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Aureliano Sáinz | Luto en la familia

El terrible accidente ferroviario acontecido junto al pueblo de Adamuz nos ha impactado fuertemente, no solo por lo sorprendente del choque de dos trenes de alta velocidad, algo que no se había producido con anterioridad en nuestro país, sino también por el amplio número de víctimas y de heridos. De algún modo, imaginamos que el sufrimiento en las familias afectadas debe ser inmenso, ya que el inesperado fallecimiento de algún o algunos miembros rompe el equilibrio emocional de las personas.


Dentro de las informaciones recibidas, una que es tremendamente dolorosa es la de una niña onubense de seis años que sobrevivió, pero que sus padres, su hermano y un primo fallecieron. Sobrepasa a cualquiera imaginar cómo podrá continuar una criatura tan pequeña en un mundo que para ella se le hará cruel e incomprensible. Sobre este caso tan desolador he estado pensando en todos estos días pasados, puesto que será el frágil apoyo de unos abuelos destrozados en los que caerá el peso de sacarla adelante.

Relacionado con esto, y a lo largo de los años, he conocido, de manera indirecta, situaciones que tienen cierta similitud, sea de accidentes o de hechos verdaderamente dramáticos. Son experiencias recogidas en el aula dentro de las investigaciones que, finalmente, condujeron a la publicación de El dibujo de la familia. Así pues, como reflexión sobre los niños y la muerte me apoyaré en el capítulo “Luto en la familia” de este libro para que podamos entender cómo los niños expresan gráficamente sus ideas y los sentimientos más recónditos que albergan ante los hechos luctuosos.

Dibujo de una niña de 9 años. Traza a su padre fallecido a su lado en un día de playa.

En líneas generales, debo apuntar que el fallecimiento de un miembro de la familia ha sido poco investigado de modo individual en los escolares de nuestro país. Esto se debe, por un lado, al deseo de mantener alejada la idea del fallecimiento en el menor y, también, porque es difícil entrevistarlo cuando se siente profundamente afectado por esta pérdida.

Conviene apuntar que el primer psicólogo que trabajó de manera sistemática sobre la idea de la muerte en el niño fue Jean Piaget, quien sostenía que hacia los 7 años comienza a preguntarse por qué se mueren las personas, dado que hasta entonces este tipo de pregunta no entraba en su mente.

Dibujo de un niño de 10 años. No representa a su madre fallecida.

De todas formas, es diferente la aparición de la idea abstracta de la muerte que experimentarla a través de la pérdida de un componente de la familia. El sentimiento de tristeza que acompaña a este hecho va a depender de la proximidad que represente el miembro fallecido junto la relación afectiva que se tuviera con él, ya que no es lo mismo, por ejemplo, la pérdida del padre o de la madre que la de un tío o de una tía.

El modo en el que se produce el fallecimiento y la respuesta dada por la familia ante el hecho luctuoso va a ser de gran importancia para que el niño lo viva de forma más o menos dramática. Es habitual, pues, que se busque marcar ciertas distancias a los más pequeños de la familia para evitarles, en la medida de lo posible, la vivencia de un hecho profundamente triste e irreversible.

Dibujo de una niña de 11 años. Dibuja a su padre fallecido en el cielo.

He citado al psicólogo Jean Piaget, pero también conviene hacer referencia a Elisabeth Kübler-Ross, autora de varios libros acerca de la relación de los niños con la muerte. Sobre esta doctora suiza en medicina y psiquiatría, indicaría que participó como voluntaria en la atención a los liberados del campo de concentración de Meidaneck de Polonia, tras la derrota de las fuerzas nazis. Esta experiencia fue la que definió su posterior interés por el comportamiento de las personas conocedoras de la inminencia de su muerte.

A Kübler-Ross se le debe el famoso modelo de las cinco fases por las que pasan quienes se enfrentan al final de su vida: 1. negación; 2. aislamiento; 3. desesperanza; 4. negociación y 5. aceptación. A fin de cuentas, estas fases forman parte del proceso psicológico humano por el que se atraviesa cuando hay que afrontar situaciones extremas.

Dibujo de una chica de 13 años. Representa a su padre a su lado y con un corazón.

He citado a dos grandes psicólogos muy conocidos internacionalmente. Para quienes estuvieran interesados, de nuestro país destacaría tres libros y sus autores que considero de gran relevancia: El niño y la muerte, de Montse Esquerda y Anna M. Agustí; El duelo y la muerte. El tratamiento de la pérdida, de Leila Nomen Martín y Pérdida, pena, duelo. Vivencias, investigación y asistencia, de José Luis Tizón, relacionados con la infancia o, de modo general, con todas las edades.

Sobre esta cuestión, Esquerda y Agustí nos advierten de la dificultad de hablar sobre el tema del fallecimiento, ya que “en una situación de duelo, la persona se encuentra muy aislada, sin espacio para hablar o sentirse comprendida y atendida, no sabe cómo gestionar lo que está viviendo”.

HORNO Y ACEITES BELLIDO

Lo cierto es que el cúmulo de sentimientos dolorosos desbordan a la razón, por lo que las múltiples preguntas de quienes atraviesan el periodo de duelo se encuentran sin respuestas que les alivien; en todo caso, la compañía ayuda a apaciguar la pena derivada de estos trances dolorosos, dado que la disolución de los vínculos emocionales con la persona que ha fallecido implica un reajuste con la nueva realidad en la que ya no se encuentra quien ha perdido la vida.

Pero ese reajuste les resulta mucho más difícil de llevar adelante a los escolares, ya que la pérdida de un miembro familiar supone una gran ruptura con el equilibro cognitivo y emocional que habían mantenido hasta entonces, al no estar preparados para un suceso tan imprevisto en sus vidas.

Y puesto que a través de la comunicación oral les resulta complicado expresar los fuertes sentimientos que les embargan, quienes investigamos en este campo solemos acudir al dibujo, ya que por medio de las escenas plasmadas nos comunican esos sentimientos ocultos, al tiempo que nos es posible establecer un posterior diálogo acerca de lo que han representado en esas escenas, para, de este modo, entender los conflictos por los que atraviesan.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍA: JUNTA DE ANDALUCÍA

EVA LARA - ASESORA PERSONAL INMOBILIARIA

MONSECOR - AYUDA A DOMICILIO Y SERVICIOS SANITARIOS


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