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Time is running out

Un paso. Dos pasos. Sin prisas. Sin pausa. Una tos. Murmullos. El sonido del aire acondicionado de fondo. Es verano. Una biblioteca. No hay mucha gente. Son las siete doce minutos de la tarde. Allí, al fondo, hay una persona sentada. Sección de Ciencia Ficción. Es una joven. Tiene el ceño fruncido. Lee un grueso tomo sin apenas moverse.

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Pestañea. Suena un móvil. La canción Time is running out, de Muse. Risitas. Más murmullos. La joven suspira. Deja el libro en su sitio. Se llama Edith. Lleva ropa informal. Recoge del suelo una vieja mochila marrón. Se va. El libro que ha dejado se llama Festín de Cuervos.

Pasa por el detector de metales. Edith sale a la calle. Hace sol y calor, pero no tardará en irse. Camina en silencio. La calle está desierta. Pasan tres minutos catorce segundos desde que salió de la biblioteca. La llaman al móvil. Lo deja sonar cuatro segundos. Lo coge.

—¿Diga?

—…

—Sí, ya voy para allá.

—…

—Lo sé, no te preocupes.

—…

—Sí, hasta luego.

Cuelga. Suspira. Se lleva una mano al pelo. Se suelta la trenza. Se cruza con un par de jóvenes en patines. Por la carretera va una Honda negra de último modelo. Acelera. La deja atrás.

Edith llega, veintitrés minutos cuarenta y seis segundos más tarde, a un edificio. Cruza la puerta. Baja al sótano. Allí hay unos siete jóvenes tocando jazz. Es Five Spot After Dark. Paran al verla entrar. Un joven rubio sonríe. Se llama Jackson.

—¡Edith! ¿Qué tal? No has tardado nada –dice. Ella recorre el lugar con la mirada. Le devuelve la sonrisa.

—Es que soy muy rápida.

Una chica ríe. Se llama Blair. Los demás sonríen. Deciden hacer un alto de diez minutos. Un chico llamado Peter guarda el violín. Se despide. Sube las escaleras. Otra chica limpia su clarinete. Es Claire. Dos chicos discuten sobre música electrónica. Otro se inclina sobre el teclado. Jackson se acerca a Edith. La besa.

—¿Cómo te va? –le pregunta.

—Bien. Ha sido un día tranquilo –le responde. El chico se seca el sudor. Hace calor allí abajo.

—Te compraré ese libro –dice él.

—Es muy caro –dice ella.

—Me da igual –dice él.

—¿Cuánto tiempo lleváis ensayando? –pregunta ella. Jackson piensa durante quince segundos.

—Cerca de tres horas –dice. Hace una mueca.

—Es mucho tiempo –dice ella.

—Sí, lo es –dice él.

Dos horas cuarenta y tres minutos dos segundos después están en el Seven. Un bar. Sentados frente a unos refrescos y platos de comida. Claire le sonríe a Will. Él enrojece y mueve el teclado. Jackson tiene que estirar las piernas. Edith charla con Blair y Adam. A él no le gusta la música electrónica. Por los altavoces suena Time is running out.

—Ha sido un ensayo brutal –dice Owen. A continuación empieza a devorar su segunda hamburguesa. Jackson asiente. Claire tararea una melodía. Es una de las que han ensayado. Es Five Spot After Dark.

—Pero Adam debe pulir un poco más el final –dice Will. El aludido ríe. Le da la razón. Blair pide otra cerveza.

—¿A dónde creéis que va Peter cuando termina? –pregunta Edith. Vuelve a tener el pelo recogido en una trenza. Owen se encoje de hombros.

—A su casa, ¿no? Sería lo más normal –dice Claire.

—No, porque la madre me llamó al móvil el otro día diciendo que Peter no le cogía la llamada –dice Jackson. Blair frunce el ceño. Saca un cigarro. Se lo pone en la boca. Lo enciende. Aspira.

—No estará metido en ningún rollo chungo, ¿verdad? –dice Will bajando la voz. Claire le mira. Él enrojece.

—Capaz es –dice Edith. Pincha la ensalada que tiene delante.

—Siempre le ha gustado andar con gente rara –dice Adam. Hace una mueca.

—Sí, como aquella vez… ¿Os acordáis? Casi me muero del susto –dice Owen entre sorbo y sorbo a su Sprite.

—Pero eso se acabó –dice Jackson. No sonríe. Juega con el hielo de su Coca-Cola.

—Esperemos –dice Blair. No sonríe. Fuma con el ceño fruncido. No hay gestos alegres ya. Todos callan. Bajan la mirada hacia su comida.

—Seguramente se ha hecho actor porno –dice Owen. Rompe la tensión. Todos ríen.

Edith está en su casa. Es de noche. Está tumbada boca abajo en su cama. Lee un libro. Es La mano izquierda de la oscuridad, de Úrsula K. LeGuin. A su lado está Jackson. Compone. Mira fijamente la partitura.

—¿Crees que Owen será capaz de tocar esto? –pregunta. Le enseña lo escrito. Ella mira. Un minuto trece segundos después habla.

—Si se lo curra, sí. Eres un genio –dice. Él enrojece.

—No lo soy –dice en voz baja. Ella sonríe. Le besa en la mandíbula. Vuelve a su libro. Jackson da un pequeño bote. Se lleva la mano al bolsillo. Saca un móvil Motorola. Vibra en la palma de su mano. Descuelga.

—¿Diga?

—…

—No, no está conmigo.

—…

—Ni idea.

—…

—No se preocupe. Seguro que está con alguna chica.

—…

—Sí, lo haré. La llamaré si sé algo.

—…

—De nada. Hasta luego.

Cuelga. Edith le mira. Él suspira.

—Era la madre de Peter. Dice que todavía no ha regresado –dice él.

—Son más de las dos de la mañana. No es normal en él –dice ella. Tiene el ceño fruncido.

—Por eso. Está preocupada. Me ha pedido que lo localice.

—¿Cómo?

—Dice que no le coge el móvil, no que lo tenga apagado.

Coge el móvil. Busca en la agenda. Llama. Frunce el ceño.

—No me lo coge –dice. Edith asiente. Le tiende su móvil. Un Nokia azul. Marca. Suenan cinco tonos. El contestador.

—Tampoco lo coge –dice él.

—No querrá que lo localicemos –dice ella-. Prueba a ocultar el número.

Jackson lo hace. Nada. Aprieta la mandíbula. Coge su móvil. Marca.

—¿Owen? Soy yo, tío. Mira, necesito que me hagas un favor.

—…

—Llama a Peter. Y si no responde, dame un toque.

Cincuenta y ocho segundos después en el móvil brilla una llamada perdida. Jackson hace una mueca. Gruñe. Edith está vestida. Coge su mochila.

—Vamos –dice ella.

—¿A dónde? –dice él.

—A comprar un móvil de usar y tirar –dice ella.

Interior del Weekend. Una tienda veinticuatro horas. Danny es el chico de detrás del mostrador. Sam es el tío grande de seguridad. Dentro de una cabina Gwen se pinta las uñas mientras mira de vez en cuando las cámaras. Por los altavoces suena música. Time is running out.

Dos jóvenes entran en la tienda. Son Edith y Jackson. Ella va directa al mostrador. Pide un móvil. El dependiente le sonríe. Intenta iniciar una conversación. Jackson se sitúa al lado de Edith. Le pasa un brazo por la cintura. Ella paga. Se van. Danny abre la caja registradora. Guarda el dinero. Catorce minutos quince segundos más tarde entra un chico encapuchado. Lleva una pistola.

Pero Jackson y Edith están en esos momentos en un pequeño parque. Hay gatos. Edith acaricia uno. Jackson marca el número de Peter.

Un tono.

Dos tonos.

Tres tonos.

Cuatro tonos.

Cinco tonos.

Contestador. Al otro lado de la línea Peter no contesta. Jackson tira el móvil. Con fuerza. Se rompe. El gato sale huyendo. Él se lleva las manos a la cabeza. Edith le abraza. La noche se cierne sobre ellos. Es una manta. Silenciosa. El tiempo corre.

CARMEN SUÁREZ
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