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COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

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28 may 2022

  • 28.5.22

–Fascinante… ¿verdad? Estaría mirándolos un año entero. Palestri y yo veraneamos juntos, cuando niños. Nuestras familias coincidieron muchos veranos.

–Cada cual a lo suyo –se me ocurrió decir.

–Creo que a usted lo he confundido con mis palabras –alargaba Flores algún comentario que yo no recordaba–. Sí, cada cual cumple su papel; y ya metidos en él, todos cobran y todos pagan: quid pro quo… Este buen hombre –se refería al pequeño– ha conseguido embutir en un cuerpo tan menguado –¿le noté vacile?– una soberbia de gigante, ya desde crío apuntaba maneras. Y la necesita, preside un gran consorcio de empresas contra viento y marea: vientos políticos y tormentas económicas, dos perturbaciones recurrentes, muy difíciles de sortear. Él dispone de grandes medios publicitarios, pagando en efectivo, claro, pero se aviene al patrocinio y nos ha pegado la etiqueta de una de sus empresas, aquella precisamente con la que más chocamos. ¡Un socarrón imperativo! –le estalló un clavel de alegría sarcástica–. Esto nos cuesta sudor y lágrimas a uno y otro lado de la trinchera: empresa constructora versus protección del patrimonio. Nosotros le prestamos algo muy codiciado: el prestigio que conlleva la filantropía; su nombre y el de una rama de su negocio, del que dependen vidas y haciendas de muchos tamaños, quedarán grabados en los anales de esta ciudad y, cómo no, en anuncios, en folletos… Ellos, y lo subrayo, a cambio, tan solo nos dan dinero… más un pequeño añadido de tolerancia; pero, pero… el dinero conlleva algo, y no pueden evitarlo, que en esta lucha resulta imprescindible: influencia. Es el punto central. Con ella…

–Usted habla –lo interrumpí, conteniendo mi malestar– y yo imagino a Tarzán en un árbol consultando su libro de ética antes de reunir a su panda de monos para enseñarlos a buscar comida.

Apretó los labios y se sonrió, divertido o molesto, el señor Flores.

–Usted exagera –se quitó las gafas, las inspeccionó–, a la par que degrada. ¡Lo de monos…! –estiró los brazos y se echó hacia atrás: me reprendía–. Comprendo y asimilo, vanidosamente, la antonomasia: ¡yo, Tarzán! ¡Maestro de monos! ¡De estos monos, nada menos! –se frotó un ojo y volvió a ponerse las gafas–. En esta asociación, cualquier… mono, por distintas y estimables cualidades, me supera en valía.

Me escrutó pensativo; no parecía enfado.

Yo habría admirado su muestra de humildad, pero había visto tantas…

–Resulta usted un buen conversador –bromeó.

–Lo dice porque hablo poco.

Casi amplía el gesto hasta la risa. Deslizó una mano por la mejilla hasta pinzarse el mentón y se puso a mirar, como un entomólogo, el comportamiento, la excitada impaciencia, de los grupitos que conversaban. Luego se reacomodó en el asiento y prolongó el tema.

–Si me oyera Palestri hablar de anales, exigiría la devolución inmediata de su dinero –esbozó como si recobrara un resto de risa, venial, algo tonta–. Lo de Tarzán me ha sorprendido, por un momento me he visto… soltándome golpes de pecho, y no me vendría bien, créame –me reprochaba, afable.

No participé de la gracieta; notaba rigidez en la nuca y me ladraba el mal humor.

El señor Flores consultó el reloj y se volvió hacia la puerta de entrada; saludó a alguien, pensativo. Enseguida sospeché que me seguiría dando la chapa.

–Antes, me he calificado de cínico y usted ni se ha inmutado. Le añado un matiz, imprescindible: fatuo. Me he convertido en el perejil de todas las salsas, y lo he hecho a conciencia, créame: la fatuidad es un ingrediente básico, como la sal en la ensalada. Cuando accedí a presidir nuestro querido Círculo consideré imprescindible, ya se lo he dicho, ser relevante, porque la relevancia se determina por la influencia; y ¿ve?, subido a este árbol me encuentro, como Tarzán, usted se ha percatado, ¡buen detective! –faranduleó. Yo me mantuve impertérrito–. Trepas, llegas a las ramas más altas, haces bocina y lanzas tu grito, con mucho trémolo, por supuesto; ¿ve?, solo yo me ajusto a su acertada figura. Desde la altura alcanzas a ver mucha jungla, y entre tanta maleza siempre distingues una ágil gacela, un bellísimo pájaro, una flor exquisita… y por supuesto, si aguzas los sentidos, también adviertes, camuflado en el entorno, al depredador que acecha. Esto es que, para conseguir el indulto de una capilla que estorba o de una placa votiva, o que un yacimiento arqueológico sea declarado patrimonio histórico, o impedir que se construya en el solar que guarda unas ruinas, o que se donen fondos para restaurar un lienzo o rescatar unos documentos, como los que ahora nos ocupan, pues ya sabe aquello de trasladar el idealismo a la academia y el realismo al negocio. Yo, Flores, estoy con lo primero, y al presidente solo le vale lo segundo; y en estas, la conciencia sufre… y llama con denuedo al cínico… –situación peliaguda: su dilema moral, y al parecer trataba de resolverla gastando saliva conmigo; a media voz, la justa para que yo atendiera sin meter baza.

–Oiga, disculpe… –intervine, para fastidio del presidente–. Si tiene algo más que decirme del señor Castilla… –me alcé un poco y conseguí girar la cabeza para alejarme de la monótona justificación, si lo era, del señor Flores, y enfriarle la verborrea; entonces vi a la rubia salir al paso de alguien que pretendía acercarse. Yo me frotaba la frente porque el insidioso malestar, ahora más descarado, me estaba aguijando las ganas de saltar y pitármelas. «Paciencia, paciencia…», me imploraba.

–Castilla… sí, mi buen amigo Castilla –ahora, creí apreciar, le costaba regresar al trastero de la memoria–. Pues… continuando lo anterior… Hablaba de confianza, sí, y le decía que Castilla… que aquellos niños que fuimos se replican en estos viejos que somos; pero, claro, el milagro dura lo que el tiempo del encuentro; al final, la despedida impone la distancia que la vida ha venido tramando entre nosotros, ¿no? Pero esto es natural, le ocurre a todo el mundo: la falta de roce entibia los afectos, interpone criterios, diferentes puntos de vista sobre los mismos temas… –alzaba la cabeza y se estiraba contra el respaldo, miraba el reloj y distribuía palabras, recreándose. Yo comenzaba a maldecir; con amigos tan redichos, no me extrañaba que Castilla se hubiera evaporado–. Por ejemplo: le hablé de esta asociación, que considero muy importante, y lo es, mucho más allá de consideraciones personales; y le entusiasmó, ponderó nuestro esfuerzo, pero él, sin decir que no, rehusó participar en ella. No le oculto que me sentí muy decepcionado, aunque no se lo reproché, ¿por qué había de hacerlo?, cada cual tiene sus prioridades; nunca hemos vuelto a sacar el tema. Mire, como le decía, actualmente comparto mi vida con una mujer a la que ni siquiera conoce, tampoco ha visto crecer a mis hijos, ellos ni siquiera saben que existe, ¿comprende? Cuanto se aclare el supuesto misterio que nos preocupa, será una magnífica ocasión para reanudar nuestros diálogos interrumpidos o simplemente no pronunciados, se pierden tantas oportunidades… También puede, es lo más probable, que todo siga tal cual, cada uno en su sitio, llevando su vida. Cierto es que para los arqueólogos el tiempo camina a la inversa: recuperamos lo antiguo, recomponemos aquellos hilos rotos… o eso pretendemos. Con la amistad sucede otro tanto: nos queda ese yacimiento, soterrado por los años, tan bello, tan valioso, y extraemos de él tantas cosas que explican lo que somos… –dejó el señor Flores que flotara con ligereza de nube la evocación, mientras escarbaba someramente entre aquellos restos de sus sentires.

Yo, mascullando contra la resignación, me puse a admirar los grandes cajetones del techo, su vergonzante desnudez que reclamaba…

HG MANUEL

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27 may 2022

  • 27.5.22
Es normal, razonable y positivo que, a medida en que envejecemos, nos vayamos haciendo más sensibles a los peligros que corremos. En mi opinión, sin embargo, deberíamos distinguir los temores moderados y los miedos incontrolados, esos que nos impiden vivir de una manera suficientemente tranquila.


Los que seguimos atentamente las informaciones de los medios de información, los comentarios de los críticos y las declaraciones de los políticos corremos el riesgo de sucumbir a la ansiedad, al desasosiego y al desvelo, esas emociones negativas que turban la necesaria tranquilidad para, simplemente seguir viviendo.

Estoy de acuerdo en que, para defendernos de los miedos –un arma utilizada por los que aspiran a alcanzar o a mantenerse en el poder– es importante que nos informemos, pero también que, además, analicemos los mensajes que contienen y reflexionemos sobre sus explícitas intenciones.

Para evitar que las personas o los grupos políticos, económicos, sociales y religiosos nos asusten con sus amenazantes augurios, no tenemos más remedio que, en la medida de lo posible, aplicar el sentido crítico a sus, a veces, alarmantes mensajes.

Como primer paso, empecemos por desconfiar de quienes solo anuncian ruinas, solo pronostican pobreza, solo prevén desastres, y, en especial, de quienes solo alientan el temor al mundo, el miedo a la modernidad y el terror al infierno.

Con realismo, miremos el mundo de una forma más amable y comprensiva, y abordemos los problemas con serenidad: “Ni el mundo es tan malo como nos imaginamos, ni nosotros tan buenos como nos creemos”. Admitiendo que algunas conductas son perversas y denigran la condición humana, tomemos conciencia de lo que pasa, utilicemos la cabeza, desarrollemos la inteligencia y apliquemos la razón. Busquemos procedimientos para controlar esos temores irracionales con el fin de evitar que se conviertan en miedos paralizantes.

El miedo, ese estremecimiento incontrolado por lo que todavía no ha pasado y quizás nunca pasará, ese vértigo originado por la oscuridad ante el abismo de lo extraño, de lo insólito y de lo desconocido, solo se alivia por la presencia reconfortante, estimulante y consoladora de las personas próximas, de los seres queridos, de los familiares y de los amigos. No confundamos, por favor, el miedo con la cobardía.

JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ GUERRERO

26 may 2022

  • 26.5.22
La figura de Teodora, esposa de Justiniano y Emperatriz de Bizancio durante el siglo VI d. J., ha sido objeto de versiones muy diferentes por parte de las fuentes históricas. “Varios ojos, varias versiones. Así es la historia”, asegura Nasica en la novela que nos ocupa. Pero la historia también puede quedar enriquecida por la mirada del artista: probablemente la imagen que mejor recordamos de Teodora es la representada –junto con sus servidores– en los mosaicos de San Vital de Rávena.


A ella sumamos ahora la que nos presenta Jesús Maeso de la Torre en su última novela: a la hija del domador de osos cuya infancia, dominada por la miseria, nada hacía presagiar su futuro como la poderosa Emperatriz que llegó a ser Teodora, “la crisálida de Bizancio”, libre y valiente, dotada de especiales cualidades para el ejercicio del gobierno –fue decisiva la influencia que ejerció sobre su esposo–, impulsó medidas en favor de los más humildes y, de manera especial, de las mujeres.

Rasgos y actitudes que hacen de ella una mujer adelantada a su tiempo en un mundo dominado por los hombres. Por todo ello fue tan admirada como envidiada; tan querida como odiada, sobre todo por quienes no podían admitir que una mujer decidiera por sí misma, ejerciera tanto poder y rechazara someterse a las imposiciones de un varón.

La novela de Jesús Maeso no se limita a biografiar la figura histórica de Teodora: la estructura circular de la obra nos plantea una intriga que habrá de resolverse –y de complicarse– a lo largo de la narración. Durante el multitudinario entierro de la Emperatriz, alguien entrega precipitadamente a un alto dignatario de la Corte una bolsa que contiene un libelo difamatorio contra la pareja imperial, donde queda en entredicho el recto proceder de Teodora. Para contrarrestar su pernicioso efecto, el receptor del libelo, Flavio Nasica, decide escribir “La crónica verdadera de la Crisálida”, al tiempo que desarrollará numerosas pesquisas para hallar al autor del libelo.

Del narrador omnisciente en el Proemio pasamos al narrador autobiográfico, Flavio Nasica, natural de Gades, robado y emasculado por unos piratas, vendido como esclavo y posteriormente manumitido, amigo y confidente de la difunta Emperatriz, a quien conoció desde niña y acompañó a lo largo de una azarosa existencia marcada por numerosos altibajos hasta convertirse en la Emperatriz consorte de Bizancio. Se trata de dos vidas paralelas, curtidas en el sufrimiento pero cuyo afán de superación y apoyo mutuo acaba encumbrándolos.

Novela histórica, sí, pero que incluye además otras modalidades del género: es también novela de personajes (reales y ficticios), novela de aventuras, libro de viajes, novela de espionaje (con elementos de verdadero thriller)…

Maeso de la Torre nos presenta un Imperio Romano de Oriente –y en concreto su capital, Constantinopla– como un complejo mundo de contrastes, habitado por gentes de diversa procedencia, en el que luchan los bandos Verde y Azul, en donde los ritos paganos y el culto a los dioses conviven con el cristianismo y, dentro de esta doctrina, se enfrentan las corrientes monofisita y ortodoxa.

Y en medio de este caos emerge la irresistible figura de Teodora (“don de Dios”) cuya vida se configura como una montaña rusa con caídas y ascensos que se encadenan sin cesar, que la hacen objeto de admiración profunda pero también de odios enconados.

Teodora es –ya lo hemos dicho– “la Crisálida de Bizancio”: así la llaman el fiel Nasica y sus más íntimos. Su trayectoria vital representa a la perfección la asombrosa metamorfosis que, en la naturaleza, sufre la larva hasta transformarse en una esplendorosa mariposa de alas doradas.

Jesús Maeso es escrupulosamente fiel a la Historia (no se olvide su condición de historiador), y como tal actúa en esta novela, pero se vale de las fuentes históricas como punto de partida para configurar una complicada pero muy atractiva trama en la que los personajes –históricos y ficticios– cobran vida propia a lo largo de una narración impecable, ágil e intensa, trazada con pulso firme, en la que también consigue que el lector tenga un papel muy activo que lo lleva a participar en la acción: puede tomar partido por unos personajes y rechazar a otros, recorrer con ellos los mismos caminos y adentrarse en los lugares en que transcurre la obra guiado por las minuciosas descripciones que nos transmiten todo tipo de sensaciones y sentimientos. Su mirada de creador –de novelista– se hace eco de esas otras miradas de la historia y a partir de ella configura una imagen enriquecida de Teodora, de su tiempo.

Ficción, no historia, pero que impulsa también a los lectores a contemplar la del Imperio Romano de Oriente y a Teodora –la enigmática “Crisálida de Bizancio”– desde esa perspectiva pluridimensional que nos ofrece en su última novela Jesús Maeso de la Torre.

Ficha técnica

Título: Teodora, la crisálida de Bizancio.
Autor: Jesús Maeso de la Torre.
Edita: Harper Collins Ibérica. Colección Narrativa histórica.
Ciudad: Madrid.
Año: 2021.
ISBN: 978-84-9139-706-9.

MARÍA DEL CARMEN GARCÍA TEJERA
FOTOGRAFÍA: JESÚS MAESO

25 may 2022

  • 25.5.22
El pasado jueves 19 de mayo se inauguró en el Museo Británico de Londres una muy interesante exposición con el título de Feminine power the divine to the demonic (El poder femenino, de lo divino a lo demoniaco). Desde un punto de vista intercultural, se pretende mostrar la profunda influencia de seres espirituales femeninos desde hace más de 5.000 años en todo tipo de religiones y creencias.


Se muestran esculturas, objetos sagrados, pinturas y otros tipos de materiales gráficos y artísticos tanto del mundo antiguo y medieval, como del contemporáneo y procedentes de todo el planeta. A través de esos objetos se explora el papel significativo que diosas, demonios (femeninos), brujas, espíritus y santas han jugado en la construcción de un imaginario colectivo que ha dado forma a diversas formas de entender –más bien, de narrar– nuestro mundo.

La observación detenida de esas imágenes, ilustra los diversos modos en los que la autoridad femenina y la feminidad han sido homenajeadas, temidas y entendidas, a través de la historia. Los poderes femeninos materializados en esas imágenes expresan diversas cualidades espirituales: sabiduría, pasión y deseo, ardor bélico, justicia, piedad…

Algunas de esas imágenes muestran a seres espirituales que revelan el autodominio y la independencia, desafiando las expectativas de una conducta femenina de sumisión. Según el punto de vista desde el que se contemplen y analicen, pueden sugerir empoderamiento o suscitar el miedo. Entre ellas se encuentra la Reina de la noche (Ereshkigal) de la antigua Babilonia que ya mencioné en una entrega anterior dedicada a los Dioses.

En el museo de arte de Cleveland se encuentra la imagen que aparece abajo, a la izquierda, una pintura kalighat de principios del siglo XIX, en la que se puede ver a Kali, una de las deidades femeninas con mayor poderío. La “terrorífica” diosa hindú lleva una cabeza cortada en una de sus manos, mientras que en otra porta la espada con la que ha procedido a la decapitación. Y aún le sobran un par de manos para atender a sus otras actividades como Gran Madre y liberadora del miedo y la ignorancia. El caballero que aparece tendido en el suelo, bajo sus pies, es nada menos que el dios Shiva, uno de sus esposos.


No puedo olvidar su primera aparición en el universo imaginario de mi adolescencia a través de un dramático episodio narrado por Julio Verne en su novela La vuelta al mundo en ochenta días: “Durante aquella mañana, más allá de la estación de Malligaum, los viajeros atravesaron este territorio funesto tantas veces ensangrentado por los sectarios de la diosa Kali. Cerca se elevaba Elora con sus pagodas admirables, no lejos la célebre Aurungabad, la capital del indómito Aurengyeb…”.

No podía Kali estar ausente de la exposición del Museo Británico. De hecho, se ha encargado una pieza ex profeso para su exhibición en dicha muestra al artista de Calcuta Kaushik Ghosh. La guirnalda con abundantes cabezas cortadas que cuelga de sus hombros (los de Kali, no los del artista) simboliza su poder para destruir el ego, mientras que los gestos de sus manos se supone que muestran su generosidad y valentía.

Honrada como la Gran Madre, Kali es, a la vez, temida y amada. Y su tremenda agresión no es en realidad más que un acto simbólico de compasión mediante el que corta las ataduras del karma y las cualidades negativas que entorpecen el crecimiento espiritual.

Pero, a mi parecer, el personaje imaginario que mejor representa la resistencia femenina frente al intento de dominación masculina es Lilith. Probablemente, mucho menos conocida que Kali, aunque sí tiene una cierta presencia en algunas tradiciones rabínicas esotéricas. Hay diferentes versiones sobre su origen, pero la más atractiva, desde mi punto de vista, es aquella que la identifica como la primera mujer creada por Elohim (dios único de judíos y cristianos): “Así que creó al hombre; a la imagen de Elohim lo creó; macho y hembra El los creó”.

La verdad es que aquí no aparece para nada el nombre de esa hembra; ni tampoco figura en ninguna otra versión del Génesis, ni en las cristianas, ni en las judaicas. Pero como parece que hay una cierta contradicción con lo afirmado en Génesis 2,7 y Génesis 2,22 respecto a la creación de la mujer y la materia prima utilizada, algunos rabinos, después de sesudas reflexiones, llegaron a la conclusión de que se habían creado dos mujeres primordiales en etapas sucesivas.

A la primera de ellas la llamaron Lilith y la podemos contemplar a la derecja de la imagen anterior, en una sugerente representación pictórica realizada por el británico John Collier en 1889. Como Sherezade al final de cada una de sus Mil y una noches, ahora he de interrumpir la historia de Lilith, pero la continuaré en la próxima entrega.

JES JIMÉNEZ

24 may 2022

  • 24.5.22
Las lluvias de abril han hecho florecer rincones de la ciudad que parecían impensables. Las semillas aletargadas aguardaban en los canalones, en los agujeros del asfalto, en los tejados o en cualquier descampado. Jaramagos, malvas, vinagreras, amapolas han llenado las calles de colores y nos han animado el paseo rutinario, nos han devuelto la primavera y han sorprendido a los jardineros creciendo más allá del riego por goteo y de los diminutos alcorques de cemento con los que constreñimos a nuestros árboles.


Es la naturaleza invisible de las ciudades la que, poniéndonos trágicos, invadirá todo cuando no estemos, la que permite que millones de insectos se cobijen y sean alimento de gorriones, mirlos o de las golondrinas que vuelven de sus migraciones.

Son la esperanza para regenerar la vida, la belleza, la alegría, la tierra que cubre nuestras ciudades y, sin embargo, las llamamos "malas hierbas" solo por su rebeldía, por su espontaneidad, por ser contestatarias y crecer donde no las queremos y en los momentos más inesperados.

Empleamos tiempo y dinero para eliminarlas, llegándolas incluso a fumigar con herbicidas que atentan contra nuestra salud, a pesar de que está demostrado que refrescan las ciudades, disminuyendo la temperatura, purificando el aire contaminado que respiramos y mitigando las consecuencias del cambio global que nos está poniendo contras las cuerdas.

En un bosque todos quieren ser árboles, cuanto más altos y poderosos, mejor. Pero para que haya un bosque en equilibrio deben aparecer los líquenes, las hierbas, los arbustos que, con sus raíces, prepararán la tierra, aireándola, abonándola, enriqueciéndola. Que con sus hojas realizarán la fotosíntesis, haciendo respirable nuestra atmósfera.

Estratos de vegetación que cobijarán millones de insectos que los polinizarán, que serán el alimento de otros muchos animales y estos, a su vez, moverán las semillas en sus estómagos, entre sus plumas, enredadas en el pelo que los calienta.

Y mientras llueva, sople el viento y brille el sol, el ciclo se repetirá una y otra vez, protegiendo el bosque de los iguales, el bosque inmortal, el bosque del futuro, el bosque protector. El que te alimenta, el que calma tu sed, el que te calienta, el que te relaja, el que te abriga, el que te cuida.

No nos sobran árboles, ni malas hierbas, ni mucho menos bosques en Almería y, sin embargo, hay que pelear en el juzgado para que no los talen en la Plaza Vieja. Para ellos, para los que creen que conservar la naturaleza, que defender el patrimonio ambiental y cultural, es de inmovilistas, estos ficus, sean centenarios o no, son malas hierbas que deben ser eliminados de la ciudad porque impiden su desarrollo, su progreso.

Para el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), para los Amigos de la Alcazaba, del Bicentenario de los Coloraos y de Ecologistas en Acción tienen “valor ambiental” por sí solos, “mejoran la calidad de vida” de los almerienses y “son parte del patrimonio que debemos proteger”.

Técnicamente, es una zona ajardinada, pero para mí conforman el Bosque de la Plaza Vieja, el bosque del casco histórico, el Bosque de los Veintiún Sabios que nos han enseñado que nuestros dirigentes viven anclados en el pasado, donde la naturaleza no tiene cabida, donde el progreso se mide en toneladas de cemento y donde la vida es menos agradable, menos bella, mucho más calurosa y el trino de los pájaros no se escucha.

Nos han enseñado que nuestros dirigentes no conocen las leyes o se las saltan a su antojo porque saben que no habrá consecuencias. He aprendido que no les gusta escuchar a la ciudadanía y que para ellos, parte de sus vecinos son malas hierbas que arrancarían con gusto de sus calles.

Pero también he aprendido que la fuerza de la democracia, del bosque, reside en la participación, en el diálogo, en el trabajo en equipo, en la colaboración, en la justicia y que los gobernantes deben ser gobernados, porque la inteligencia no se mide por el número de votos o por los pactos inmorales que puedas hacer con ellos.

Quizás no sea un árbol, pero me siento un elemento esencial del bosque. A veces soy una roca, un liquen, la nieve o formo parte del aire que respiras. Otras veces soy una hierba, o el viento, o una hormiga, un arbusto, un rayo de sol.

Hay días que me levanto imaginando que soy un zorro, la lluvia, una libélula, la raíz que te alimenta, una semilla, un fruto, un puñado de abono, una hoja mecida por el viento o la esperanza de una gota de agua. Quizás no sea un árbol, pero formo parte del bosque, soy un elemento prescindible pero esencial. Soy, como tú, aunque quieras negarlo, parte de la naturaleza y juntos, somos más fuertes, invencibles, juntos somos un bosque, el bosque de los iguales.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

22 may 2022

  • 22.5.22
En la sociedad actual, las modalidades familiares son muy diversas, no solo en cuanto al número de miembros que las componen sino también en las nuevas maneras de configurarse, ya que el modelo al que se suele apelar tradicionalmente es uno más dentro de la pluralidad existente en un mundo en constante transformación.


Esto lo he podido comprobar a lo largo de los años al haber abordado el estudio del desarrollo de las emociones de los escolares a través de los dibujos de las familias. Los cambios han sido drásticos, tal como le expliqué a una alumna que deseaba realizar su trabajo fin de grado sobre las familias numerosas, puesto que pertenecía a una de ellas, ya que sus padres habían tenido tres hijos.

Le expliqué que, en mi caso, yo me encontraba como uno más dentro de familia muy numerosa (y que en ocasiones, con cierto humor, digo que aquello era una especie de tribu). Estas familias son verdaderamente excepcionales en estos tiempos, por lo que hubo que contar a partir tres hijos para recibir la calificación de "familia numerosa" y, de este modo, poder acogerse a las ayudas que oficialmente se ofrecen con el fin de afrontar los gastos que supone la descendencia.

Todos sabemos que en las sociedades desarrolladas la descendencia se ha reducido de una manera importante. Es lo que sucede en nuestro país, que en un par de generaciones se ha pasado de familias en las que era habitual tener tres o cuatro hijos (e incluso más), a la actualidad en la que predominan las que tienen uno o dos.

Para comprender este drástico cambio habría que hablar de varios factores, entre ellos el que la planificación familiar se haya asumido como un derecho y una responsabilidad. Por otro, la amplia incorporación de la mujer al mundo del trabajo asalariado ha conducido a que la pareja se piense si desea tener hijos y el momento más adecuado para ello.

También las nuevas necesidades familiares han supuesto que la socialización, entendida como aprendizaje de la relación con los otros, se inicie tempranamente, muy lejos de décadas atrás cuando comenzaba hacia los seis años y el niño se incorporaba a la enseñanza obligatoria.

Hoy es habitual que los padres lleven a su hijo a la guardaría y, en caso de que no fuera así, su escolarización a partir de los tres años da lugar a que tenga que aprender a compartir con otros niños y niñas de su edad, lo que es un aprendizaje de gran importancia para su desarrollo emocional y su sociabilidad.

A pesar de la idea tan extendida de que el hijo o la hija únicos suelen tener problemas relacionados con su egocentrismo, lo cierto es que, por las investigaciones que he llevado a cabo, he podido observar que presentan similares rasgos, tanto favorables como desfavorables, como los que poseen hermanos. De entrada, ser hijo único no marca ni emocional ni intelectualmente a la persona, puesto que, tal como he indicado, en la actualidad la socialización se lleva a cabo de forma temprana.

Para que comprendamos el desarrollo cognitivo y emocional que en estos casos se da a lo largo de los años, presento una selección de dibujos de escolares pertenecientes a familias con un solo hijo, de modo que lo muestro partir de los más pequeños hasta llegar a edades superiores.


Este primer trabajo corresponde a Juan (tal como el propio autor ha escrito en la lámina), un niño de 5 años, cuyo dibujo nos muestra a los tres miembros que componen su familia. El pequeño autor comenzó a dibujarse en el centro de la hoja, lo que es señal de autoestima y confianza en sí mismo, que se expresa también con el amplio tamaño de las figuras, la expresión de los brazos levantados y la abierta sonrisa con la que presenta a todos. Tras representarse, pasó a plasmar, en segundo lugar, a su padre, finalizando con su madre. El hecho de mostrarlos a ambos lados de su figura que lo representa es una manifestación de sentirse seguro y protegido por ellos.


De la misma edad es Cristina, una niña zurda que nos muestra a su familia en un dibujo lleno de vitalidad, imaginación y colorido. Comenzó a trazarla a partir de ella misma, ubicándose en el lado derecho y realizando una figura de tamaño amplio, en la que aparecen algunos rasgos de identidad femenina al trazarse con pendientes y pelo muy largo, de modo similar a su madre que se encuentra en el lado izquierdo. El centro de la composición lo ocupa el padre, como expresión de autoridad dentro del grupo. De forma inmediata, se percibe que la pequeña se siente feliz y dichosa dentro de su familia.


El tercer dibujo es de Elena, una niña de 6 años de primer curso de Primaria. En este caso, al igual que Juan, se representa en el centro de la escena, como expresión del protagonismo que apunta hacia ella. Las figuras están caminando bajo la lluvia, por lo que tanto la niña como sus padres portan paraguas, a pesar de que un sol animista las contempla. Pero es que para los niños pequeños no existe contradicción en el sentido de que la lluvia, el sol y el arco iris puedan aparecer en la escena al mismo tiempo. Ni que decir tiene que Elena se siente muy confiada y feliz en medio de sus padres, tal como muestra en este dibujo lleno de imaginación, vitalidad y alegría.


Diego, el autor del trabajo que acabamos de ver, tenía 8 años cuando realizó el dibujo. Era un niño alegre y muy sociable con sus compañeros de clase. Cuando me lo entregó, comprendí que la relación con su padre era muy estrecha y afectuosa, puesto que aparece subido a sus hombros. Por la composición de la escena se puede deducir que la conexión emocional con su madre es un tanto inferior, dado que entre ellos y la figura femenina se encuentra una butaca, una especie de pequeña barrera interpuesta que desde en punto de vista del significado emocional supone cierto distanciamiento afectivo entre ambos.


Representarse entre los padres, tal como se aprecia en el dibujo de la portada y el que acabamos de ver, es habitual por el sentimiento de seguridad y protección que necesitan niños y niñas de sus progenitores. Así, en este dibujo María, de 8 años, se muestra en un primer término, como si fuera la gran protagonista de la escena familiar. Detrás y un tanto al fondo, aparecen sus padres sonrientes, como protectores de la autora de la escena. En cierto modo, expresa algo de sobreprotección hacia ella, que es uno de los riesgos que pueden aparecer en las familias con un solo hijo.


Uno de los conflictos que amenaza a la estabilidad familiar es la ruptura entre los padres. Sobre este tema he escrito diversos artículos que han aparecido en este medio, por lo que en esta ocasión quiero presentar cómo Julia, hija única de 10 años, interpretaba su nueva vida familiar tras la separación de sus padres.

La solución que encontró fue dividir la lámina en dos partes, de modo que en la izquierda aparece con su padre, sus abuelos paternos, su tío y las mascotas que había en la casa de los abuelos, puesto que es frecuente que en los casos de ruptura los hombres se apoyen en su familia y vuelvan a la casa con sus padres. En la derecha, de nuevo se muestra con su madre y la pequeña mascota que hay en la casa materna. Y no es que la pequeña la encuentre más vacía, sino que es habitual que la mujer sepa salir adelante sin tener que volver a la casa de sus padres tras la separación, si no hay necesidades económicas que inviten a hacerlo.


Para finalizar, presento el dibujo que realizó Manuel, un chico de 12 años que se encontraba en sexto de Primaria. Como puede comprobarse, los personajes presentan un alto grado de realismo en el trazado de la figuras, circunstancia que concuerda con la evolución gráfica de los escolares. Comienza trazando la figura de su padre, alto y musculoso, como corresponde al trabajo que lleva en la construcción; le sigue su madre, que ocupa el centro de la lámina; y ya en la derecha aparece la figura que representa al propio Manuel.

En líneas generales, podemos decir que cada miembro aparece con cierta autonomía, dado que el autor se encuentra en la preadolescencia, una edad en la que surge cierta necesidad de autoafirmación al margen de los padres. Esto es un avance en el desarrollo emocional que todos los chicos y chicas, tengan o no hermanos, necesitan para conectar la naciente independencia personal con la relación de afectividad hacia los padres.

AURELIANO SÁINZ

21 may 2022

  • 21.5.22

–Me lo imagino, sí –repuse, con el provecho de un gato lamiendo una raspa.

–Pues entonces sigamos con lo que aportan y se llevan la alcaldesa y demás autoridades locales. Al principio se mostraron muy renuentes; es curioso, nunca te dicen que no, pero cuando les presentamos el proyecto dieron largas y nos fueron degradando de cargo en cargo hasta quedar en la rúe, ¡je! Cierto es que les somos incómodos por nuestras apelaciones, denuncias, etcétera, acciones que justifican, precisamente, nuestra razón de ser, ¿no?, impedir el abandono y los múltiples atentados que soportan nuestros bienes históricos; además, y para colmo, también pedíamos dinero. Así que, no quedó otra que tomar la iniciativa. Pasó entonces que poco a poco la importancia del hallazgo se fue reconociendo, y comenzaron las llamadas, los ofrecimientos… Tuvimos que parar: era imprescindible barajar muy bien, ¡vaya que sí! Nos permitimos el lujo inaudito –enfatizó, el índice monitorio– de escoger a los paganos. A la alcaldesa le otorgamos el título de Protectora del Patrimonio, que enmarcaremos –unió índices y pulgares–, y será voceado y difundido por medios de comunicación y boletines oficiales; además, esto cubrirá algún desmán que otro cometido, precisamente, contra el patrimonio. Imagine: perder lo poco por salvar lo más, un logro estupendo, ¿no? –forzó y le quedó chata la sonrisa–. Continuemos con los patrocinadores: han invertido un buen dinero; note que he dicho invertir, y he dicho bien: ellos truecan interés propio por interés general, emplean benéfico en vez de beneficio y con este humilde adjetivo que les concedemos hermosean el destino de su dinero –recitó, y mostraba las palmas de unas manos delicadas, con las uñas algo comidas–. La gran valía de los documentos, fuera de duda –reiteró–, se la presta al acto y nos permite la recíproca: corresponder. Hoy, para la exposición, nos servimos del facsímil. ¿Los ha visto? Están en una vitrina, al fondo del vestíbulo.

–No he tenido ocasión –lamenté, no sé si lo bastante compungido.

–Dentro de unos días, fiesta local, los originales se devolverán con toda solemnidad al Archivo Histórico –continuó el señor Flores a lo suyo–. Se sumarán otras personalidades: académicas y políticas, algunos expertos y distintas asociaciones, y se hará con todo el bombo, la pompa y circunstancia que podamos, el CPCP, y esto hay que repetirlo, lo necesita. Hoy, y se lo confío, encuadradas en una rigurosa exposición teórica, meteremos algunas cuñitas que, no es novedad, sarpullirán a más de uno entre los presentes; mas… seremos cuidadosos, los trataremos con tiento, no llegaremos a lo de Catilina –buscó mi complicidad en la broma–, no es fácil ingeniar el artificio adecuado para cada situación. ¿Ha leído usted a Cicerón?

El alzado de hombros se estaba convirtiendo en mi respuesta favorita.

Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? –recité.

–¿Sabe usted latín? –casi grita el señor Flores.

«Más de lo que piensa», le fui a contestar; caprichos del rimbombe de latidos en mi cabeza.

–Ha sido un farol –contesté, muy seriecito.

–La Educación Clásica desaparece. Es lamentable… –deploró, y quedó pabiloso.

Mientras, especulé a mi vez con desahogo, inspirado por una palabra que me vino de molde para lo que estaba oyendo:

–Dispondrá usted de edecanes suficientes para tanta batalla.

Patinó en la duda aunque de inmediato se le abrió la expresión al señor Flores.

–Edecán, batalla… en un mundo tan móvil, tan ligero, con la piel tan delicada… –ondulaba, pensativo, y hacía pequeños volatines con la mano–, exagera. Pero… bien, le sigo el grado y digo que usted ha conocido a una, sin duda la mejor de ellos.

No especificó, y dudé al pronto entre la rubia y la giganta; error, y le di todos los papeles a la primera.

Entonces, mano en ristre, recortadito, inquisitivo y carrasqueño, nos sorprendió el caballerete de marengo. Muelle automático, se incorporó el señor Flores.

–Flores, Flores… –reñía el importante con voz desmesurada para su talla.

–Palestri, Palestri… –admitía el presidente y le apretaba con brevedad la manita ofrecida.

–Totina está entusiasmada, yo mantengo mis dudas. ¿Tanto valen esos folletos descuadernados? Pitino Ruicallado y yo lo dudamos –y le daba de pedradas, con sus ojos duros, aquel muñequito de acero.

–Valen más, Palestri, muchísimo más –aseveraba, insensible a la pedrea y convencidísimo, el presidente–. Tanto, que no tienen valor.

–¡No me joribies con el retruécano! –abroncaba soberbia la voz de bajo–, que esos papeluchos se llevan mucho dinero.

–El mejor que hayas empleado.

–Bien, bien, tú lo dices.

–Y lo firmo.

–Más te vale, voy a poner mucha atención cuando hables –en la perfecta dicción, el tono pausado y profundo, era difícil no vislumbrar el sigilo de una amenaza.

–Y yo te lo agradezco –respondía pimpante el señor Flores–. Será enseguida, en cuento llegue la excelentísima alcaldesa y su séquito.

–Bien, bien –consultó el reloj–. La educación de esa señora… –mascullaba, como si refregara arena, el elegante personajito, y me deslizó un vistazo con la mágica fugacidad de una luciérnaga–. Por cierto, Totina está olé con sus investigaciones.

–Lo sé, me lo ha dicho antes. Al parecer, ya le dan fruto.

–¡Qué fruto ni puñeta! –exclamó encantado–. No se saca de donde no hay, pero ella quiere ser marquesa. En casa ha transformado una de las salas en despachito, y ya rebosa la balumba de papeles. El otro día me viene con uno, de allá por el ochocientos, en el que a un Marqués de No-se-qué, miembro de una tal Junta de Patronos que estableció en un tal Palacete de las Catalinas un asilo para huérfanos, lo apuntan con mi apellido materno. Lo cierto es que, por las señas, me viene que construí algo en el solar…

–Cuello Pelado.

–¿Qué?

–Marqués de Cuello Pelado.

–¡Ya! Regalaría dinero por no llevar ese mote colgando.

–Como cualquier marquesado, una larga historia…

–¡Pamplinas! –despreció–. El meollo del despropósito es el cursillito aquel que le recomendaste. La trae y la lleva de un archivo a otro. Ahora proyecta un viaje a Roma, el archivo episcopal lo tiene esquilmado.

–¡Ah! –se interesó el señor Flores.

–Está más dinámica, ¡más encendida! Se le evaporó la apatía, se le fueron los berrinches, se le quitaron las jaquecas… –se inflamaba el duro mequetrefe–. Vamos, que tanto visiteo de archivo le viene de perlas –muy repinado, mano solapada, compuso ahora un atildado muñequito de porcelana.

–Pues me alegra muchísimo oír lo que dices.

Palestri aquilató la alegría de Flores y se le enfrió la carita.

«El pequeño se las trae», pensé.

–Si se empeña, me sumará el Cuello Pelado de las narices, ¡cago en…! –se enturbió el pequeño–. Y yo te lo agradezco más, sí, sí, pero te oigo luego. Te oigo ¿eh? –roncó.

Me volví cuanto pude; desde tan incómoda postura, vi cómo Palestri, el andar recortado, se aproximaba con mucho empaque al distinguido grupo que aguardaba, inestable, con suaves movimientos de intercambio, en el que su esposa, dicharachera, el bamboleo del rizo sobre la inflada mejilla, amenizaba con trino de risa la primorosa manotada. Demoré en la contemplación (sospechaba que mi compañero de tertulia hacía lo mismo) como si tuviera delante un ciclorama: giraba la evaluativa morosidad de una mirada, la carcajadita asociada a un chascarrillo, el ademán gentil del que cede, el disimulado gesto avizorante…

Recuperé la comodidad en mi asiento y me di con la arrobada expresión de Flores.

HG MANUEL

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  • 21.5.22
Aún no me creo que no volveré a ver su sonrisa de niña eterna de nuevo, que no la veré disfrutar del mar, que no me llamará cuando me ponga malita, que no volverá a quejarse de que el pelo no lo lleva perfectamente arreglado, que no volverán a brillar sus ojos ante un niño o un bebé.


Sus hijas han perdido a la madre que nunca quiso cortar el cordón umbilical y la familia se ha quedado sin ese pegamento humano que aglutina a todos y a cada uno de los miembros de la misma. Las vecinas ya no tendrán su visita, su compañía. La iglesia no contará con una persona buena, con conciencia social y creyente en un Dios bondadoso. Todos nos quedamos muy huérfanos. Para ella, todos éramos sus hijos, unos niños a los que cuidar.

Es increíble que un día estás luchando aquí y te diagnostican una enfermedad y tu fecha de caducidad se acorta a menos de un año sin que se pueda hacer nada porque no hay tratamiento. ¡Qué frágiles somos! Nos pasamos el día luchando contra nuestros pensamientos imaginarios y, un día, la realidad te golpea y te lleva al presente sin posibilidad de escape.

¿A quién recurriremos ahora para pedir consejo o para que nos comprenda? El único consuelo que nos queda es que ya está descansando de una enfermedad cruel, que estará en el cielo con su Dios y se habrá encontrado con sus padres y hermanos.

Y también nos queda aprender lo efímera que es la vida y que somos pompas de jabón que no se pueden permitir perder el tiempo pensando en tonterías o hipotéticos futuros; y que toca disfrutar el ahora, agarrarse a este momento con todas las fuerzas que podamos y tratar de querernos y cuidarnos un poco más.

Dejas tu luz, tu sonrisa, tu bondad, tu coquetería, tu amor desbordante y nos dejas miles de recuerdos que, en mi caso, comienzan cuando yo era niña y jugaba a ser tú, con tu nombre y tu juventud. Me pasaba el día mirando cómo te arreglabas para que tu novio te viera guapa.

¡Cómo me defendiste frente a esas estúpidas niñas que no me invitaron a su cumpleaños! Me has escuchado, has venido conmigo a comprar caprichos y siempre me has valorado. Menos mal que te lo dije muchas veces y ahora te lo digo de nuevo. Te quiero, tita.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

20 may 2022

  • 20.5.22
Como es sabido, el contenido de los relatos históricos depende, en cierta medida, de la situación desde la que se cuentan y de la perspectiva que adopta quien los escribe. Esta obviedad también es aplicable a la Historia de la Ciencia. Tengamos en cuenta que, por muy rigurosos que sean los historiadores, en sus “narrativas” influyen sus convicciones políticas, sociales, éticas y religiosas y, por supuesto, sus prejuicios culturales.


Recordar esta evidencia es importante para valorar la importancia de Horizontes. Una Historia Global de la ciencia (Barcelona, Crítica, 2022), una obra de James Pokett que muestra, explica y demuestra cómo los relatos escritos “durante cualquier periodo” se han centrado exclusivamente en Europa.

James Pokett, profesor de Historia de la Ciencia, admite que los científicos actuales ya reconocen el carácter internacional de los progresos científicos, pero nos muestra cómo lo aplican solo a los estudios del siglo XX y no a “algo que empezó hace más de quinientos años”. Demuestra, además, cómo las contribuciones científicas realizadas fuera de Europa también deben formar parte del “apogeo” de la ciencia moderna.

Si la mayoría de los historiadores defienden que la “ciencia moderna” se inició en Europa durante los siglos XVI y XVIII, él explica cómo, más que un producto de la cultura europea, ha sido el resultado de la unión de personas y de investigaciones de todo el mundo como, por ejemplo, de las noticias que llegaban en las caravanas que viajaban a lo largo de la Ruta de la Seda y de las informaciones que proporcionaban los galeones que navegaban por el océano Índico.

Defiende que los momentos clave de la historia global de la ciencia han condicionado su desarrollo y, con sus minuciosos análisis de los hitos más importantes, demuestra cómo los descubrimientos de la nueva astronomía del siglo XVI hasta la genética del actual siglo XXI y el desarrollo de la Ciencia Moderna están determinados por los intercambios culturales globales.

Tras sus investigaciones sobre los cuatro periodos en los que se produjeron los cambios mundiales condicionantes del desarrollo de la Ciencia Moderna, llega a la conclusión de que “estamos viviendo otro momento clave de la historia global y que los científicos de todo el mundo se encuentran en el centro de un conflicto geopolítico que mantiene enfrentados a China y a los Estados Unidos”.

Importantes, a mi juicio, son los detallados análisis que hace de los tres ámbitos principales de la investigación científica actual: la inteligencia artificial, la exploración espacial y la ciencia climática. Me atrevo a aventurar que las aportaciones más sustanciales de esta obra son las pistas orientadoras que proporciona a historiadores, periodistas, críticos, políticos y a todos los ciudadanos interesados por las ciencias, por la historia y por el conocimiento para que analicemos los problemas actuales de los diferentes ámbitos económicos, sociales y culturales, y, sobre todo, para que discernamos, en la medida de lo posible, las diferentes sendas del futuro. Estoy de acuerdo con él en que el conocimiento y la mejor compresión del “pasado global” es indispensable para responder a la pregunta que todos nos hacemos: ¿hacia dónde nos dirigimos?

JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ GUERRERO

19 may 2022

  • 19.5.22
Escribir sobre animales, su cuidado y defensa, se me antoja algo temerario por la simple razón de que recorre por nuestro entorno un encubierto fanatismo de cara a la defensa de los mismos. Algo así como si las personas que no gozan de la compañía de un perro, un gato o una iguana con los que compartir parte de su tiempo fueran agresores o maltratadores de los animales llamados “mascotas”.


El animalismo es un “movimiento que propugna la defensa y los derechos de los animales”. Hasta ahí, nada que objetar y mucho terreno para poder felicitar por una defensa sana, libre, del mundo animal. Por curiosidad, dejo una breve nota sobre las iguanas, que son reptiles parecidos a los lagartos, algunos de los cuales pueden alcanzar un metro de longitud. Proceden de América meridional y su carne y huevos son comestibles. Están de moda. Más adelante hablaremos de estas especies que nos invaden y son adquiridas como animales de compañía.

Por otro lado, está brotando un fuerte movimiento de personas que hasta ahora no tenían mayor problema con este asunto pero el fanatismo proanimal e, incluso, los desmadres del movimiento animalista, lo están provocando o, si suena mejor, lo están instigando.

Cito textualmente: “Denuncian a un hombre de 24 años por agredir con patadas y puñetazos a sus tres perros de manera 'cruel' e 'injustificada'”. Este titular de prensa es del pasado lunes 16 de mayo. Los perros los tenía en jaulas separadas y los agredía a su gusto. ¿Maltrato animal mondo y lirondo? Por supuesto que sí, aunque no se citan las causas. La acción policial ha entrado ya a aclarar dicho comportamiento.

Preguntas pertinentes e incluso impertinentes: ¿Se acogen animales a mogollón para estar en la cresta de la ola? ¿Estaba dicho sujeto en condiciones de atender nada menos que a tres perros? ¿Acogemos uno, dos o tres perros porque yo soy un machote capaz de lo que sea? No quiero ni pensar en las causas de tal sobredosis animalista.

No estoy en contra de tener “mascotas” ni tampoco sombreros. La mascota es “un animal de compañía  que sirve de talismán y además (dicen) que trae buena suerte”. Cada cual emplea su tiempo y sus ingresos en aquello que le puede satisfacer más. Pero ojo a los listillos de turno que ofrecen gangas en cualquier terreno y de paso –esa es su intención– nos engañan y juegan con nosotros.

Ejemplo al caso. He leído que la Policía ha asestado un golpe a una red online de venta de perros que morían días después de ser entregados a sus posibles dueños. Internet es el infierno y el paraíso de la vida actual, de donde lo mismo surge información interesante y muy válida como basura que salpica todo lo salpicable y, de paso, engaña o tima.

En otra esquina de este conglomerado de animales, con idas y venidas de mil sitios, se ha puesto en marcha un negocio que por Internet ofrece perros a buen precio. No sé por qué los negocios virtuales me crean desconfianza.

Quiero pensar que tales negociantes solo codician ganar dinero, no matar “la gallina de los huevos de oro”. Pero… algo debe provocar la muerte a muy corto plazo de tales animalitos. Conclusión: nuestro mundo está cada vez más plagado de zorros (“personas muy taimadas, astutas y solapadas”) o, si lo prefieren, de hienas (“personas de malos instintos o crueles”). Escojan al animal que mejor cuadre con el cernícalo humano (“persona ruda, grosera o poco sensible en su comportamiento”). ¿Hienas?

Recordemos que la hiena es un “mamífero carnívoro, de pelaje áspero, gris amarillento, con listas o manchas en el lomo y en los flancos, que llega a los 70 centímetros de altura en la cruz y algo menos en la grupa, nocturno y principalmente carroñero”. Por cierto, la referida gallina es el título de un poema de Samaniego (1745-1801), en cuya obra hace un reflejo de las debilidades humanas.

Repito que la curiosidad no me ha llevado a desgranar las causas de esta noticia. Me interesa más desarrollar una serie de información de cara al trasfondo de tan traído y llevado tema en el que el animalismo –en un sentido muy amplio– y la postura “anti” están a verlas caer.

Como nuestro mundo es muy aburrido, hay que animarlo y, de paso, motivarlo con ofertas-sugerencias. Aquí entran los llamados animadores de lo que sea, hagan falta o no, cuyo nombre ahora es youtuber que pasea peces en un carrito fabricado ex profeso para ello. Estamos ante la nueva moda adaptada para pasear a tu mascota.

Leo en Google: “Un youtuber es una persona que comparte vídeos atractivos para el usuario en los que se le ve haciendo algún tipo de actividad concreta”. Digamos que es un productor y gestor de contenido audiovisual que usa YouTube como su plataforma de comunicación. Incluso pueden estar patrocinados por determinadas firmas comerciales. “La pela es la pela....” y se trata de sacar dinero de donde sea y como sea.

Reafirmando el papel del youtuber, hay que decir que va provocando la curiosidad del resto del personal y, como posible consecuencia, la posibilidad comercial se dispara –o, al menos, no muere ahogada en un charco–.

Animales y su defensa, protección, uso… están muy de moda. Sobre todo, ese tipo de especies que se mueven con mayor o menor resguardo por nuestra parte: unos por estar sobreexplotados; otros por usarlos indebidamente (dicen). Las razones son muchas y, para los animalistas, son de sumo interés; para otros, son de uso cotidiano y en contra de los llamados animalistas.

La Ley de Protección Animal está en la calle. ¿Acertada? ¿Desconcertante? ¿Cumplibles sus planteamientos? Solo podemos decir que están en la calle y ya veremos cómo se puede desarrollar para proteger y no para explotar por aquello de que está de moda un posible animalismo a ultranza.

¿Cuáles son las prohibiciones y obligaciones de la nueva Ley de Protección Animal? El animalismo es todo un “movimiento que propugna la defensa y los derechos de los animales”. Pero deja en el aire toda una serie de recovecos, como el de los animales importados de sitios mil: animales que son bonitos o feos, eso es lo de menos. ¿Son adaptables a nuevos territorios como si fueran paraísos prometidos por el paso del tiempo? Hablaremos de ello más adelante.

PEPE CANTILLO
FOTOGRAFÍA: J.P. BELLIDO

17 may 2022

  • 17.5.22
En las próximas semanas, en apenas cuatro días, se van a celebrar el Día Europeo de la Red Natura 2000, el Día Internacional de la Diversidad Biológica y el Día Europeo de los Parques Naturales. Tres efemérides relacionadas entre sí que, en Andalucía, cobran vital importancia, ya que un 32 por ciento de nuestro territorio está incluido en la Red de Espacios Naturales de Andalucía (RENPA), lo que supone unos 2,9 millones de hectáreas protegidas, de las que unas 82.000 son espacios marinos.


Estas cifras nos colocan a la cabeza de superficie protegida por comunidades autónomas, algo que debería enorgullecernos aunque, para algunos, sea sinónimo de retraso, de freno al desarrollo económico o un capricho para proteger un puñado de patos y plantas.

“El aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”, junto con “Construir un futuro compartido para todas las formas de vida” y “Repensar, restaurar y reconectarnos” son los lemas para cada uno de esos días. Imágenes, ideas, conceptos y verbos de acción que, probablemente, escucharemos de boca de nuestros políticos, mientras plantan un árbol, dan una charla en un colegio o sueltan algún animal recuperado. Sonrisas y bonitas palabras, fotos que ocuparán las redes sociales, medallitas para luego seguir a lo suyo: primar la economía por encima de la naturaleza e ignorar las leyes que la protegen.

Pero como son días de celebración, haremos un esfuerzo y nos olvidaremos de la descatalogación parcial de los Artos de El Ejido; del parque eólico de Cabo de Gata; de la destrucción del Desierto de Tabernas por parte de las plantas fotovoltaicas; de los desmontes en la Sierra de Gádor para presumir de un 3 por ciento más de superficie invernada; del agotamiento y sobreexplotación de los recursos hídricos que amenazan grandes humedales de la provincia; del carril bici que atravesará Punta Entinas Sabinar o de la eutrofización de las Albuferas de Adra.

También dejaremos pasar la cancelación de los programas y proyectos de voluntariado y educación ambiental, así como de las subvenciones y ayudas a pequeños colectivos para que puedan realizar las acciones de divulgación y sensibilización que llevan organizando desde hace años. Es momento de celebrar, de cuadrarse en la foto, de falsear estadísticas y de prometer inversiones para erigirse como los más verdes del planeta, en los garantes de la biodiversidad, en los impulsores de la sostenibilidad.

Puestos a celebrar, deberíamos dirigir nuestras miradas y aplausos a los cuatro itinerarios educativos que el colectivo El Árbol de las Piruletas realizará con escolares y asociaciones por el Paraje y Reserva Natural de Punta Entinas Sabinar; o los itinerarios que, a bordo de La Blancazul, la Asociación PROMAR realizará por la costa de Adra para conocer el LIC Sur de Almería-Seco de los Olivos.

También destacamos las jornadas que Ecologistas en Acción realizarán para recordarnos que “sin Biodiversidad no hay vida” en los pueblos y ciudades; o los esfuerzos que la Asociación Monumento Natural Peana de Serón está realizando para que le dejan comenzar con la recuperación de la encina milenaria.

No podemos olvidar el trabajo que están realizando los jóvenes de Tíjola para que la Sierra de los Filabres sea declarada Parque Natural; o las limpiezas de playas que comienzan saludando al sol y que se han vuelto a realizar este fin de semana; o las plantaciones que el Proyecto Bosque realizará en Almócita.

Hay que reconocer lo que sea que vayan hacer –porque algo harán– tantos otros colectivos que hay repartidos por la provincia de Almería y que, sin duda, son los grandes defensores, conservadores y divulgadores de los espacios naturales protegidos y la biodiversidad de nuestra tierra. A ellos son a los que hay que aplaudir, apoyar y facilitar su labor.

Si tuviesen algo de dignidad y de vergüenza, nuestros políticos no se pondrían en la foto estos días, pero como sabemos que de eso van justitos, y más cuando llegan las elecciones, los volveremos a escuchar con sus moralinas, con sus consejos, con sus lecciones magistrales, diciéndonos lo que tenemos que hacer y justificando su falta de soluciones y de alternativas.

Por cierto, esta semana también se celebra el Día del Reciclaje, así que prepárense a las cifras maquilladas sobre el reciclado de los plásticos de la agricultura, de la eficacia de nuestros sistemas de gestión, de la importancia de la economía circular y de la responsabilidad individual.

Que no les pille por sorpresa cuando escuchen acusarnos de todos los males que rodean al mundo de la recuperación, reutilización y reciclaje de residuos. Al final, siempre nos señalan a nosotros, sin atreverse a reconocer su falta de valentía para romper con unas políticas que no están funcionando porque, precisamente, la Administración no predica con el ejemplo.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

16 may 2022

  • 16.5.22
El tiempo, siempre tan fugaz, como un relámpago que nace y muere en el horizonte sin apenas percibirlo, muestra, con los años, recuerdos vividos del revés, deletreados con un ánimo que no fue el que nos acompañaba cuando sucedieron los hechos. Paul McCartney, por ejemplo, considerándolo ahora, cree que canciones como I'm a Loser y Nowhere Man eran pedidos de ayuda, gritos de socorro de John Lennon.


Cualquiera escribe versos para una canción y, después, cuando los años han cambiado de piel el mundo y el amigo de tantos éxitos compartidos no está, entiende por qué algunas letras eran un clamor desesperado: “Soy un perdedor, soy un perdedor,/ Y yo no soy lo que parece ser”. Claro. Casi nadie aparenta lo que en verdad es y nadie logra esconder el fracaso en unos bolsillos deshechos por el uso.

Paul recuerda aquellos días: “Solíamos escuchar muchas canciones country and western y todas hablan de tristeza y de ‘perdí mi camión’, así que era aceptable cantar ‘soy un perdedor’. En realidad, no lo pensabas en su momento; sólo más tarde piensas: ‘¡Por Dios!’. Creo que fue muy valiente por parte de John”. Sí, John escribía, pero en realidad andaba descifrando la soledad en sus vísceras, el mundo con el que naces y mueres a la par sin que nadie pueda arañar apenas unas escamas de ese dolor. John decía en aquella canción: “Aunque yo me río y me comporto como un payaso,/ Debajo de esta máscara llevo el ceño fruncido, Mis lágrimas caen como lluvia desde el cielo,/ ¿Es por ella o por mí que lloro”.

Hay un destino encriptado en las palabras que escribimos, un mensaje sin dueño que eclipsa cualquier posibilidad de entender la vida tal como es. Hay la letra de una canción que es un poco de todos y que, ahora, vista de frente, sin otras coyunturas que muerden el éxito a cada instante, nos muestran a un hombre que se pregunta qué ha hecho él para merecer ese destino. Esa es la pregunta de aquella canción que ahora su amigo Paul ha entendido de veras, hilvanando aquellos días de vino y rosas. Nadie sabe cuándo ocurrirá, pero siempre acaece ese final como un precipicio que no estaba en ninguna parte y ahora se pone frente a ellos dos, frente a nosotros, para deletrearnos la canción.

Nowhere Man, según Paul, responde a esa misma sensación de quien pide socorro sin saberlo, se ve escuchando canciones que hablaban de tristeza, todas hablaban de tristeza y, al fondo, apenas perceptible, como un fantasma que toma para él solo la carretera, ve venir un camión, ese camión que todos perdimos alguna vez o para siempre. Esta segunda canción también habla de ese destino extraviado: “Es un verdadero hombre de ninguna parte,/ Sentado en su tierra de ninguna parte, Haciendo todos sus planes de nada/ Para nadie”.

Ese hombre de la canción que no sabe a dónde ir es un poco “como tú y yo”. Sí, en realidad, es cada uno de nosotros, a solas con una tristeza que traemos en la sangre y que se desborda en muchas canciones propias o ajenas. John estaba hablando del sino inevitable que te lleva a donde el camión ya se fue mucho antes de que nosotros percibiéramos su fuga. Y nos quedamos sentados, con la guitarra entre las manos, esperando a nadie que nunca vendrá.

Llevamos adentro la sangre del perdedor, sin saber que es nuestra, la sangre que se invisibiliza cuando el éxito se nos pone al lado en las ceremonias inevitables y grandilocuentes. Después, como le pasaba a John, cuando sales a la calle, te hueles la herida que nadie ve. Solo muchos años después, aquel compañero con quien escribiste tantas canciones de la nostalgia te recuerda como un hombre que estaba aquí al lado pero que en realidad no estaba en ninguna parte, ese hombre que no sabía a dónde ir, que siempre buscaba el mismo camión para subirse en busca de un destino impredecible.

Hay en estas dos canciones del desasosiego que compuso John Lennon algo que nos pertenece, motas de polvo imperceptibles a la vista, pero que cuando escuchamos su melodía se nos viene encima el tráfico denso de la vida, esa sucesión de camiones que cruzan la autovía y que nosotros vemos desde lejos, como si no tuviesen que ver nada con nosotros y que dejan a su paso un viento desordenado que mueve la arena fina del asfalto y enturbia el aire. Sentado, un hombre observa la misma imagen y comienza a escribir la letra de una canción. Ya sabe cuál será el título: Hombre de ninguna parte.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: JES JIMÉNEZ

15 may 2022

  • 15.5.22
Me quedé muy sorprendido cuando María Isabel Mena, licenciada en Historia y magíster en Investigación Social Interdisciplinaria por la Universidad del Valle de Colombia, me indicó que los escolares de raza negra plasmaban su negritud con el denominado color chocolate. Era una expresión que nacía de la investigación que estaba llevando en su país con el fin de averiguar los signos gráficos y el color con los cuales expresaban su autoimagen en los dibujos que les había solicitado. En realidad, la sorpresa venía de que era la primera vez que yo escuchaba esta denominación de color.


Sobre María Isabel debo indicar que tiempo atrás publiqué en este mismo medio una entrevista que le había realizado y que llevaba por título ¿Qué sucede en Colombia? Eran fechas en las que las movilizaciones sociales contra la carestía de la vida en este país estaban en su punto álgido. En la portada de la entrevista aparecía una fotografía de ella misma, pues, a fin de cuentas, todo lo que allí se decía era producto de los profundos conocimientos que tiene de su tierra.

Por otro lado, la denominación color chocolate se me había quedado guardada en un fondo de la mente, hasta que no hace mucho me encontré con Isaac, un amigo nigeriano que vive hace más de veinte años en España, y nos pusimos a hablar de su país.

En medio de la charla salió a colación la última tesis doctoral que yo había asesorado, y que trataba del estudio comparativo de las emociones de los escolares de Córdoba y Lisboa (como ciudades referentes de España y Portugal). En un momento determinado, le indiqué que había un número considerable de escolares de raza negra en Lisboa que participaron en la tesis del ahora doctor, Pedro Rojas, y que se habían dibujado en dos temas que se les proponían: “Dibújate a ti mismo” y “Dibújate con tu mejor amigo o amiga”.

“¿Sabes, Isaac, que una socióloga amiga de Colombia en una investigación que lleva a cabo con escolares de raza negra les pide que se dibujen y en la que comprueba que algunos utilizan lo que ella denomina como color chocolate?”, le indiqué, esperando que él me dijera cómo le llama al color de su propia piel.


Con una espontánea carcajada, me respondió: “¡Pero si yo desde siempre también lo llamo color chocolate, y así es como lo denominamos en Nigeria!”. “Bien es cierto”, continuó, “que mis dos hijos, ya adolescentes, que han nacido en España, me rectifican y me dicen que nosotros tenemos la piel de color marrón". De todos modos, Isaac me indica que no quiere contrariarles, pues sabe que esa palabra es la que se utiliza en nuestro país; aunque él seguirá con la que aprendió en Nigeria.

A esta denominación le estado dando vueltas, ya que me preguntaba cómo era posible que en dos países tan distantes y que pertenecen a continentes distintos –América y África– popularmente se aluda al color del chocolate para explicar la tonalidad de la piel de lo que, de modo genérico, llamamos como la raza negra.

Se me ocurre pensar que el origen se puede encontrar en que ambos países son grandes productores de cacao, del que se elabora ese producto que tanto nos gusta. Hemos de tener en cuenta que lo que nosotros llamamos como ‘marrón’ es un término de origen francés (solo que en esta lengua no lleva acento), y que en el país galo resulta ser la palabra con la que se denomina a la castaña (pensemos, por ejemplo, en la locución francesa marron glacé que se refiere a la castaña confitada). Tiene, pues, para nosotros más sentido el término que usamos, a pesar de que hayamos acudido a otra lengua para hablar de este color, y nos llame la atención que en otros países se alude al chocolate.


Una vez que he iniciado este breve recorrido con unas explicaciones acerca del origen de esas denominaciones, quisiera ahora hablar de la experiencia llevada en los dos colegios de Lisboa. Tal como he indicado, el objetivo de la investigación era el estudio de la emociones en los escolares; pero, curiosamente, en esos dos centros portugueses estudiaban bastantes niños y niñas de raza negra. Esta fue la razón de centrarnos en ellos, ya que ninguno tuvo problemas en mostrar su negritud a la hora de dibujarse a sí mismo.

Es lo que acontece con los dos dibujos que he seleccionado y acabamos de ver. Corresponden a un niño y una niña de 9 y 10 años, respectivamente. En ambos casos, se han representado en plano entero, de modo que a la hora de dar color a la piel de las figuras que han trazado no tienen ninguna dificultad en utilizar el color marrón, ocre o sepia, que son los términos que utilizamos en España. Y si nos trasladamos a Colombia o Nigeria, podríamos decir, sin ningún problema, color chocolate.


Otros optaban por dibujarse en lo que se llama primer plano, de forma que el cuerpo aparecía trazado de los hombros hacia arriba, para enfatizar el rostro. Los dos que he mostrado corresponden a niños de 9 años, que se presentan con una sonrisa franca y abierta, mostrando de modo explicito sus dientes, como manifestación de alegría y de autoaceptación.

El primero de ellos, un chico zurdo (como puede comprobarse por el escrito de ‘tipo espejo’ que plasmó en su camiseta) y muy alto. Posiblemente, esta segunda característica fuera la razón de haberse trazado con un cuello tan largo. El segundo utilizó la acuarela para colorearse, por lo que el cromatismo es muy intenso.


En el caso de las niñas, llamaba la atención el cuidado con el que se dibujaban el rostro. Sin embargo, esto es algo muy común en todas las culturas, ya que para ellas el mostrarse bellas y agradables es una prioridad. Así, vemos el dibujo de una niña de tan solo 9 años que ha trazado su rostro con todo cuidado, llegando a plasmar con detalle las pequeñas trenzas que suelen llevar las niñas de raza negra.

Este cuidado por la propia imagen lo acabamos de percibir en el segundo de los dibujos, correspondiente al tema “Dibújate con tu mejor amigo a amiga”. Así, vemos a la autora en la izquierda (poniendo eu: yo en portugués) al lado de su mejor amiga. Ambas aparecen con peinados muy propios de su cultura.


La población negra portuguesa se encuentra muy integrada en el país. Esto quizás se deba a que a las antiguas colonias de Portugal en África (Angola, Mozambique, Cabo Verde, Guinea-Bissau…) se les concedió el estatuto de provincias y el pasaporte portugués a quienes lo solicitaban, lo que conllevó que una parte de los nativos de esos países se trasladaran a la metrópoli a trabajar y allí formaron familias asentadas, especialmente, en las grandes ciudades.

No es de extrañar, pues, que niños y niñas negros tuvieran como sus mejores amigos a otros de raza blanca. Es lo que acabamos de ver en el dibujo anterior, en el que dos niñas de distintas razas son las mejores amigas, tal como nos lo expresa la autora de 7 años.


También la amistad se producía entre escolares de distintos géneros, tal como lo manifiesta la niña de 8 años que se dibuja con su mejor amigo de raza blanca. Lo más curioso de estos dibujos acerca de la amistad es que los niños y niñas de raza negra no colorean los rostros de sus amigos o amigas de raza blanca; les basta el blanco del color del papel para expresar el cromatismo de la otra raza. De este modo, por contraste, acentúan su negritud, lo que, a fin de cuentas, es una manera de afirmarse en sus propios rasgos, no solo físicos sino también culturales que forman parte de sus identidades.

Para cerrar, y como reflexión, creo que la mejor forma de luchar contra el racismo o la discriminación racial, más o menos encubierta, es educando en la igualdad y en el compañerismo, de modo que la amistad interracial de los escolares termina siendo un verdadero antídoto contra los distintos tipos de segregaciones que se dan en distintos países del planeta.

AURELIANO SÁINZ

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