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LEROY

EUSA MATRICULACIONES CURSO 2021

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5 jun 2021

  • 5.6.21
Yo nunca conocí a Lola pero su muerte me ha hecho recordar los trágicos momentos que nos tocó vivir con la cariñosa y noble Jara en la parte almeriense del Parque Natural de Sierra Nevada. Las dos perras murieron envenenadas en lo que debía haber sido un apacible día de excursión.


Una muerte dolorosa, terrible, agónica para ellas y para sus dueños. Unas horas de incomprensión, de incapacidad, de desesperación, que se podían haber evitado, porque esos venenos que las mataron no eran naturales.

Acusar a un colectivo, generalizar, meter a todos en un mismo saco por lo que hacen unos pocos, quizás no sea lo más inteligente, pero como nadie ha dicho que yo lo sea, me meto conscientemente en este debate y señalo directamente a los cazadores como los responsables de estos deplorables, cobardes e inhumanos asesinatos.

Asesinar quizás para muchos no sea la palabra adecuada porque en su definición habla de quitarle la vida a una persona, pero la intención, la premeditación y la alevosía es la misma. Además, pregúntenle a sus dueños si no las sentían parte de la familia, hermana de la dulce Paola que estará destrozada porque crecieron juntas, compañera fiel de María Isabel que siguió a su lado cuando todo parecía derrumbarse a su alrededor, amiga de Emilio por la que hubiese dado su vida para salvarla y a la que le confiaba la seguridad de todo un campamento infantil.

Si alguien se ofende esta vez no me preocupa, porque no existe justificación ninguna para poner un trozo de carne envenenado en mitad del monte a expensas de que cualquier ser vivo lo pueda tocar o se lo pueda comer. Estoy seguro de que la gran mayoría de cazadores estará en contra de esta práctica deleznable que hasta 1983 fue legal, pero que desde entonces está castigada por la ley.

Actúan así para eliminar depredadores naturales de las especies cinegéticas, para tener conejos y perdices inmóviles criadas en granja a las que poder dispararle. Al ser un método nada selectivo, en los últimos años, además de perros domésticos, han muerto ,entre otras muchas especies, zorros, alimoches, águilas imperiales ibéricas, quebrantahuesos o incluso algún lince ibérico. Especies algunas en peligro critico de extinción en las que invertimos mucho dinero público para intentar recuperar las poblaciones.

Luego se llenan la boca y sacan pecho hablando de la gran labor que hacen para controlar determinadas especies y ayudar en la conservación de los ecosistemas. Amigos de los montes se hacen llamar porque le ponen bebederos para que no pasen sed, nunca por supuesto, para acostumbrarlos a su coto, que no se vayan a otras zonas y de esa manera poder colgar su cabeza en el salón de casa.

No lo llamen "deporte", ni "afición", ni "tradición", ni "cultura" y, mucho menos, "ciencia". No intenten explicarnos que lo aprendieron de sus padres, que cumplen con la normativa, que tienen todos los papeles de su arma en regla y que son un sector que crea empleo y que no necesita subvenciones que los mantengan. Lo más doloroso de ese último argumento es cuando comparan el matar a un ser vivo con la industria del cine o la cultura, o con salir a correr los domingos porque cada uno tiene el hobby que quiere.

Si tenemos algunos problemas con determinadas especies que no tienen depredadores ya buscaremos la manera científica para controlarlas, para intentar naturalizar unos montes que hemos desnaturalizado, e intentar devolver ese equilibrio perdido. Pero dejar esas decisiones en manos de gente que disfruta matando, que se emociona, sueña , vive y paga lo que tenga que pagar para que llegue ese momento, no es la manera adecuada, porque los mueve el placer, el olor a sangre.

Si tuvieses la mala fortuna de vivir una situación tan desagradable hay que denunciar el suceso, para intentar averiguar el sitio exacto y el tipo de veneno que pusieron. Si los cebos se encuentran en un coto concreto se les puede cerrar, sean o no los culpables (a veces hay rencillas entre cotos), más la correspondiente sanción.

En Andalucía disponemos de la Estrategia Andaluza contra el veneno que se encarga de investigar los casos ocurridos con perros especializados, y de sensibilizar, formar e informar a ganadero, cazadores y gestores de cotos. Gracias a su incansable labor las cifras se han reducido considerablemente en los últimos años, pero eso no le devolverá la vida a Lola, ni rebajará el dolor de sus dueños.

MOISÉS S. PALMERO ARANDA

1 jun 2021

  • 1.6.21
Si reducimos los 4.500 millones de años de la vida de la Tierra en un solo año, los seres humanos llevaríamos sobre ella solo los últimos cuatro segundos del 31 de diciembre. Eso nos demuestra que el planeta no nos necesita para sobrevivir. Sin embargo, nosotros a él, sí.


En esos cuatro segundos, 250.000 años, nos hemos multiplicado exponencialmente, pasando del millón de habitantes que había en el 10.000 a.C., a los 7.800 millones que hay en la actualidad. El gran crecimiento poblacional coincidió con la Revolución Industrial y desde 1800 hemos multiplicado casi por ocho los mil millones de personas que había en ese momento (0,0048 segundos). Se calcula que en el año 2100 seremos 10.900 millones y que La Tierra no puede soportar más de 12.000 millones de seres humanos.

Para muchos, son cifras, predicciones catastrofistas sin base ninguna porque, según ellos, La Tierra puede generar alimento y recursos suficientes para todos: solo hay que aprender a distribuirlos de manera justa y equitativa.

No sé que da más miedo, si saber que no podremos alimentar a tanta gente o pedir a los ricos que repartan sus ganancias, algo que, ya nos advirtieron con aquella imagen del camello y el ojo de la aguja, no sería nada fácil. Si Jesús levantase la cabeza no tendría que reescribir nada de la Biblia: la de templos y obispos con los bolsillos llenos que se iba a quitar de en medio...

Esa sobrepoblación y nuestras necesidades de recursos para sobrevivir han conseguido que provoquemos la sexta gran extinción de especies (la próxima, dicen los expertos, será la de los mamíferos), que hayamos creado una nueva era geológica, el Antropoceno, y que estemos inmersos en una emergencia climática sin precedentes en la historia de la humanidad.

Cuatro segundos hemos tardado en alterar el equilibrio terrestre, cuatro segundos de consecuencias impredecibles, cuatro segundos nos han bastado para destrozar el paraíso del que nos echaron en su momento. Quizás ahí el Creador se equivocó al no reconocer su error y haber empezado de nuevo con otro pegote de arcilla.

No es nuevo lo que está pasando sobre el planeta, pero sí es la primera vez que todos esos cambios están provocados por una sola especie o, como decía Richard Dawkins, por el gen egoísta que es el que evoluciona para reproducirse. Para este autor, el individuo, la sociedad, la humanidad, están en manos de esa unidad mínima que, en su afán de sobrevivir, se adapta y evoluciona, sin importarle nada a su alrededor.

Entender por qué destruimos el planeta se me hace cada vez más difícil. Intentar comprender por qué a pesar de todo lo que conocemos, de las múltiples evidencias, aún seguimos pensándonos inmortales, intocables, todopoderosos, los elegidos, me produce desesperación.

Quizás lo complicamos todo con la teología, con la ciencia, con la biología, con la economía, con la psicología, con la sociología, con tantas creencias, dogmas y estudios científicos que desarrollamos para entendernos, para entender lo que pasa a nuestro alrededor.

Quizás estemos destinados, programados, para hacer lo que hacemos, y que nuestro castigo, como el de Sísifo, sea el de soportar una pesada carga que vuelve a martirizarnos continuamente. Quizás nos equivocamos y cometimos el error de no haber apelado solo a la belleza de la naturaleza para hablar de su conservación.

Hace unos días intentábamos explicarles a un grupo de ancianos la importancia de los cuatro bosques para nuestro pueblo, y les incidíamos que luchan contra la erosión, regulan las temperaturas, protegen la biodiversidad, nos ofrecen el agua que necesitamos.

Les hablábamos de los errores cometidos, de nuestra responsabilidad para las generaciones futuras, de la delicada situación en la que nos encontramos, de la urgencia de las medidas que hay que tomar. Una charla que terminamos con la frase “y por todas estas razones tenemos que conservar los bosques”, y a la que una de las asistentes añadió, con un hilo de voz casi imperceptible, como si fuese una reflexión personal que se le escapó sin querer, “y por la belleza”.

Así que, para celebrar este año el Día Mundial del Medio Ambiente, en honor a esta mujer que con sus palabras, sus imágenes, sus recuerdos, me hizo reflexionar, y de paso aprovecho para rendirle un humilde homenaje a Aute en el primer aniversario de su muerte, hago míos sus versos y “reivindico el espejismo, de intentar ser uno mismo, ese viaje hacia la nada, que consiste en la certeza, de encontrar en tu mirada, la belleza, la belleza, la belleza”. Disfrútala.

MOISÉS S. PALMERO ARANDA

5 may 2021

  • 5.5.21
Las casualidades han hecho coincidir la 41.ª Feria del Libro de Almería con la efemérides del Día de las Aves que se celebra el próximo 8 de mayo. Y, a mi juicio, tienen mucho en común. Como las aves migratorias, empujadas, mecidas, acompañadas por el viento, vuelan los libros. Entre sus páginas, enredadas como en sus cantos, en sus picos, en sus plumas, las palabras, las ideas, las imágenes, se entremezclan para mostrar la vida que transcurre sin nuestra intervención. Hay un mundo que aún no comprendemos, un mundo en equilibrio que protegen los libros entre sus hojas, y las aves bajo sus alas.


Sabemos que están porque en los momentos más inesperados nos deleitan con su canto, posan seguras, humildes, naturales ante nosotros, o nos sorprenden con sus impresionantes nidos en las ventanas de nuestros hogares. Simbolizan el sueño de libertad, la belleza de la naturaleza, el paso de las estaciones, de las agujas del reloj.

De tamaños, siluetas y colores dispares, inverosímiles, majestuosos, evocadores, las encontramos en todos los ecosistemas del mundo, a veces de forma permanente, otras de paso, para reproducirse, para descansar, para disfrutar del verano, para pasar el invierno. Nos protegen y no lo sabemos, nos previenen y no las escuchamos, nos enseñan y no aprendemos, nos liberan y las encerramos.

La interacción con ellas refleja nuestra esencia, la de lo humano, lo terrenal, la biología, los instintos de supervivencia, y lo divino, la mística, la evocación, la necesidad de trascender en el tiempo, la religión.

Las cazamos, las depredamos, las coleccionamos para alimentarnos, para vestirnos, para comerciar, para hacer más agradables nuestros momentos de ocio, de diversión, de placer, para representar nuestro estatus. Pero a su vez forman parte de nuestras creencias; son la llave que nos conduce a la salvación, a lo inalcanzable, a lo prohibido, a lo reservado a unos pocos, a los elegidos.

Las inmortalizamos desde el principio de los tiempos en cuevas, frescos, esculturas, poemas, canciones, fotogramas y fotografías. Las hemos observado sorprendidos, curiosos, maravillados, intentando entender por qué aparecían y desaparecían de nuestras vidas, el secreto que las hacía volar, cantar, el misterio de las migraciones.

Construimos pequeños autómatas para reproducir sus cantos, para intentar volar como ellas, para intentar igualarnos a ellas, pero nunca lo conseguiremos. A pesar de nuestros avances, de nuestros logros, de nuestra tecnología, nunca podremos igualar la magia, la belleza, la fuerza, la originalidad, la diversidad, el color, la paz y la energía de las aves, de la naturaleza, y de los libros.

Nos encontramos en un momento clave para el planeta, para nuestra especie y el declive de muchas especies, sus cambios de comportamiento, de sus patrones migratorios, son el claro ejemplo. No podemos cambiar el pasado, pero sí encauzar el futuro.

Bajo nuestra responsabilidad está el intentar corregir los errores cometidos, minimizar los daños causados, prevenir las consecuencias de nuestros actos. Tenemos la necesidad, la urgencia, la obligación de hacerlo. El tiempo se nos acaba, ya no hay dudas, las certezas científicas, los datos aportados y la realidad que vivimos nos lo muestran día a día. Negar las evidencias es negarles la última oportunidad a nuestros hijos.

Ese rayo de esperanza es la Educación Ambiental. Es la clave, el interruptor que nos permita cambiar de dirección, los cimientos sobre los que sustentar el futuro, el proceso reflexivo que nos ayude a buscar las soluciones de los problemas ambientales que afectan a nuestra generación, pero pensando en las venideras, en el mañana. Es una llamada al estudio, a la reflexión, al análisis previo para pasar con determinación a la acción, para convertirnos en parte activa del cambio.

Para conseguir esa transformación debemos impregnar con esos principios cada uno de los eslabones de la cadena, en todas las direcciones, en todos nuestros actos. Por supuesto que debe estar dirigida a la ciudadanía, pero no podemos olvidar el esfuerzo que las administraciones y el sector empresarial deben hacer para caminar todos en la misma dirección. Si no se hace global, de forma conjunta, transversal, los esfuerzos se difuminarán en el espacio y en el tiempo.

Son muchas las herramientas, las técnicas, para conseguir esos objetivos. La literatura y la observación de las aves, son algunas más. Mezclarlas es maravilloso.

MOISÉS S. PALMERO ARANDA

20 abr 2021

  • 20.4.21
Cada vez que puedo, reivindico la importancia de la educación ambiental para construir un modelo social diferente. Y es cierto que casi siempre lo hago desde un punto de vista teórico que, a muchos, le parecerá ambiguo y difícil de llevar a la práctica. Aprovechando la suelta hace unos días de 30 ejemplares de cerceta pardilla en el Paraje y Reserva Natural Punta Entinas- Sabinar, cerca de las localidades almerienses de El Ejido y Roquetas de Mar,  voy a intentar ser más directo.


La imagen que quedará para el recuerdo es la de un grupo de políticos soltando los ejemplares con los técnicos en segundo plano indicándoles cómo hacerlo. Para muchos, una bonita sesión de fotos más, organizada por algún gabinete de prensa al que sus jefes habrán felicitado, porque su objetivo de lustrar y sacar brillo lo ha cumplido con creces.

Una jornada mil veces repetida para hacerse publicidad, sacar pecho y utilizarla en el futuro con intereses partidistas. Una forma de actuar que da la sensación de compadreo, de amiguismo, de clasismo. Una puesta en escena usada para lucir el poder, para meter el dedo en el ojo ajeno. No es cuestión de colores e ideas: es de protocolos establecidos dentro de los partidos políticos. Todos hacen lo mismo.

Cada vez que veo imágenes parecidas pienso en una oportunidad perdida para lanzar un mensaje positivo, colaborativo, educativo, integrador, participativo, constructivo, a la ciudadanía porque, por desgracia, a pesar de que el motivo es ilusionante para la conservación de la especie, las fotos nos traen el amargo recuerdo de los documentales del NO-DO.

Esas imágenes habrían ido acorde con las palabras que pronunciaron si en ellas hubiesen aparecido representantes de las asociaciones conservacionistas que llevan décadas defendiendo y poniendo en valor la biodiversidad de ese espacio protegido, sensibilizando sobre la delicada situación de la cerceta pardilla, y otras muchas especies, y organizando actividades de participación ciudadana, de educación ambiental.

Invitarlos hubiese sido un gesto de agradecimiento para reconocerles su esfuerzo, su silenciosa y constante labor. No podemos olvidar que gracias a la defensa, a la reivindicación, a la presión, de un grupo ecologista, ese espacio se protegió y se salvó de la especulación urbanística y agrícola que imperaba en los años ochenta.

También habría sido interesante que apareciese un represéntate del Ayuntamiento de El Ejido, porque no podemos olvidar que Punta Entinas Sabinar está dentro de los dos términos municipales y las cercetas pardillas no entienden de fronteras. Su presencia indicaría que se tiene intención de trabajar con el mismo objetivo: hacer políticas comunes para la conservación de los valores naturales y culturales del espacio protegido.

Es una pena comprobar que el arreglo del sendero que cruza el espacio se vaya hacer hasta la frontera, o que un destartalado cartel de uno de los ayuntamientos luzca en el camino, o que con un simple paseo por la playa sepas cuando pasas de un municipio a otro, o que hayan empezado una carrera veloz para ser los primeros en construir un centro de visitantes.

Para lo único que se han puesto de acuerdo es para anunciar, justo antes de unas elecciones municipales, el arreglo de la Torre de Cerrillos, algo que, tres años después, por supuesto no han cumplido con la excusa de que todo lleva su tiempo y hay que tener paciencia.

Hubiese sido maravilloso ver a los jóvenes de un instituto cercano, que podrían haber ido incluso andando, compartir una jornada con sus representantes políticos, para demostrarles que lo que se hace es por ellos, por salvaguardar su futuro, y de comunicarles que los necesitamos, porque sin su participación, sin su compromiso, de nada valdrá el trabajo realizado.

Pero se hizo como siempre, y las palabras sonaron poco creíbles al darle protagonismo a los que hablan de proteger las especies pero destruyen sus hábitats para construir hoteles, o los que llevan años empujando los limites para reducir la zona protegida, o los que en su día quisieron meter jirafas entre las dunas, o los que permiten que sus familiares construyan invernaderos dentro de los límites del paraje natural.

Nos dirán que por el covid no podían invitar a más gente, pero, después de lo que seguimos viendo, sonarán a excusas. La única verdad que se transluce de esas imágenes es que no tienen ninguna intención de construir otro modelo social diferente y que para los políticos, para los gestores, y por desgracia para muchos científicos, la educación ambiental es la coletilla final que da puntos para conseguir los fondos europeos.

Créanme cuando les digo que mi opinión pretende ser constructiva, aunque algunos se sientan señalados. Debería intentar decir las cosas de otra manera, o quizás, y sería más provechoso para mí, debería aprender a callarme.

MOISÉS S. PALMERO

30 mar 2021

  • 30.3.21
La imagen de Mónica García mirando retadora a la cámara y rechazando el ofrecimiento de Pablo Iglesias de ir todos a una bajo su mando para derrocar a Ayuso es la fiel representación de la pérdida de confianza en la figura del líder de Podemos.


Todos entendimos el claro mensaje de “Cómeme el donut que le lanzó educadamente con una sonrisita sarcástica. Perdonen si le parece vulgar la expresión que utilizo, pero desde que fue el hit musical de la última Feria del Libro celebrada en Almería, la he incluido dentro de mis citas literarias. Ansioso estoy por ver con qué nos sorprenden este año.

La decisión de dejar la Vicepresidencia para presentarse a las elecciones a la Comunidad de Madrid nos sorprendió a todos. Para muchos, es un gesto valiente, un acto casi heroico, un sacrificio que pocos harían. Para otros es una renuncia, un paso atrás, una manera digna de retirarse de la primera línea de la política.

Algún día conoceremos las verdaderas razones que le llevaron a tomarla, pero lo que está claro es que el resultado del 4 de mayo determinará si es un hábil y osado estratega, o un loco con don de palabra –aunque dicen que en el término medio está la virtud–.

Sabemos que Pablo tiene un gran concepto de sí mismo. Solo esa confianza desmedida en sus posibilidades le podría hacer pensar que todos dejarían sus proyectos para ponerse detrás de él. Es cierto que hace cinco años lo consiguió.

Muchos le creímos, confiamos en sus palabras porque nos reconocíamos en ellas, pero a medida que ha ido pasando el tiempo su historia personal y la de Podemos se está pareciendo mucho a la del Cerdo Napoleón de Rebelión en la Granja, el libro de George Orwell .

Supongo que para conseguir todo lo que ha conseguido en tan poco tiempo hay que hacer las cosas como se hicieron: sin dudar, directos, a por todas, caiga quien caiga, a ganar o perder. Lo han tachado de soberbio, prepotente, autoritario, dictatorial, déspota.

Sus declaraciones, sus acciones, sus acusaciones, su forma de decir las cosas y dirigir el partido le han supuesto muchas críticas y ahora sus palabras, sus denuncias, sus clases de ética y moral política le están volviendo como un boomerang ante las evidencias de su comportamiento.

Para muchos, la compra del chalet de Galapagar fue el comienzo de su declive, de su falta de credibilidad, de coherencia. Se sintieron defraudados porque vieron que lo que decía era diferente a lo que hacía. El sólido, generoso y ejemplarizante líder dejó al descubierto sus miserias, sus fragilidades, y hubo respuestas que no convencieron. La abnegada confianza en sus promesas, en sus gestos, en su objetivo, empezaron a resquebrajarse y, cuando lo pusieron en duda, cortó por lo sano.

Se fue quitando de encima a todos los que le ayudaron a derribar las murallas y se rodeó de otro equipo que asiente en todo lo que propone como si fuese la verdad absoluta. Pablo no quiere críticas, ni que le lleven la contraria, ni que cuestionen su liderazgo.

Se ha quedado solo y muchos de aquellos y aquellas que fue dejando en el camino son ahora con los que tiene que negociar, pactar, para reagrupar la izquierda que, durante un tiempo, pareció unir, pero que, pasado el impulso, ha dejado más disgregada que nunca. Son muchos que, como Carlos Tarque canta, creyeron que eran una misma cosa, un barco imposible de hundir, y que ahora le preguntan por “las palabras que desde el corazón dijiste una vez”.

Que pierdan la confianza en ti es de las cosas más dolorosas que nadie puede sufrir en vida. Mirar a los ojos a alguien que en otro momento hubiese dado todo por ti, que te hubiese seguido a donde le pidieses, buscando una razón entre los recuerdos, entre los recortes de prensa, entre las fotos añejas, para creerte, es frustrante, porque descubres que hay cosas que son irrecuperables, por mucho esfuerzo e interés que pongas en reparar tus errores.

La negativa de Más Madrid, quiero pensar, que no fue a través del vulgar comentario que imaginé al principio, sino que a la pregunta de Pablo de “¿puedo contar con vosotros?”, Mónica le respondiese con los versos de Benedetti: “Compañero, usted sabe que puede contar conmigo. No hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo. Pero hagamos un trato: yo quisiera contar con usted”.

Mi duda es si Pablo sabrá asimilar su nueva posición en la política española, porque Podemos se bate en retirada, y él ya ha perdido la confianza de gran parte del electorado y, lo más doloroso, de los compañeros con los que un día intentó –y estuvo a punto de conseguir– asaltar los cielos.

MOISÉS S. PALMERO ARANDA

23 mar 2021

  • 23.3.21
El testimonio de Rociíto me tiene atrapado. Reconozco que soy uno de los 10 millones de españoles que la vieron. En otro tiempo lo hubiese negado para proteger mi imagen, pero ahora no me avergüenza, sobre todo, cuando descubrí que muchos políticos estuvieron enganchados a la televisión.


Unos lo evidencian a través de sus tuits y sus declaraciones, y otros aún mantienen la distancia, intentando no verse envueltos en estos temas del papel couché, no vaya a ser que se fijen en ellos y comiencen a destapar sus vergüenzas.

Los que se han manifestado en las redes sociales son los nuevos políticos, los jóvenes, los que tienen títulos universitarios reales, los que saben idiomas, los que han viajado, los que se han formado gracias a la educación pública y han crecido denunciando el poder que han ejercido los medios para cambiar el sentido del voto. Algo que siempre tuvieron muy claro, en lo que han trabajado desde el principio y a lo que deben gran parte de su éxito.

Comprendieron que los medios eran la clave para ganar posiciones. Aprendieron, por sus experiencias personales, que los debates políticos en televisión tienen un público muy concreto con su voto prácticamente decidido, y que la polémica, el insulto fácil, la provocación, lo soez y lo vulgar los colocaba delante de las cámaras, que no entienden de verdades o mentiras pero sí de audiencias.

Lo que nos queda claro es que esta nueva generación de políticos quiere controlar los medios para influir en el votante y no se esconden. Nada nuevo: por desgracia lo han hecho todos los gobiernos, desde municipales a estatales.

Si hace falta crear nuevos y afines los crean; si hay que amenazar con cerrar algunos de los clásicos, lo hacen; si deben prometer prebendas, las prometen. Pero saben que llegar al gran público. Y en un mundo tan diverso y plural, es la clave para sobrevivir y crecer. El marketing, la imagen, es más importante que el programa electoral ya que éste, si hace falta, se puede romper, falsear y cambiar según las necesidades.

Algo evidente, y parece que algunos partidos aún no lo han asimilado, es que los votos de los eruditos, los que saben de economía, de políticas sociales, los de chalet, traje y corbata valen igual que el de los jóvenes sin futuro, los consumidores de cotilleos y los poco informados y ninguneados ciudadanos. Esos son igual de influenciables y manejables que el resto, pero hay que buscarlos en otro sitio y llegar a ellos por las emociones, no por la razón.

Por eso a los nuevos políticos no les avergüenza basar su campaña de recaudación de impuestos en un influencer con sentido común, o conectar con programas de televisión a los que han denunciado una y otra vez por su falta de escrúpulos a la hora de buscar lo que ellos llaman “noticias”.

Lo que hizo Irene Montero el otro día al entrar en el debate, además de devolver el apoyo de sus presentadores a su partido, es legitimizar este tipo de programas que no dudan en hundir a una persona para ganar audiencia.

No podemos negar que el mensaje contra la violencia de género es muy positivo, pero no podemos olvidar que fue ese programa, esa cadena y esos colaboradores los que permitieron que el presunto maltratador se lucrase, provocando la caída a los infiernos de esa mujer y de otros muchos.

No vale con las disculpas, con el “nos hemos equivocado”, porque el mensaje es claro y evidente: por la audiencia, por el voto, por la economía, todo está permitido. Como no se puede permitir, por mucha libertad de expresión y periodismo de investigación que nos quieran vender, que una delincuente negocie desde la cárcel un documental para contar cómo asesinó a un niño y que no se pueda hacer nada para salvaguardar su memoria y el dolor de sus padres.

No han infringido ninguna ley. Podríamos incluso decir que son los más listos de la clase porque se han adelantado a los demás partidos al buscar el voto en otros lugares donde antes no se hacía; que lo único que hacen es utilizar el mismo sistema que otros crearon. Pero, a mi juicio, hay líneas éticas que no se deberían cruzar. Y favorecer este tipo de programas es una de ellas.

La cuestión que ronda en mi cabeza es si la ministra y, hasta ahora, el vicepresidente, vieron el testimonio sentados en su sofá y lo del tuit fue un impulso, o ya sabían lo que se iba a contar y los equipos de imagen de su partido habían preparado la campaña con antelación. Tanto una opción como la otra me dan mucho miedo.

MOISÉS S. PALMERO ARANDA

6 mar 2021

  • 6.3.21
Las inmatriculaciones realizadas por la jerarquía católica a lo largo de decenas de años tienen como denominador común un Estado que no termina de ser aconfesional, haciendo posible su resultado, y una jerarquía católica anclada en el dogma, el poder, el dinero y el prestigio, todo lo contrario a los valores de Jesús de Nazaret: amor, justicia y paz. Como afirma el teólogo José M. Castillo: “los obispos creen más en la riqueza que en el Evangelio de Jesucristo”.


Las diferentes plataformas ciudadanas patrimonialistas, defensoras de nuestro patrimonio, unidas a colectivos como Europa Laica, Redes Cristianas o Comunidades Cristinas Populares (CCP) vienen luchando desde hace años por conseguir que se hiciera público el listado de inmatriculaciones, uno de los males endémicos del Estado español, y porque el Gobierno invalidase las inmatriculaciones de aquellos monumentos que no tuviesen título de propiedad.

Ahora se desdicen de lo que prometieron en el discurso de investidura de Pedro Sánchez y en sus programas electorales (PSOE y Unidas Podemos). Casi tres años después de haberlo asegurado, el Gobierno de coalición hace público el listado de 35.000 bienes, acompañado de un informe en el que cuestiona la constitucionalidad de las inmatriculaciones, pero prefiere lavarse las manos delegando en los ayuntamientos y particulares la reclamación indebida de los bienes.

El Estado español es el que tendría que proteger nuestro legado patrimonial como así hizo Francia, desde 1905 (el patrimonio pertenece al Estado y el usufructo a la Iglesia), o en Portugal con el concordato de 1940, en plena dictadura de Salazar.

Con el consentimiento de los Gobiernos del PP y PSOE, la jerarquía católica ha ido enriqueciendo su legado con su particular modus operandi: el Estado realiza la inversión pública, acorde con la Ley de Patrimonio de 1985, mientras ellos cobraban las entradas a modo de donativos, es decir, exentos de impuestos.

Millones y millones de euros se embolsa la jerarquía católica, obispados y cabildos, cada año por visitar los monumentos (catedrales, Mezquita de Córdoba, Giralda de Sevilla). ¿Dónde va destinado ese dinero? Una parte considerable a su propia estructura, en construir colegios privados, en fondos de inversión, en mantener a sus medios de comunicación como la COPE o 13TV… Cáritas u otras obras sociales apenas se ven favorecidas por estas recaudaciones.

Las CCP se preguntan qué tiene que ver todo ese negocio con el Evangelio. ¿Qué tiene que ver Jesús de Nazaret con esta lujuria de poseer y acumular bienes? El Evangelio nos recuerda que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos” (Mt 19, 24 par).

Se siguen preguntando: ¿qué tiene de parecido un seguidor de la comunidad del Nazareno con un cardenal o un obispo? Los primeros, a petición de su maestro, “tenían que dejarlo todo” (Mc 10, 28; Mt 19, 27; Lc 18, 28); los segundos viven en sus monumentales palacios episcopales.

Y siguen cuestionando: ¿qué llevaban los primeros seguidores de Jesús de Nazaret y cómo van los obispos y cardenales? Los llamados discípulos no llevaban nada para cumplir su misión (Mt 10, 9-10; Mc 6, 8), los jerarcas visten con ricas mitras y báculos, con vistosos anillos de oro y perlas preciosas, con capas pluviales bordadas con hilos de oro.

Bajando al terreno de lo legalidad, nada se le está quitando a la Iglesia católica, que mantiene intacto su derecho a registrar lo que crea que le pertenezca, pero acreditándolo sin privilegio alguno. Estos privilegios (inconstitucionales) permitieron que los obispos pusieran a su nombre la Mezquita de Córdoba, la Giralda de Sevilla o la Catedral de Burgos, mientras en otros países de Europa, la Catedral de Lisboa o la Catedral de Nôtre Dame pertenecen al pueblo.

Por todo ello, las CCP de Andalucía y del Estado español, junto a otros colectivos, exigen al Gobierno que el domino público sea intransferible. Perteneció a nuestras generaciones pasadas, pertenece a nuestras generaciones presentes y pertenecerá a nuestras generaciones futuras.

El patrimonio religioso debe estar inscrito en el patrimonio nacional. Ha sido el fruto del trabajo y las aportaciones del pueblo a lo largo de la historia. Al mismo tiempo, también demandan que la nulidad de las inmatriculaciones efectuadas sin un título de propiedad sea innegociable.

No es de recibo que al inscribir un monumento por 30 euros lo administren y se lucren de sus ingresos por la venta de entradas, pudiendo llegar a alcanzar los 20 millones de euros, como es el caso de la Mezquita de Córdoba.

Nuestra fuerza es la tenacidad, la unidad y el convencimiento para conseguir los objetivos justos que estamos reivindicando. Todo sea por un verdadero Estado Social y Democrático de Derecho, moderno y laico.

MIGUEL SANTIAGO LOSADA
COMUNIDADES CRISTIANAS POPULARES DE ANDALUCÍA
FOTOGRAFÍA: JUAN PABLO BELLIDO

22 dic 2020

  • 22.12.20
Actualmente vivimos en una sociedad sometida a constantes cambios. El covid-19 ha adelantado muchos de ellos y, en educación, la tecnología se ha vuelto un instrumento indispensable para poder seguir el ritmo de aprendizaje. Muchas familias se han visto afectadas por las nuevas tecnologías: niños y niñas que eran atentos ahora se han vuelto más distraídos. Además, el hecho de pasar más horas en casa ha incrementado el uso de las pantallas en los más pequeños y, como resultado, todo esto ha repercutido en su desarrollo y en su proceso de enseñanza-aprendizaje.


Exceptuando la situación que ha generado el covid-19, la preocupación por el uso de la tecnología en los niños ya prevalecía anteriormente. De hecho, hay diversos investigadores que han estudiado su influencia en los niños. Uno de ellos es el estudio de los dibujos animados, que analizó a niños que veían Bob Esponja y a otros que veían Caillou.

Los resultados fueron totalmente diferentes: los niños que veían Bob Esponja eran más nerviosos y se comían antes la comida que los niños que veían Caillou, que eran más tranquilos y tardaban más. Este estudio demostró la importancia de elegir bien los dibujos animados de los hijos, ya que, si son muy rápidos y con muchos estímulos (sobreestimulación) generan el deterioro inmediato de la función ejecutiva de los pequeños. 

Esto es solo un ejemplo de investigación, pero igual ocurre con el uso de tablets o de cualquier otro dispositivo electrónico. Es cierto que los niños y niñas han nacido en un mundo en el que está muy avanzada la tecnología, pero no por ello deben aprender a partir de ella.

Así lo determinó la Academia Americana de Pediatría, sobre todo para los niños de entre 0 y 6 años. Las personas aprendemos a través de las relaciones interpersonales y de las sensaciones de la realidad. Ellos, más que nativos digitales, deben ser inmigrantes digitales, es decir, estrenar y aprender de la realidad física antes que de la realidad digital.

Lo que muchos padres y madres no saben es que el hecho de que sus hijos pasen mucho tiempo delante de las pantallas en el día a día puede generarles inatención, pérdida de la sensibilización, aburrimiento o ansiedad, entre otros síntomas. Por eso debemos dejarles que su asombro, elemento innato, le vaya guiando para descubrir la realidad e interesarse por ella. Y no que, a partir de la tecnología, su capacidad de asombro se vaya apagando poco a poco.

Me llama la atención cuando escucho a la gente decir que los niños de ahora no son iguales a los de antes. Desde mi punto de vista sí son iguales, pero con diferentes entornos y circunstancias. Por este motivo, debemos ser competentes a la hora de educarlos y tener en cuenta los aspectos que les pueden influir en su desarrollo.

Si nos valemos como ejemplo del Mito de la Caverna de Platón, podríamos decir que si a nuestra futura sociedad la sumergimos en el mundo de la tecnología desde que sus ciudadanos son pequeños, además de poder generarles problemas en su desarrollo, estamos adentrándolos en la caverna y acostumbrándolos a una realidad que no es la verdadera. Y esto no solo será más chocante para cuando salgan fuera de la caverna sino que serán personas que no tengan un juicio certero sobre la realidad. En efecto, no podrán ser competentes ni tener sentido crítico, por lo que serán fácilmente manipulables. 

Por último, es necesario que los seres humanos vivan y sientan la verdadera realidad y salgan de la cueva, de la realidad digital. Con todo esto no quiero negar el uso de las tecnologías porque, como he dicho anteriormente, tienen numerosas ventajas. Pero sus inconvenientes hay que gestionarlos adecuadamente.

Como conclusión, se debería tener en cuenta que hay problemas que se pueden evitar dando una buena educación a nuestros hijos e hijas. Una rabieta no se cura dándoles una tablet o el móvil, ni tampoco con castigos: se cura a través de la comunicación. 

Los más pequeños son el futuro. Por favor, cuidémoslos y atendámoslos correctamente.

SARA DELGADO MÁRQUEZ
INVESTIGADORA DE LA UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA

7 abr 2020

  • 7.4.20
Nada se habla estos días marcados tristemente por la pandemia mundial del Covid-19 del discreto lugar que ocupa el derecho a la salud en la Constitución Española de 1978, la cúspide de nuestro ordenamiento jurídico. El coronavirus ha conseguido que los más escépticos sean conscientes de la enorme importancia de mantener a toda costa un sistema sanitario público de calidad en un debilitado Estado del Bienestar como el nuestro.



La Constitución reconoce en su artículo 43 –dentro del Capítulo Tercero del Título I, “De los derechos y deberes fundamentales”– el derecho a la protección de la salud y refiere que “compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios”, precisando que “la ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto”.

Un lugar que a día de hoy se antoja insuficiente, pues el Derecho Constitucional agrupa en tres grandes bloques los derechos y deberes de nuestra ley de leyes según sus garantías: un nivel máximo reconocido a derechos como la vida, el honor, la libertad de expresión o la educación; un nivel intermedio en el que figuran derechos como el matrimonio, la propiedad o el trabajo y un nivel mínimo dentro del Capítulo Tercero –los “Principios rectores de la política social y económica”– en el que se incluye este derecho a la salud, la Seguridad Social o el medio ambiente.

Mi propuesta es que en una futura reforma de la Constitución se incluya en el catálogo de derechos con mayores garantías un derecho fundamental a la sanidad pública, universal y gratuita, de modo que se entienda como un derecho inherente a cualquier persona residente en nuestro país, independientemente de su capacidad económica y nacionalidad de origen.

Desde el punto de vista jurídico este cambio supondría una mayor protección del derecho, ya que los ciudadanos podrían recabar su tutela de una forma preferente y con mayor rapidez ante los juzgados y tribunales, llegando incluso a instancias máximas como el Tribunal Constitucional en busca de su amparo.

Además, los legisladores del futuro deberían respetar su contenido esencial, una prerrogativa que a día de hoy no protege al derecho a la salud, garantizado únicamente por lo que dispongan “la legislación positiva, la práctica judicial y la actuación de los poderes públicos”.

En la práctica, el reconocimiento de un derecho fundamental a la sanidad pública, universal y gratuita podría contribuir a que se destinaran más recursos económicos y humanos al sistema sanitario, con la consiguiente mejora de la atención primaria y la reducción de tiempos en las listas de espera, con unos profesionales que no tengan que marcharse a otros países porque los sueldos en España sean bajos, y se impediría que cualquier Comunidad Autónoma –son estas las que tienen la competencia de sanidad– potencien los centros privados en detrimento de los públicos, como ha ocurrido en algunas regiones durante los últimos años.

A diferencia de la Constitución, el Estatuto de Autonomía para Andalucía sí recoge en un lugar destacado el derecho a la “protección de la salud mediante un sistema sanitario público de carácter universal”, en concreto en su artículo 22, donde dispone un catálogo de derechos para pacientes y usuarios del Sistema Andaluz de Salud, aunque también se remite al legislador para establecer los “términos, condiciones y requisitos” del ejercicio de estos derechos.

Es cierto que días atrás se ha esbozado en diferentes medios de comunicación la idea de un gran pacto nacional por la sanidad. Yo propongo dar un paso más e incluir en una futura reforma constitucional la necesidad de blindar una sanidad pública, universal y gratuita como derecho fundamental que goce de las mayores prerrogativas de nuestro ordenamiento jurídico.

A nadie se le escapa la complejidad que supone llevar a cabo este cambio por la rigidez de nuestra Constitución. Incluir un nuevo derecho fundamental en la Sección 1ª del Capítulo Segundo del Título I, denominada “De los derechos fundamentales y de las libertades públicas”, requiere la aprobación del Congreso de los Diputados y el Senado por una mayoría de dos tercios de los diputados y senadores en ambas cámaras, la posterior disolución de las Cortes Generales y la ratificación del nuevo Parlamento por idénticas mayorías, además de un referéndum del cuerpo electoral.

Sin embargo, por su naturaleza de Gobierno de coalición y su escasa mayoría parlamentaria para afrontar cambios estructurales, tal vez cuando esta decimocuarta legislatura toque a su fin, Partido Socialista y Unidas Podemos deban poner sobre la mesa un proyecto de reforma constitucional de gran calado con aspiraciones reales de conseguir un amplio consenso entre las distintas fuerzas políticas del arco parlamentario.

Es decir, renunciar a máximos como la posición de la Monarquía o el lugar preferente de la Iglesia Católica para no posponer más en el tiempo otras grandes cuestiones como esta mayor protección de la sanidad, el blindaje de unas pensiones dignas, un mejor encaje constitucional para Cataluña y otras regiones históricas –reconociendo el papel de las 17 autonomías y la pertenencia del Estado a la Unión Europea–, aspectos como la limitación de mandatos o los aforamientos, impedir los bloqueos a la hora de formar gobiernos reformado el artículo 99 para la elección del presidente del Gobierno, reforzar otros derechos como la vivienda o las políticas sociales o revisar el papel del Senado como verdadera cámara de representación de los territorios y no como cámara de segunda lectura legislativa, o una más adecuada tributación del trabajo por cuenta propia, cuestiones siempre debatidas en las campañas electorales y sistemáticamente olvidadas.

Por lo acontecido en los últimos años, sabemos de la extraordinaria dificultad que supone un gran pacto de los diferentes partidos políticos, pero sus dirigentes nos deben este esfuerzo. Los ciudadanos somos quienes debemos exigirlo de una forma más contundente. El Estado del Bienestar en una sociedad como la nuestra, con una edad media cada vez más avanzada, hace imprescindible que la sanidad y las políticas sociales sean el mejor servicio que presten los poderes públicos para que de una vez el ciudadano sea el centro de la vida pública.

JESÚS ORDÓÑEZ TORRES

26 may 2019

  • 26.5.19
Seré breve: se utiliza en España la palabra “fascismo” o “fascista” o su abreviatura “facha” para cualquier persona que hable de España, que no sea de izquierdas o que diga que vota a determinados partidos de centroderecha o de derecha. Bien, vale, como argumento electoral todo vale y si la gente se lo cree y genera votos, perfecto. Pero siendo justos con la historia y con la política real, no es así. Ni mucho menos.



La derecha española puede ser incluso conservadora, pero no fascista. Sí, VOX es de la línea del partido Conservador de Theresa May en Reino Unido o del partido Republicano en los EEUU, pero no es fascista ni de lejos. Podrá caer peor o mejor, pero no es fascista.

Hagamos historia: el fascismo fue un movimiento obrero de inicios del siglo XX que compartía por aquellas épocas la lucha contra el capitalismo o el liberalismo (la verdadera democracia occidental) con el comunismo y el socialismo (prácticamente unidos estos dos).

El fascismo era tan “anticapitalista” como lo era el comunismo, y la muestra la podemos ver en este fragmento de un discurso que el gran fascista español, José Antonio Primo de Rivera pronunció en el madrileño Teatro de la Comedia el 29 de octubre de 1933:

“(...) El Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: «Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal». 

Y así veríais cómo en los países donde se ha llegado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más finas, no teníais más que separamos unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontramos con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. 

Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas. Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa (...)”

Si leemos bien el discurso, podría ser válido para el orador más extremista del Partido Comunista o Socialista de la época, o incluso de hoy en día. ¿En qué se diferenciaban, pues, y por qué eran enemigos irreconciliables ambos movimientos, si ambos eran obreros? Pues porque mientras el comunismo era “globalizador” o “internacionalista”, el fascismo era profundamente nacionalista y defensor de los valores de la patria por encima de todo.

Una vez hemos recordado el fundamento obrero-nacionalista del movimiento fascista, que se refleja en el nombre del peor de todos ellos –el partido nazi (nacional-socialista)–, hemos de afirmar que, en efecto, en España existe el fascismo y tiene más poder del que muchos demócratas hubiéramos deseado.

Pero no está en los denominados "partidos de derechas", sino en esos partidos de corte socialista y nacionalista (o incluso separatista) que copan muchas instituciones públicas, como son ERC en Cataluña o Bildu en Euskadi, además del casi desaparecido BNG gallego. Esos partidos sí son fascistas, puesto que son socialistas y nacionalistas. Y a fe que actúan como tales.

Ojo, no quiero entrar a valorar a ninguno de ellos, simplemente quería poner a cada uno en su lugar político y definir qué es lo que realmente son. Ahora bien, vivimos en un estado democrático y si alguien quiere votarlos, que lo haga. No seré yo quien se lo pretenda impedir. Faltaría más.

PEDRO J. PORTAL

31 ago 2017

  • 31.8.17
En la agenda política mundial se ha implantado, a una escala nunca vista, la retórica tóxica y deshumanizadora del "nosotros contra ellos" o los discursos de culpa, odio y miedo, que está creando un mundo cada vez más dividido y peligroso. El discurso xenófobo que destacó la campaña de Donald Trump, ya dejó vislumbrar estas políticas adversas para los derechos humanos y que, como era de esperar, nada más llegar a la presidencia de Estados Unidos empezó a materializarse.



La retórica de odio ha tenido y está teniendo un peligroso y amplio impacto en las políticas hasta el punto de que se ha convertido en una peligrosa fuerza en los asuntos del mundo. La geografía de las violaciones de derechos humanos alcanza todos los rincones del mapa. En 2016 Amnistía Internacional documentó campañas masivas de represión en China, con medidas muy duras contra activistas, juristas y sus familiares. Lo mismo que en Tailandia, India, Irán, Egipto, Etiopía, donde son cada vez mayores los recortes en la libertad de expresión, reprimiendo duramente cualquier disidencia.

Un ejemplo lo tenemos en Turquía, donde el golpe fallido fue seguido de decenas de miles de encarcelamientos, la suspensión de cientos de ONG y más de 130 cierres de medios de comunicación. Y ya no hablemos de Arabia Saudí, implacable con los activistas de derechos humanos, liderando por cierto la coalición que cometió los presuntos crímenes de guerra en Yemen al bombardear escuelas, hospitales, mercados y mezquitas, causando miles de muerte de civiles.

Pero los mayores focos se han dirigido a Siria, donde los crímenes de guerra y los gravísimos abusos de derechos humanos -documentados detalladamente por múltiples informes de Amnistía Internacional– permanecen impunes y donde sigue pendiente una solución política al conflicto, que desde 2011 ha costado más de 300.000 muertes, 4,8 millones de personas refugiadas y 6,6 millones desplazados. Siria y Yemen son sólo dos ejemplos de la escasa voluntad política para abordar otras gravísimas crisis sin resolver, como las de Libia, Sudán y Sudán del Sur, donde el hambre se utiliza como arma de guerra.

Lo más grave de todo esto es que incluso los Estados que afirmaban defender derechos en otros países, están ahora demasiado ocupados en restringirlos internamente como para pedir cuentas a los demás. ¿Cómo ha respondido la comunidad internacional ante las incontables atrocidades de 2016, como fueron los bombardeos de hospitales, escuelas, mercados y mezquitas que causaron miles de muerte de civiles en Siria y Yemen o, el uso de armas químicas en Darfur (Sudán) o las miles de muertes causadas por la policía en Filipina? Con un ensordecedor silencio. Así es como ha respondido.

En España

Y en España, inercia. Hasta el pasado 5 de mayo ha acogido menos del diez por ciento de la cifra comprometida en 2015 por el Gobierno español, hasta el próximo mes de septiembre de 17.337 refugiados. A esto se suman las expulsiones colectivas en las fronteras de Ceuta y Melilla, y la situación de las personas refugiadas en estos enclaves donde no existen derechos para ellas.

En la violencia de género ha prevalecido una pérdida de prioridad política que se ha visto reflejada en el enorme descenso presupuestario entre 2007 y 2015 ligeramente corregido en 2016. En lo que va de año, 32 mujeres y seis menores han sido asesinados. Los maltratadores han dejado también 16 huérfanos de menos de 18 años. Los datos son peores que hace un año. El 25 del pasado mes de julio, al parecer, los grupos políticos han dejado de un lado sus diferencias para consensuar el primer gran acuerdo político de la legislatura.

El pacto alcanzado contempla medidas para prevenir la violencia machista desde el colegio, ampliar la protección y cambiar los criterios de acreditación de las víctimas para incluir a aquellas que aún no han interpuesto denuncia y garantizar su seguridad y la de sus hijos. Pero ¡ojo! en 2004 el Congreso aprobó por unanimidad la ley integral contra la violencia de género. El presidente Zapatero, todo optimista, afirmó que la norma sería un “poderoso instrumento para derrotar al machismo criminal” Una explosión de aplausos recorrieron los escaños del PSOE. A día de hoy, han sido asesinadas más de 800 mujeres.

Por su parte, la ambigüedad de la legislación antiterrorista ha abierto la puerta al uso del delito de enaltecimiento del terrorismo para procesar a personas que ejercen su libertad de expresión, pacíficamente, como fue el caso de los dos titiriteros de la compañía Títeres desde abajo o al cantante César Strawberry.

En 2016 la Audiencia Nacional dictó al menos 36 sentencias por enaltecimiento del terrorismo, la mayoría de ellas dentro de la denominada Operación Araña de la Guardia Civil para perseguir el enaltecimiento del terrorismo en las redes sociales, particularmente en Facebook y Twitter. Además, la última reforma del Código Penal establece una definición tan amplia y vaga del delito de terrorismo, que algunos derechos como la libertad de expresión o reunión podrían verse reprimidos.

Por otro lado, en España nos encontramos ante la posible impunidad de la tortura y otros malos tratos, incluido el uso desproporcionado de la fuerza por los cuerpos de seguridad. Preocupación compartida por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos que ha reprochado a España que no investigue de manera eficaz y exhaustiva las denuncias de personas detenidas e incomunicadas.

Está demostrado que lo único que importa o interesa, políticamente, es buscar "culpables" ante problemas económicos y de seguridad y de paso, por supuesto, ganar votos o aferrarse al poder. Y esto resulta más que evidente, sobre todo, en las políticas de muchos países para esquivar su responsabilidad con las personas refugiadas. Estas personas que están siendo el primer blanco de los ataques perpetrados por motivos de raza, género, nacionalidad y religión.

Por lo tanto, ante la falta de compromisos de los Estados, rechacemos los discursos de odio y la retórica del miedo y movilicémonos para presionar a los gobiernos a que respeten y defiendan los derechos humanos. Es en estas épocas tan difíciles cuando más falta hace voces valientes que se alcen contra la injusticia y la represión. Hagámoslo.

MAITE GARCÍA

10 ago 2017

  • 10.8.17
Vivimos en un entorno cada vez más exigente y globalizado en el que se ha instaurado un nuevo escenario con sus propias reglas del juego, denominado Transformación Digital, que exige de manera permanente a las organizaciones empresariales mayor eficacia, eficiencia, agilidad, satisfacción del cliente y optimización de los productos. Estas son las bases para la consecución de objetivos dentro de esta economía tan competitiva, como son la productividad, la mejora continua y la rentabilidad.



En este contexto, la innovación, desarrollo y adaptación de la tecnología dentro del mundo empresarial son elementos indiscutibles. Así, uno de los grandes retos de la sociedad en estos tiempos, de cara a la transformación digital, reside en adaptar a los nativos digitales -personas que han nacido en un mundo en el que la tecnología se encuentra bastante desarrollada y al alcance de muchos-, en competentes digitales -personas con una serie de habilidades en comunicación, colaboración en red, compliance digital, tratamiento y difusión de la información-. Las competencias digitales se han convertido en un factor determinante dentro del perfil profesional y educativo del individuo, al igual que ha ocurrido con las competencias lingüísticas.

Para tratar de mitigar esta brecha digital, la distancia que existe entre las habilidades nativas del individuo y sus competencias digitales, tanto las administraciones y entidades públicas como las privadas están habilitando una serie de iniciativas en el ámbito profesional. Como ejemplo, la Comisión Europea ha constituido la coalición por los trabajos y competencias digitales (The Digital Skills and Jobs Coalition), que está involucrando a muchas organizaciones de distinta índole en la promoción de actuaciones en este campo, vinculadas a la reducción de la mencionada brecha digital, que a día de hoy está declarada en un déficit de más de 500.000 puestos de trabajo que no se podrán cubrir de aquí al 2020 y favoreciendo la integración del sector joven de la población en el mercado laboral del futuro. Este es, a su vez, uno de los objetivos fundamentales de la agenda digital europea y de los países miembros de la CEE.

A nivel educativo, se están desarrollando estándares de referencia, como el marco europeo para organizaciones educativas digitalmente competentes, DigCompOrg, en el que las competencias digitales tienen un papel esencial. Además, la competencia digital ha sido definida como una de las ocho claves para el aprendizaje permanente que el Parlamento Europeo recomienda para todos los jóvenes que hayan finalizado la enseñanza obligatoria. En este pilar residirán sus oportunidades profesionales, de empleabilidad y competitividad en el mercado laboral.

A nivel nacional, hemos visto inversiones importantes en la implantación de infraestructuras y sistemas de información innovadores, así como acceso a Internet en las aulas, aunque este no ha venido acompañado de la capa de empoderamiento y habilitación del conocimiento necesarios para que los docentes puedan aplicar todos estos elementos en la mejora del ambiente del aula. Esto ha supuesto que muchos de esos sistemas hayan quedado paralizados por la falta de habilidades y competencias digitales necesarias para su aplicación.

Por tanto, aún hay un enorme trabajo por hacer, comenzando por las instituciones educativas, que deben adaptar, normalizar y consensuar un modelo de competencias digitales certificadas y estandarizadas, para poder impartir y aplicar una enseñanza alineada con lo que demanda el mercado profesional, para preparar a los estudiantes, formarlos y educarlos con las capacidades y habilidades requeridas en el futuro.

Teniendo en cuenta el planteamiento anterior, considero fundamental que los organismos públicos y privados intervengan en la implantación de las competencias digitales como elemento prioritario para poder llevar a cabo la transformación digital. Por ello, desde Media Interactiva, hemos querido aportar nuestra visión al respecto con la elaboración y publicación de nuestro propio Manifiesto por la certificación en competencias digitales.

Adicionalmente, hemos puesto en marcha el proyecto CERTINET, con el que impulsaremos que el sector educativo, como base fundamental del futuro profesional de nuestra sociedad, tome la rienda de esta situación, integrando y fomentando la implantación de las competencias digitales desde edades tempranas.

DANIEL LÓPEZ
Director Comercial de Media Interactiva

6 dic 2016

  • 6.12.16
La Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid acogió este viernes un emotivo homenaje a Miguel de la Quadra-Salcedo, el último explorador. Un polímata, un sabio. Un hombre del Renacimiento que supo estar a la vanguardia en muchas de las facetas que abordó durante su apasionante vida. Ya fuera como deportista, como reportero de guerra o como embajador de la comunidad iberoamericana.



De la mano de antiguos expedicionarios de Aventura'92 y de la Ruta Quetzal, y gracias a la iniciativa de Arturo Gómez Quijano y de Carlos Pecker Pérez de Lama, un sinfín de periodistas y amigos subieron al escenario para compartir anécdotas de aquel fabuloso deportista olímpico al que no homologaron su plusmarca mundial pese a haber sacado la jabalina del estadio; del reportero de guerra al que todos deseamos imitar cuando iniciábamos nuestros estudios de Periodismo.

El pasado 20 de mayo –el mismo día que Cólon, pero 510 años más tarde, qué cosas– murió un enamorado de Andalucía. Un maestro de maestros al que la comunidad iberoamericana debe parte de su esencia. Porque si Félix Rodríguez de la Fuente fue “el amigo de los animales”, Miguel de la Quadra-Salcedo era, sin duda alguna, “el amigo de América”.



Y lo demostró con su mejor legado, la Ruta Quetzal, ese viaje iniciático que inoculó el amor por el Nuevo Continente a más de diez mil jóvenes de sesenta nacionalidades. Hoy, esos niños que un día pasaron por sus manos a lo largo de treinta expediciones se han transformado en auténticos embajadores de la interculturalidad y del mestizaje.

El dolor que provocó su partida en todos ellos, en todos nosotros, fue indescriptible. Pero el “espíritu del quetzal”, que es el suyo propio, permanece por siempre vivo en nuestros corazones. Y así quedó de manifiesto este pasado viernes en Madrid, en ese homenaje digno de un hombre excepcional que supo inculcar en sus pupilos el infinito amor que profesó a América. 

JUAN PABLO BELLIDO
FOTOGRAFÍA: ÁNGEL COLINA

13 jul 2016

  • 13.7.16
¿Por qué nos bronceamos al tomar el sol? ¿Cuáles son los efectos perjudiciales a largo plazo? ¿Es seguro el bronceado artificial? Esta y otras cuestiones son respondidas en el presente artículo por el doctor Joaquín Francisco Domínguez Escobar, director médico del Hospital San Agustín de Dos Hermanas, en el que reflexiona sobre las precauciones que se deben adoptar ante la exposición solar.

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Llega el verano y con éste el propósito de relajarnos y tomar el sol para broncearnos. Sabemos que la exposición a la luz solar tiene múltiples beneficios, pero también algún que otro inconveniente. Los rayos ultravioleta producen un efecto perjudicial en nuestra piel. Tomar el sol sin protección se convierte entonces en una imprudencia. Se hace obligatorio adoptar medidas preventivas para evitar la sobreexposición.

¿Por qué nos bronceamos al tomar el sol?

El color que adopta nuestra piel ante la exposición solar es proporcionado por un pigmento llamado melanina. Cuando los rayos ultravioleta dañan la piel, ésta fabrica más melanina como mecanismo protector para un futuro. El bronceado, por tanto, es un signo de que la piel se ha dañado, y la piel bronceada puede seguir dañándose si continúa exponiéndose a la radiación ultravioleta. Por otra parte, las personas de piel más clara (menor concentración de melanina), sufren con mayor facilidad quemaduras solares con una exposición breve (10-15 minutos).

Efectos perjudiciales a largo plazo.

La exposición a los rayos ultravioleta favorece a largo plazo el envejecimiento prematuro de la piel y la aparición de problemas oculares, como el desarrollo de cataratas, la degeneración macular y daño en la córnea. Pero lo más relevante es que ante una sobreexposición a los rayos ultravioleta prolongada en el tiempo (años) existe un gran riesgo de desarrollar un cáncer en la piel. Esta es la principal causa de los cánceres de piel, entre los que se encuentran el carcinoma basocelular, el carcinoma epidermoide y, al más maligno de todos, el melanoma.

¿Es seguro el bronceado artificial?

El bronceado artificial no es una alternativa segura al bronceado solar. Las camas, las cabinas y las lámparas de bronceado producen una cantidad de radiación UV similar a la del sol. El daño en la piel (el bronceado o una quemadura) debido al bronceado artificial, al igual que el daño procedente de la luz solar, incrementa el riesgo de envejecimiento de la piel, cáncer de piel y problemas oculares.

¿Se puede tomar el sol si se toman medicamentos?

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Existe un gran desconocimiento sobre los posibles efectos nocivos que pueden aparecer si nos exponemos a la radiación ultravioleta cuando tomamos de forma habitual un medicamento. Son muchos los fármacos fotosensibilizantes; es decir, que pueden provocar efectos nocivos en nuestra piel si ésta se expone a la radiación ultravioleta. Estos efectos negativos pueden aparecer de dos formas: bien mediante reacciones de fotosensibilidad o bien por fototoxicidad. En el primer caso, se trata de una reacción alérgica en el organismo debido a la transformación del fármaco que nos aplicamos por la acción de la radiación UV en la piel. Se suele dar en medicamentos que aplicamos sobre la piel. Sin embargo, las más frecuentes son las reacciones fototóxicas, que consisten en que el fármaco absorbe la radiación y libera energía produciendo un daño celular. Este efecto suele darse en medicamentos administrados por vía oral.

¿Qué fármacos son los más fotosensibilizantes?

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Para comprobar si un medicamento es fotosensibilizante o no hemos de leer su prospecto, donde nos lo indicará. Entre los fármacos que pueden producir reacciones alérgicas al administrarlos por vía tópica se encuentran: los antihistamínicos, los corticoides, los antiacneicos o los anestésicos locales. También muchos de los componentes de productos cosméticos pueden producir alergias. Por eso no se recomienda ir maquillada o perfumada a la playa. Los fármacos fotosensibilizantes más frecuentes que se toman por vía oral son: algunos antibióticos, antiacneicos, antidepresivos, antihistamínicos, antiinflamatorios, anticonceptivos, antihipertensivos, antidiabéticos orales, hipocolesterolemiantes, psicofármacos y protectores de estómago. La lista de ambos grupos es amplia, por lo que si no se puede suspender el tratamiento, lo correcto es no exponerse al sol, o bien usar un factor de protección solar máximo y tomar la medicación, si fuera posible, al final del día.

¿Cómo protegernos de los rayos ultravioleta?

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Cuando tomemos el sol hemos de aplicarnos un factor de protección solar de amplio espectro y resistente al agua con un FPS como mínimo de 30, preferiblemente de 50. Se ha aplicar antes de salir, en suficiente cantidad y repetir cada dos horas de exposición solar continuada. Es aconsejable no exponerse al sol en el período de tiempo de mayor radiación (entre las 10:00 y las 16:00 horas). No debemos olvidar que durante los días nublados, puede aumentar la radiación UV, y que la arena de la playa actúa como reflectante. Para permanecer en el exterior, es aconsejable utilizar gafas de sol y un sombrero de ala ancha. Es importante limitar el tiempo de la exposición y buscar la sombra. La ropa debe proteger todas las partes de cuerpo posibles (mangas largas, pantalones y vestidos largos).

¿Cómo debemos actuar ante una quemadura solar?

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Si se produce una quemadura solar es aconsejable aplicar paños fríos, o tomar un baño con agua tibia o fría, y si el dolor es intenso, analgésicos de primer nivel como ibuprofeno o paracetamol. Se ha de beber abundante agua para estar bien hidratado. Si no se han producido quemaduras de segundo grado (ampollas en la piel), se puede aplicar una crema hidratante o gel de aloe vera para calmar las molestias. Por último, las quemaduras solares extremas pueden dar lugar a situaciones de emergencia como shock, deshidratación, golpe de calor y otras reacciones graves. Si aparecen síntomas de taquicardia, respiración rápida, mareos, desmayos, náuseas, escalofríos, fiebre o dolor de cabeza con una quemadura solar, se ha de acudir a un servicio de urgencias.

DOCTOR JOAQUÍN Fº DOMÍNGUEZ ESCOBAR, DIRECTOR MÉDICO DEL HOSPITAL SAN AGUSTÍN

27 abr 2016

  • 27.4.16
Sí, una persona, un líder político y, por ende, un partido, que se suicide. Y ese es problema: quién es el guapo. Hasta este momento, y cuando los 'postureos' han dejado paso a lo inevitable, es decir, a la convocatoria de unas nuevas Elecciones Generales en España, ninguno de los guapos de la política española -porque no hay ninguno feo, ¿verdad?- se ha atrevido a suicidarse. Y en esas estamos.

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El problema es que, tras la campaña electoral que ya estamos viviendo, con mensajes cruzados de culpabilidades de unos hacia otros -como si aquí nadie tuviera culpa de nada-, todo hace indicar que, voto arriba, voto abajo, el panorama político -es decir, cómo se divide el Parlamento español- será muy similar, o que incluso aunque no lo sea nadie obtenga la mayoría suficiente como para sacar a España del atasco político en el que se maneja. Lo que nos llevará a otra nueva sesión de 'postureos', con libros o sin libros.

Yo imagino que cada uno de los partidos mayoritarios que concurrirán a las nuevas Elecciones Generales sueña ya con que sean los ciudadanos, con sus votos, los que les saquen del atasco político, de forma que todo se clarifique tras el paso por las urnas y Su Majestad el Rey pueda proponer, con garantías, a un candidato a presidente del Gobierno. Porque si no es así, menudo papelón les queda. Tanto que o alguno de ellos se suicida, o viviremos en España una situación que la convertirá en la vergüenza del mundo.

Definición de suicida político: aquel, de derecha, centro o izquierda, que esté dispuesto a autoinmolarse, y de camino arrastrar con él a su partido político, con tal de apoyar, o permitir con la abstención, que se pueda conformar un Gobierno estable en España -sea del color que sea- que trate de dirigir una nave que requiere más que nunca de un buen capitán. Y, de camino, ganaríamos un héroe.

FRANCISCO GIL

3 jun 2015

  • 3.6.15
1 de junio de 2015, fecha que quedará grabada en nuestras memorias como una de las noches más divertidas de nuestras vidas. Fuimos pocos los que tuvimos el privilegio de disfrutar de una extraordinaria cena amenizada por el monologuista Goyo Jiménez en el Restaurante Americano Mary´s Place ubicado en la Avda. Adolfo Suárez, en Dos Hermanas.

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Eran poco más de las nueve y media de la noche cuando nos adentramos en Mary´s Place. Nuestro trato con Jesús Dueñas –gerente del restaurante- había sido, hasta esta gran noche, meramente profesional. Pero nada más entrar ya notamos que esta noche no íbamos a trabajar. Teníamos una mesa reservada para nosotros en un lugar estratégico, perfecto para escuchar y ver en vivo el espectáculo de Goyo.

Pedimos ensalada y una hamburguesa especialidad de la casa: Ternera retinta coronada con lascas de parmesano, pimiento caramelizado y cebolla crujiente. No puedo explicar su sabor, hay que probarlo. No soy amante de las hamburguesas, pero tengo muy claro que repetiré y me dejaré recomendar por alguna de sus muchas especialidades la próxima vez.

El monólogo de Goyo Jiménez comenzó ya casi rozando las once de la noche, pero los allí presentes, todos amigos y familiares del propietario del local, Jesús Dueñas, no sentimos nada la espera ya que el espectáculo que ofreció este gran humorista y monologuista mereció, y mucho, la pena.

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Jamás había visto a un humorista actuar tan de cerca, a tan sólo cinco metros de él, y no pudimos parar de reír. Durante más de una hora, y acompañado de tan sólo un micrófono, hizo que todos los allí presentes nos metiéramos en su mundo de gran observador y descubriéramos que lo que cuenta no son más que historias y hechos que cualquiera de nosotros vivimos cada día y que a partir de ahora nos harán pararnos y nos sacarán una sonrisa recordando a Goyo mientras enfatiza en nuestras vidas más que cotidianas y, aparentemente, normales.

Investigo un poco sobre la trayectoria de Goyo Jiménez y me quedo sorprendida con la experiencia de este gran actor-cómico. Comenzó su andadura artística con tan sólo 14 años, a los 16 ya había obtenido varios premios y a los 17 años ya contaba con su propia compañía teatral. Estudió derecho en la Universidad de Castilla La-Mancha y Arte Dramático en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid.

En la actualidad, Goyo tiene una agenda más que apretada. Tiene previstas actuaciones en las ciudades de Valencia, Pontevedra, Santiago de Compostela, Ourense, Madrid, Barcelona… Para más información, os invito a visitar su web: www.goyojimenez.es

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Jesús Dueñas, propietario del Restaurante Mary´s Place, es gran amigo de Goyo Jiménez y quiso celebrar el primer aniversario de su restaurante invitándole a actuar. El local estaba a reventar y sabemos de primera mano que todos los que allí fuimos invitados, salimos más que satisfechos con la comida y la actuación. Como buen gerente, Jesús quería con esta fiesta agradecer a sus familiares, amigos, compañeros y clientes, que le hayan acompañado con tanto cariño durante el arranque de este proyecto que espera y desea que continúe durante muchos años más.

De parte del equipo de Dos Hermanas Diario Digital queremos decirte: “Felicidades, Jesús. Brillante noche. Gracias por compartirla con nosotros”.

CARMEN RUIZ / REDACCIÓN

22 oct 2013

  • 22.10.13
Cada semana despegan de Tripoli, Cartago, El Cairo o Dakar decenas de aviones de pasajeros que conectan los países del norte de África con los principales aeropuertos europeos. Un billete de la capital tunecina hasta Milán cuesta poco más de 50 euros.

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Varios miles de metros más abajo, hacinados en el exiguo espacio de la proa de una barcaza oscilante y quejumbrosa, centenares de personas viajan en pos de un sueño cruel, bosquejado en la mente de a quien sólo le queda la esperanza como instintivo impulso vital. El incierto pasaje de ida hacia Lampedusa, Sicilia, Almería o Rodas oscila entre los 1.000 y los 3.000 euros.

Las quimeras adoptan sus heterogéneos disfraces de acuerdo a las necesidades de quien las persigue obstinadamente. Europa es, en sí misma, una realidad mítica de límites difusos, una ficción cimentada en el delirio colectivo, el último asidero de una huida espoleada por la desesperación y la muerte.

Miles de personas atraviesan cada año las arenas de un desierto inclemente o las aguas de un mar impredecible, expuestos a peligros siempre acuciantes, con el único propósito de arribar a un destino desconocido, tan sólo esbozado por las imágenes difusas de un televisor o los vagos relatos de los que regresan con vida, demasiado orgullosos de exhibir su periplo como para reconocer su verdad. No hay muros tan altos ni tragedias tan desgarradoras para disuadir la fe en una vida mejor, en una existencia digna.

A pesar de las décadas transcurridas, la Unión Europea y los gobiernos que la integran aún no han entendido esta sencilla premisa. En una época en la que el capital, las materias primas y la codicia fluyen libremente ajenas a las fronteras físicas entre naciones, mientras los seres humanos sin crédito, los desposeídos, deben arriesgar sus vidas para filtrarse entre las rendijas de una frágil torre de marfil, las tentativas para regular los flujos migratorios en el continente han estado enfocadas de forma casi unidireccional a fortalecer un aparato militar de vigilancia que incrimina a los que osan rondar las fronteras y discrimina por razones de raza, estatus económico y nacionalidad a partir de un restrictivo sistema de visados.

Así nace el Frontex, una agencia europea que tan sólo el año pasado recibió más de 80 millones de euros de la Unión con el objetivo de repeler los intentos con visos de éxito (pues las barcazas que van a la deriva no son de su interés) de miles de migrantes de llegar a territorio europeo.

Para ello, despliegan barcos, helicópteros, aviones, radares, cámaras térmicas e incluso drones en los puntos estratégicos de la periferia continental, al tiempo que pactan con los países de partida lo que se ha convenido denominar "externalización del control de fronteras". Es decir, la persecución criminal de migrantes en territorio marroquí, tunecino, libio o senegalés a cargo de las fuerzas policiales de regímenes manifiestamente corruptos donde el respeto a los derechos humanos es apenas una coletilla que repetir sin convencimiento en los foros internacionales.

Todo para evitar que el nivel del Mediterráneo ascienda por el volumen de los cuerpos anónimos abandonados a la deriva, y las conciencias sean lastradas por el peso de la responsabilidad, siempre diluida en un mundo global, de una tragedia perpetua inducida por la indiferencia. Al fin y al cabo, cuando no existe una intención directa de hacer el mal, tampoco hay lugar para la culpa, un concepto muy arraigado en la cultura cristiana occidental, puede que por pura supervivencia moral.

Por ello, en estos días una sucesión interminable de autoridades italianas y europeas han visitado la isla de Lampedusa para lamentar la muerte de centenares de personas como si de una catástrofe natural se hubiese tratado.

Los políticos lidian de forma torpe con situaciones donde no hay culpables identificados, donde no hay células integristas, conspiradores o dictadores de diversa índole a los que sentenciar unívocamente con palabras ceremoniosas. ¿A quien responsabilizar de este auténtico genocidio?

Italia clama contra Europa por la supuesta laxitud de su control marítimo de fronteras mientras Europa recuerda el decreto italiano mediante el que se criminaliza el auxilio a embarcaciones de inmigrantes. De hecho, durante el último naufragio, varios pesqueros y barcos europeos obviaron la agonía de cientos de personas a la deriva.

Ahora, el primer ministro italiano, en un alarde de hipocresía, ha nacionalizado a los muertos, mientras que los supervivientes han sido denunciados por inmigración ilegal y volverán a ser deportados. Parece que en Italia, en Europa, sólo hay sitio para tumbas anónimas.

No hay respuestas fáciles para un asunto de tamaña complejidad. El desarrollo de la “primavera árabe”, más allá del súbito entusiasmo generado por la caída de los caudillos que regentaban buena parte de las repúblicas islámicas del norte de África y Oriente Próximo, ha arrojado un escenario de gran volatilidad política que incide de forma directa en los flujos de inmigración hacia el norte.

Como ejemplo, los acuerdos en el control de fronteras entre Italia y el régimen libio de Muanmar el Gadafi durante décadas ha dado paso ahora a un vacío legal fruto de la ausencia de estructuras políticas en el país, que se debate entre las distintas facciones de guerrilleros y liberadores de la patria después de que la OTAN decidiera intervenir de forma directa.

El resultado más evidente ha sido la proliferación, aún más si cabe, de redes mafiosas que comercian con los sueños de oleadas de personas procedentes del Cuerno de África y de exiliados de guerras civiles como la de Siria. Un eslabón más en la larga cadena de actores de una masacre cotidiana y silenciosa, tan sólo atendida cuando el número de muertos sobrepasa el umbral que la impasibilidad colectiva que legitima el actual orden mundial puede soportar sin sentir un ligero hormigueo de culpa diluida por la compasión de quien no puede o no quiere hacer nada.

El último naufragio de una barcaza de migrantes frente a la costa de Lampedusa es una desgracia y una vergüenza para Europa, como aseveraba efusivamente el Papa Francisco. Sin embargo, cabría cuestionarse cuáles son las medidas que realmente está dispuesta a acometer la Unión y cada uno de los países miembros para evitar que esa vergüenza continúe salpicando la superioridad moral de una Europa que abandera la lucha por los derechos humanos en el mundo al tiempo que deja morir en sus aguas a miles de expatriados y legitima la violación de su dignidad como personas en la periferia de sus fronteras (paradójicamente, la primera respuesta del Gobierno italiano ha sido el despliegue marítimo del ejército en misión humanitaria).

Y más aún, la sociedad europea en su conjunto debería reflexionar qué estaría inclinada a hacer por un mundo más justo donde los seres humanos gocen, al menos, de un mismo valor que el gas, el petróleo, el uranio, los minerales o el coltán que es expoliado por Occidente para mantener las calderas del progreso en pleno funcionamiento.

Mientras tanto, los discursos artificiales, las falsas muestras de humanidad y las lágrimas de cocodrilo tan sólo sirven para perpetuar un sistema abusivo cuyas consecuencias continuarán golpeando la puerta trasera de nuestra conciencia: ataúdes con números y cuerpos en el mar.

JESÚS C. ÁLVAREZ
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26 sept 2013

  • 26.9.13
El término "política" (del latín politicus y, antes, del griego πολιτικός (politikós) 'civil, relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano') se define como una rama de la moral que se ocupa de la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por hombres libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común.

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Ciertamente, desde que tengo uso de razón, me he considerado un enamorado de la política y de todo lo relativo a la gestión pública. Como versa la definición anterior, el conjunto de ideas y valores que han conformado mi cuerpo ético se ha dirigido siempre a luchar por encontrar una sociedad libre e igualitaria, capaz de construir una convivencia recíprocamente constructiva, que alcance el bien común en todas sus acciones.

Este espíritu de suma, de crecimiento social y personal, que siempre me lleva a actuar de un modo concreto (a veces puede que equivocado), me obliga a responder siempre de un modo casi vehemente ante las afrentas que la política sufre, sobre todo en estos días. Jamás seré de esos que se definen a sí mismos como "apolíticos".

Sin embargo, dadas las circunstancias que actualmente nos asaltan día a día, cabe reconocer el hecho de que cada vez se hace más complicado defender la gestión pública. Más bien parece que la Política, antiguamente amada hasta el platonismo, hoy se ha convertido en una maltrecha alma, carente de fuerzas para sobreponerse a las interesadas caricias que sus usurpadores le confieren.

No creo, para nada, que la política deba ser eso que unos pocos devoran, bajo el precio de que los muchos agonizan de indignación, frustración o hambre. La Política debe ser, a mi entender, la herramienta que nos haga a todos libres, iguales y conscientes de nuestro propio poder, poder que ella misma nos inocula y nos conmina a ejercerlo en dirección al crecimiento social, recíproco y constructivo.

Hoy por hoy, decir "política" es cuando menos escupir al diccionario de la RAE. Nadie parece ser tan osado como para gritar a los cuatro vientos que es político y es irrespetuosamente descabellado pensar que alguien puede, más aún, definirse afiliado a un partido político. Pero ¿por qué? ¿Qué nos ha llevado a esta situación? La respuesta automática es “tenemos una casta política ruín y rastrera”. Respuesta automática y pocas veces razonada. Pero puede ser cierta, en algunos repugnantes casos.

Sin embargo, traeré a este punto las interesantes palabras del doctor Martin Luther King: “no me duelen los actos de la mala gente, me duele la indiferencia de la buena gente”. Es decir, el crecimiento de una sociedad justa e igualitaria es responsabilidad de todos y cada uno de los ciudadanos que en ella convivimos y, ante tropelías como las que estamos viendo, es el momento de que la buena gente dé un paso al frente y acabe con las malas acciones de quienes ven en la gestión pública la excusa para llenarse los bolsillos.

No importa quién esté empuñando la pistola, ni el color de ésta, el resultado va a ser el mismo: atropellos y robo de dignidad. Platón decía: “El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres”. Amigos y amigas, lo hemos visto: nos sale demasiado caro desentendernos de la política. Actuemos y cambiemos las cosas. Hagamos política real y de verdad.

JOSÉ MIGUEL DELGADO TRENAS
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3 ago 2013

  • 3.8.13
Ahora que ya han pasado unos días del descarrilamiento ferroviario ocurrido en Galicia y que causó la terrible cifra de 79 fallecimientos, les invito a reflexionar sobre el asunto que lleva corroyéndome el estómago desde el primer día de esa desgracia.

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Me refiero al maquinista que conducía el tren accidentado. Sí, ese hombre que vimos ensangrentado y aturdido minutos después del accidente. Ese mismo maquinista a quien dos días después lo vimos esposado, camino de los juzgados.

Como les he comentado, mi bilis y mis jugos gástricos me llevan destrozando el estómago desde ese desgraciado accidente. Primero, por todas esas víctimas que se han ido para siempre; y segundo, por el asqueroso escarnio, criminalización y linchamiento mediático que ha sufrido el maquinista del tren. Maquinista que apareció esposado en un coche policial como si fuera un asesino.

Un hombre que ha tenido un fallo: un error que ha causado la muerte de tanta gente. Un hombre que no ha dudado en declararse culpable. Un hombre que dijo desde el primer momento que iba a una velocidad muy superior a la permitida. Un maquinista que ha dado la cara porque se ha hecho responsable de su desgraciado error.

El primer día del accidente ya circulaba en las redes sociales y en los medios de comunicación una frase totalmente descontextualizada de este maquinista que, años atrás, comentó a modo de broma que iba a 200 por hora con el tren y que la Guardia Civil no lo iba a multar. Ese comentario, ahora utilizado de una manera oportunista, se manipula para confundir mucho más a la opinión pública.

Un comentario banal y socarrón hecho mucho tiempo atrás lo sacan de contexto ese día fatídico para hundir a un hombre que, evidentemente, ha cometido un grave error, y que, seguro, lo va a pagar muy caro. No por la pena que la Justicia pueda imponerle. No, eso es lo menos duro. La peor condena que va a tener ese hombre para el resto de su vida será su conciencia. Saber que él se equivocó, y que, por eso, murieron todas esas personas.

¿Y quieren saber lo de mi estómago? ¿Les apetece que les cuente por qué quiero vomitar desde ese aciago día? Pues porque me da asco todo lo que he visto y oído. Que directivos de Renfe y Adif, desde el primer momento, se quitaran de en medio eludiendo responsabilidades, sin haber cotejado siquiera la famosa caja negra. Echaron toda la mierda encima de un maquinista, que estará hundido en el fango el resto de sus días.

Lo que yo me pregunto, y las autoridades no me lo han explicado todavía, es cómo es posible que un solo hombre vaya en la locomotora de esos velocísimos trenes. Circulan a lomos de esos titanes de la velocidad solos, sin la compañía de otro conductor. Esa figura que antes se denominaba Ayudante de Maquinista, una figura ferroviaria que lleva años desaparecida. Ayudante que en momentos críticos pueda echar mano de los controles de la locomotora para evitar cualquier tipo de accidente, al igual, que lo podría hacer el copiloto de cualquier aeronave.

Esa es la cuestión, sí, por qué van solos los maquinistas, queridos lectores. En esos grandes trenes de Alta Velocidad, los conductores van solos, por un mísero sueldo que no cubre la gran responsabilidad que llevan sobre sus espaldas, una responsabilidad que nuestro maquinista llevará ahora de por vida sobre su conciencia.

Sí, miles de solitarios maquinistas llevan sanos y salvos, todos los días del año, a millones de viajeros que cogen cada día el Ave. ¿Por qué no preguntan a todos esos altos cargos ferroviarios que descargaron la responsabilidad sobre el maquinista cómo es posible que permitan márgenes de maniobra manual tan peligrosos? ¿En el siglo veintiuno, en la gran era del AVE, los maquinistas tienen que reducir la marcha de 200 kms/hora manualmente tres kilómetros antes de acercarse a una curva que solo permite la circulación a 80 kms/hora?

¿En la era de las automatizaciones de ordenadores inteligentes se ponen las vidas de unos centenares de viajeros en las manos de un maquinista? Y díganme, ¿quién es responsable de eso?

Yo no lo sé. Pero sí tengo algo claro: que el único que se puede salvar de esa responsabilidad es el maquinista que vi por la tele. Sí, ese hombre que caminaba aturdido y sangrando, y al que después lo llevaron esposado camino de los juzgados como si fuera un vulgar asesino.

GONZALO PÉREZ PONFERRADA
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