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18 ago. 2017

  • 18.8.17
Este verano está siendo especialmente caluroso tanto climáticamente como en incendios forestales y acciones múltiples diseminadas por los cuatro puntos cardinales del país. El desierto del Sahara aparece cada verano más cerca. ¿Queda algo por quemar en la Península?



Portugal tenía una buena amplitud de bosque y, a este ritmo, también se sumará al desierto ibérico por causas naturales como la sequía, algún rayo y, sobre todo, los pirómanos, para no ser menos. La lista de muertos y heridos en Portugal es gruesa, la de pirómanos también. El 75 por ciento de incendios, según datos de los bomberos, son intencionados. ¿Terrorismo ecológico? Vaya usted a saber...

Repito que el verano está siendo calentito en grados de calor e incendios múltiples tanto en arboleda como en el terreno social y político. Por actuaciones poco cívicas, diríamos. ¿Dónde? En cualquier punto de nuestra geografía hay cantidad de ejemplos ilustrativos de tales fechorías.

Partamos de lo supuestamente mínimo (¿chiquilladas?, dicen) como maceteros volcados y arbolitos decorativos destrozados, grafitis que deslustran monumentos, contenedores quemados y, de paso, los coches cercanos. Estatuas mutiladas en un intento de quitarle las gafas para saltarle un ojo. Apedreamiento de autobuses o de coches y un largo etcétera. ¿Inocentes travesuras?

Subamos un escalón en las chiquilladas. El salto es algo más grande por la gravedad que puede encerrar. El vandalismo criminal dispara al cielo al usar los punteros láser contra los aviones. Se puso de moda hace ya algunos años y este verano ha vuelto a aparecer.

Le llamo criminal porque al “lasear” un avión hay riesgo de deslumbrar al piloto y ocasionar un daño serio. El accidente puede ser sonado. La broma de los punteros láser está de plena actualidad en Málaga y en Palma; antes lo estuvo en otras ciudades del país, como Valencia.

Todo ello es vandalismo camuflado, que nos deja algo descolocados. No hablemos ya de las peleas con heridos y algún muerto durante el fin de semana pasado. Agresiones con arma blanca, bronca a patadas y puñetazos son ejemplo de tales enfrentamientos. ¿Motivos de tales desmanes? A veces son “por un quítame allá esas pajas”. Algo baladí.

Remato el tema con las fachendas cuyo objetivo es el turismo. Intimidar a los turistas con botes de humo, pinchar ruedas de bicicletas alquiladas, bloquear autobuses son algunas de las hazañas de esta modalidad. ¿Entramos en la etapa de turismofobia? ¡Fuera turistas! Supongo que los ingresos por turismo son datos sin importancia...

Es posible que el turismo esté saturando algunas de nuestras ciudades. Es posible que sea preciso un control serio del mismo. Es posible que exista mucho “agujero negro” alrededor del tema. ¿Se hace necesario un replanteamiento? Desde luego, pero con la violencia no llegaremos a ningún sitio. ¿Por qué no trabajar en impedir el turismo de borrachera (hooligans les llaman) a la par que fomentar un turismo responsable?

Por desgracia, el tema está desvirtuado desde posturas políticas. Podríamos exclamar: ¡adelante y a ras! si se buscan soluciones pacíficas alejadas del fanatismo. ¿Quiénes? “Endavant” (Adelante) y “Arran” (A ras), hordas cargadas de violencia e intolerancia y que no son lo mejor que nos puede ocurrir.

Aterra la irresponsabilidad con la que intervienen determinados grupos de vándalos por las consecuencias que pueden acarrear a corto y medio plazo. Hasta se publicitan en las redes las triquiñuelas para facilitar la ocupación de viviendas. El fenómeno okupa crece sin prisa pero sin pausa. No alquiles, ¡okupa!

Aclaraciones al vocablo "fachenda": el diccionario de sinónimos ofrece una cumplida y amplia gama en relación a esta palabra. Recomiendo echar un vistazo al término. En la RAE aparece “vanidad y jactancia” como explicación de fachenda. Lo que nos viene a decir es que tales grupos tienen un ego insolente y desprecian a los demás.

Fachenda está ligado con facha y, como los extremos se tocan, pues tan facha puede ser una derecha cavernaria como una izquierda corrosiva y/o anárquica. El vandalismo que se define como “el espíritu de destrucción que no respeta cosa alguna, ni sagrada ni profana” (sic), actúa de bisagra en ambos casos. Vándalo es quien “comete acciones propias de gente salvaje y destructiva” (sic). Omito adrede la palabra "persona".

Todas las palabras sinónimas que he consultado tienen una buena carga de negatividad y están lejos de la tolerancia o la solidaridad que, como valores básicos, deberíamos o podríamos practicar, aceptar, difundir, enseñar... para convivir.

En el ámbito sociopolítico nos movemos en una cadena de despropósitos que nos está dejando algo pasmados. Independentismos varios (viejos y nuevos) brotan por doquier. Si no teníamos bastante con los zarpazos de Cataluña, a ellos se une “Andasulía”. Y una vez más, se cumple la sonada frase de la canción: “dos españoles, tres opiniones”. ¡Viva el cantón independiente de mi pueblo!

En contrapartida existe un amplio sector de personas juiciosas, viejas y jóvenes, que rebosan sentido común. La mayoría somos buena gente que queremos vivir en paz y armonía con los que nos rodean. Personas sensatas cargadas de buen juicio y respeto al próximo sea blanco, negro o “colorao”, políticamente hablando.

Pero dicha sensatez se va perdiendo en nuestro entorno. A cambio está surgiendo una crispación irracional por fanática. ¿Motivo? Quiero imponer lo que yo pienso y deseo porque estoy en posesión de la verdad. Mi verdad, porque la tuya me importa tres pepinos.

¿Vuelve a brotar un fanatismo extremo que aboca al terrorismo? Si es así “no” hemos aprendido nada. Vender, pregonar y propagar odio, rechazo, desprecio de los demás es fácil. ¿Razones? Ninguna. Si algo no me gusta tiro piedras (palabras, obras y acciones) contra ello hasta montar el número. El gallinero virtual viene que ni pintado para dicho despropósito.

¿Por qué? Porque soy progre, de mente abierta y de izquierdas y lo que no me gusta hay que borrarlo del mapa, sean toros, bandera (no banderas) estatal porque es franquista (craso error), procesiones (no eventos gay o manifestaciones de okupas encapuchados). Lo siento, pero lo que realmente es facha y franquista es la ignorancia.

Lo grave es que olvidamos que la democracia no puede funcionar sin demócratas, sin sujetos dispuestos a llevarla a término. En nombre de la democracia se están realizando acciones, de obra y de palabra, descaradamente antidemocráticas. ¿Razón? Desprecio del otro.

Recordemos que por democracia se entiende una “forma de sociedad que practica la igualdad de derechos individuales, con independencia de etnias, sexo, credos religiosos” (sic). Habría que añadir a la definición los credos políticos.

La tolerancia suele florecer en las democracias aunque a veces con extrema dificultad por aquello de que nos empecinamos en que solo valen mis ideas, mis creencias. Dicha obstinación, por desgracia, mancilla, afrenta, corroe la libertad de los demás menos la mía, claro está.

Sigo recordando el calor (¿bochorno?) físico y psicológico que nos envuelve. Una muestra de ello es el creciente odio y desprecio hacia las ideas políticas de los otros, por parte de determinados sectores, tanto de jóvenes como de personas teóricamente más sesudas (¿juiciosas?). Tanto en política como en religión, el odio suele ser la moneda de cambio de ambos.

La tolerancia se basa en “el respeto a las ideas y a las creencias de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias” (sic). Dicho así, suena maravilloso. El problema es llevarlo a la práctica, aceptar que existan ideas políticas y creencias religiosas contrarias a las que posee o deja de poseer cada cual.

Tolerancia es un valor de ida y vuelta. Si tú eres tolerante tienes derecho a ser tolerado, a que te toleren. El problema se agudiza en el terreno religioso y, con más frecuencia de la deseada, en el minifundio político. Es lo que hay.

PEPE CANTILLO

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