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Normalmente solemos llevar a cabo un proceso deductivo, mediante el que exponemos una serie de ítems para acabar luego en una conclusión. En esta ocasión, para hablar de la conferencia que tuvo lugar este pasado martes, vamos a proceder de un modo opuesto, el inductivo: partiremos de algo concreto para llegar a lo universal.

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¿Listos? Allá va: la presentación de la bautizada Xbox One, sucesora de Xbox 360, fue una bomba de humo. No fue aburrida, tampoco insulsa en sentido estricto, pero más que la puesta en escena de una videoconsola pareció una primera toma de contacto. Una especie de toque de atención a su público objetivo, para que recordara que Microsoft seguía al pie del cañón.

Debían hacerlo, y tenían que ejecutar esta maniobra en breve, puesto que el E3 anda cerca y no podían permitirse presentar la consola físicamente –recordemos que Sony aún no lo ha hecho- en la misma fecha que su principal competencia.

El evento duró una hora. Se agradeció el gesto profundamente, sobre todo teniendo en cuenta el tempo allegro que la compañía le otorgó. En un claro gesto de trasparencia, así como de burla para con Sony, se expuso el pad y la consola apenas siete minutos después desde que diera comienzo la comparecencia.

El diseño de la consola se caracteriza por su sobrio diseño, a medio camino entre una caja y un añejo reproductor de VHS remodelado para los tiempos que corren. Se han tomado muy en serio el término “box”. En lo relativo con Kinect, poco avance en su aspecto y, en cuanto al pad, cabe decir que tiene un diseño parco pero elegante. Todo un acierto en consonancia con el aspecto que se quiere ofrecer. Además parece bastante ergonómico.

De las especificaciones técnicas poco cabe hablar, entre otras cosas porque se le dedicó una muy escueta parcela temporal, en comparación con la vertiente multimedia del aparato. Los excelentes 8 gigabytes de Memoria RAM, el sorprendente 8 Core CPU, entre otros, quedaron eclipsados ante la tamaña parafernalia de opciones que tendrá One.

Sin perder el entretenimiento como base –¿quién dijo que los videojuegos fueran el eje principal?- se presentaron posibilidades tan inútiles como interesantes: excelente reconocimiento de voz con mayor velocidad de respuesta, así como el uso de Skype para jugar viendo a nuestros compañeros de batalla, puede que fueran las dos apuestas más atrayentes que abarcaron el ámbito más ajeno al videojuego.

Acercándonos un poco más, la posibilidad de subir vídeos de las partidas o juegos a “la nube” –aquel espacio de alojamiento de archivos digitales vía Internet- se antojaba necesaria, pero no por ello menos loable. Después de todo, ahí está Wii U sin esa opción.

A este carácter “todo en uno” se le dedicó un tiempo considerable, probablemente mayor del que se le debiera haber dado y al inicio, que se tradujo en una mala estrategia. Todo esto dicho desde la postura del jugador clásico, no tanto ya desde la visión comercial. ¿Por qué decir esto? Porque los videojuegos llegaron tarde, en poca cantidad, en menor demostración y sin prácticamente nada relevante. De vídeos in-game se pueden ir olvidando.

Electronic Arts, más conocida como la compañía que osó posicionarse en contra de Nintendo, presentó variopintos vídeos de fútbol americano –que no falte en EE.UU.-, baloncesto y fútbol “europeo” entre los cuales apareció el orgullo catalán: Leo Messi.

Pésimo arranque de software. Tener en vilo a los jugones –más conocidos como gamers por los más “modernos”- para comenzar con juegos de deportes… Luego tuvo tiempo de exponer Microsoft Studios, que levantaría el escepticismo que comenzaba a crearse en torno a la presentación. Un atractivo Forza 5, seguido de un escueto pero inquietante Quantum Break del estudio Remedy hicieron que más de un periodista especializado vibrara en su sillón.

Como si se tratase de un sándwich, tras una rebanada insípida y un relleno apetitoso pero algo escaso en sal, llega la última rebanada seca. Sale el famoso director de cine Steven Spielberg a escena, anunciando la serie de animación de Halo, los seguidores del Jefe Maestro se frustran, y se finaliza con un vídeo sobre el desarrollo de Call of Duty: Ghosts que, además, ni es exclusivo de Xbox.

Twitter fue el hervidero de comentarios humorísticos en torno a la presencia de la nueva mascota/ayudante. Después de todo, que se vea la captura de movimiento de un perro real, que luego ataca en el juego, resulta desternillante tras su visionado. Algunos como CoD no cambiarán nunca. En fin.

Con todo esto, finaliza la hora de evento y las dudas en torno a los rumores previos siguen perteneciendo al ámbito de la metafísica. ¿Será necesaria la conexión permanente a Internet? ¿Qué hay de la segunda mano? ¿Seguirá habiendo DLC sacacuartos? ¿Por qué ha desaparecido el color verde de la consola? Nada, no se solucionó nada.

En los días posteriores parece haberse confirmado que la conexión deberá hacerse una vez al día –si viven en un pueblo sin ADSL, ya se pueden olvidar de jugar- y tras haberse pseudoconfirmado que la segunda mano sería posible pasando por caja, parecen haber rectificado. El público se ha quejado y éstos, a modo de globo sonda, han retirado sus planes iniciales para ¿quién sabe?, igual hasta se acaba permitiendo que los amigos se intercambien juegos y todo.

Microsoft ha lanzado humo para hacerse de rogar. Han presentado más en menos tiempo que Sony en lo relativo a hardware. Eso es del todo cierto. A nivel de juegos, la primera ha pecado de insuficiente. Los 15 títulos exclusivos anunciados suenan interesantes, pero sin presentarse ni tan solo una mera imagen de ellos, es imposible saber si serán IP's de calidad. En definitiva, consola y opciones multimedia como si fuera un ordenador, pero en cuanto a reproductora de juegos no ha estado a la altura. Mucho envoltorio pero, a la hora de la verdad, nos vamos con las manos vacías.

No es de extrañar. La línea que están llevando las empresas del ocio digital pasa por la multidisciplinariedad de opciones en detrimento de la vertiente de los juegos. Sony lo hizo, Microsoft lo hará y Nintendo se lo planteará para la siguiente generación. Si llega sana y salva. Algo así pasa con los móviles. ¿Acaso queda alguien que aún los use para llamar?

SALVADOR BELIZÓN / REDACCIÓN
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