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22 abr. 2018

  • 22.4.18
La primera fase del proyecto de huertos urbanos en el Parque de la Vaguada, impulsado por el Ayuntamiento de Dos Hermanas a través de la Delegación de Participación Ciudadana, Salud y Consumo, va tomando cuerpo y 78 personas trabajan a pleno rendimiento desde hace unos dos meses para conseguir de una tierra difícil unos resultados muy satisfactorios.



Y no es que el éxito esté en los frutos que se están consiguiendo del terreno, que también, sino en el cambio sustancial en las vidas de los socios de ‘Hortelanos de Quintos’ que han accedido a esta concesión municipal.

Por lo que ha podido comprobar Dos Hermanas Diario Digital, el fin fundamental del proyecto va por muy buen camino. Personas desde 45 a más de 80 años, jubiladas, prejubiladas e, incluso, con trabajos a media jornada, o simplemente enamoradas del campo, han encontrado en estos huertos oportunidad brindada por esta iniciativa; un aliciente de vida, así, como suena, nada más y nada menos.

Desde el mes de febrero, momento en el que se hizo oficial la concesión de 16.490 metros cuadrados, muy cerquita de la parada del Metro de Olivar de Quintos, la Asociación de Hortelanos de Quintos no ha perdido el tiempo, se puso manos a la obra y sus primeros 78 socios cuida de su correspondiente parcela, a la que miman y aportan el material necesario para que un pedazo de terruño sea lo más fértil posible.



Miguel, Ana María, Antonio, José, Manuel, Eduardo, Francisco, Pepe y Manoli (estos últimos matrimonio), entre otras personas que pueden acudir al huerto desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche, no dudan en calificar esta oportunidad como la devolución de la alegría a sus vidas. Dejar el sillón inerte de sus casas y estar a pleno sol sintiendo cómo la actividad y el cariño por lo que hacen les devuelven la sensación de sentirse útiles.

Tres años de lucha



Según ha contado el secretario de ‘Hortelanos de Quintos’, Miguel Saavedra, “han sido tres años de lucha y espera para conseguir un objetivo que estábamos seguros revertiría de forma muy positiva” entre la entusiasta gente que demuestra tener una sensibilidad y aprecio especial ante lo que la naturaleza ofrece, en este caso por medio de la labranza.

Dice Miguel que se trataba de convencer a los responsables del Ayuntamiento de Dos Hermanas de que el fin era muy importante y que los medios eran asequibles solo con la concesión de un pedazo de terreno.

Y así lo entendió el Consistorio nazareno que, tras los trámites administrativos pertinentes, ha concedido la primera fase de este proyecto con la intención de ofrecer más terreno en una segunda fase, si los resultados son tan positivos como parecen.



De los trescientos socios de ‘Hortelanos de Quintos’, 78 ya disfrutan de esta oportunidad. Ahora, a la espera de la ampliación del proyecto, otros tantos aguardan su momento con impaciencia y sueñan con tener su recompensa gracias al buen hacer de las personas que en este momento cuidan y miman con grandísima ilusión cada una de sus parcelas.

Es importante destacar que los productos que crezcan y maduren en este terreno municipal no se van a comercializar, sino que se ofrecerán a entidades que cuiden de personas necesitadas, a colectivos tales como personas con discapacidad, mayores, etc.

En este sentido, las personas que están realizando esta labor manifiestan que este proyecto está abierto a la sociedad; es decir, que los colectivos y ciudadanos que vean en este huerto urbano la oportunidad de divulgar valores positivos, pueden contar con ello.

Vallado de las parcelas



Una vez que ya se han arado las distintas parcelas organizadas por la propia Asociación de Hortelanos de Quintos (constituida formalmente en febrero de 2015) y realizadas las siembras, todo va tomando cuerpo, más lentamente de lo que ellos hubieran querido por las persistentes y fuertes lluvias que se han sufrido. Y pronto van proceder a vallar cada una de estas parcelas, con tablones de madera de 90 centímetros de alto para que el aspecto de la zona sea más atractivo y realce la labor allí realizada.

Por tanto, no se exagera si se afirma que hasta el momento el éxito parece garantizado, ya que solo basta mirar las caras de cuantos cuidan esa tierra, que, además, aseguran que están fomentando las relaciones personales y entablando un grado de compromiso colectivo que ya muchos habían olvidado, además de adquirir un comportamiento ecológico que les lleva a apreciar en su valor desde cada gota de agua que utilizan, hasta la más mínima semilla plantada.

J. M. MUÑOZ / REDACCIÓN

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