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1 mar. 2017

  • 1.3.17
Ocho años después de su botadura y entrada en contacto con las aguas saladas de la mar, el buque acorazado protegido con poco casco defensivo, el que llevó el nombre de Reina Regente para el día diez de marzo del año de 1895, en su viaje desde el puerto africano de Tánger hasta el cercano puerto español-andaluz de Cádiz, se lo tragó una mala mar de las que especialmente en los inviernos se suelen desatar en esa zona marítima de tan variados humores meteorológicos en un solo día.



A raíz de una reciente publicación mía en otro medio, como vivo en una zona netamente marinera y tengo bastante vinculación con la mar, son varios los marinos que me han comentado que el Reina Regente se fue al fondo de los mares simple y llanamente porque era un navío artillado de tal manera que el exceso de peso de sus cañones desestabilizaron el buque, y esa razón y no la mala mar, fue la causante de su hundimiento.

Intentado documentarme para otro asunto sobre Brasil, ese gran país del que apenas los medios de comunicación españoles, siempre al servicio imperial gringo para después morir por falta de lectores con hartura de americanadas yanquis, nada dicen y mantienen sus silencios a la misma altura del desconocido Portugal para la mayoría de nosotros, me sorprendió enormemente leer en un periódico de la época, editado en Argentina, el Correo de España, las declaraciones de un singular almirante brasileño, Custodio de Mello que, cuando lo de Cuba, según, se ofreció con algunos de sus oficiales inmediatos para ayudar al Ejército de Liberación de Cuba, en formar una fuerza naval armada cubana.

Custodio de Mello, un republicano exiliado en Uruguay y en Argentina por haber participado en una revolución interna brasileña que lo llevó a bombardear con el barco bajo su mando Río de Janeiro y Río Grande do Sul, afirma categóricamente en sus declaraciones al citado periódico de Buenos Aires que el buque acorazado protegido español Reina Regente había naufragado por causa muy probable de la falta de estabilidad del buque.

Para aquella época, y ésta para qué decir, la ingeniería naval con una perfecta fiabilidad matemática que no deja entrada a suposición alguna, puede determinar con toda claridad la posición que ocupan los dos vectores y la intensidad de sus fuerzas, el uno llamado el Centro de Carena, que determinará en el ensayo científico de la teoría del buque, el centro de gravedad del volumen del agua desplazada por la nave.

El otro vector de fuerza y su intensidad, es el Centro llamado de Empuje, que tiene que ver y mucho con la estabilidad de la nave, supuesto que con ambos valores en las manos, muy fáciles de determinar en la arquitectura naval, se pueden de inmediato, entonces y ahora, conociendo los materiales y cargas del buque, sin misterios de ninguna clase si un buque es estable o inestable, en función de las curvas de estabilidad y el valor de los brazos adrizantes.

El acorazado protegido Reina Regente en los ochos años que estuvo navegando, sin escarbar más en sus navegaciones, se sabe que estuvo en América; es decir, que cruzó la Mar Océana de una orilla a otra, trayéndose a remolque, asunto marinero no muy fácil, a una réplica de una carabela colombina.

También se sabe que estuvo en varias revistas navales como buque a exhibir porque su ingeniería de disparo, de cañones, eran obedientes al ingenio de un andaluz de Sanlúcar de Barrameda, José González Hontoria cuyos conocimientos, en un país de envidias y loas dejadas solo para la muerte, y a veces ni eso, nunca se lo perdonó la abundante España de fanfarrías de caballería.

Incidiendo en el hecho de que cualquier estudiante de Ingeniería Naval, y uno mismo de tener gana y tiempo, es capaz aún hoy en día de determinar con toda fiabilidad la estabilidad o no del buque acorazado protegido Reina Regente, en su misterio y gana de ocultación de otros intereses que sobrevuelan en el entorno de la nave, radica que en las elecciones de 1886 el presidente del Consejo de Ministros que salió elegido en las urnas, Práxedes Mateo Sagasta, subió de golpe 201 escaños, se quedó con 278, el 70,38 por ciento de los votos emitidos. Mientras que su rival, Antonio Cánovas del Castillo, conservador, por voluntad popular bajó 218 escaños y se quedó con 93.

El Reina Regente, políticamente hablando, aunque se construyó en un astillero inglés, se quería o se pretendía que marcara el inicio de una época en la cual los astilleros españoles, bajo iniciativa de la nueva política liberal, en vez de mandar España a construir sus buques de guerra a Inglaterra, se construyeran en gradas españolas, de ahí que los cañones del andaluz González Hontoria lucieran en cubierta del acorazado.

Ya todo lo demás obedece a la parte de dichos y diretes que los sufrimos hoy en día quizá más tendenciosamente abultados y más sustanciados, ocultando intereses de grupo, que nos llevan, como por ejemplo, a que nueve personas mueren al día porque no les alcanza la Ley de Dependencia. Nadie dice nada y nadie devuelve el dinero público que roba.

Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

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