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8 sept. 2020

  • 8.9.20
Ya ha pasado todo un verano. Un verano totalmente atípico en el que cada uno de nosotros ha luchado por encontrar un atisbo de la “antigua normalidad” que nos pertenecía. De todas formas, confieso que en estos meses he encontrado una pseudonormalidad aplastante. Y es que estoy abriendo camino ante la adversidad, sintiendo fragilidad y debilidad, reconociendo tales emociones y dándoles cabida.



Es como estar atrapado en mí mismo sin tener la oportunidad de salir. Y aprovechando que estoy en mí mismo, ordeno todo aquello que no estaba en su sitio. Y una de las cosas que no estaban en su sitio es un concepto que a todos nos pertenece y al que pertenecemos a su vez: la libertad.

La libertad es un concepto muy abstracto, intangible y volátil. A partir de esta cuarentena he podido crear mi propio concepto de libertad: poder caminar por el campo sin sentir miedo. Eso es libertad, al menos para mí. No es poder salir a la calle a comprar, quedar con amigos o sentirse seguro.

La libertad no se rige por la seguridad; no se rige por lo que puedes consumir ni con quién puedes estar. Todo son estigmas que se apegan a la libertad como una garrapata al pelaje de un perro. Son fracciones de una realidad que apenas comprendemos.

En el momento que nacemos, estamos a merced y bajo el yugo de la propia vida. ¿Podemos alcanzar de manera individual una total libertad? Yo soy, a la vez, el que se aprisiona y el que se libera. Las circunstancias no las puedo cambiar, pero sí puedo exprimir este momento para entender que todo lo que me ocurre no depende de mí.

Y creo oportuno hacer una analogía para explicar esta idea mejor. Imaginemos que cada persona, antes de nacer, es una hoja caduca de un árbol, que ha crecido sobre una altura superior al suelo y que, tras haber cumplido la función de cubrir al árbol de su desnudez, cae sobre el agua de un río. Inerte, vaga flotando sobre las aguas, a veces turbias y a veces cristalinas.

Por mucho que quiera ser libre, por mucho que quiera ir a contracorriente, por mucho que le impulse su voluntad, el agua es la que dirige la hoja. Esa caída del árbol es mi nacimiento y el transcurso del agua, mi vida. La hoja soy yo.

En el momento que nazco estoy a merced de la vida, a merced del agua. No puedo hacer otra cosa que dejarme llevar, tratando de entender, eso sí, por qué me dejo llevar. Ejercer una fuerza que rompa la inercia me haría daño. Cuando viene el agua turbia, debo aceptar que, por mucho que mire al fondo, no entenderé nada. Y ahora, estamos en momentos turbios en los que no podemos ver qué hay debajo de nosotros.

Creo que, en estos momentos, todos compartimos unos mínimos y que, de forma individual, cada uno llega a sus máximos. Hasta ahora todo han sido emociones y ha pasado muy poco tiempo como para poder racionalizarlas. Pasan los días sin pena ni gloria, sin ajetreo y sin ver más que las nubes pasar o La Tierra dar una vuelta sobre si misma.

Y pienso muchas veces si esto es lo que de verdad se llama "vida". Conectar con nuestras emociones. Emociones que, a su vez, están generadas por la interacción con lo que nos rodea. Es extraño porque tenemos la sensación de miedo pero no vemos al "enemigo": tenemos la sensación de vulnerabilidad pero no sabemos cómo protegernos.

Entiendo que esta situación sea nueva para nosotros, sin unos precedentes claros de cómo gestionar estas emociones que no han quedado registradas en nuestra memoria colectiva aún. Creo que en estos momentos vienen a la cabeza, inevitablemente, muchos recuerdos y vivencias de lo que fuimos en el pasado. El otro día me vino a la cabeza un pensamiento: "Ahora tenemos tiempo para volver a ver las fotos del pasado y saber así quiénes éramos”.

Me vienen recuerdos muy intensos de cuando era muy pequeño: recuerdo los olores, los sabores... Muchas sensaciones juntas. Me gusta mucho tener estos recuerdos porque son la base de lo que soy, donde reside mi libertad. Creo que hay que mirar atrás para saber a donde vamos; coger el pasado de inspiración para construir el futuro. Siempre he pensado que el futuro se construye de acuerdo al presente. Y me gusta dejar al presente que sea el presente.

DANY RUZ

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