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26 ago. 2020

  • 26.8.20
En la denominada cultura occidental se ha dado una permanente búsqueda de imágenes que se parezcan lo más posible a la realidad visible, dando lugar al mito de la imagen objetiva. Pero también ha dado lugar al uso de las imágenes como instrumento para conocer la realidad y para transmitir ese conocimiento.



Museo de Arte de San DiegoSi se pueden realizar imágenes lo más semejantes posibles a las cosas, es posible utilizar esas imágenes como forma de fijar su aspecto y transmitirlo a quienes no pueden observarlas directamente, como podemos ver en este magnífico ejemplo de acuarela representando un flamenco y que fue pintado por un artista anónimo de la India, hacia 1780.

En Inglaterra, y en otros países europeos, en el siglo XVIII, se había extendido un gran interés por los métodos científicos de observación e investigación y esto había llevado al interés por el coleccionismo de imágenes que registraran de la forma más fiel posible los animales y plantas que eran desconocidos en el continente europeo.

Muchas de estas imágenes fueron encargadas a artistas hindúes por los altos cargos de la East India Company que fue fundada en Inglaterra como instrumento para la explotación comercial del sur y sudeste asiáticos. Lógicamente, la atención se centraba en aquellos especímenes que fueran susceptibles de un mayor aprovechamiento comercial como, por ejemplo, los idóneos para nuevos usos productivos o las plantas medicinales, como esta acuarela de Shaikh Zayn-Al-Din que representa un ejemplar de Cassia occidentalis, conocida por sus aplicaciones medicinales.



En todas estas obras lo que más se apreciaba era la capacidad del artista para reflejar de la manera más fiel posible las características específicas de plantas y animales. Reflejar de la manera más fiel el objeto representado requiere pericia artística, dominio de instrumentos y técnicas. Pero no es suficiente: es imprescindible una observación detenida del original, un verdadero estudio del mismo, de su anatomía, de sus rasgos definitorios.



Sin esta observación metódica, el resultado puede alejarse bastante de la realidad, como podemos comprobar si comparamos dos obras del mismo artista, el genial Durero (Albrecht Dürer, 1471-1528). Aparte de las diferentes técnicas utilizadas, es obvio que mientras que la aguada del Ala de una carraca muerta es el resultado de una cuidadosa y minuciosa observación, el delfín de la Venus auf dem Delfin dista mucho de reflejar las formas de un verdadero delfín.

.Lo más probable es que Durero no hubiera tenido la ocasión de contemplar detenidamente un delfín real y que, dado el carácter mítico del tema, tampoco tuviera intención de hacer el “retrato” de un animal natural. En todo caso, sabemos que Durero estaba plenamente convencido de que el arte es imitación de la naturaleza y que el arte y la ciencia van unidos en sus obras.

Una y otra vez investiga metódicamente sobre las proporciones y las formas que se dan en los objetos naturales. En sus Cuatro libros sobre la proporción humana, afirma: "Porque, a decir verdad, el arte está en la Naturaleza; quien pueda sacarlo fuera [dibujarlo] ése lo ha logrado.”

Para la redacción de este tratado, de indudable importancia para las posteriores generaciones de artistas, se basó en datos empíricos obtenidos con mediciones de numerosos modelos naturales y no en proporciones ideales sobre la belleza. Los datos recogidos tuvieron un valor extraordinario por su carácter único en las ciencias naturales de su época.

.Es a partir del Renacimiento cuando las imágenes se convierten en valiosas aliadas del conocimiento científico y de la investigación empírica. En un contexto cultural de progresivo aumento de la autoridad de la ciencia que adquiere gran influencia con las teorías astronómicas de Copérnico, Kepler, Galileo, por un lado; y por otra parte, los planteamientos filosóficos de Francis Bacon que intentan sistematizar el método científico.

Bacon defiende la observación directa de la Naturaleza y la realización de experimentos como base del conocimiento, afirmando que “la argumentación no es suficiente ya que las sutilezas de la Naturaleza, muchas veces son mayores que la sutileza de los argumentos”.

El conocimiento verdadero no puede tener otras fuentes que el experimento, la minuciosa observación y la comprobación metódica de la lógica.

Para hacer más precisa y más detallada la observación son imprescindibles nuevos instrumentos capaces de ver más allá de nuestra visión natural: telescopios y microscopios que constituyen herramientas fundamentales para conocer el universo en el que vivimos.

Dibujos y grabados naturalistas servirán para fijar las nuevas imágenes que nos muestran los secretos de la Naturaleza y, junto con esquemas gráficos para el diseño de objetos o para la descripción de su funcionamiento, ilustrarán los tratados técnicos y científicos. De hecho, hasta la invención de la fotografía, y sobre todo a partir de la Ilustración, dibujar era una habilidad y una necesidad esencial para la investigación científica.

Claro que si se pretende que las imágenes tengan valor como recurso científico, será necesario que cumplan una serie de condiciones. Para dibujar de forma eficaz el objeto de estudio es preciso observarlo adecuadamente. Y para esto es necesario aprender a ver y, para ello, el proceso de dibujar es de una gran utilidad.

Además, la propia práctica del dibujo permite mejorar las observaciones de los fenómenos naturales. Y, por supuesto, una condición esencial es asegurar la menor carga posible de subjetividad en su realización y, lógicamente, en su interpretación.

JES JIMÉNEZ

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