Es posible que algunas señoras guarden como reliquias las lecciones del Curso de Corte y Confección de los años sesenta, y la colección de la revista Burda, cuyos “patrones” servían para cortar vestidos adaptables a diferentes tallas. Si hacemos una encuesta entre los jóvenes menores de 25 años, también es probable que una notable mayoría declare que ignora el significado exacto de, por ejemplo, las siguientes palabras: “bolillos”, “mundillo”, “almohadilla”, “ganchillo”, filtiré, “punto de cruz”, “canutillo” y, en general, los nombres de aquellas labores que se enseñaban en los cursos de la Sección Femenina y en los colegios de niñas.
De las preguntas que acabo de realizar entre mis amigas la que menos respuestas acertadas ha obtenido ha sido la de costura de “ancheta”. Sólo una señora, María, me ha contestado que “se refiere a las prendas cosidas con pespuntes anchos y con escaso primor”.
Aunque es cierto que se están creando “talleres de arreglos” en los que nos adaptan las prendas excesivamente largas, anchas o cortas, también es verdad que la costura como actividad complementaria de la mayoría de las mujeres e, incluso, de las costureras que “cosían para la calle”, son cada vez menos abundantes. En la actualidad, por el contrario, nos resultan familiares los “prêts-à-porter”.
A los ya maduritos le propongo un juego divertido: hagan una colección de palabras que, a vuestros hijos y nietos les resultan desconocidas y ya verán cómo es posible que lleguen a la conclusión de que son muchas las herramientas, los objetos, las costumbres y las convicciones que cambian de manera permanente.
Pero, quizás, lo más importante es que también nosotros, por muchos años que hayamos cumplido, podemos y debemos seguir cambiando nuestras maneras de pensar, de hablar y, por lo tanto, de comportarnos: “Vita est in motu”, decían los clásicos, “la vida consiste en el movimiento físico y mental, porque, de lo contrario, nos anquilosamos. No hay más remedio que adaptarse para sobrevivir.
De las preguntas que acabo de realizar entre mis amigas la que menos respuestas acertadas ha obtenido ha sido la de costura de “ancheta”. Sólo una señora, María, me ha contestado que “se refiere a las prendas cosidas con pespuntes anchos y con escaso primor”.
Aunque es cierto que se están creando “talleres de arreglos” en los que nos adaptan las prendas excesivamente largas, anchas o cortas, también es verdad que la costura como actividad complementaria de la mayoría de las mujeres e, incluso, de las costureras que “cosían para la calle”, son cada vez menos abundantes. En la actualidad, por el contrario, nos resultan familiares los “prêts-à-porter”.
A los ya maduritos le propongo un juego divertido: hagan una colección de palabras que, a vuestros hijos y nietos les resultan desconocidas y ya verán cómo es posible que lleguen a la conclusión de que son muchas las herramientas, los objetos, las costumbres y las convicciones que cambian de manera permanente.
Pero, quizás, lo más importante es que también nosotros, por muchos años que hayamos cumplido, podemos y debemos seguir cambiando nuestras maneras de pensar, de hablar y, por lo tanto, de comportarnos: “Vita est in motu”, decían los clásicos, “la vida consiste en el movimiento físico y mental, porque, de lo contrario, nos anquilosamos. No hay más remedio que adaptarse para sobrevivir.
JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ GUERRERO
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL
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