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Manuel Linares, un auténtico ‘currante del arte’

Manuel Linares confiesa que le hubiera gustado componer e interpretar algún tema de éxito, porque la música la lleva en la sangre desde que nació, pero la vida le llevó a ser cantante en un grupo que trabajaba en las bodas y, gracias a ello, a montar una productora, ‘Amanuense’, por la que han pasado artistas como ‘Los del Río’, ‘Los Morancos’ o ‘Los Cantores de Híspalis’.


Manuel Linares Gómez nació en Bellavista hace 54 años, aunque reside en Dos Hermanas desde joven. Es hijo de Antonio Linares y de Natividad Gómez, y es padre de Óscar, que, como él, se dedica al mundo de la música, y de Nela. Y de todo ello, y, por supuesto, de lo que verdaderamente le apasiona, como es la música, habla en esta entrevista en primera persona.

“Mi familia vivía en Heliópolis hasta que mi padre empezó a trabajar en una gasolinera mítica de Dos Hermanas, ‘La Buganvilla’, de la que hace unos dos años derribaron los restos que aún quedaban, y entonces se compró una casa en Bellavista y, más adelante, otra en Las Portadas, en la que yo acabé viviendo. En mi casa no había mucha tradición musical, aunque mi padre era muy melómano y le encantaba el flamenco y hasta canturrear algo, pero siendo yo niño vieron en mí actitudes y decidieron ponerme un profesor de guitarra, y a partir de ahí ya me apuntaron al Conservatorio de Música. Me gustaba la guitarra, pero también cantaba y hasta imitaba a algunos cantantes famosos, especialmente a uno de mis ídolos de chico, Miguel Bosé. En esa época también me gustaban mucho las sevillanas, de las que he llegado a componer muchas. Con mi ex mujer, Manuela, llegamos a sacar dos discos de sevillanas con la compañía discográfica Hispavox en los años 1990 y 1991. El caso es que empecé el grado medio de la carrera de guitarra clásica en el Conservatorio de Dos Hermanas con mi amigo Miguel Ángel Acosta, su director, y Julio Jimeno, que era su segundo, y luego fue cuando ya me trasladé al de Sevilla, aunque no llegué a acabarla porque tenía ya un niño en el mundo y tuve que empezar a trabajar”.

“Mi sueño por entonces era ser cantante y compositor, aunque por entonces también me gustaba mucho la producción, que es a lo que me dedico ahora. Ser compositor y productor de discos me apasionaba. Yo me leía todos los créditos de los discos porque desde chico me despertaba la curiosidad de quién hacía todo eso. A mi compañero Fran Carmona le ocurría igual. Mira cómo sería la cosa, porque yo era muy friki, que en una ocasión íbamos un grupo de niños en un autobús y el compañero que se encontraba a mi lado vio que, junto a imágenes de ‘The Police’, ‘Queen’, Miguel Bosé o ‘Los Cantores de Híspalis’, vio que tenía otra de un tal Óscar Gómez. Y me preguntó:

- “Illo, ¿tú por qué tiene a Óscar Gómez ahí?

“Y yo le digo”:

- “Porque es un productor de música que me encanta”.

“Y me dice”:

- ¡¡Coño, pues es mi tío!”

- “¡No me jodas!”, le contesté.

“Fíjate tú la tontería. ¡Increíble! ¡Quillo, que conocí a Óscar Gómez! Él vivía en Madrid, pero como tenía familia en Sevilla vino un día, me conoció y me hizo una prueba. Para mí ese tío era la hostia porque era el productor de muchos cantantes y grupos, entre ellos, por ejemplo, ‘Mocedades’.”

“Yo no llegué a acabar la carrera de música porque me embarqué en varias cosas, además de que, como comenté, ya tenía un hijo en el mundo. Mi entonces mujer, Manuela Antequera, trabajaba en una fábrica de Hermes Govantes, donde hacía patrones, y luego como secretaria en una empresa de sonido. A ella le gustaba escribir, y entre los dos escribimos dos discos de sevillanas. Y como yo no tenía trabajo, en aquellos años empecé a vender discos de Salvat por las casas, aunque la verdad es que era muy malo vendiendo a puerta fría”.

“Pero por entonces yo ya tenía grabado mi primer disco. Fue con EMI Hispavox. Era de sevillanas y se llamaba ‘Que no pase abril’. A mí siempre me han gustado mucho las sevillanas, pero sobre todo lo que yo quería en aquella época era componer para otros, como para ‘Los Amigos de Gines’, que me grabaron algún tema, o para ‘Los Cantores de Híspalis’. Eso sí, como nos salieron unas sevillanas un poco especiales, resultaba que cuando las escuchaban las consideraban muy modernas, por decirlo de alguna forma. La verdad es que yo no era el típico compositor. Mis sevillanas no eran tan flamencas como las de ‘Sal Marina’, pero sí más o menos con ese rollo, con armonías más curradas…, cosas que no se solían hacer normalmente con las sevillanas. Pero el caso es que ese primer disco tuvo mucho éxito. De hecho, hay en él unas sevillanas mías que todavía siguen sonando en las ferias y en recopilatorios. Se llama ‘Lo que aguanto yo contigo’, cuyo estribillo dice: “Nadie sabe lo que aguanto yo contigo, que me estás comiendo a besos. Cuando quiero algo de ti, no quieres saber de mí”. Pero Jesús Glück, el productor y arreglista de ‘Los Cantores de Híspalis’, de ‘Los Romeros de la Puebla’, de ‘Los Amigos de Gines’ o de ‘Raphael’, al que le llegó una maqueta mía, me acabó grabando estos temas. Recuerdo que un domingo de Valme recibi una llamada de teléfono en mi casa y resulta que era Jesús Glück. Eso parecía como si fuera un regalo de la Virgen, porque me dijo que querían ficharme. Era un valenciano muy especial, con el que yo tenía mucho contacto, pero que, desgraciadamente, falleció hace poco. Total, que me pagaron un avión a Madrid, me conocieron y en septiembre de 1989 empezamos a grabar el que fue mi primer disco. Luego vino el segundo, que se tituló ‘Mal acabao’, aunque este ya no tuvo tanta repercusión. El caso es que ellos tuvieron una visión diferente conmigo, porque como yo tenía el pelo largo…, era un tipo raro, y me llevaron por algunas televisiones. La primera vez que salí en la tele fue con Pepe Navarro en unos programas que hacía por las mañanas, donde me presenté con una chaqueta torera de color rojo terciopelo que me hizo Serrallé y con unos pantalones rotos vaqueros. La verdad es que a mí me gustaba romper un poco las normas, pero, salvo algunos del mundo de las sevillanas que no me entendían, en general me acogieron bien”.

“Yo, por decirlo de alguna forma, era un revolucionario, hacía cosas diferentes, aunque no fuera a más. En aquella época estaban Romero San Juan, ‘Sal Marina’ o ‘Los Cantores de Híspalis’, que hacían cosas diferentes. Pero mira qué curioso que cuando se hizo lo de María del Monte de las sevillanas en Canal Sur, donde me invitaron, los chavales jóvenes que yo veía allí, esas nuevas generaciones, iban como años más atrás, me parecía que habían evolucionado poco porque seguían sin entender mis sevillanas o las de ‘Los Cantores’, y preferían cantar las de ‘mi, fa…’ en plan rociero y con las patillas largas. Era como una involución. Con todo mi respeto, pero es curioso que nadie haya salido haciendo algo diferente. Yo trabajé mucho con Pascual González, que me quería mucho y que me defendió mucho en Hispavox porque vio en mí que era diferente, que no era más de lo mismo”.

“Después, ya con el paso del tiempo, seguí componiendo para artistas, y empecé también una etapa muy curiosa de imitador. Entonces, cuando terminé mi segundo disco, por el año 1992, y como no tenía muchas actuaciones, uno de mis músicos me propuso hacer bodas. Él trabaja mucho en el Hotel Porta Coeli con un dúo musical, con teclado, guitarra y voz. Y como en aquella época no teníamos mucho trabajo, y a él le estaba yendo muy bien con las bodas, me propuso irme con él. Y, mira, empezamos con las bodas y lo peté [se ríe]. Y me dije: “Esta es la mía”.

“A mí me gustaba mucho imitar a Carlos Cano. Y me dijo mi compañero”:

- “Manuel, hay que hacer ‘María la portuguesa’, para que bailen las personas mayores”.

“Y como a mí me encanta Carlos Cano, empecé a imitarlo y la gente se quedó flipada [se ríe]. Yo primero me decía que o me mataban o me aplaudían. Y resultó un éxito. Recuerdo que la primera boda a la que fui era de militares, todos con sus chaqués y sus medallas, y la verdad es que me fue muy bien. Y, de ahí, me llevé ya más de una década haciendo bodas, hasta el punto de que nos pusimos de moda porque imitaba a Miguel Bosé, a Sabina, a Raphael… El grupo se llamó en un primer momento ‘Chimpún’, pero luego me fui con otro pianista y nos llamamos ‘Pachanga’, que, por cierto, aún sigue existiendo. Ahora actuamos menos, porque esto es cíclico. Nosotros estuvimos de moda durante dos décadas, hasta que empezó a mermar sobre los años 2012-2013. Yo he casado a muchos políticos, del PSOE y del PP. Nosotros actuábamos como orquesta y éramos los encargados de animar la boda con música del pop español de los 80. La verdad es que yo me lo tomaba muy en serio y la cosa fue a más, porque todos los viernes y todos los sábados teníamos boda, e incluso algunos jueves y domingos”.

“Pues gracias a todas estas bodas, porque lo ganaba bien, pude montar mi estudio. A mí siempre me había engatusado la idea de montar un estudio, aunque en esta ocasión vino provocado por mi hijo, porque había empezado a estudiar piano en el Conservatorio, pero cuando terminó el grado elemental, me dijo que el instrumento que realmente le gustaba era la batería. Y yo le dije:

- “¿Cómo? ¿Y no prefieres mejor la flauta, mi arma?”

“Total, que le regalamos una batería y, claro, en la casa en la que vivíamos, aquí en La Motilla, ya era insoportable el ruido que provocaba, por lo que empezamos a ver locales, hasta que encontramos este que tenemos en un pasaje de ‘Los Comerciales’ de La Motilla. Eso fue en el año 2001. Al principio íbamos a alquilarlo como local de ensayo, pero al final lo convertimos también en estudio de grabación, algo que siempre nos ha flipado a los músicos. Ya antes tuve mi casa un estudio pequeñito en una buhardilla, donde llegué a hacer muchas maquetas, pero a raíz de ahí, cuando nos salió lo del local, un arreglista que trabajaba conmigo me propuso que si lo convertía en estudio, que me podía traer a gente, y así fue. Y unos de los primeros que vinieron fueron ‘Los Morancos’. El caso es que se fue todo ensamblando: invertí en máquinas, en preparar el local, que sólo en insonorización es una pasta, y aunque es pequeñito, se prestaba a las grabaciones. Y le puse el nombre de ‘Amanuense’ porque amanuenses son los escribanos, además de que sonaba también un poco a ‘Manué’.

“Desde que lo abrí y hasta hoy hemos hecho muchas cosas. El primer disco que se grabó aquí fue uno que se llama ‘Histórico’, de ‘Los Amigos de Gines’, que se puede encontrar aún en Spotify, porque lo que conseguimos fue volver a hacer sus sevillanas, pero con mucha más calidad y sin orquestación, sólo con percusión y guitarra. Era para que ellos volvieran a grabar ‘Sueña la margarita’ o ‘El adiós’, que no podían hacerlo porque tenían un contrato leonino con Hispavox, pero cuando vimos que habían pasado más de 25 años, llamé a los responsables de esta compañía y me dieron permiso. Y a partir de ahí vinieron un montón de cosas más, siempre con José M. Nieto, mi mano derecha. Aquí trabajamos varios productores, y cada uno lleva una producción. Empezamos a hacer discos de ‘Los del Río, ‘Argentina’, María Jiménez, ‘Los Cantores de Híspalis’, ‘Requiebros’… Por entonces grabábamos entre ocho o nueve discos al año, pero hoy lo que hacemos son singles porque todo ha cambiado. Era obvio. Ya no tiene sentido muchas veces un long play como los de antes, que, para mí, que soy amante de los discos, era una obra más completa, pero, como están las cosas hoy, que es escuchar y tirar, pues todo es mucho más efímero”.

“Por tanto, yo ahora sigo con la producción, aunque también con las bodas y con algunas actuaciones en directo. Discos míos tengo dos con Hispavox, uno que grabé en el estudio de Tate Montolla, que se llamó ‘Erre que erre’, y un cuarto que es ‘Cantante y sonante’, este último de música cubana, una experiencia que tuve porque me encantaban ciertos estilos y me salió así. Y, aunque ya menos, aún sigo componiendo”.

“Hace poco grabamos también con ‘Los del Río’ un tema mío que se llama ‘De Triana a Nueva York’, y que estamos esperando a que salga. Y dieciocho años llevan grabando ‘Los Morancos’ el audio en mi estudio. Y cuento además con un single del que estoy muy satisfecho, ‘Caso perdío’, que lo compuse para ponerme verde a mí mismo evitando a un psicólogo” [se ríe].

“Yo soy un currante del arte. Me hubiera encantado tener un éxito a mis espaldas, como a todo el mundo, pero, bueno, estoy contento con lo que he hecho. Además, en el estudio trabajo con mi hijo, que también es productor, y que, entre otros, ha sacado a un grupo que se llama ‘La Destilería’, que está teniendo mucho éxito. Y cuando hace algún directo, también lo suelo acompañar. Óscar es baterista del grupo ‘De marco flamenco’, y ahora tiene un nuevo proyecto, que se llama ‘Rienda suelta’. Antes tuvo mucho éxito con ‘Señor Trepador’ y luego con ‘Malos pelos’.

“La verdad es que, además, por nuestro estudio suelen pasar todos los artistas de Dos Hermanas, como Jaime Stévez o Mario Radío. Con ellos hemos llegado a hacer dos discos de Valme, el primero fue un empeño mío para que el pueblo tuviera un documento sonoro de la Romería, que pude sacar gracias a empresas de Dos Hermanas que me ayudaron a soportar la producción, y en el que colaboraban prácticamente todos los cantantes de aquí. Luego, ya en el segundo, participaron ‘Los Cantores de Híspalis’ y ‘Los del Río’, entre otros. La verdad es que en Dos Hermanas contamos con una gran cuna de artistas. Y en ‘Amanuense’ seguimos para adelante y con proyectos de futuro. Y pendiente de sacar singles míos, porque, como se suele decir, en casa del herrero, cuchillo de palo [Se ríe]. Que, mira por dónde, así se debería llamar mi próximo disco [vuelve a reír]”.

FRANCISCO GIL / ANDALUCÍA DIGITAL
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