

Sé lo que me ocurre y quiénes me lo provocan. Hay una niñas locas, despeinadas, que lo mismo ríen que lloran, que corren o se tiran al suelo y que se han hecho dueñas de todo mi cuerpo. Me impiden tomar decisiones: solo estoy pendientes de ellas, aunque es imposible vigilarlas o saber dónde se esconden cada momento. No sé por qué me cuesta tanto aceptarlo... Ya son muchos años que convivo con ellas.

Estas hormonitas mías duermen muy poco. Hay mujeres que no las sienten. Sin embargo, yo soy su parque de atracciones favorito. A veces me acucian como a un caballo para que corra. No soy consciente hasta al final del día cuando me siento cansada y observo mi jornada como una película antigua en blanco y negro pasada a cámara rápida. Ellas se ríen, pero yo no. El piloto automático no me ha dejado saborear nada de lo que he hecho.

Otras veces gritan y gritan, quieren chocolate. Y a mí no me gusta el chocolate; además, no me sienta muy bien... Pero eso no las para. Cualquiera no se lo da... Aunque creo que es peor cuando se ponen tristes y me hacen sentir la única habitante de un mundo lluvioso, sola, incomprendida, apartada.

Bregar con este toro es más difícil. Hay días que con ponerles una película de Jane Austen y una bolsa de gusanitos grande, se conforman. Pero otros... Otros no se deciden. Una quiere una película, la otra dice que ya la ha visto muchas veces, una tercera quiere matar a las dos porque no se callan... Y ahí estoy yo, seleccionando filmes y cambiando de cadena sin que lleguen a ningún acuerdo.

Este lugar que he encontrado esta mañana está en lo alto de una montaña, rodeado de árboles gigantes y atravesado por un río. Allí todo se ve con cierta distancia y el frío te mantiene despierta. Solo espero que siga siendo secreto y estas no lo descubran...

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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