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16 mar. 2018

  • 16.3.18
Rafael López Márquez se sometió durante los últimos meses a una clausura voluntaria -sólo rota por la familia, los amigos más íntimos y los compromisos que conllevan la responsabilidad de ser el pregonero de la Semana Santa-, durante la cual pasó muchas horas de lectura, de una soledad buscada y de reencuentro con una vida que acumula ya 43 años de recuerdos, y con los que ha podido forjar la base de un pregón que asegura que le ha dejado satisfecho.



De esa clausura voluntaria ya salió desde el mismo instante en el que puso el ‘He dicho’ a su pregón, dedicándose desde entonces a disfrutar de los nervios del momento, de la cercanía de unas fechas que siempre le han marcado, de la familia ya plenamente y de mirar a Dos Hermanas con los ojos del niño que siempre la vieron.

Este domingo, día 18 de marzo, Rafael López Márquez se subirá al escenario del Teatro Municipal Juan Rodríguez Romero para pronunciar el Pregón de la Semana Santa de Dos Hermanas, una ciudad en la que nació hace 43 años y en la que vive para seguir disfrutando de su vida cotidiana, de su gente, de sus tradiciones y de su cultura.

Desde el patio de butacas le seguirán ese día sus padres, Antonio y Esperanza, y su hermana Ana María, y su esposa, Valme Cueli Caro, y su hijo de 5 años, Rafael, y cuantos amigos y conocidos tienen inquietud por escuchar su palabra. Sólo estará a su lado su presentador, Álvaro Cueli Caro, en quien, además del familiar, se da también la condición de amigo entrañable.

Rafael López Márquez es profesor de Lengua y Literatura en el IES Romero Murube de Los Palacios. Junto con sus inseparables Álvaro Cueli y Hugo Santos Gil fundó la Asociación Cultural ‘La Plazoleta de Valme’, con la que ha publicado su libro 'Fernán Caballero y Dos Hermanas: la suave paz del campo', así como, en colaboración, los títulos 'A la brisa de lo eterno', 'De Valme' y 'La familia de Alvareda', además de ser cofundador y responsable de las revistas 'Romería y 'Azahar'. Asimismo, es hermano de la Oración en el Huerto, Valme y la Sacramental, de la que fue miembro de su Junta de Gobierno entre los años 1992 a 2011, y fue pregonero de la Romería de Valme del año 2009.

- Es profesor en el IES Romero Murube de Los Palacios. ¿Qué fue antes, el instituto o el poeta?

- Dio la casualidad de que cuando llegué a Los Palacios, el instituto se llamaba Romero Murube, lo que me sirvió para redescubrir cosas de él. Yo ya lo había leído con anterioridad, pero a partir de entonces he ido conociendo más cosas sobre su obra y su vida.

- Romero Murube fue pregonero de la Semana Santa de Sevilla.


- Sí, en 1944.

- Y de la Romería de Valme.


- En 1969, un mes y poco antes de morir.

- ¿Ha llegado a leer recientemente su pregón?

-Sí. Ya lo había leído antes de que me designaran pregonero de la Semana Santa de Dos Hermanas, o lo que se recogió de mismo a través de las crónicas periodísticas.

- ¿No se conserva el pregón de Romero Murube?

- Hasta que intervinimos nosotros [la Asociación Cultural 'La Plazoleta de Valme'], no. A través precisamente de mi instituto entré en contacto con un estudioso de su figura, Claudio Maestre, que conocía a su familia. Un día comenzamos a pensar que a lo mejor quedaban cosas de Romero Murube, nos entrevistamos con la familia y tras muchas entrevistas y de mucho indagar sobre aquel pregón, su sobrino, que tiene ahora algo más de 80 años, nos dio unas cuartillas en las que venía el Pregón de Valme, del que salió el libro que publicó luego 'La Plazoleta'. Además, conocía el texto del pregón de la Semana Santa de Sevilla, algo que me ha servido para el mío, pero, más que para inspirarme, para saber lo que escribió uno de los poetas que me gustan.

- ¿No le ha servido de nada esa lectura?

- Claro, aunque para mi pregón he leído muchas cosas más, porque me di cuenta de que para escribir de la Semana Santa no me valía sólo mi propio sentimiento. Po ejemplo, en mi Pregón de Valme decidí que mi vivencia personal tenía que ser lo más secundaria posible. Y ahora con el de la Semana Santa me vi en la situación de ver qué hacía con las cosas personales, y decidí que en este caso sí me tenían que servir mis vivencias en mayor medida, pero siempre encaminado hacia un lugar. Pero, claro, la base del pregón tenía que ser algo más, y por eso me puse a leer. Me llevé así los meses de septiembre, octubre y la mitad de noviembre.

- ¿Leyendo qué?

- Lo primero, el Evangelio. Yo soy de misa desde pequeño de todos los domingos. Me considero persona de Iglesia y de hermandades, pero no es lo mismo escuchar el Evangelio una vez a la semana, que leerlo en profundidad. Me leí San Mateo, San Lucas, un poco de San Juan... Lo que yo quería era enriquecerme para tener una voz mía, pero basada en unas experiencias. He leído también los salmos, el Apocalipsis, las Cartas de San Pablo…

- ¿Y descubrió algo nuevo con todas estas lecturas?

- Es que la Biblia es un libro con un contenido muy espiritual y muy profundo, y que tiene muchas enseñanzas. Es curiosa la gran cantidad de información que guarda la Biblia. Durante la carrera, me decía un profesor de Literatura Moderna que la base de la literatura estaba en la Biblia, desde el Quijote a la Celestina y muchas más. Yo no me lo creía, pero, efectivamente, he comprobado que es así.

- ¿Y qué más leyó?

- Las Encíclicas de los papas, el libro de Ratzinger, el libro de Jesús de Nazaret y otros de tipo religioso, como 'La última semana de Jesús', además de reflexiones, biografías... No son todos estos textos bases del pregón, que no es catequético, pero, claro, tenía que conocer bien algo más que la belleza o sentimiento superficial que me podía sugerir un paso en la calle. Y en ese sentido me enriquecí mucho. Y cuando ya acabé, me dije: 'Ahora'.

- ¿Algunas de esas lecturas le sirvió para coger el hilo conductor del pregón?

- No. El hilo conductor me salió relativamente pronto, que fui armando poco a poco y, junto con ese mimbre de ideas, anotaciones, lecturas..., lo fui componiendo, hasta que sin darme cuenta tenía el pregón ya escrito.

- ¿Va a ser un pregón al uso o habrá algo distinto?

- Es difícil de decir. Si digo que no, no estoy diciendo toda la verdad, y si digo que es totalmente rompedor y súper original, sería algo presuntuoso, pero creo que aporto algo. Yo quería contar que al final se centra en unas ideas que son religiosas, como la muerte y resurrección de Jesús, y en los sentimientos bonitos que genera la Semana Santa, pero aparte de ello yo tenía que darle mi voz y mi palabra, y, claro, he buscado una originalidad. Y en algunas partes la verdad es que estoy contento con lo que he hecho, reconociendo que ha sido a base también de mucho esfuerzo, de trabajo, de mucho pensar en soledad, una soledad que he buscado para centrarme muy de lleno en el pregón.

- Da la sensación de que el proceso ha sido mucho más complejo que para el pregón de Valme.

- Es cierto.

- ¿Tal vez por la responsabilidad?

- La responsabilidad era más grande en Valme, sin ser yo merecedor, con 33 años, de hablarle a la Virgen de Valme, como ahora tampoco de dar el pregón de la Semana Santa de Dos Hermanas. Entonces me esforcé muchísimo, le dediqué mucho tiempo, pero lo hice de otra forma, buscando más un sentimiento, una emoción, una sensibilidad, pero sin hablar de lo personal, y teniendo en cuenta que el abanico era menor, ya que yo tenía que hablar de la Virgen. Pero en este caso hay que hablar de Dios, de la Virgen, de una fe y de más cosas. La responsabilidad del pregón de Valme era muy grande, pero este de la Semana Santa, siendo igualmente grande, responde a muchas más devociones.

- Comentó antes que era una persona de Iglesia y de hermandades, pero ¿es usted capillita?

- A mí la palabra capillita no me molesta en absoluto, pero esa palabra siempre he comprendido que se refiere a lo que ahora se conoce como 'jartible': que si voy a ver los pasos, que si estoy todos los días viendo los ensayos de los costaleros, que si mi hermandad... Yo, en este sentido, no soy capillita; yo he sido de ir a la Iglesia, de participar en la Hermandad Sacramental y de vestirme de nazareno. Eso sí, no falto a los cultos, no falto a la Semana Santa, no me pierdo una..., pero desde un lugar comedido.

- Y después de tanta lectura y tanto estudiar, ¿podría llegar a sacar una definición de qué es la Semana Santa?

- Yo tenía ya mis propias ideas, aunque a resulta de todo esto mantengo una tesis. La Semana Santa es un cúmulo de sentimientos en el que entran en juego factores esenciales en el ser cristiano. Es fe, es esperanza, es una forma de vivir la vida y es emoción en la calle.

- ¿Y cómo es la Semana Santa de Dos Hermanas?

- Es la nuestra. Definirla en concreto me resulta muy difícil, pero es la nuestra, la que hemos sentido, la que hemos vivido. A mí la verdad es que no me importa la categoría de la banda o si desafinaron en una marcha o si fue acertada o no la chicotá..., lo que me importa es la Semana Santa de mi pueblo, la que he vivido, la que me recuerda a mi niñez, al hecho de reencontrarnos con nosotros mismos... La que nos hace sentir la cercanía de Dios. Además, estéticamente es muy bonita, aunque sería quedarse un poco en lo superficial. En cambio, al ser la que conocemos desde que somos pequeños, nos hace sentirla muy de cerca y quererla mucho.

- ¿Cuál es su Semana Santa ideal?

- Ver todas las imágenes, acompañarlas desde la primera a la última, e incluso con las vísperas, que tienen un lugar absolutamente importante. Mi Semana Santa es pausada, viéndola, enseñándosela a mi hijo, a pie de calle y, claro, porque es mi vida, saliendo de nazareno en la Oración en el Huerto, porque la túnica es parte de mí. Pero, además, la Semana Santa son los oficios del Jueves y del Viernes Santo y la vigilia o la misa de la Resurrección, así como el Monumento del Jueves Santo, que a veces son la parte de la Semana Santa menos vistosa, pero ahí es donde está Dios Y todo esto será parte también de mi pregón.

- Ese tiempo de anonimato detrás del antifaz, ¿le ha servido también para inspirarse en torno a su pregón?

- El nazareno es una figura imprescindible en la Semana Santa, porque es ponerte la túnica como Jesús de Nazaret e intentar hacer como él. Yo, en la Oración, comparto tramo con hermanos que tienen más de sesenta o setenta años, y no pierden su sitio, siempre están ahí con su túnica y su cirio, y eso me causa mucha emoción.

- ¿Cómo está viviendo estas horas previas a pronunciar su pregón?

- De una manera más o menos equilibrada. Cualquiera me puede ver tranquilo, pero los nervios van por dentro. El pregón de Valme me pilló con 33 años, sin hijo, recién casado y tenía todo el tiempo del mundo, pero ahora las ocupaciones familiares, el trabajo, la época del año… ha hecho que tenga menos tiempo. Algunas veces me paran por la calle y me preguntan: “¿Estás nervioso?”. Y yo respondo: “¡No lo sé, no tengo tiempo!”. Algo nervioso sí se está, especialmente por las fechas que se acercan, pero por el pregón, no, porque voy a acercarme al atril, voy a leer el texto y será mío y después de la gente.

- Esa tranquilidad vendrá también por el hecho de tener ya escrito un pregón que dice que le ha dejado satisfecho.

- Escribir no es tan fácil como parece, y el que tiene trato diario con los textos, o el que escribe de vez en cuando y lee, sabe que la perfección es muy difícil. ¿Satisfecho? Claro que lo estoy, porque no he podido hacerlo mejor. ¿Habrá quien lo pueda hacer mejor? Por supuesto, pero el Rafael que corre la maratón en tres horas y cuarenta y cinco minutos, ha hecho el pregón en ese mismo registro personal, y, por tanto, satisfecho, sin duda. En ese sentido, estoy sumamente tranquilo. Hay partes del pregón que he leído en voz alta, y me han terminado de emocionar, y me digo que si me emociona a mí, es que esto es una verdad muy grande. Por otra parte, satisfacer a todo el mundo es imposible, pero con que le llegue algo al corazón a la gente, me quedaré conforme.

- ¿Qué marcha ha elegido?

- He tenido varias opciones, y al final elegí ‘Jesús en Getsemaní’, de quien era el director de la Banda de Música de Dos Hermanas, Antonio J. Fernández Mejías, una marcha simbólica porque creo que es la primera que se dedica a una imagen de Dos Hermanas. Se estrenó en 1954 durante el pregón de Semana Santa. Y me parecía muy simbólica.

- ¿Conoce algo de lo que vaya a leer su presentador, en ese caso Álvaro Cueli Caro?

- No. Álvaro no me ha pedido nada. Y Hugo Santos Gil, que se ha encargado de la edición, me dijo el otro día que no podía ir a por las pruebas escritas y que me llegara yo a recogerlas, y cuando lo hice vi ‘Presentación’, pero pasé la página y estaba todo en blanco. Lo habían dejado todo dispuesto para que no lo leyera. No sé por dónde andará Álvaro, pero yo sí sé que me quiere mucho, como yo a él, y por su hermana sé que ha escrito algo muy bonito. Ya lo escucharé.

- ¿Y conoce alguien su pregón?

- Tres personas: mi mujer y mis dos amigos, confidentes, socios íntimos y hermanos Álvaro y Hugo, algo que no es extraño porque siempre que tanto uno como otro han tenido que pronunciar un pregón, o cuando yo escribí el de Valme, los demás les hemos sugerido, orientado, aconsejado.

- En el aspecto amistoso, cultural y religioso, sois como tres hermanos, ¿no?

- Me temo que sí. La verdad es que hemos formado ahí un grupito que nació de una amistad, que se convirtió luego en cariño, después en familia, y quiénes mejor para dejarse aconsejar que ellos.

FRANCISCO GIL / REDACCIÓN

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