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Jes Jiménez | Poder femenino

El pasado jueves 19 de mayo se inauguró en el Museo Británico de Londres una muy interesante exposición con el título de Feminine power the divine to the demonic (El poder femenino, de lo divino a lo demoniaco). Desde un punto de vista intercultural, se pretende mostrar la profunda influencia de seres espirituales femeninos desde hace más de 5.000 años en todo tipo de religiones y creencias.


Se muestran esculturas, objetos sagrados, pinturas y otros tipos de materiales gráficos y artísticos tanto del mundo antiguo y medieval, como del contemporáneo y procedentes de todo el planeta. A través de esos objetos se explora el papel significativo que diosas, demonios (femeninos), brujas, espíritus y santas han jugado en la construcción de un imaginario colectivo que ha dado forma a diversas formas de entender –más bien, de narrar– nuestro mundo.

La observación detenida de esas imágenes, ilustra los diversos modos en los que la autoridad femenina y la feminidad han sido homenajeadas, temidas y entendidas, a través de la historia. Los poderes femeninos materializados en esas imágenes expresan diversas cualidades espirituales: sabiduría, pasión y deseo, ardor bélico, justicia, piedad…

Algunas de esas imágenes muestran a seres espirituales que revelan el autodominio y la independencia, desafiando las expectativas de una conducta femenina de sumisión. Según el punto de vista desde el que se contemplen y analicen, pueden sugerir empoderamiento o suscitar el miedo. Entre ellas se encuentra la Reina de la noche (Ereshkigal) de la antigua Babilonia que ya mencioné en una entrega anterior dedicada a los Dioses.

En el museo de arte de Cleveland se encuentra la imagen que aparece abajo, a la izquierda, una pintura kalighat de principios del siglo XIX, en la que se puede ver a Kali, una de las deidades femeninas con mayor poderío. La “terrorífica” diosa hindú lleva una cabeza cortada en una de sus manos, mientras que en otra porta la espada con la que ha procedido a la decapitación. Y aún le sobran un par de manos para atender a sus otras actividades como Gran Madre y liberadora del miedo y la ignorancia. El caballero que aparece tendido en el suelo, bajo sus pies, es nada menos que el dios Shiva, uno de sus esposos.


No puedo olvidar su primera aparición en el universo imaginario de mi adolescencia a través de un dramático episodio narrado por Julio Verne en su novela La vuelta al mundo en ochenta días: “Durante aquella mañana, más allá de la estación de Malligaum, los viajeros atravesaron este territorio funesto tantas veces ensangrentado por los sectarios de la diosa Kali. Cerca se elevaba Elora con sus pagodas admirables, no lejos la célebre Aurungabad, la capital del indómito Aurengyeb…”.

No podía Kali estar ausente de la exposición del Museo Británico. De hecho, se ha encargado una pieza ex profeso para su exhibición en dicha muestra al artista de Calcuta Kaushik Ghosh. La guirnalda con abundantes cabezas cortadas que cuelga de sus hombros (los de Kali, no los del artista) simboliza su poder para destruir el ego, mientras que los gestos de sus manos se supone que muestran su generosidad y valentía.

Honrada como la Gran Madre, Kali es, a la vez, temida y amada. Y su tremenda agresión no es en realidad más que un acto simbólico de compasión mediante el que corta las ataduras del karma y las cualidades negativas que entorpecen el crecimiento espiritual.

Pero, a mi parecer, el personaje imaginario que mejor representa la resistencia femenina frente al intento de dominación masculina es Lilith. Probablemente, mucho menos conocida que Kali, aunque sí tiene una cierta presencia en algunas tradiciones rabínicas esotéricas. Hay diferentes versiones sobre su origen, pero la más atractiva, desde mi punto de vista, es aquella que la identifica como la primera mujer creada por Elohim (dios único de judíos y cristianos): “Así que creó al hombre; a la imagen de Elohim lo creó; macho y hembra El los creó”.

La verdad es que aquí no aparece para nada el nombre de esa hembra; ni tampoco figura en ninguna otra versión del Génesis, ni en las cristianas, ni en las judaicas. Pero como parece que hay una cierta contradicción con lo afirmado en Génesis 2,7 y Génesis 2,22 respecto a la creación de la mujer y la materia prima utilizada, algunos rabinos, después de sesudas reflexiones, llegaron a la conclusión de que se habían creado dos mujeres primordiales en etapas sucesivas.

A la primera de ellas la llamaron Lilith y la podemos contemplar a la derecja de la imagen anterior, en una sugerente representación pictórica realizada por el británico John Collier en 1889. Como Sherezade al final de cada una de sus Mil y una noches, ahora he de interrumpir la historia de Lilith, pero la continuaré en la próxima entrega.

JES JIMÉNEZ
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