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Luces y sombras de la alimentación

Por aquello de otear otros horizontes y dejando claro que no soy entendido en el tema, me atrevo a efectuar una nueva y rápida incursión en el campo de la alimentación. Mi intención es sólo hacer un somero análisis con un tinte de filosofía social que propicie la reflexión y, si de paso, alguien toma conciencia de los diversos problemas que plantea esta “huerta” tan importante para los humanos, pues mejor que mejor.

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El artículo de hoy toca diversos aspectos relacionados con la alimentación, todos ellos por separado darían para una saga de entregas, pero no es esa mi intención, entre otras razones, porque no soy especialista en la materia.

En la Psicología de ventas, el concepto "rebajas" con el que nos hemos criado muchos de nosotros va quedando poco a poco obsoleto y su lugar lo van ocupando reclamos más sutiles, directos al ego consumidor. ¿Les suenan de algo las frases siguientes?: "Compre esto y le regalamos aquello"; "le recomendamos…"; "pague dos y llévese tres"; "comprando dos la unidad le sale a…"; "hoy sólo mil unidades a precio de ganga"; "novedad a precio increíble"; "bajada de precio"; "artículo en oferta" (las cartelas de estos artículos, que bailan de un lugar a otro del establecimiento como moscas impertinentes, son de un determinado llamativo color); "ahorra más de equis euros llevándote a, b, c"…

La serie es tan variada como tipos de establecimientos hay. Más sutil todavía: Una cadena alimentaria ofrece determinados artículos, unos días a su precio normal y otros levemente rebajados, estrategia que sirve de acicate para comprarlos, hasta que el consumidor entra en la rutina y, por supuesto, el producto vuelve a su precio definitivo hasta la inevitable subida de precios. ¿Alguien da más? Sí, en la marca equis tenemos un compromiso contigo: ¡Calidad! (¿!?).

¿Se han preguntado alguna vez por qué las grandes superficies cambian la ubicación de determinados artículos con cierta frecuencia? Les aseguro que no es por necesidad de optimizar espacios. Música suave y relajante nos acompañan en todo el recorrido de compra; luces cálidas en unas determinadas zonas; colores llamativos en otras. En fin, que los trucos empleados para que compremos son múltiples, variados y sofisticados y van directos a alagarnos y halagarnos, haciéndonos creer que cuidan de nosotros.

Nuestro mundo está descaradamente movido por los hilos de un feroz consumismo que nos han revestido de máximas envueltas en un aparente verde-ecológico como religión emergente que mezcla buenas intenciones con cartas marcadas por oscuros intereses.

En esa baraja intervienen lo que podríamos llamar las "paradojas de un mundo futuro" que ya están presentes aquí y ahora e intereses soterrados de dominio sobre personas y cosas. Animales clonados; humanos in vitro (¿para cuándo la clonación humana?); alimentos transgénicos frente a los llamados "biológicos"; precocinados para hacernos la vida más fácil pero no exentos de trampas y que son nefastos para nuestra salud por el importante aporte de grasas y otros enmierdantes.

Que consumimos productos de origen artificial parece que no es un secreto para nadie. La comida basura se extiende como un pulpo gigante por todos los rincones del Planeta, machacando inmisericorde tradiciones gastronómicas de rancio abolengo –empleo estos vocablos con doble intención-.

Para muestra, un botón calentito desde América: “Una nueva hamburguesa americana, hecha con fideos chinos en vez de pan, causa sensación entre los amantes de la comida basura”. No sólo causa sensación sino que se originaron largas colas para poder adquirirla. Parece que en lo que concierne a determinado tipo de comida y bebida –"comida chatarra" la llaman los sudamericanos- los vientos siempre soplan desde EE.UU.

Todo lo que antecede viene a cuento de la presentación en sociedad, no hace mucho, de una hamburguesa nacida en el laboratorio. Trascribo textualmente: “La hamburguesa de laboratorio obtenida de células madre alimentadas con químicos durante semanas hasta convertirse en filamentos de músculo blanco fue saboreada en público por primera vez esta semana. Dietistas y un investigador gallego especializado en el estudio de células madre advierten que el experimento presenta más incógnitas que flecos cerrados. ¿Es inocua para la salud? ¿Qué nutrientes aporta? ¿Será viable comercialmente? ¿Es un producto de marketing?”. Dicen los bienintencionados que esto podría ser la solución para paliar el hambre que asola a parte del Planeta. Dicen tantas cosas…

Las grandes empresas –y en especial las de alimentación- no son Teresa de Calcuta. Sólo les interesa vender mucho para aumentar ganancias, eso sí engatusando al consumidor, haciéndole creer que es importante –claro que lo es, para ellas, pero desde el punto y hora que compra más y más, no como humano al que cuidar y proteger-.

¿Calidad y valor nutritivo de los variados productos alimentarios que nos ofrecen por doquier? Eso no es rentable. Hay que producir barato, da igual que no sea bueno, pero sí bonito de presencia, así como de olor y sabor que dure un tiempo prudencial.

Y entran en juego colorantes que ofrecen un magnifico aspecto; conservantes para que el producto “aguante” justo lo necesario; compuestos químicos para mejorar sabor y olor y que hacen que dichos manjares (¿?) nos encanten. Como ejemplo próximo se me ocurre citar la bollería industrial. Ciertamente podrán seducir a nuestro paladar pero el cuerpo pagará la factura más pronto que tarde. Confirmación de ello es la gran cantidad de cuerpos exageradamente obesos que se están viendo en nuestro entorno, lo que indica que algo está fallando en el edén alimentario.

En el fondo del asunto subyace un problema de engaño halagador –cantos de sirena- en el que nos hemos dejado enredar, hábilmente manipulados por una sibilina publicidad al servicio de oscuros y ruines intereses. Solamente les interesa vender la mayor cantidad posible de producto para incrementar sus ganancias.

Será definitivamente cierto que lo ficcionado en Un mundo feliz en 1932 por Aldous Huxley está ya bajo el control del Gran Hermano que nos presentaba G. Orwell allá por la década de los cuarenta, del siglo pasado, en su obra 1984. Ambas publicaciones nos lanzaban a un futuro inimaginable. ¿Existe alguna parcela que no esté controlada y vigilada por ese Gran Hermano? Recomiendo la lectura o relectura de ambas obras a las personas que estén interesadas en el tema.

En relación con el tema de la publicidad y en especial la llamada publicidad subliminar, remito al lector a los magníficos y acertados artículos que con maestría pedagógica ha ido desgranando el profesor Aureliano Sáinz. Vale la pena darles un vistazo para aclarar conceptos. Por otro lado, la información complementaria que ofrezco en este artículo puede ser muy esclarecedora. Disculpen mis sugerencias, reconozco que la deformación profesional me traiciona siempre.

La clave de todo este rompecabezas está en la información. ¿Información? ¡No, por favor! Un consumidor informado, que se lea las etiquetas, es peligroso y por eso las grandes empresas, en un refinado estudio de marketing, nos presentan en primer plano las supuestas bondades del producto en atrayentes consignas que nos distraen de una posible lectura de las etiquetas y que dicho sea de paso tampoco entendemos lo que allí se dice.

En resumen, tratemos de ver qué es lo que comemos, qué componentes lleva, incluso dónde está hecho y después decidamos. Me permito recordar que la información es poder y eso lo saben bien los manipuladores que mueven los hilos del consumo, para lo cual evitan a toda costa que nos informemos; eso sí nos insinúan con descaro que somos libres de escoger (¡porque yo no soy tonto!), por supuesto lo que ellos nos ofrecen. Frente a manipulación, información.

En lo videos que sugiero alucinaremos con lo que puede ser el futuro de la alimentación y lo que ya es en el presente inmediato. Julio Verne, que nos lanzó a otros mundos desde su literatura amena y futurista, se queda pequeño con lo que aquí nos cuentan. ¿Ciencia ficción, locuras de laboratorio, futuro inmediato? El resto de las direcciones de Internet vienen a completar los rápidos brochazos informativos de estas páginas.

Una pregunta sin segundas intenciones ¿Echaremos de menos los garbanzos, residentes sólo en la memoria colectiva? ¿O el gazpacho de macetilla frente a los envasados en el valle de quién sabe dónde? Tiempo al tiempo.

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PEPE CANTILLO
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