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23 dic. 2017

  • 23.12.17
Nos encontramos en diciembre, ya cercanos a finalizar el año 2017. Son, pues, los días que marcan las vacaciones de Navidad, los mismos que los más pequeños viven con enorme regocijo, pues no solo no tienen que ir al cole, sino porque se convierten, en gran medida, en los protagonistas de estas fechas, ya que, aparte de Papá Noel, esperan con impaciencia el día de Reyes en el que serán agasajados por la familia con los juguetes que tanto desean (aunque en su inocencia, ellos crean que son los Reyes Magos quienes les traen los regalos).



Para ellos no existe ese sabor agridulce que supone a los adultos entender que un año más de sus vidas se ha acabado y, aunque comienza otro nuevo, no se sabe con certeza si los problemas que les inquietan se diluirán o continuarán ahí agazapados. Y es que, a ciertas edades, se tiene la sensación de que la vida es un largo río que avanza, con mayor o menor intensidad, pero que no se corta en medio de su trayectoria para renacer de nuevo.

Un mundo distinto es el de la infancia. Los niños son felices porque viven en el presente, en un tiempo intemporal que no se agota nunca. Son felices porque saben, aunque no sean claramente conscientes de ello, que tienen a sus padres que los quieren y que están y estarán ahí siempre presentes para atender sus demandas, por lo que les resulta posible acudir a ellos en cualquier percance que pudiera inquietarles.

Todavía no saben que la vida está configurada por un ciclo ligado a la naturaleza que promete siempre permanencia y renovación, como si fueran las dos eternas caras de un mundo que se nos muestra impasible ante nuestra sorprendida mirada.

Este dualismo de conservación y cambio ha sido comprendido por todas las culturas ancestrales desde tiempos inmemoriales. No es de extrañar que durante días similares a los que ahora vivimos los distintos pueblos celebrasen el solsticio de invierno, es decir, festejasen el día más corto de todo el año y comenzase la renovación de la vida al día siguiente, todo ello coincidiendo con el cambio del 22 a 23 de este mes.

Sería muy prolijo hacer un recorrido por todos los pueblos y culturas para conocer cómo han festejado el tránsito de un año al otro. Con la llegada del cristianismo y su expansión, principalmente por Occidente, se hacen coincidir de modo aproximado esas fechas con el nacimiento de Jesús, gran relato que todos conocemos, independientemente de las creencias que se tengan.

Y el nuevo ciclo se expresa con el nacimiento de un niño, de una nueva vida, que podríamos interpretarla, siguiendo la tradición de muchos pueblos, como el nacer de cualquier niño en cualquier rincón de la Tierra.

Creo que todos compartimos la idea de que la venida a este mundo de un niño o una niña deseado por unos padres es uno de los hechos humanos más felices que conocemos, de modo que cada paso, cada avance en sus primeros años, cada descubrimiento del pequeño, se convierte en momentos gozosos para quienes tienen la responsabilidad y la alegría de cuidarlo, ya que su felicidad es la felicidad de los mayores que hay a su alrededor.

Y para que veamos cómo la manifiestan, quisiera presentar y comentar brevemente un conjunto de diez dibujos de niños y niñas que he seleccionado de las edades en las que empiezan a representar las figuras, con el fin de que comprobemos que la infancia es el tiempo de felicidad por excelencia, pues los pequeños, tal como he apuntado, en su mayoría son dichosos en ese mundo tan propio en el que la fantasía es una parte esencial de sus vidas.



Comenzamos por Carlos, un niño de 4 años, que dibuja a los miembros de su familia acompañándoles de las denominaciones de cada uno de ellos (papá, mamá, yo y hermano) con una letra clara, lo que nos indica el buen nivel de escritura que tiene el pequeño.

Se aprecia claramente la alegría en el conjunto de su trabajo, no solo por los corazones que parecen flotar en el aire junto a las estrellas, sino también por el trazado de las figuras (sonrisas y brazos hacia arriba). Llama la atención que dos de los corazones sean letras B mayúsculas, lo que nos hace pensar que Carlos encuentra similitud entre esta letra y el trazado del corazón.



Un aspecto gráfico que diferencia a los zurdos de los diestros es que estos últimos inician sus dibujos en la dirección de la escritura, es decir, de izquierda a derecha; mientras que los zurdos lo hacen de derecha hacia la izquierda.

Así, podemos entender que María, una niña zurda y que también tiene 4 años, comenzó el trazado por ella misma dentro de la casa, que se encuentra en el lado derecho de la lámina; le siguió su madre, después su padre, finalizando con el personaje de mayor tamaño que es su tía, ya en el lado izquierdo. La razón de que su tía sea la más grande de todos se debe a la estrecha relación que tiene María con ella, ya que la quiere mucho, según nos contó la pequeña autora.



Hugo ya tiene 5 años y un hermanito más pequeño que ha venido a completar la familia con cuatro miembros. Hugo comenzó a dibujar primero a su mamá, que ocupa el centro de la lámina, lo que es indicio de la importancia que tiene para él; posteriormente, traza a su padre. Ambas figuras son de gran tamaño, ya que para el autor son grandes, importantes y poderosos.

Pasa a dibujar a su hermano pequeño, dejando espacio para cerrar con la figura que le representa. Vemos que se encuentra muy feliz saludando a quienes contemplan el dibujo, al tiempo que traza un corazón en el aire por encima de él y su hermanito.



El caso de Elena, autora de este dibujo y que ya ha cumplido los 5 años, es bastante curioso, pues tengo varios dibujos de la niña y en todos ellos se representa en medio de sus padres, los tres con paraguas en un día de sol y bajo la lluvia.

La escena que suele repetir es una clara manifestación de la fantasía infantil, ya que la pequeña no encuentra contradicción en trazar un sol, asombrado ante lo que está viendo, junto con las nubes que descargan las gotas de agua. La pequeña, tal como he apuntado, siempre se representa en medio de sus padres, como expresión de que se siente querida y protegida por ambos.



Las soluciones gráficas que encuentran niños y niñas en sus dibujos para manifestar la unión afectiva de los miembros de la familia, en ocasiones, son verdaderamente ingeniosas. Es lo que acontece en este dibujo de Iván, un niño de 5 años, que para expresar gráficamente la cohesión de su familia ha acudido a superponerlos, circunstancia que no sucede en las primeras edades, ya que consideran que las figuras no deben taparse, dado que, según sus opiniones, deben verse completas. Por otro lado, cabe indicar que las tres primeras figuras son los hermanos (él con el cuerpo azul) y las dos más grandes corresponden a sus padres.



Por razones económicas, Alba vive con sus abuelos. Cuando se planteó en su colegio que realizaran el dibujo de la familia, la pequeña plasmó una escena en la que se la ve feliz con su mamá y su papá en un parque, lugar en el que aparecen un tobogán, un caracol, flores, dos pájaros volando, y todo ello contemplado por un sol animista y sonriente al observar la escena.

Cuando la pequeña acabó la tarea se dio cuenta que no le cabían sus abuelos, por lo que intentó trazarlos por detrás de la hoja. Dado que el dibujo estaba realizado con rotuladores, se le proporcionó otro folio ya que se transparentaría si dibujaba a sus abuelos por la parte posterior de la primera hoja.



Aunque se desea alejar a los hijos de los problemas que en ocasiones acucian a los padres, no siempre pueden ocultárseles, pues hay algunos, caso de las enfermedades, que necesariamente acaban conociéndolos. Ello genera un ambiente de tristeza que se extiende en el seno de la familia. Sin embargo, cuando sale de esa enfermedad el miembro que la padece, la alegría vuelve a renacer.

Es lo que vemos en esta escena de Sergio, niño de 5 años, que la realizó dos semanas después de que confirmaran que su madre había superado el cáncer que tenía. Así pues, el pequeño se ha dibujado, al igual que a sus padres, felices bailando. A su hermana también intentó hacerla de este modo, pero cambió, ya que pensaba que podía caerse del montículo en el que la había puesto si la trazaba bailando.



Tempranamente, en niños y niñas aparecen los signos de identidad de género, especialmente en los dibujos de la familia, puesto que toman como referencia las características que encuentran en su padre o en su madre para dibujarse a sí mismos con algunas de ellas.

Esto lo vemos en el dibujo de Carla, de 5 años, que, comenzó dibujándose con rasgos similares (pelo, pendientes, tacones) a los de su madre, a la que traza después. Todo ello es una clara manifestación de la autoestima y confianza de la pequeña en sí misma, signos evidentes de felicidad, ya que no dudó iniciar el dibujo con la figura que la representaría, para continuar con la materna y acabar con la del padre.



En ocasiones, la casa se convierte en el símbolo familiar por excelencia, ya que es la manifestación gráfica del hogar como expresión del calor, acogimiento y unidad de los miembros que la componen. Es lo que acontece con este dibujo de Rafa, un niño de 6 años, que la ha trazado en el centro de la escena cuando comenzó a elaborar el dibujo de la familia que se propuso en su clase.

De este modo, en el lado izquierdo de la lámina, aparecen su padre y su madre, y, por encima de ellos, se encuentra el propio autor. En el lado derecho, sus tres hermanas y uno de sus tíos, al que le tiene mucho cariño. El conjunto expresa cohesión y unidad familiar, circunstancia que a los pequeños les hace felices.



Una de las manifestaciones gráficas de la autoestima, como expresión de la alegría y confianza en sí mismo, es el hecho de comenzar a dibujarse en primer lugar, tal como he comentado anteriormente. Es lo que aconteció con Nadia, una niña de 6 años, quien además de ser la primera de todos, se dibuja una corona amarilla en esa enorme cabellera que se ha trazado, muy similar a la de su madre, que aparece a continuación.

Tras ellas dos, se encuentran su hermano pequeño, su padre y un muñeco de nieve. Sobre ellos, la luna y numerosas estrellas, lo que es indicio de que la escena fue trazada en la clase y en los últimos días de diciembre, fechas previas a las deseadas vacaciones de Navidad.

AURELIANO SÁINZ

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