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María Jesús Sánchez | Mujeres-hombre

¿Tantos años de lucha para que las mujeres terminen repitiendo modelos obsoletos masculinos? La prepotencia; el poder para humillar; la ambición desmedida y a cualquier precio; conseguir objetivos bajo montones de cadáveres vivos o muertos... Todas estas son las cualidades que algunas desarrollan para romper el techo de cristal. Pero lo que consiguen es entrar en un juego muy peligroso, en el que se pierde la esencia femenina y se perpetúan los roles machistas.



Actualmente hay demasiadas mujeres-hombre que consideran que hay que tener "cojones", no ovarios. No me refiero a condición sexual, en absoluto, sino a asunción de roles equivocados. Una mujer es capaz de transformar algo muy pequeño en un ser humano. Tenemos miles de cualidades para hacer que el mundo sea mejor. Con nuestra empatía y sensibilidad podemos lograr hacer equipos motivados y que no solo se muevan por miedo.

Estoy enfadada porque mi amiga Pilar, que acaba de ser madre, tiene a una jefa que le está haciendo la vida imposible. Como a ella no le preocupan sus hijos, y paga a una para que se los críe, no entiende que Pilar no quiera alargar su jornada hasta la noche. Y no es que ella no rinda o no cumpla las exigencias de su trabajo, no. Es simplemente para fastidiar.

Hay muchos jefes que quieren que la gente trabaje más horas solo por putear, aunque no tengan nada que hacer. Suelen ser personas que no están bien en su casa y no tienen ningún interés en volver a ella. Ese tipo de bichos dan mala fama al resto porque amargan a todo el mundo. Y no es difícil encontrar mujeres que no quieren que otra las dirija.

Pero esto puede cambiar. El modelo de dirección del terror y la amenaza está demostrado que solo funciona a corto plazo. Eso sí, por el camino deja infartos, ictus y ansiedad. Una persona motivada y a la que se le reconoce el esfuerzo, rinde más y va a trabajar más feliz.

Y para eso no hay nada como representar el papel de madre: "Cariño tú puedes, ya verás como lo logras". No se trata de una adopción masiva, sino de conectar con esa parte compasiva femenina que hace que siempre cuidemos de nuestros padres, aunque el hermano no colabore.

Las madres son compasivas, pero firmes. Esa es la fórmula secreta. Las mujeres podemos hacer alianzas de apoyo mutuo entre nosotras y no entrar en competencia. Cuando eso ocurre, todo fluye y los sinsabores se llevan mejor.

Acabo de leer La voz dormida. Precioso y emocionante libro, que refleja muy bien, por un lado, la relación solidaria de las presas que les ayuda a soportar el dolor y la rabia; y por otro lado, el papel de las monjas y carcelarias que hacen de hombres insensibles. Seguro que dentro de ellas había sufrimiento por la incoherencia entre su esencia y sus actos.

Esta noche le pediré a la diosa madre que las mujeres del mundo abran los ojos y descubran que pueden llegar a todas partes con un corazón tierno.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ
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