Si renunciamos a participar en los asuntos públicos, estamos renunciando también a nuestra cuota de responsabilidad como ciudadanos. Y lo que es peor, nos convertimos en cómplices de los mediocres que nos gobiernan. Por eso, hay que ser cuidadoso con algunos de los mensajes que se lanzan, aunque sea desde la mejor de las intenciones.
Pongamos un caso. El programa especial de Nochevieja de José Mota se ha convertido en una tradición en numerosos hogares. Sus escenas cómicas, en no pocas ocasiones satíricas, repasan los principales acontecimientos del año y ponen en evidencia a los politicuchos que nos gobiernan. Sin embargo, la conclusión del programa de este año me ha dejado un mal sabor de boca.
Tras concluir El juego del camelar, José Mota se enfunda en el traje del idealista Cyrano de Bergerac. Tras la crítica a la clase política, el propio personaje renuncia al poder, para pasar a un discurso en defensa de la libertad individual. Un idealismo utópico que, lejos de formar parte de las lógicas de un programa televisivo, encuentro más presente que nunca en las calles.
Ya que la clase política resulta mediocre, existe una tendencia a rechazar la política. Esta lógica neoliberal defiende la libertad extrema del individuo y sus egoísmos, lo que lleva a reducir al Estado a su mínima expresión. Una suerte de rebeldía pueril que se escolla contra una realidad incómoda: salvo que aceptemos las tesis de los anarquistas utópicos, alguien tiene que gobernar.
Si no estamos contentos con quienes nos gobiernan, lo que corresponde es explorar nuevos partidos. No podemos esperar que un sistema mediático tan viciado y partidista nos los ofrezca en bandeja. Nos corresponde profundizar e implicarnos. Eso es lo patriótico. Eso es lo progresista. Eso es “querer a España”. Y no llevar una pulserita mientras escamoteamos impuestos con la excusa del miedo a que los socialistas se lo gasten en prostitutas. Ni tampoco apoyar a corruptos porque “lo que viene detrás es peor”.
Vivimos tiempos extraordinarios y no vale el argumento del “voto útil” a un corrupto o supuesto corrupto por “no tirar el voto”. Es momento de implicarse en lo público, leer e informarse. Y no podemos esperar a que los grandes grupos mediáticos lo hagan por nosotros.
Aquí, en este espacio, encontrarán siempre a alguien dispuesto a dar batalla y a ser incómodo, en la medida de sus limitadas posibilidades. Vamos, como siempre. Deben caer el Régimen del 78 y el gobierno del felón. Y eso no lo conseguiremos apostando por los de siempre. Queda en la conciencia y en la responsabilidad individual de cada uno hacer la parte que le toca. De lo contrario, seremos cómplices de lo que ocurra.
Haereticus dixit
Pongamos un caso. El programa especial de Nochevieja de José Mota se ha convertido en una tradición en numerosos hogares. Sus escenas cómicas, en no pocas ocasiones satíricas, repasan los principales acontecimientos del año y ponen en evidencia a los politicuchos que nos gobiernan. Sin embargo, la conclusión del programa de este año me ha dejado un mal sabor de boca.
Tras concluir El juego del camelar, José Mota se enfunda en el traje del idealista Cyrano de Bergerac. Tras la crítica a la clase política, el propio personaje renuncia al poder, para pasar a un discurso en defensa de la libertad individual. Un idealismo utópico que, lejos de formar parte de las lógicas de un programa televisivo, encuentro más presente que nunca en las calles.
Ya que la clase política resulta mediocre, existe una tendencia a rechazar la política. Esta lógica neoliberal defiende la libertad extrema del individuo y sus egoísmos, lo que lleva a reducir al Estado a su mínima expresión. Una suerte de rebeldía pueril que se escolla contra una realidad incómoda: salvo que aceptemos las tesis de los anarquistas utópicos, alguien tiene que gobernar.
Si no estamos contentos con quienes nos gobiernan, lo que corresponde es explorar nuevos partidos. No podemos esperar que un sistema mediático tan viciado y partidista nos los ofrezca en bandeja. Nos corresponde profundizar e implicarnos. Eso es lo patriótico. Eso es lo progresista. Eso es “querer a España”. Y no llevar una pulserita mientras escamoteamos impuestos con la excusa del miedo a que los socialistas se lo gasten en prostitutas. Ni tampoco apoyar a corruptos porque “lo que viene detrás es peor”.
Vivimos tiempos extraordinarios y no vale el argumento del “voto útil” a un corrupto o supuesto corrupto por “no tirar el voto”. Es momento de implicarse en lo público, leer e informarse. Y no podemos esperar a que los grandes grupos mediáticos lo hagan por nosotros.
Aquí, en este espacio, encontrarán siempre a alguien dispuesto a dar batalla y a ser incómodo, en la medida de sus limitadas posibilidades. Vamos, como siempre. Deben caer el Régimen del 78 y el gobierno del felón. Y eso no lo conseguiremos apostando por los de siempre. Queda en la conciencia y en la responsabilidad individual de cada uno hacer la parte que le toca. De lo contrario, seremos cómplices de lo que ocurra.
Haereticus dixit
RAFAEL SOTO ESCOBAR
FOTOGRAFÍA: RTVE
FOTOGRAFÍA: RTVE



























