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21 oct. 2017

  • 21.10.17
Recientemente he hablado del arquitecto Norman Foster en dos artículos seguidos, destacando los numerosos proyectos de grandes edificios que ha proyectado a lo largo de los años en los cinco continentes. Pero no es necesario proyectar en escalas tan grandes para ser reconocido internacionalmente y recibir el afamado Premio Priztker de Arquitectura, dado que también hay arquitectos que enfocan su labor a la manera de cómo un artesano ejecuta su trabajo.



Es lo que sucede con el arquitecto suizo Peter Zumthor que recibió este galardón en el año 2009, habiendo sido acogida de forma unánime esta concesión por todos los que conocían la trayectoria de este genial creador.

De este modo, sería la segunda ocasión, desde que el Premio Pritzker se creara en 1979, que el reconocimiento cae en este pequeño país de los Alpes, ya que en el año 2001 lo recibieron conjuntamente Jacques Herzog y Pierre de Meuron, que siempre han trabajado profesionalmente juntos. Para quienes estuvieran interesados en conocer la nueva arquitectura helvética, quisiera apuntar que sobre estos dos arquitectos ya escribí sobre ellos en el artículo Arquitectura: Herzog & De Meuron.

Dado que Suiza es un país que conozco bastante bien por las numerosas estancias que he realizado en el mismo, me ha parecido oportuno volver otra vez a hablar de él presentando a uno de los creadores actuales por el que siento gran admiración.



Como breve aportación de algunos datos biográficos, quisiera apuntar que Peter Zumthor nació Basilea, ciudad ubicada en el norte de Suiza, el 26 de abril de 1943, por lo que en la actualidad cuenta con 74 años. Sobre Basilea tendría que decir que, junto con Berlín, es una de las ciudades europeas en la que se han proyectado numerosos edificios de los grandes arquitectos contemporáneos, por lo que la visita a la ciudad es un auténtico placer para todos aquellos a quienes les guste las propuestas más singulares dentro del mundo de la construcción innovadora.

Zumthor, inicialmente, se formó como ebanista, antes de estudiar Arquitectura en su propia ciudad y en Nueva York. Una vez concluida su formación inicial, en el año 1979 decide instalarse en la región de los Grisones, que se encuentra en el sureste de Suiza, siendo el más extenso de los 26 cantones de la Confederación Helvética, con la singularidad de ser el cantón que posee menor densidad de población, aparte de contar con tres lenguas oficiales: alemán, italiano y romanche.





Una vez que se instala en el cantón de los Grisones, entre los años comprendidos entre 1983 y 1996, Zumthor lleva a cabo distintos trabajos en esta región. Sin embargo, sería en el año 1996 cuando proyectó en una pequeña comuna de este cantón una obra que causaría verdadera admiración: las Termas de Vals. Hay que apuntar que las Termas de Vals forman parte de un conjunto formado por un hotel y el spa, pensado este último para quienes se alojan en ese complejo hotelero.

La idea del arquitecto consistía en crear una especie de cueva o cantera dentro del entorno natural en el que se ubicaba, con una cubierta verde que se percibe semienterrada en el cerro en el que se encuentra el hotel. Para ello construyó, capa a capa, las termas con piedras negras de la cantera local, con lo que este material del propio terreno se convierte en el protagonista del proyecto.

El visitante que acude a las Termas de Vals se siente fascinado no solo por la combinación de luz y oscuridad, sino también por los reflejos de la luz en las aguas en un ambiente de aire saturado de vapor y con la grata sensación que provocan las piedras calientes al contacto con la piel desnuda.





Otra de las obras más conocidas de Peter Zumthor es el Museo Columba, situado en la ciudad alemana de Colonia. Para entender este proyecto hay que considerar que Colonia sufrió grandes destrucciones en la Segunda Guerra Mundial, por lo que hubo que reconstruirla siguiendo las pautas del arquitecto Rudolf Schwarz.

Así, en el año 1990, la archidiócesis de la ciudad decidió convocar un concurso internacional para la creación de un museo en el entorno de la antigua iglesia de Santa Columba, en el que habría que respetar las ruinas que se mantenían en pie del antiguo templo, y siempre con la consideración de que no hubiera en el mismo ni tiendas ni cafetería, pues se deseaba que el nuevo proyecto, en el que se alojaría la colección de arte sacro, se alejara de la idea tan en boga de espectáculo de masas con tiendas de souvenirs.

Siete años después de la convocatoria, el proyecto ganador recayó sobre el que había presentado Peter Zumthor. En el mismo se buscaba, no el contraste entre las ruinas del antiguo templo y la nueva obra, planteamiento muy habitual en los trabajos de arquitectura, sino la integración y la protección de los restos que permanecían en pie.

Las obras se iniciaron en el 2003 y finalizaron cuatro años más tarde. Tal como se había propuesto, el resultado final nos muestra, externamente, un edificio de volúmenes sencillos, a partir del uso del ladrillo blanco, en el que se integran con gran respeto los fragmentos de muros y arcos del pasado, de modo que la arquitectura contemporánea se ensambla perfectamente con los vestigios del pasado.





La tercera obra de Peter Zumthor que comento es la que firmó con la artista Louise Bourgeois en el pequeño pueblo noruego de Vardo, situado en el noreste de la península escandinava. Se trataba de un homenaje a las 91 mujeres que, entre 1600 y 1691, fueron víctimas del fanatismo a través de la caza de brujas que se llevó a cabo en esta zona de un clima extremadamente frío.

El conjunto se compone de un armazón de 125 metros de longitud, a partir de los postes de madera de los que, con cables, se suspende una estructura de fibra de vidrio recubierta de teflón, inspirándose en la forma de las tablas que los pescadores del lugar utilizan para obtener la pesca del día. La pasarela de madera conduce al interior del edificio en el que se acoge una colección de carteles en los que se describen la historia personal de cada una de las 91 víctimas.

Para cerrar, quisiera indicar que, en 2014, la editorial Gustavo Gili publicó una serie de escritos y reflexiones a partir de las conferencias impartidas por Peter Zumthor y que fueron recogidas en el libro titulado Pensar la arquitectura. Del mismo, recojo algunas de las frases que el maestro de la arquitectura de la sobriedad expone en este libro:

“Me propongo una vez más trabajar pensando prioritariamente en las cosas sencillas y prácticas, hacerlas grandes, buenas y hermosas, tomándolas como punto de partida que me lleve a la elaboración de una forma especial, como hace un maestro de obras que entiende su oficio”.

“Estoy convencido de que un buen edificio debe ser capaz de absorber las huellas de la vida humana y que, con ello, puede adquirir una riqueza especial”.

“La belleza de un objeto usual es, para mí, la forma suprema de belleza”. Y, ante el dilema de si la belleza es intrínseca a la naturaleza o a la obra creada por el ser humano, nos advierte que “La belleza está en los ojos de quien mira”.

AURELIANO SÁINZ

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