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5 jul. 2013

  • 5.7.13
Lo expulsan de la judicatura y, al cabo, retorna a la política, pero su voz no la pueden silenciar: se trata del exjuez Baltazar Garzón, un héroe para algunos y un villano para otros. Siempre, una personalidad controvertida y sumamente interesante. Tras dedicarse a asesorar a algunas instituciones judiciales internacionales y defender a destacados personajes, como Julian Assange, fundador de WikiLeaks, el antiguo titular del Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional vuelve a la política, no integrado en las listas de un partido, sino creando su propia plataforma: Convocatoria Cívica.

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Y no deja lugar a dudas: en su manifiesto insta a unir fuerzas contra la “involución democrática” que está sufriendo España. Más claro, agua. Al exmagistrado le indigna lo que está pasando y se declara harto de la corrupción, del retroceso en derechos y libertades, de la sumisión al poder económico, de la desmemoria histórica, de la injusticia social, de la desigualdad de los ciudadanos frente a las leyes y de la manipulación mediática. Y ofrece otro camino, otras alternativas para enfrentarse a los privilegiados, al poder de los banqueros, para mantener los servicios públicos y para eliminar la corrupción.

Cuando se habla de regeneración y de transparencia que jamás alcanzan a la política “profesional”, Baltazar Garzón apela al compromiso ciudadano, haciendo un llamamiento a las personas y organizaciones sociales y políticas que ya actúan en representación de los ciudadanos, para la construcción de una plataforma de participación basada en la igualdad, la pluralidad y la defensa de los derechos humanos.

Ya se han adherido al manifiesto catedráticos, artistas, juristas, periodistas y otras personas que representan al mundo de la intelectualidad, la política, las artes y los medios de comunicación de este país, como Vicenç Navarro, Carlos Jiménez-Villarejo, José Chamizo, Manuel Rivas, Pilar del Río y otros.

Los ciudadanos exteriorizan su hartazgo de muchas maneras, como manifestaciones y algaradas callejeras, pero también constituyendo herramientas distintas para expresar sus opiniones y deseos e intentar influenciar, si no actuar directamente, en la “cosa pública”.

Y la de Garzón es una propuesta que habrá que seguir con mucha atención porque no se trata de una ocurrencia inviable que surge en el momento más oportuno, cuando los grandes partidos despiertan la desafección de unos ciudadanos que exigen otras medidas que no supongan llanamente el empobrecimiento de los más pobres, sino de una oferta viable y potencialmente detergente de lo que ensucia la política española. Desde este Lienzo de Babel también me adhiero, por supuesto, al llamamiento de Baltazar Garzón.

DANIEL GUERRERO
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