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8 oct. 2017

  • 8.10.17
Tomás Muriel Rivas recuperó su reciente afonía para con una voz clara, y, sobre todo, convenida, exaltar la figura de la Virgen de Valme a través de un "sueño" por el cual el Rey San Fernando regresaba a Dos Hermanas para, supuestamente, encontrarse de nuevo con su Protectora, pero con la intención real de hacerle ver al pregonero la necesidad de volver siempre a Ella para descubrir cuánto le debe.



La Parroquia de Santa María Magdalena vivió de nuevo este mediodía uno de sus días grandes en torno a la Virgen de Valme, cuya imagen preside desde el viernes por la noche el Altar Mayor de este templo para unos cultos que servirán de preparación para el día grande que Dos Hermanas volverá a dedicar a su Protectora, cuando a eso de las ocho de la mañana del próximo domingo sea llevada por su pueblo hasta el Santuario de Cuarto.

Allí, tras la misa que presidió el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, se dispuso la Parroquia para acoger el Pregón de la Romería 2017 que iba a pronunciar uno de sus hijos, el joven Tomás Muriel Rivas, quien se sintió verdaderamente arropado por un templo que se mostraba repleto. Junto a él se encontraba el párroco de Santa María Magdalena, don Manuel Sánchez de Heredia, además de la delegada de Cultura y Fiestas del Ayuntamiento, Rosario Sánchez; el hermano mayor de la Hermandad de Valme, Hugo Santos Gil, y la persona que iba a servir de presentador del pregonero y el único en el que confió todas las intimidades de su pregón: su hermano Francisco Muriel Rivas.



La intimidad, la confianza de tantos años juntos, jugó en favor del presentador para desgranar un perfil muy íntimo del pregonero, transmitiendo a todos la personalidad de un Tomás Muriel que siempre ha destacado por su generosidad y "entrega desinteresada" hacia los demás, recurriendo al término 'Tomipedia' para destacar su privilegiada memoria, así como su sentido del humor y el sentido de la responsabilidad que ha demostrado en sus 31 años de vida.

Pero antes de darle la palabra, Francisco Muriel, quien ya fuera pregonero igualmente de la Romería en el año 1998, ya advirtió a todos que se preparan para un pregón que no era el usual, y que se dejaran llevar por una historia muy original. Y así fue, porque Tomás Muriel sorprendió desde la primera a la última palabra por un pregón que comenzó y terminó con la fuerza de su devoción a Valme y en el que recurrió a una figura histórica como excusa para exaltar su figura y la importancia que para él siempre ha tenido.

Esa figura histórica fue el Rey Fernando III, el Santo, a quien recupera a través de un sueño y con quien inicia un recorrido por la Dos Hermanas de hoy para mostrarle cómo vive un pueblo su devoción hacia una imagen que ocho siglos antes le ayudó durante la conquista de Sevilla.

“Tranquilo. Sé que parece inverosímil, pero os aseguro que soy quien digo ser. A largo de los tiempos, Dios siempre se ha manifestado a los hombres a través de los sueños. Hoy, por petición propia, ejerzo de heraldo suyo. Hace casi ocho siglos legué a esta tierra una pequeña imagen de la Virgen a cuya intercesión debo mi victoria en la Sevilla almohade. La victoria más importante de toda mi vida, ya que la vieja Isbilya se convertiría años más tarde en mi morada eterna. Desde hace centurias arde en mí un enorme deseo de verla de nuevo, de mirarle a los ojos, de saber dónde recibe culto, de si le rezan a diario, de conocer cómo se han portado el tiempo y los hombres con Ella, de sentir el frío alivio de adivinar su dulce sonrisa…”.



A partir de ahí se inicia un curiosa e imaginaria relación personal entre el pregonero y el Santo Rey, que le lleva a descubrir dónde reside su Protectora, la fe que se le tiene por parte de todo un pueblo, la Romería que se organiza en torno a su figura y que la traslada cada tercer domingo de octubre hasta el mismo lugar donde Fernando III se asentó con sus tropas durante la conquista de la ciudad y donde brotó un manantial de agua que desde entonces alimenta a la barriada de Fuente del Rey.

Pero este idilio entre un joven nazareno y el Rey que primero se encomendó a Valme se desvaneció cuando el primero de ellos despierta de su sueño y comprueba que todo fue eso, un sueño, pero un sueño que le abrió los ojos para descubrir que Fernando III no vino hasta él para que le mostrara qué era de su pequeña Virgen, sino para descubrírsela de verdad.

"San Fernando no había venido en mi búsqueda para que le condujera al reencuentro con la Virgen. No. San Fernando había venido para mostrármela a mí, para que volviera de nuevo hacia Ella mis ojos, para que me reencontrara en la profundidad de sus pupilas, para que descubriera en su sonrisa la respuesta a mis enigmas, para que hallara la fortaleza ante mis miedos. Para, que en definitiva, descubriera quién soy, de dónde vengo, y cuánto le debo".

Por supuesto, el pregón de Tomás Muriel guardaba mucho más, pero ya cosas más íntimas, personales, vivencias, recuerdos, memorias y personas a las que se siente tan tremendamente unidas, como es el caso de sus padres o de su esposa, a los que dedicó pasajes muy emotivos.



Y, al final, el público que llenaba la Parroquia, cuando pronunció sus últimas palabras, cuando dijo "Que no podía ser otra. Que Dios vio en ti maravillas para dar paz a esta tierra y dar amor a esta villa. Que aquí te llamarán Valme y serás Madre divina. Pero por lo que me diste yo te llamaré: mi vida", se puso en pie para dedicarle un prolongado y caluroso aplauso, que seguro que guardará para siempre en su interior. Y de este sueño seguro que nunca despertará.

Función Principal presidida por el arzobispo



Con anterioridad, y dentro de los actos y cultos que Dos Hermanas está viviendo dedicados a la Virgen de Valme, el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, volvió a presidir la Función Principal de Instituto en Santa María Magdalena, donde pedió a la Protectora de Dos Hermanas que "tutele la unidad de España".

Durante la homilía, monseñor Asenjo mostró su alegría por compartir con todos la Eucaristía de la Fiesta de la Virgen de Valme, criticando a quienes aseguran que la Iglesia es "un vestigio del pasado, una fase superada de la historia de la humanidad, estando inexorablemente condenada a desaparecer" o siendo "una rémora del progreso y enemiga de la Democracia".

Frente a ello, monseñor Asenjo aseguró que el amor a Dios es más fuerte que el egoísmo, y que María "nos invita a remar contracorriente y a vivir los grandes ideales, la limpieza de corazón, el amor a la verdad, a la justicia, la humildad y la fidelidad al Señor", encomendándose seguidamente a la Virgen de Valme para pedirle "por la Iglesia, por la persona e intenciones del Papa, por España en esta hora difícil, para que Ella tutele su unidad y nos ayude a alumbrar días serenos en los que prime la búsqueda sincera del bien común de todos los españoles".

FRANCISCO GIL / REDACCIÓN

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