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PILYCRIM - BODEGAS NAVARRO

COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

Mostrando entradas con la etiqueta Negro sobre blanco [Aureliano Sáinz]. Mostrar todas las entradas
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17 oct 2021

  • 17.10.21
Creo que no es necesario decir que cuando el que esto escribe era pequeño, su mundo, al igual que el de los otros muchachos de su edad, difería sustancialmente del que ahora viven los niños y adolescentes del siglo veintiuno. Por aquellos años, a la infancia se la educaba en el constante miedo a los castigos, físicos o imaginarios, pues era el mejor método de lograr que aquellas incontroladas criaturas obedecieran y aprendieran las inapelables órdenes emanadas “de la autoridad” y que, en nuestro caso, se concretaba en los padres, los maestros o los curas.


Pero no era solo el temor a la palmeta, que en el caso de mi maestro la tenía ennegrecida por la parte que correspondía a las pequeñas manos que temerosamente se alargaban para recibir “su merecido”, sino también que en el omnipresente mundo de los cuentos estaban llenos de personajes amenazantes (sacamantecas, brujas, demonios, monstruos…) que pululaban por un etéreo universo que no sabíamos determinar con precisión sus ubicaciones y contornos, pues cuando somos niños el mundo real y el de la ficción están tan unidos que uno no sabe deslindarlos.

Dentro de ese universo de mundos imaginarios, claro está, jugaba un papel de primer orden los relatos que recibíamos en las catequesis y en los que, como es de suponer, el diablo, fuera como Satanás o Belcebú, lo encontrábamos por todos los lados. Ah, y también el infierno al que arrumbaríamos en cualquier momento si moríamos en pecado mortal. Los curas, siempre omnipresentes, con sus tonsuras capilares en las coronillas de sus cabezas y sus negras sotanas, se paseaban por calles y plazas para que les besáramos sus manos que, displicentemente, las extendían como signo de distinción y poder.

Eran los mismos que en las catequesis nos narraban los pasajes de la Biblia, comenzando por aquella pareja primigenia, Adán y Eva, que felizmente vivía en un paraíso en el que todo iba bien, excepto, como bien sabemos, la condición impuesta por el Creador de no comer del árbol de la ciencia o del conocimiento. Pero hete aquí que a la ‘tontaina’ de Eva no se le ocurrió otra cosa que hacerle caso al maligno que se había disfrazado de serpiente para que se deleitara de los frutos del árbol del conocimiento e invitara a Adán a que hiciera lo mismo. Lo que vino detrás ya de algún modo todos lo conocemos: una desgracia total.


Sin darnos cuenta, en esas tiernas y crédulas criaturas, la mujer, la manzana y el diablo empezaron a formar una especie de tríada que la integrábamos en una mezcolanza de héroes, villanos, monstruos y fantasmas de todo pelaje que poblaban unas mentes cargadas de una imaginación desbocada.

Quizás, alguno de los más espabilados pudiera preguntarse, por ejemplo, qué relación tenía la historia de Eva, que con la manzana mordida se la muestra al incauto de Adán, para que fuera cómplice de todas las desgracias que le iban a acarrear a la humanidad, con esa otra figura de la bruja, horrible vieja desdentada y vestida de negro, que a la inocente Blancanieves le ofrecía también una hermosa manzana roja y que, a fin de cuentas, sería su perdición (a menos que viniera un apuesto príncipe a salvarla de su sueño perpetuo).

Además, nos explicaban con todo lujo de detalles, que las brujas tenían el don de volar subidas en una escoba. Años más tarde, cuando ya sentíamos que nuestros cuerpos se agitaban por el exceso de hormonas, nos enterábamos, con cierto horror, que esas brujas tenían relaciones íntimas con los mismos diablos, según nos decían.


Pero, claro, uno va creciendo, se va haciendo mayor y va teniendo otras fuentes de información, sean los libros o algunas películas que explican ese extraño mundo brujeril. Cierto que los historiadores sabían lo que habían sido las brujas especialmente en las áreas rurales: mujeres curanderas, adivinas y hechiceras que les aseguraban a sus clientes y vecinos ser capaces de sanar enfermedades, predecir el futuro, propiciar buenas cosechas, multiplicar los rebaños, traer prosperidad y muchos otros tipos de supuestos beneficios.

Pero esas ‘artes mágicas’ que utilizaban nada tenían que ver con el satanismo con el que se las acusaba y que dio origen a que miles y miles de ellas fueran llevadas a la hoguera, especialmente en los siglos XV, XVI y XVII. A fin de cuentas, sus prácticas eran supervivencias de tiempos paganos, en los que los conjuros, amuletos, pócimas, ritos de fertilidad, augurios y otras viejas tradiciones habían sobrevivido, de manera más o menos oculta, en posteriores siglos de cristianismo.

A pesar de ello, la Iglesia y su brazo armado, la terrible Santa Inquisición, se habían encargado de difundir que, para llevar adelante sus ritos, las brujas se agrupaban en encuentros nocturnos presididos por Satanás en forma de macho cabrío, de modo que era el mismo diablo quien dirigía esas reuniones clandestinas.

La caza de brujas no se hizo esperar, tal como se muestra en numerosos grabados en los que se las ven ardiendo en las hogueras, al tiempo que Satanás sale de sus bocas. También, los supuestos aquelarres aparecieron en los cuadros de Goya en los que vemos a mujeres (y en algunos casos, a hombres) apiñadas en una especie de masa de cuerpos y rostros aborrecibles, siempre presididas por la imagen o la sombra del macho cabrío.


Mientras escribo, me imagino que a estas alturas del texto quien me esté leyendo podría preguntarse: “¿A cuento de qué hablo ahora de las brujas, cuando solo los más ignorantes pueden creer en la existencia de esas horribles mujeres que son guiadas por el demonio para practicar ritos en los que nadie con dos dedos de frente acudiría a ellos?”.

Ciertamente, en los inicios del siglo en el que vivimos podríamos pensar que todo esto ha quedado como restos de un mundo atávico, que el conocimiento, el pensamiento racional y los avances científicos habrían arrinconado para siempre.

Sin embargo, y por desgracia, el mundo no camina en la misma dirección que la razón y el pensamiento crítico. El fanatismo, la irracionalidad y un ancestral odio hacia las mujeres que deciden tomar las riendas de sus vidas llevan unos años desatados, no solo en el país en el que vivimos, sino que se ha extendido por otros como una mancha de aceite a través de los partidos de extrema derecha y de los medios que los apoyan, buscando acabar con todo lo que suponga avances en los derechos humanos.

Como ejemplo de lo que indico puede servir la acusación de ‘bruja’ que recientemente José María Sánchez García, diputado de Vox, le propinó a la socialista Laura Berja, cuando esta se encontraba en el uso de la palabra defendiendo la proposición de ley en la que se pretende penalizar el acoso que actualmente se ejerce contra las mujeres frente a las clínicas privadas que están acreditadas para practicar abortos.

Aunque parezca mentira, no solo en las redes sociales podemos encontrar los improperios más soeces hacia las mujeres. También en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, que debería ser un ejemplo de modelo de confrontación dialéctica, es posible escuchar semejantes mofas y desprecios dirigidos hacia algunas diputadas.

Me imagino, pues, que si Tomás de Torquemada levantara la cabeza y viera lo que acontece en el siglo veintiuno se llevaría una enorme alegría al comprobar que todavía hay gente que sigue al pie de la letra su espíritu inquisitorial; aunque, quizás, lamentara que a aquellas mujeres a las que los nuevos inquisidores acusan de ser ‘brujas’ no se las puedan llevar a la hoguera, como antaño se hacía, y en las que pagarían por sus grandes maldades antes de que sus almas fueran arrojadas definitivamente al infierno.

AURELIANO SÁINZ

10 oct 2021

  • 10.10.21
La llegada del mundo digital ha abierto las puertas a que cualquier persona manifieste sus opiniones en los distintos foros y plataformas que las redes sociales proporcionan. Esto, en principio, lo podemos considerar una ventaja, pues si echamos una mirada atrás, hacia los tiempos en los que dominaba la letra impresa en los diarios, la posibilidad de expresar las ideas personales acerca de un tema era a través de las “Cartas al director”, de modo que previamente había que proporcionar los datos personales, con lo que uno quedaba reconocido.


En la actualidad, no es necesario identificarse, ni siquiera recibir la aprobación previa de algunos medios en los que se escribe para manifestar las propias opiniones, estén mejor o peor argumentadas. Es por lo que en la selva digital en la que actualmente nos movemos, las mentiras, los bulos, las descalificaciones e, incluso, los insultos de todo tipo funcionan a alto nivel, resultando difícil llevar de buenas maneras un debate y, menos aún, cuando hay discrepancias sustanciales.

Estamos muy lejos de aquellos planteamientos que defendía Sócrates en la antigua Grecia. El viejo filósofo tenía tanta fe puesta en que el diálogo y la contrastación de ideas eran las mejores maneras de llegar a la verdad compartida que se jugó su vida en este empeño.

Debemos tener en cuenta que la mayoría de las controversias que se suscitan suelen girar en torno a las creencias o las opiniones, por lo que es fácil que a veces se desaten las pasiones, dado que en los encuentros digitales (y muchos de los presenciales) no se entra en la disquisición o la búsqueda de hechos objetivamente verídicos, como suele ser los que la ciencia indaga sobre la realidad física en la que estamos insertos, sino en hechos sociales en los que confluyen distintas miradas, sentimientos e intereses personales.

No olvidemos que Sócrates resultó muy incómodo para los poderes dominantes en la Atenas clásica, por lo que fue condenado a quitarse la vida dado que con sus planteamientos conducía a que la juventud adquiriera el ‘vicio’ de pensar por su cuenta y esto, en una sociedad en la que los mitos religiosos ordenaban las vidas de los ciudadanos, en el fondo era cuestionar el orden establecido.

El pensar racionalmente, aceptando que nuestros esquemas mentales, las creencias, los intereses e, incluso, nuestro ego, puedan ser puestos en duda, no es lo más común entre las personas; menos aún por quienes forman parte de los grupos sociales dominantes, que no desean que sus ‘verdades’ sean cuestionadas.

Por otro lado, no sé si los españoles somos más tendentes a polemizar y terminar a garrotazos las controversias en las que nos vemos envueltos. Desconozco si el carácter apasionado de quienes poblamos la piel de toro da lugar a que acabemos como esa pareja que nos dejó pintada Francisco de Goya para que fuéramos conscientes de que si no adoptamos un criterio menos ligado a nuestras emociones finalicemos con insultos y descalificaciones, tal como comprobamos que es habitual en algunos medios.

Conocedores de estas pasiones hispánicas, y para no sentirse cuestionados, algunos suelen acudir a los seudónimos e, incluso, a los nombres ficticios, con lo cual difícilmente se puede llevar adelante un debate en condiciones. No resultan fiables aquellos que se ocultan y no se muestran con sus nombres y apellidos, pues uno no sabe quién tiene enfrente, por lo que lógicamente no se portan “las mismas armas” en el encuentro dialéctico.


Para dar salida a esta cuestión, hay autores que han abordado el arte de debatir, discrepar o polemizar. Una propuesta que ha sido bastante difundida es la que aparece en el ensayo How to Disagree (“Cómo discrepar”) del británico Paul Graham.

Siguiendo el modelo triangular que Abraham Maslow propuso para la descripción de las necesidades humanas, Graham ofreció un esquema similar, partiendo de la confrontación abierta, que estaba en la base de una especie de pirámide hasta el mejor nivel del debate, que se encontraría en la cúspide de esta forma geométrica.

En la base de su pirámide, Graham situaba la descalificación y el insulto como la forma más primaria de cerrar la controversia. Esto es bastante frecuente, cuando uno se siente provocado en sus aspectos más íntimos, como son las ideas o creencias. En cierto modo, sería la actualización del enfrentamiento a “garrotazos verbales” que nos aproximaría a la imagen que nos legó el inmortal Goya.

En el siguiente peldaño nos tropezamos con otro recurso muy habitual: la falacia ad hominem, ya que no se aportan argumentos de peso, sino que se ataca al contrincante por ser quién es, por su imagen o por lo que representa, intentando desprestigiarlo y dejándolo sin autoridad ante el tema que ha sido objeto de la polémica.

Si subimos en la pirámide, pasamos a una tercera posición. En ella se emplea como respuesta cierto tono ofensivo, sin cuestionar el tema central del debate, utilizándose un dejo irónico, despectivo o arrogante para no dar valor al argumento que el otro ha utilizado.

Nos aproximamos a una confrontación menos conflictiva que las anteriores cuando nos ubicamos en el cuarto peldaño. De todos modos, es una forma curiosa de presentar una posición contraria cuando se acude a lo que Graham llama ‘contradicción’, en el sentido de que el contendiente se limita a decir lo contrario, pero sin ofrecer ninguna prueba que respalde su afirmación.

En la quinta posición aparece la primera forma de desacuerdo en la que realmente se intenta ofrecer alguna respuesta lógica. Sin embargo, el problema radica en que el contraargumento aportado se desplaza hacia un asunto diferente. Por ejemplo, ante la afirmación de que “los jóvenes en la actualidad necesitan un trabajo para formar una familia”, un contraargumento sería que “para formar una familia lo importante es que se quieran”, por lo que no se aborda la influencia del paro en las nuevas generaciones.

En la cumbre del esquema triangular se encuentra la ‘refutación’ (que Graham la divide en dos niveles). Se entiende que esta palabra no la utilicemos mucho y en castellano sea ‘replicar’ o ‘rebatir’ las que tienen más uso en nuestra lengua. De todos modos, y a pesar de sus diversas denominaciones, es la forma que exige mayor trabajo reflexivo, porque se parte de los argumentos del que ha hecho la afirmación para explicarle por qué está equivocado o se discrepa, intentando aclarar los errores utilizados y aportando razones o pruebas en sentido contrario.

Pero, tal como apunté al comienzo, en un mundo cargado de tensiones como es el que actualmente nos movemos, rebatir con una correcta argumentación parece una tarea bastante excepcional por el esfuerzo mental y la necesidad de una buena preparación lingüística para responder con coherencia. De todos modos, ya salirse de los primeros escalones de la pirámide de Graham ayuda a desarrollar el debate, lo que, en el fondo, acaba siendo algo positivo para evitar la crispación tan frecuente en nuestros días.

AURELIANO SÁINZ

3 oct 2021

  • 3.10.21
En el anterior artículo habíamos hecho un recorrido por algunos de los murales que pueden verse en Romangordo, un extraordinario pueblecito de Extremadura. También comentábamos que la iniciativa partió de la alcaldesa fallecida, Charo Cordero, quien tuvo la genial idea de invitar a tres estudiantes de Bellas Artes en Madrid para comenzar lo que conocemos como "trampantojos" en distintas paredes de la localidad.


Pero no solamente fueron las paredes lo que el grupo Muro Crítico llevó adelante con gran habilidad, sino también las puertas de casas y de cocheras que hay en el pueblo. Sobre este aspecto quisiera apuntar que los cierres metálicos presentan especial dificultad a la hora de plasmar escenas o rostros de personajes, dado que están formados por lamas metálicas ensartadas, lo que presenta un cierto problema, ya que en ellas resulta ser distinto a pintar sobre una pared lisa, tal como habíamos visto en los murales precedentes.

También se pintaron algunas puertas de madera que sirven de entrada a casas modestas, como es el caso de la que aparece en la portada de este artículo, en la que vemos que, ficticiamente, una vaca se asoma por encima del postigo que se supone abierto, provocando la sorpresa en el espectador; sorpresa que solo se deshace cuando ya se encuentra cerca de la entrada y se es consciente del engaño que provoca a la vista.


En las cuatro fotografías precedentes comprobamos que uno de los temas que más aparece en las puertas pintadas es el de objetos que forman, o han formado, parte de la vida cotidiana de las gentes de Romangordo. Así, podemos ver la perspectiva de la antigua barra de bar en la que se muestran una botella de gaseosa y otra de sifón; también, el tradicional asiento de las barberías; o los utensilios que los médicos rurales portaban cuando visitaban las casas de los pacientes; e, incluso, la imagen de un antiguo Renault de color verde oliva y con la matrícula incluida, lo que nos hace pensar que es del propietario de esa cochera.


Uno de los trampantojos pintados en la pared que vimos en el anterior trabajo fue el de Charo Cordero, antigua alcaldesa, a la que se quería recordar con esa imagen, por ser la promotora de esta magnífica experiencia. También podemos contemplar algunos rostros concretos de personas del propio pueblo que sirven como motivo para decorar las puertas.

Es lo que sucede con los dos excelentes retratos que acabamos de ver y que corresponden a una mujer y un hombre mayores, que, a buen seguro, son los propietarios de los lugares en los que han sido plasmados y sin que tengan ningún reparo en mostrarse públicamente.


En los murales pintados en las puertas no podían faltar los viejos oficios que en la actualidad sobreviven con dificultades ante el avance de las nuevas tecnologías que parecen destinadas a barrer las tradiciones que se mantuvieron durante mucho tiempo en las zonas rurales.

Dado que son numerosos, me ha parecido oportuno presentar seis de ellos, agrupados de tres en tres. En este primer grupo aparecen el zapatero que remendaba toda clase de zapatos; una mujer que se encuentra elaborando un queso casero y un hombre, portando una gorra verde, que utiliza una de las antiguas máquinas de coser.


En estos trabajos artesanos las manos juegan un papel crucial. Ahí están las que elaboran los embutidos tras las matanzas; las que se afanan para acabar con unos dulces que no son el resultado de procesos industriales; las que aprietan con maña las ubres en el ordeño de las vacas: son manos duras, ásperas, moldeadas por el tiempo y la severidad de una labor que exige una entrega cotidiana a la que no pueden faltar cada día, pues se muestran vitales para la subsistencia de sus dueños. Lejos, pues, de las manos ligeras y frágiles que teclean en los portátiles o los móviles, tal como exige un mundo cada vez más distanciado de los oficios muy ligados al mundo rural y a la naturaleza.


Cierro este homenaje a ese pequeño pueblo que, sin embargo, se ha hecho grande por la creatividad y la imaginación que han aportado a través de estos murales, con la figura del campesino labrando la tierra con dos mulos, tal como se realizaba desde tiempos ancestrales.

Es una imagen que pictóricamente se asemeja a la técnica de la acuarela por la imprecisión de las figuras, aunque lo más probable es que esté realizada con pintura acrílica o con aerosoles. No deja de ser, a fin de cuentas, una especie de síntesis de todas las escenas que el grupo Muro Crítico ha plasmado en un rincón extremeño, idea que podría ser tomada como ejemplo o referente en otros lugares.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍAS: AYUNTAMIENTO DE ROMANGORDO

26 sept 2021

  • 26.9.21
Hace ya algún tiempo, y en este mismo medio, publiqué un artículo que llevaba por título el de Trampantojos, explicando su significado y mostrando algunos ejemplos magníficos que es posible contemplar en distintas ciudades europeas, pues, en ocasiones, el arte pictórico no solo se encuentra en los renombrados museos, sino que podemos encontrarlo en plena calle, cuando hallamos estos murales expuestos al aire libre en grandes paredes.


En aquel texto indicaba que si acudíamos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua veíamos que un “trampantojo” es una “trampa o ilusión con que se engaña a uno haciéndole ver lo que no es”. A partir de esta definición, podríamos deducir que sería una palabra compuesta de “trampa” y de “ojo” o, lo que es lo mismo, un equívoco visual.

También decía que en el lenguaje común no solemos emplear este término, ya que su uso más habitual se produce en el campo del arte y de la arquitectura. Por otro lado, hice referencia a los dibujos del holandés M. C. Escher, ya que en su producción encontramos numerosas creaciones con las que confunde al espectador, ya que son escenas que no pueden existir en la realidad tridimensional; solamente es posible contemplar esos espacios insólitos que Escher imaginó en una superficie de dos dimensiones.

Pero en la actualidad no hay que remitirse a pintores consagrados o pasear por aquellas reconocidas ciudades en las que hay trampantojos para la admiración de los visitantes; ahora es posible verlos en pequeñas poblaciones como es el caso del pueblecito de Romangordo que se encuentra cerca de Trujillo y Navalmoral de la Mata, en la provincia de Cáceres.

Merece la pena, si se está por esta provincia, acercarse a Romangordo y admirar lo que la imaginación ha sido capaz de llevar adelante en un entorno de lo que ahora llamamos "la España vaciada". La sorpresa acude pronto cuando paramos el coche, nos bajamos y comenzamos a contemplar las paredes pintadas con magníficos murales. Dada la cantidad que hay en el pueblo, haremos dos entregas: esta primera dedicada a los realizados en paredes y, la segunda, a aquellos plasmados en las puertas.

Algunas preguntas que le surgen al visitante es la de a quién se le ocurrió promocionar esta singular idea; también con quiénes contaron para ejecutarlos y cuánto pudieron costar los más de cincuenta trabajos realizados en este rincón de Extremadura de apenas 300 habitantes.


Las respuestas nos las proporcionó en su momento Charo Cordero, quien fuera alcaldesa del pueblo entre 2003 y la fecha de su fallecimiento en el año pasado. En su memoria se realizó el mural que encontramos en la entrada del pueblo, ya que se la muestra representada dentro de una composición muy evocadora, en la que aparece dando libertad a un pájaro de papel en el que pueden leerse las siguientes palabras: “Valientes, Iguales, Libres”, que son la síntesis de los valores que defendió para las mujeres a lo largo de su vida.


Según la promotora de esta magnífica iniciativa, todo ello comenzó con propuestas puntuales, pero debido a la favorable aceptación que tuvo en el vecindario y la repercusión entre la gente que se acercaba a visitar el pueblo o sus entornos, se continuó con la experiencia, de modo que en todo el municipio, sean paredes, medianeras o puertas, acabaron pintándose escenas ligadas a temas y tradiciones locales.


Si uno contempla detenidamente los trampantojos, comprueba la imaginación y la calidad de estos murales al aire libre, por lo que se entiende que no pudieron ser realizados por simples aficionados, sino que debió ser gente con una sólida preparación en el campo de la pintura.

En efecto, sus principales creadores fueron, por entonces, estudiantes de Bellas Artes en Madrid: Jesús Mateos Brea, Jonathan Carranza y David Bravo “Chefo”. Conviene apuntar que los tres forman en la actualidad el colectivo Muro Crítico y que proceden de localidades cacereñas: Plasencia, Madrigalejo y Moraleja, respectivamente.


El que los autores procedan de localidades cercanas a Romangordo resultó ser un factor favorable para llevar adelante esta enorme tarea, no solo desde el punto de vista económico, puesto que los gastos se reducen por la proximidad, sino también por la afinidad que pueden encontrar en un trabajo con el que sienten una clara adhesión. Por otro lado, según la alcaldesa, el gasto solo ascendió a veinte mil euros, provenientes de los fondos de ayuda que recibe el pueblo para pequeñas actuaciones municipales.


El número de paredes y puertas pintadas en este pequeño pueblo extremeño, tal como he indicado, supera la cifra de cincuenta repartidas por la localidad, aunque paso a paso van aumentando, puesto que no es una historia acabada, sino una especie de relato visual que continua y que se nos muestra cuando lo visitamos.

Por otro lado, los temas que el colectivo Muro Crítico ha abordado, de acuerdo con la Corporación municipal, están ligados a la memoria viva de los vecinos, de modo que algunos casos son personas reales quienes se ven representadas en estos trabajos, por lo que la identificación con esas imágenes podemos decir que es casi total.


Uno de los aspectos esenciales de los trampantojos, sea en ámbitos urbanos o rurales, es que las escenas que se plasman deben de estar claramente integradas en las características constructivas del edificio o la casa en los que se realizan. No tiene sentido pintar un mural en el que los colores, las texturas, los materiales o los contenidos creados supongan un claro contraste con el resto de la construcción.

Esto puede apreciarse en los tres que acabamos de ver: en el primero de ellos se simula a unos niños y a un gato bajando una escalinata; en el del centro aparece una mujer toda sonriente y con un mandil blanco que porta en su cabeza y sostiene con ambas manos unos cubos de hojalata cargados de agua y ropa; y, en el tercero, a una pareja de emigrantes que, a su pesar, abandonan el pueblo.


No pueden faltar aquellas palabras que son características de la localidad o de su entorno, dado que son señas de identidad que se han transmitido de generación en generación. Es por ello que, en una pared totalmente blanca, y que hace esquina redondeada, se ha escrito una larga lista de ellas para que no se las olviden en el mundo acelerado en el que ahora vivimos.


De igual modo, se homenajea también a la antigua escuela, de forma que una se muestra en la medianera de una casa, como si la escena fuera una ampliación de aquellas viejas fotografías reproducidas en tono sepia. Así, se ve de pie al viejo maestro y a sus pupilos sentados en los duros pupitres en la ardua tarea de adquirir los primeros aprendizajes que les servirán como herramientas con las que caminar por la vida.


Enlazando con el mundo de los aprendizajes, muy imaginativo resulta ser el mural de la pared baja que rodea una las viviendas de la localidad, de modo que se logra transformarla en una especie de anaquel en el que aparecen, a gran tamaño, distintos libros, junto con otros instrumentos escolares como son una regla y un cartabón, ambos de madera.


Viene bien que cerremos este primer recorrido por los trampantojos de Romangordo con una escena emotiva. Es la que amablemente nos proporcionó el Ayuntamiento de la localidad, en la que vemos a un grupo de alegres escolares con su maestro, que, orgullosos, posan delante de un mural que se ha pintado en una de las paredes del colegio. En él se muestra a un grupo de soldados británicos que enmarcan el lema “205 años de historia. XIII Ruta de los Ingleses”, hecho, que a buen seguro, forma parte de la memoria colectiva del pueblo.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍAS: AYUNTAMIENTO DE ROMANGORDO

12 sept 2021

  • 12.9.21
Parece mentira que existan canciones que casi todos las conocemos porque nos han acompañado a lo largo de nuestras vidas y que ya hayan cumplido, nada más y nada menos, que cincuenta años. Son temas que se encuentran dentro de magníficos álbumes que vieron la luz en el año 1971, pero podríamos decir que se han hecho casi inmortales, pues cuando los volvemos a escuchar los recibimos con toda la frescura que cuando se editaron.


¿Quién no conoce, por ejemplo, Mediterráneo, la espléndida canción de Joan Manuel Serrat que se encuentra en un disco verdaderamente mítico y que ha cumplido cinco décadas? ¿Quién no se ha emocionado con Imagine de John Lennon, ese canto a la paz y de esperanza de conocer un mundo muy distinto al que ahora nos encontramos, y que muchos nos empeñamos en que no sea una mera utopía, sino una realidad palpable que alguna generación finalmente pueda conocer?

He citado dos canciones, pero podrían ser bastantes más las que pueden ser recordadas por haber alcanzado esa cifra temporal tan contundente, al implicar medio siglo de existencia. No obstante, con intención de brevedad, me voy a limitar a comentar solo cinco álbumes que nacieron en ese año y que, no solamente son magníficos trabajos, sino que cada uno de ellos contiene al menos una canción que ha traspasado las líneas del tiempo.

Estos discos son: Mediterráneo (Joan Manuel Serrat), Imagine (John Lennon), Tapestry (Carole King), Aqualung (Jethro Tull) y Led Zeppelin IV (Led Zeppelin). Tal como he indicado, no me extenderé en los comentarios de los tres solistas y de los dos grupos que he seleccionado, porque, básicamente, se trata de homenajear a quienes nos dejaron esas pequeñas maravillas que hoy podemos escuchar directamente por algunos de los medios digitales.


Como no podía ser de otro modo, este breve recorrido lo comenzamos por Mediterráneo, el disco que Serrat publicó cuando contaba 27 años. Ya en su propia portada, lo vemos en una fotografía de plano medio que se superponía a una imagen marítima con un sol del atardecer, como homenaje a ese mar que tanto amaba y que desde su infancia, ya que nació en el Poble-sec de Barcelona, pudo contemplar y disfrutar.

Muy pronto, el disco tuvo una enorme acogida, ya que allí se encontraba la canción que daba título al álbum, con otras también cantadas en castellano, puesto que el bilingüismo ha sido siempre una seña de identidad de Joan Manuel Serrat. Así, a Mediterráneo le acompañaban La mujer que yo quiero, Qué va a ser de ti o Tío Alberto, por citar algunas de las más conocidas del álbum.


En el año anterior al que ahora comentamos, es decir, en 1970, se cerraba la trayectoria del mítico grupo de los Beatles con el inolvidable elepé Let it be. La falta de entendimiento entre Paul McCartney y John Lennon hacía imposible la continuidad del cuarteto, por lo que cada cual de los cuatro miembros siguió su propio camino, con discos más que notables, pero sin alcanzar la brillantez de cuando estaban juntos.

Bien es cierto que, antes de la separación, Lennon había grabado discos con su pareja Yoko Ono. Sin embargo, ya en solitario, en 1971, lanza su segundo disco de estudio, Imagine, quizás el más notable, o, al menos, el más conocido de su trayectoria en solitario. La letra de la canción, tal como he indicado, es un canto a la paz y a la esperanza de encontrar un mundo sin guerras. Una verdadera utopía.


También en el año que comentamos vio la luz un disco espléndido que lanzaba por entonces la cantante y compositora neoyorquina Carole King. Se trataba de Tapestry (Tapiz), que con el paso del tiempo logró vender 13 millones de copias. Como reflejo de las canciones que allí aparecían, vemos que en la portada del elepé se encuentra la propia autora en un relajado ambiente doméstico, sentada, vistiendo pantalones vaqueros, con labor de aguja en las manos y, delante de ella, su gato mirando también al espectador. En el disco se encontraban temas inolvidables como So Far Away, It´s too Late y la inolvidable You´ve got a Friend (Tienes un amigo) que fue también popularizada por James Taylor.


Cuando uno siente pasión por algún grupo, como me sucedía a mí con Jethro Tull, le resulta difícil elegir alguno de sus trabajos, por lo que tiene que guiarse por el éxito alcanzado para destacar alguno de ellos. Así, de forma casi unánime para la crítica, Aqualung fue considerado la cumbre del grupo británico liderado por Ian Anderson.

Era el cuarto disco de estudio de la banda, que había iniciado su andadura discográfica con su inolvidable This Was en 1968. Dada la capacidad creativa de Jethro Tull, su trayectoria sonora llega nada menos que hasta 2020, con Stormwatch 2. Sin embargo, Aqualung, ese disco que en la portada nos presentaban pintado a un huraño mendigo, que está ocultando con su mano izquierda algo dentro de su harapiento abrigo, ha pasado a la historia como uno de los grandes trabajos de la música popular.


Cerramos este breve recorrido citando al cuarto álbum de Led Zeppelin, la inolvidable banda capitaneada por Jimmy Page y Robert Plant. Curiosamente, desde el punto de vista del diseño, tiene ciertas semejanzas gráficas con el disco Aqualung, ya que en la portada del elepé se nos muestra una pared raída de la que cuelga un envejecido cuadro y en el que aparece un desaliñado anciano portando una carga de leña. No había ninguna otra señal, ni referencia al nombre del grupo; sin embargo, todo el mundo ya sabía de qué grupo era el disco que contenía joyas como el largo tema Stairway to Heaven (Escalera al cielo) o The Battle of Evermore.

AURELIANO SÁINZ

5 sept 2021

  • 5.9.21
Seguir la evolución de los trabajos que realizan algunos niños es una de las tareas que siempre he llevado a cabo, pues la singular creatividad que tempranamente se despierta en algunos de ellos es motivo de alegría –o de cierta decepción– dependiendo del apoyo que reciban por parte de sus padres o del centro en el que estudian.


Es lo que sucede con un caso muy especial del que no hace mucho publiqué en este mismo medio un artículo titulado Almudena, una niña con TEA, es decir, una niña que sufre el denominado Trastorno del Espectro Autista. Vuelvo de nuevo a hablar de ella dados los avances que se producen en su evolución en el campo del dibujo y de la pintura.

Tengo que apuntar que Almudena en la actualidad tiene doce años, que cuenta con un magnífico padre con el que charlo de modo habitual sobre ella cuando nos vemos en su lugar de trabajo, y con una admirable madre, que fue alumna mía en la Facultad en la que desarrollo la docencia, ya que desde hace algunos años tiene el grado de maestra en Educación Infantil.

Los datos anteriores son importantes, ya que sus propios padres, su familia y el centro en el que la niña estudia han sido fundamentales para que se sienta entusiasmada con su mundo artístico en el que encuentra cauces de salida a sus capacidades creativas. Y es que, en la actualidad, entre otros tipos de actividades, está embarcada en la interpretación que ella hace de las obras de grandes pintores del siglo veinte e, incluso, de etapas anteriores.

Pero antes de mostrar algunos de sus trabajos y compararlos con los originales, debo decir que Almudena, dada la inteligencia visual que tiene, tal como acontece con otros niños autistas, antes de ponerse a pintar solo ha visto durante un momento una lámina del cuadro que desea reproducir a su modo. Esto es algo sorprendente, pues cualquier otra persona estaría mirando de manera continua para seguir la composición que desea reinterpretar.


De este modo, si observamos el dibujo suyo que he utilizado como portada del artículo, comprobamos que es una interpretación que ella misma hace del cuadro titulado La persistencia de la memoria de Salvador Dalí. Si nos fijamos despacio, en el cuadro de Dalí no aparecen ni el sol ni los dos animalitos que ella ha incorporado, pues le resulta extraño que en un lienzo no haya seres con vida, sean personas o esos pequeños animales que tanto le gusta mostrar en sus trabajos.


Si hay un pintor que especialmente le apasiona ese es Pablo Picasso, uno de los grandes genios del arte del siglo pasado. En esta ocasión mostraré un par de interpretaciones que ha realizado Almudena, comenzado por la que lleva el título de Dos mujeres leyendo que el pintor malagueño realizó en 1934.

Lo sorprendente de la niña es que ha sabido captar las complicadas posiciones de los cuatro brazos y manos de los dos personajes; cuestión que para cualquiera de nosotros nos resultaría difícil si no nos detenemos un tiempo para ser capaces de distinguirlas dentro de la estética ‘cubista’, que fue uno de los estilos pictóricos del genio español.


La segunda de sus interpretaciones recientes de las obras de Picasso es aquella que hace referencia al lienzo denominado Tres músicos de 1921. Como podemos observar en la obra original, las figuras creadas por el pintor malagueño apenas aparecen insinuadas, dado que con la estética cubista quedan transformadas de tal manera que parecen partes de láminas recortadas y ensambladas en una especie de collage.

Sin embargo, esto no es problema para Almudena, quien, tras una mirada, se atreve a elaborar una obra en la que cada figura, sea humana o animal, adquiere una identidad que en la original queda bastante diluida.


Mayor identidad tienen las figuras del pintor francés Henri Matisse, pues la búsqueda de este artista estaba centrada principalmente en la exaltación del color, tal como podemos apreciar en Pecera con gato, obra de pura emoción cromática, pues Matisse no le daba importancia a que el tema fuera algo tan sencillo como el tratado.

Por su parte, la interpretación que hace Almudena responde a esa alegría vitalista que ofrecen los colores puros y primarios –rojo, amarillo, azul– junto con algunos secundarios, caso del verde y el naranja, que con tanta frecuencia aparecen en los lienzos del pintor galo.


La vida del pintor austríaco Gustav Klimt osciló entre finales del siglo XIX y principios del XX, ya que nació en 1862 y falleció en la capital, Viena, en 1918. Es el creador que mejor simboliza el arte pictórico de Austria.

Por otro lado, si hubiera que citar una de sus obras, sin lugar a duda, sería El beso la más representativa. Este cuadro, universalmente conocido, lo reinterpreta Almudena a su forma, ya que los dos personajes enamorados que unen sus rostros con una fuerte carga de romanticismo, la niña lo interpreta como si fuera un único semblante.


Cerramos este recorrido por la pintura que ahora le apasiona a Almudena con otra obra que también tiene un reconocimiento internacional. Me refiero a La joven de la perla, que entre 1665 y 1667 realizó el pintor holandés Johannes Vermeer.

La libertad creativa de Almudena da lugar a que no sea el título del cuadro lo que le llama la atención, pues la perla la transforma en un pendiente colgante rojo que bien respondería al gusto femenino actual. Lo que sí tiene importancia para ella es el turbante azul con el que se cubre la joven pintada por Vermeer, al tiempo que la niña destaca las pestañas, muy en la línea de la estética de la mujer de hoy en día.

AURELIANO SÁINZ

29 ago 2021

  • 29.8.21
“¡Ay de los vencidos!” es una frase de procedencia romana (aunque en latín es ¡Vae victis!) que, de modo breve, anuncia el horror que van a sufrir quienes fueron derrotados en la guerra desatada. Pero no solo van a padecer este tormento quienes combatieron en los frentes, sino que también lo sufrirá gente no combatiente como sus familias y aquellos inocentes, caso de los niños, que en el fondo no entendían las razones de esa contienda.


Es lo que en estos días estamos contemplando casi en directo cuando los talibanes han tomado Kabul, la capital de Afganistán, y han declarado que implantarán la Sharía, o ley islámica, que para nada supone un respeto a los Derechos Humanos aprobados en 1948 por todos los países que forman parte de las Naciones Unidas.

No voy a describir la tragedia que supone esta ley especialmente para las mujeres, que las condena a una semiesclavitud desde que son niñas, puesto que se les niegan los derechos básicos de todo ser humano.

Y puesto que estamos en un mundo globalizado, en el que las noticias en forma de imágenes nos llegan con toda prontitud, comprobamos los deseos desesperados de una parte de la población que busca ser evacuada de su país porque es consciente de la situación que les espera bajo el régimen de los talibanes.

Esta es una tragedia que se repite casi constantemente: la huida de la población civil hacia otras partes del país o fuera de las fronteras para evitar ser víctimas de la guerra, porque ya no hay campos de batalla separados: también los pueblos y ciudades son escenarios de combates y bombardeos.

No hace mucho, esto mismo lo comprobamos en Siria, un país cercano a Afganistán, con la secuela de una parte de la población que huía de las matanzas que se producían por los bombardeos de sus ciudades. Era la odisea de los refugiados que buscaban ayuda en otros países. También esto fue lo que aconteció en la larga Guerra Civil española, cuando ya el Gobierno republicano apenas podía mantenerse ante el avance de las fuerzas comandadas por Franco.

Entonces no había cámaras que pudieran filmar el dolor de las familias al tener que desprenderse de sus hijos menores para que fueran evacuados, por distintos medios, y pudieran ser acogidos en las denominadas "colonias infantiles" que se habían creado en algunas zonas republicanas en las que todavía no habían penetrado las fuerzas que se habían alzado contra el Gobierno de la República o aquellas otras que se encontraban en el sur de Francia.

Pero los niños tienen memoria, guardan esos intensos recuerdos que archivan en sus mentes sobre las penalidades que contemplaron y que sufrieron en esas evacuaciones que a toda prisa hubo que organizar y que ellos, a fin de cuentas, protagonizaron.

En aquellos años, y en algunas de esas colonias infantiles, había cuidadores que los invitaron a que dibujaran los recuerdos de las evacuaciones que padecieron. Era una forma de dar voz, aunque de manera gráfica, a la parte más indefensa de la guerra.

Esto es lo que se recoge en la excelente obra El dibujo infantil de la evacuación durante la Guerra Civil española (1936-1939) de José Antonio Gallardo Cruz, profesor jubilado de la Universidad de Málaga, que ahora me sirve para mostrar esa cara poco conocida y que, sin embargo, de nuevo contemplamos en las pantallas del televisor.

Antes de pasar a presentar y comentar los diez dibujos que he seleccionado, quisiera decir que, tal como indica el autor del libro, proceden de los archivos de la Biblioteca Nacional de España (Madrid), de la Avery Architectural & Fine Arts Librery de la Universidad de Columbia y de los Fondos Alexander Albert MacLeod (Ontario, Canadá).

Comienzo por el dibujo de la portada. En este caso, no se sabe si fue un niño o una niña quien realizó este dibujo de 1938, puesto que está firmado por F. Sanz Herranz. En la escena se comprueba que la evacuación se realiza en un tren para llevarlo a la colonia escolar madrileña del Balneario de Bellús, localidad valenciana.

Ahí se ve a una madre, con ropaje muy pobre, que entrega su pequeño hijo a un pasajero, escena que nos recuerda a lo que ha acontecido recientemente en el aeropuerto de Kabul, cuando desde la multitud se le da a un soldado estadounidense un bebé para que se lo lleve lejos de Afganistán.


Este magnífico dibujo corresponde a una niña llamada Rafaela Jover Rodríguez, cuya edad se desconoce, aunque me imagino que estaría en los inicios de la adolescencia, por su gran capacidad gráfica para representar el interior de un vagón lleno de niñas que las llevarían a la colonia escolar madrileña del Balneario de Bellús.


Si en los dibujos anteriores aparecen escenas de la salida y del interior de un tren, en este caso se trata de un recibimiento en el andén de una estación. El dibujo fue realizado por Carlos Campos, un niño de 12 años, que representa la alegría con la que fueron acogidos los niños evacuados por la gente que acudió a recibirlos, ya que estaban destinados a la colonia escolar turolense Germán Araudo de Alcañiz.


También la vía marítima fue un medio de evacuación que se utilizó habitualmente para desplazar a los niños a campamentos fuera de nuestro país. En este caso se trata del dibujo de un chico de 13 años llamado Ezequiel Tierra quien nos muestra un barco a vapor con la bandera francesa, ya que su destino y el de todos lo que abarrotaban el navío era la colonia francesa de Chenay.


No toda la memoria de los evacuados estaba centrada en el medio por el que se les llevaba fuera de sus lugares de origen. Dentro de los dibujos también se muestran escenas de los desastres de la Guerra Civil que siempre quedarían en sus recuerdos. Es lo que manifiesta gráficamente Antoni Ferré, natural de Barcelona y que por entonces contaba 11 años.


También el automóvil fue otro medio inicialmente utilizado en determinadas situaciones. Esto lo plasma Ramón Hernández, un chico de 13 años que fue evacuado al Centro español de Cerbère, una localidad francesa cercana a la frontera con España. En la lámina, el propio autor escribió: “Este dibujo representa nuestra evacuación. Con nosotros va otra familia que es la que nos invitó a subir al auto”. Ahí aparece el pequeño Ramón cogido de la mano de su madre con destino a un país extranjero en el que quedará acogido.


También encontramos magníficos dibujos como es el que realizó Ricardo Prat, un niño de 12 años que fue evacuado el 11 de febrero de 1938, ya que él mismo se encargó de escribir la fecha de su partida, al tiempo que, con una excelente caligrafía, había dejado escrito en la propia lámina: “Mi madre la mañana de la evacuación”. Su destino era la colonia francesa de Mas Éloi, que se encuentra en Limoges.


Como podemos suponer, la familia se convertía en protagonista de muchas de las escenas que representaron quienes, dolorosamente, se tenían que despedir de la suya. Es lo que plasma Pepita Blanch Manero, niña de 11 años, que dejó escrito (y que transcribo textualmente, tal como lo hizo la propia niña): “Este dibujo representa mi mamá mi papá yo y mi hermana y una ti mia que nos vamos en Cervere el dia de la evacuación”.


Es frecuente que los niños narren gráficamente no solo lo que recuerdan visualmente de acontecimientos vividos, sino que también incorporen diálogos dentro de la escena que han plasmado. Es lo que realizó Alfonso Ortuño Núñez, un niño de 11 años, que fue evacuado a la colonia familiar de Puebla de Larga, situada en Valencia. Tras el título, “Escena de evacuación”, en los camiones ha escrito “Evacuados”, al tiempo que utilizando globos de cómics expresa lo siguiente: “Salud mamá”, “Salud, hijo”, “Espere”, “Espere que yo también quiero subir”...


Para cerrar esta breve selección de dibujos, quisiera indicar que no eran frecuentes las manifestaciones de carácter político en los dibujos de los evacuados. Quizás, la más habitual era el dibujo de la bandera tricolor de la República, que era la que ellos habían visto desde muy pequeños. Sin embargo, en este ingenuo dibujo de María Benítez, una niña de 12 años, que iba destinada a la colonia francesa de Sant Hilaire, encontramos escrito por ella misma: “Cuando salíamos de Málaga antes de entrar los fascistas”, al tiempo que dibuja una bandera republicana en el vehículo que los lleva a este centro, muy alejado de su tierra.

AURELIANO SÁINZ

GRUPO PÉREZ BARQUERO


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