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18 jul. 2017

  • 18.7.17
Periodista, presentador de televisión, locutor de radio y profesor universitario, Jesús Cintora (Ágreda, Soria, 1977) ha protagonizado programas como Las Mañanas de Cuatro o Cintora a pie de calle. También ha colaborado en TVE, Telecinco y Telemadrid. En radio, ha presentado programas como Hoy por hoy y Hora 14 en la Cadena SER. En 2015 publicó La hora de la verdad. Ahora ve la luz Conspiraciones. ¿Por qué no gobernó la izquierda?.



—Atendiendo al subtítulo de su libro, ¿por qué no gobernó la izquierda en España?

—Presiones externas y errores o ambiciones propias. El libro lo cuenta y, si son casi 400 páginas, no fue por una única razón. Hay suficientes conspiraciones e intrigas por el poder como para que no sea sencillo de simplificar. Lo mejor es leer todo el entramado de intereses, maquinaciones y estrategias de unos y otros para sacar cada uno nuestra propia conclusión.

—Con el panorama como está, ¿gobernará algún día la izquierda?

—Veremos. Rajoy es un presidente rodeado de gravísimos casos de corrupción. Sin que parezca que hace algo, mueve hilos y va sobreviviendo. Como llega a decir Felipe González, Mariano es el único animal que avanza sin moverse. Si lo sabrá él… No hay que perder de vista el papel que representa Mariano Rajoy Brey. Se hace el muerto o se lava las manos de cara a la galería, pero maniobra a la altura de un personaje de cine.

El voto de la derecha está muy concentrado en el PP. El de la izquierda, muy fragmentado entre PSOE y Podemos y, a día de hoy, o se ponen de acuerdo, o hay Rajoy para rato. Partamos de la base de que vivimos en un sistema parlamentario donde gobierna el que tiene los apoyos en una votación de investidura. Rajoy no los tenía y nadie quería apoyarle. Llevaba tiempo pensando en ese posible escenario y no creas que hizo grandes esfuerzos para conseguir que el PSOE, históricamente rival del PP, cediera finalmente y se abstuviera. Algo pasó para que Mariano esperase a que Sánchez fuera devorado por los suyos. Y hay más, pero está en el libro. Es tremendo.

—A la izquierda nos la siguen dibujando con el discurso del miedo, como a diablos que vienen a romperlo todo. ¿Nuestra derecha es muy ingenua o demasiado perversa?

—Aquí el miedo está siendo convenientemente agitado. Hay momentos en los que se repite machaconamente que la unidad de España está en peligro, pero luego se pactan los presupuestos o la Mesa del Congreso con los nacionalistas y no pasa nada. Se saca el fantasma del soberanismo o el de Venezuela, como otro hombre del saco.

Ha habido fases en las que se alertaba de que Iglesias y los suyos iban a instaurar una república bolivariana. O algún ministro llega a decir que ETA quiere un acuerdo PSOE-Podemos. Hay una serie de ideas simples que se agitan para meter miedo a un pacto de izquierdas. El peligro de la unidad de España se emplea como arma electoralista. Rajoy, por ejemplo, se subió a ese caballo de batalla para exigir que PSOE y Ciudadanos le apoyaran para seguir gobernando y defender juntos la integridad territorial del Estado.

Lo mismo ocurrió dentro del Partido Socialista para ponerle palos en las ruedas a Pedro. Como si Sánchez fuera independentista. Pero se trataba de impedirle negociar con Podemos, el nacionalismo o ERC, no fuera a ser que montara un Gobierno y no podían quitárselo de en medio. Aquí hemos visto ya hace tiempo a Aznar diciendo que hablaba catalán en la intimidad o a Arzalluz elogiando a José Mari, según las conveniencias de poder de cada uno en cada momento.

—En su día, Pedro Sánchez, que no tiene para nada un perfil de izquierdas, se negó a pactar con Podemos. ¿Por qué queremos pensar ahora que lo puede hacer?

—A Sánchez es verdad que el aparato le movió la silla, que también fue el aparato el que le ayudó a llegar a ser líder y que hay una guerra de poder y grandes intrigas en el Partido Socialista hace unos cuantos años. En esa conspiración, Pedro emprendió una huida hacia delante, a veces pretendiendo cosas tan complicadas como ponerse a pactar con Ciudadanos y luego pretender que Podemos se sumara de alguna forma, cuando antes Iglesias y Rivera se habían declarado mutuamente incompatibles.

La clave es por qué Sánchez emprendió el camino de Ciudadanos y no el de una posible alianza de izquierdas, con algunas abstenciones. Quería salvarse y pensó que con el encargo del rey de formar gobierno y mientras fueran negociando, los suyos no se atreverían a cargárselo.

—A Susana Díaz nunca le gustó Sánchez. ¿Sus diatribas solo son cuestión de poder o detrás alguien les empuja a ser quienes son?

—Sánchez es vehemente. Susana, ambiciosa. Y a ellos hay que sumarles a dirigentes históricos que dicen que se han ido, pero siguen estando. Susana apoyó a Pedro, pero luego lo derribó. Pedro se apoyó en importantes dirigentes que le acusan de engañarles… Un sindiós. Lo que pasa con Díaz es que se puso a la cabeza de una operación muy fea para cargarse a Sánchez, se le ha notado mucho y en la opinión pública es vista ahora como la mala de la película.

Por otra parte, en el PSOE, sin duda, hay un choque entre, al menos, dos épocas. Hay una serie de dirigentes, de la llamada “vieja guardia”, que siguen influyendo enormemente. A menudo, esos intereses ya no es que choquen con la gente más joven que llega al liderazgo del partido, que también, sino que se estrellan con el rechazo de la sociedad, que cada vez les compra menos el discurso. Ahí tienen un problema. Además, el desgaste también afecta cuando has gobernado un montón de años. Eso hace que te salgan canas o que hasta se te empiece a caer el pelo.

—Pablo Iglesias tampoco fue muy astuto a la hora de tender la mano a Pedro Sánchez. Saldada la crisis interna en Podemos, ¿ve posibilidades de entendimiento entre estas dos fuerzas?

—El tiempo lo dirá. Por darte algunas claves que se cuentan en el libro, Iglesias aspiraba al triple yugoslavo, temía que le ocurriera como a la CUP y acabó distanciado de Errejón, Bescansa... El libro narra la tensión dramática que también hay en Podemos, donde ha habido y hay pugnas por el poder. No es exactamente lo mismo que en sus inicios.

Podemos también está fracturado entre 'pablistas' y 'errejonistas'. Son dos familias que, al comienzo del libro, no existían. Si Conspiraciones hace una especie de arranque en 2014, año de la tormenta perfecta, Podemos era entonces como una amenaza para algunos. Lo cierto es que sigue siéndolo, pero también ellos se han dejado unos cuantos pelos en la gatera, porque hay divisiones internas que antes no existían.

—Felipe González apostó fuerte por que Rajoy siguiera en la Presidencia. ¿Romper un partido no es un precio demasiado caro a cambio de nada?

—Entre el Felipe que llama "Pedro el Cruel" a Sánchez y el que acaba dejando de hablarle, pasan unas cuantas cosas. González podría ser valorado ahora como el gran político de la historia reciente de España, por todo lo que cambió el país en los años ochenta, pero lo ha emborronado con decisiones feas que han desdibujado su perfil.



—Dice usted de Rajoy: “Mariano es un tipo listo que se hace el tonto. Y lo define como el mago del suspense. ¿No será más bien que entre nuestros políticos abunda la medianía?

—El poder económico y mediático sin duda influyen en la configuración del poder, pero en esas relaciones con la política no es que elijan a Rajoy como el amado líder, se trata más bien de que Mariano aprovecha el poder para tener menos disgustos con empresarios y medios muy influyentes y que le quieran un poco más...

Hay un juego de intereses mutuos, eso sí, para que la máquina funcione y no dejen de pilotarla. Por otra parte, en líneas generales, el objetivo fue que hubiera algún tipo de entendimiento entre PP, PSOE y Ciudadanos. Y, al final, lo consiguieron.

—Independientemente de las presiones que pueda sufrir Sánchez como secretario general del PSOE, está claro que, con los resultados de las primarias, Susana Díaz ha quedado tocada. ¿Cómo ve su futuro en la política?

—Me dicen que intentará hacerse fuerte en Andalucía y sigue pensando que algún día aún puede llegar su momento del salto a Madrid, de poder decir que tenía razón, porque Sánchez fracasa. Ese orgullo y esa ambición no se quita fácilmente. Por otra parte, el futuro no está escrito.

—Rajoy se ha beneficiado hasta ahora de un paisaje inamovible: un PSOE roto y una falta total de entendimiento entre PSOE y Podemos. ¿Hasta cuándo?

—El tiempo lo dirá. En 2014 hubo gente con mucho poder que vio venir la tormenta perfecta. Había un jefe del Estado en una grave crisis de credibilidad por la corrupción; otro tanto pasaba con el presidente del Gobierno; el PSOE tenía una seria crisis de liderazgo y afrontaba otra sucesión en su cúpula; la gente estaba sufriendo por la crisis económica y los recortes; el contencioso con Cataluña iba in crescendo; apareció con fuerza Podemos…

Fue el momento en el que una serie de poderes fácticos se conjuraron porque consideraron que la nave podía estrellarse y debían preparar un aterrizaje de emergencia, controlado. Pero no todo está decidido. Veremos.

—Destaca en su libro el tiempo que dedican nuestros políticos a las guerras de despacho en vez de a gestionar los problemas de los ciudadanos.

—Cuando el poder establecido corre peligro, determinados resortes del poder se activan. Si a esto le añades que cada dirigente político maquina en su parcela de cada formación política, la tensión dramática del libro da para que un capítulo te enganche y te lleve al otro. Es un thriller basado en hechos reales.

—Tiene en mente ya otro proyecto de libro e imagino que también estará pensando volver a televisión. ¿Anda ya diseñando ese futuro?

—Estamos preparando La Línea Roja, que es un programa de reportajes para Cuatro. Espasa me ha pedido que escriba otro libro; colaboro con eldiario.es; doy conferencias donde me llaman y también estoy pensando algunas cosas de radio…

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

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