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Cambio de consignas

Los portavoces oficiosos de los partidos andan estos días con el argumentario un poco dislocado. Más los del PSOE que los del PP, todo hay que decirlo. Porque es el viraje socialista el que más se nota y porque, de alguna manera, se ven un poco pillados a contrapié.

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Solo los que tienen hoja de ruta Madina y acumulan tropas para cuando llegue el momento de presentarse en el palenque siguen con su deriva prevista y marcando distancias. Los otros, los fieles a Ferraz y Rubalcaba, se esfuerzan por cuadrar un circulo imposible, como el propio Alfredo: pedir la dimisión de Rajoy y pactar con él al mismo tiempo.

También se las ven y se las desean para negar la evidencia, grabada incluso por una cámara indiscreta en el patio del Parlemento, de que el malestar crece con el aspirante. La inquisitoria de Valenciano, Soraya Rodríguez y Trinidad Jiménez sobre su compañero hace baladí cualquier desmentido.

Lo que publiqué en estas mismas páginas el martes pasado ha quedado más que demostrado: Eduardo Madina marca distancias con los pactos, pretende desmontar esa deriva y que no vaya a más y visualizarse como alternativa.

Él lo secretea en privados, mientras que Odón Elorza y un Barreda en busca de resurrección como escudero lo airean en público. Por cierto, que al expresidente castellanomanchego le ha venido de perlas la actitud de su predecesor y del Grupo Socialista en las cortes regionales –el uno resistiéndose a renunciar a sus privilegios y los otros saliéndose del pleno para no votar lo que quizás más de uno quería- para reivindicar su actitud a este respecto pues él sí renuncio a ellos.

En el lado gubernamental, después de aquel aciago día 26 cuando se nos inundó de pesimismo, toca lo contrario y, sin pronunciar la expresión maldita de "brotes verdes", empezar a trasmitir que está creciendo el trigo.

Hay un cambio de mensaje y hasta se insinúa un cambio de diseño en su sobresaltada política comunicacional –puede que los cambios en RNE con el nombramiento de Alfonso Nasarre tengan que ver en ello- que se concreta en el intento de llevar cierta iniciativa y no aparecer siempre a la defensiva, con el escudo y la venda, descontando ya la herida, por delante.

Ayudan ciertos datos; ayuda la estación; ayuda que va tomando cuerpo la imprescindible reforma de la Administración y se percibe que hasta puede haber un creciente convencimiento de que es verdad, de que vamos saliendo. Ya lo dice el propio Banco de España, poco proclive hace nada a tales previsiones. Pero todo dicho con la mosca tras la oreja. Que no puede olvidarse la tormenta o que, en cualquier momento, como pasó el jueves, tengamos que volver a hablar de la dichosa prima que no acaba nunca de quedarse de una puñetera vez quieta y de que se le pasen sus calenturas de celo perruno.

Se fía mucho a lo que suceda el próximo fin de semana en Bruselas donde el Gobierno –y eso hay que reconocerlo- lleva desde que comenzó a ejercer como tal, haciendo girar nuestra imagen, posición y poder, que había quedado reducida al papel de comparsita.

Allí España cuenta más de lo que contaba hace dos años y vuelve a club de los cuatro, con los británicos siempre haciendo como que ellos son caso aparte y estando en las tajadas sin estar del todo en el plato, a los que les dan cartas. Que las siga repartiendo Merkel o que Hollande, Leta y Rajoy logren llevar alguna “pinta”, está por verse.

Por aquí y por lo demás, pues con lo nuestro, que es lo de un país en el banquillo, entrando y saliendo de los juzgados y de las cárceles. Siguen los culebrones reptando, los gurteles, eres, valencias, pujoles, blesas y, de postre, los “piazos” de la Infanta, que ha sido la astracanada de la semana. Un episodio estrafalario donde no ha quedado uno que saliera bien librado, quizás con la excepción, aunque poca porque mucho personal ya está en el "piensa mal y acertarás" como vara de medir.

Montoro, la Agencia Tributaria, el juez Castro y hasta el funcionario que le dio a la tecla y mandó la papela se han cubierto de “gloria” con el esperpento de atribuir al DNI 14Z toda suerte de propiedades –hasta nichos mortuorios en Porbou como última finta kakkiana del asunto-, transacciones patrimoniales varias –algunas de ellas, lo que por mi tierra no llegan ni a una parcela y se queda en “piazo”-.

Con los presuntos de la infanta –que lo eran en realidad de unas señoras muy manchegas de los campos de Calatrava- nos hemos divertido mucho. Los que ya no se han divertido y empiezan a verle la orejas a la juez Alaya son lo sindicatos que pretendían que con ellos no iba la cosa y resulta que actuaban de “careas” de esos ganados y entraban en el reparto de los vellones.

ANTONIO PÉREZ HENARES
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