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16 feb 2021

  • 16.2.21
Ante la crisis que estamos atravesando en este momento, es inevitable poner el centro de atención en nuestros mayores, ya que se encuentran en un estado de vulnerabilidad constante. Pero pienso que cometeríamos un craso error si les atribuimos el papel de víctimas y no el de supervivientes. Si hay quienes pueden dar lecciones en estos momentos, son ellos sin duda alguna. Si hay alguien del que tenemos que aprender, es de ellos.


Antes, “la vejez” era la encargada de comunicar la experiencia y la sabiduría. Y ese concepto amplio estaba formado por personas llenas de veteranía que servían a la población como referentes, sobre todo a la población joven. 

En cambio, hoy por hoy se han cambiado las tornas y son los jóvenes infuencers los que sirven de ejemplo a los jóvenes. Recuerdo en mi adolescencia, incluso más atrás, en mi infancia, que mis referentes o ídolos sobrepasaban de largo la juventud: no eran personas cercanas a mi edad. Y los tomaba como referentes por su buen hacer en alguna de las disciplinas artísticas, por su ideología o por su experiencia. En definitiva, personas adultas que destacaban por la virtud construida por sus vivencias. 

En contraposición de ese “abuelo cebolleta”, abrazamos hoy al “joven inveterado”, que podríamos definir como un ser lleno de experiencia teórica que nos la comunica con la misma vehemencia que un señor mayor que ha sobrevivido a la guerra. 

Este joven influencer disfruta de una vitalidad intachable, una felicidad estoica impermeable y una experiencia en asuntos vitales que se podría considerar ardua y firme. Pero la realidad detrás de esos personajes no es más que una fragilidad sustentada en textos e imágenes. 

Estos influencers pocas veces se convierten en referencias reales de opinión, de crítica y de un camino que puedan seguir las jóvenes generaciones. Al menos, a largo plazo. Sustituyen a las personas mayores como fuentes de información y de sabiduría. Te dicen qué has de pensar pero no te ayudan a pensar. 

Los mayores, tras una larga vida, con traspiés y con la sabiduría que les da la experiencia, han pasado a un segundo plano, incluso a un tercero, al no ejercer con la misma sensación de vitalidad y entusiasmo. Los jóvenes, con la experiencia que les da la sabiduría, intentan aplicar de forma teórica soluciones no-prácticas a problemas antiquísimos de la humanidad. 

De esta forma, los jóvenes recogen el testigo de las personas mayores como fuentes de sabiduría y de experiencia Hay una distancia terrible entre la generación de los mayores y las nuevas, quedando los hijos de los primeros y los padres de los segundos en un lugar de enlace, no llegando a entender con exactitud qué necesitan unos ni otros, sin ser capaces de satisfacer sus propias necesidades por vivir para sus padres y para sus hijos. 

Podemos decir que se ha perdido una generación en el entramado social que, simplemente, ha servido de nexo de unión. Como ya he escrito varias veces, mi generación no ha sido criada para vivir una situación del calibre que estamos viviendo: hemos sido criados para trabajar para el Estado del Bienestar, sin cuestionarnos qué es el bienestar. 

Tengo claro que el concepto de bienestar no es lo que veníamos haciendo. Nuestra generación tiene un compromiso de responsabilidad y no es otro más que el de redefinir el Estado de Bienestar sin huir de nuestro sistema de valores primarios recogido por nuestros abuelos: La cultura del esfuerzo, del no despilfarro y de la conexión natural.

DANY RUZ

DEPORTES - DOS HERMANAS DIARIO DIGITAL

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