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Francisco Sierra | 'Ama Rosa Quintana'

Los amos de la información en España fue un célebre ensayo que los estudiantes de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid tuvimos a bien leer en plena década neoliberal, con doctorados Honoris Causa a los Conde de turno.


Más allá del valor del estudio, el empeño en lecturas de este cariz tenía el sentido de contrarrestar el discurso disparatado que ensalzaba a fascistas a lo Dovifat de parte de los adeptos al régimen que proliferaban en la escuela heredera de la Iglesia Católica en calidad de improvisados profesores cultivados con la semilla del Opus o, peor aún, del autoritarismo ramplón, analfabeto y ridículo, tipo “demos un premio a Ayuso como alumna ilustre”.

Pueden imaginar el tono y la cultura académica de la tribu por aquel entonces y los de sus discípulos, hoy encabezados por un decano a la altura de la community manager del perrito de la Espe. El recuerdo viene al caso porque ya entonces, desde la Universidad, advertíamos sobre el proceso de concentración. Y hoy, los movimientos en Mediaset dan cuenta de una operación Goebbels en tonos estampados, pero con la misma lógica.

Ya sabemos el resultado del fiestón en los ochenta, con los Colón de Carvajal y los amigos del rey emirato. Hoy conocemos las corruptelas de la inútil dinastía borbónica y empezamos a avizorar cómo se mueven entre bambalinas los amos de la información, anclados como siempre en la cultura rentista.

Hablamos del fanfascismo, de la derecha clerical y meapilas de este país, presa de una cultura feudal, como en los setenta la Democracia Cristina en Italia, que no ha hecho otra cosa que vivir por encima de nuestras posibilidades.

De la España vaciada a la España saqueada, del desplazamiento a la segregación espacial y económica, el fanfascismo anida en los medios del franquismo sociológico y amenaza con la restauración conservadora para seguir vendiéndonos la moto.

El cierre de Sálvame representa, en este sentido –ya lo advertimos–, el fin de la monarquía y el jaque mate a las cloacas del Estado y de La Fábrica de la Tele; el fin de la delación nacionalcatólica, todo en una, Ama Rosa y Villarejo, el rey emirato y la guerra sucia; la extimidad y el escándalo; la Operación Deluxe y el lujo suntuoso del universo jeque.

Una suerte de jaque a los jeques y telepredicadores de la pornografía sentimental que esperamos se resuelva de modo distinto a otras etapas de la historia. Más que nada por agotamiento de los porno jefes del Estado que nos han impuesto.

Ya es hora de la solución multiusos, todo en uno. Otra solución sería inaceptable, para algo se viene dando tal deriva, con sentido, y sin consentimiento, de la institución de una plebeya presentadora de televisión, con los telecuore y el cese de Vasile, que abandona el barco del espectáculo berlusconiano de Las Mamachicho para instaurar la línea sado de Ama Rosa.

Como en el periodo de 1874 a 1923 o como con la dictadura de Primo de Rivera y el franquismo, los amos de la información andan ya sin disimulo: a partir de junio solo tienen voz las élites de la oligarquía económica y sus portavoces o secuaces.

Toca, pues, aprender las lecciones y que seamos inteligentes, no vayamos a terminar como la izquierda en Italia. Ama Rosa, Iker y los paranormales catódicos trabajan a diario para ello, en clave realismo capitalista high definition. Así que, si el miedo paraliza y nos desmoviliza, es tiempo de disputar el discurso del distanciamiento social rearticulando afectos y redes de cooperación.

Del otro lado ya sabemos lo que hay: ideólogos a lo Mariló que afirman que el mundo es de ellos por montera, aunque sea Montero y no sepan otra cosa que repetir, cual papagayos, Venezuela, Cuba y el eje del mal, sin pericia ni técnica.

Por algo tiene lugar la crisis del periodismo que, en el fondo, es la crisis de la representación y de toda mediación social. Incluso en la Academia, donde se ha perdido el principio de auctoritas, inmersa como está en el reino de la mercancía, sin corazón ni cabeza, sin autenticidad, coherencia, magisterio, virtud ni ejemplaridad.

Así andamos con los Borjapijos de saldo y turno de oficio, escuchando un serial radiofónico de los años cincuenta en pleno siglo XXI, cuando no haciendo realidad el sueño húmedo del Metaverso, para vivir, trabajar, socializar y proyectar mundos imposibles pasando primero por caja.

Un mundo regido por la ley de hierro de la administración de los hombres y las cosas en la sociedad positiva que nos recuerda la cueva de Platón. El reino de la virtualización como simulación del dominio del fetichismo de la mercancía, basada en la colonización del tiempo, el control de la economía de la atención mientras sufrimos déficits de atención de lo que de verdad importa: la vida. Claro que, para este caso, el guion de Ama Rosa Quintana no sirve, salvo que confundamos el ritual sado con la realidad vital.

FRANCISCO SIERRA CABALLERO
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