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ANDALUCÍA CON UCRANIA

COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

27 oct 2022

  • 27.10.22
Barba cortita, bien recortada. Pelo cano y, quizá, ¿unos kilos menos? Tal vez. Ojos pequeños, oscuros. Ojos de juez y parte. Fernando Grande-Marlaska llega a Sevilla con un pequeño apuro. Es viernes y el ministro del Interior está en Sevilla para inaugurar una comisaría y, sin duda, es un evento especial. Seamos sinceros: los sevillanos somos amigos del postureo desde los tiempos de Cervantes –uso el término ‘postureo’, sí, porque ya lo recoge la Real Academia Española de la Lengua, y porque nos describe tan bien...–, y aquella ocasión lo merecía.


El ministro está en la Ciudad del Betis, con el encorsetamiento propio del protocolo y con la inquietud de dar un titular no deseado a la prensa. De la seguridad no se preocupa: se ha visto en situaciones peores, mientras ejercía un oficio más noble.

Ahora, el ministro está en Sevilla y tiene un asunto incómodo que gestionar. Va a inaugurar una comisaría para dar servicio al Distrito Sur. Es la zona más pobre de la ciudad –junto al Vacie– y hasta la Policía teme entrar en algunos de sus rincones. Es un distrito lleno de personas hambrientas de orden y, también, cuenta con personas que pretenden ser como el ministro: juez y parte.

Los vecinos y el Ayuntamiento pidieron una comisaría para el Polígono Sur y se lo dieron... fuera de los límites del Polígono Sur, junto al Hospital Virgen del Rocío. Un periódico poco sospechoso de pepero, Diario de Sevilla, no ha dudado en calificarla como “la comisaría de la traición” (se puede ver aquí).

El ministro está en Sevilla y sabe que, como responsable último de estas cuestiones, está siendo criticado. Quizá sea injusto. Un servidor público de su categoría está en otras cosas y, de seguro, la decisión la tomó otro. Pero el jefe es él y, sin duda, pudo hacer algo más en cuanto empezaron las denuncias por parte de la prensa.

El señor ministro está en Sevilla y está en un aprieto. Están presentes el delegado del Gobierno, el alcalde, el director general de la Policía y otros asistentes de honor. Le toca dar un discurso y, llegado el momento, ya sabe lo que tiene que decir. Se pone tieso y empieza a hablar de promesas cumplidas, de las operaciones contra el narcotráfico, del aumento de la financiación... Insuficiente. Lo sabe. No se podía ir del evento sin dar un auténtico titular.

Sin embargo, él ya sabe cómo resolver este asunto. Lo ha aprendido de su amo. Si hay aprietos, toca tirar del infinito franquismo: Queipo de Llano tiene que salir de la Macarena. ¿Qué tiene que ver el tocino con la velocidad? No lo sabemos. Pero el ministro ha dado un titular y ya puede volver a casa con la tranquilidad de tener los deberes hechos.

El evento fue el pasado viernes. Con fecha del lunes siguiente, el hermano mayor de la Macarena, José Antonio Fernández Cabrero, recibe una carta oficial instándole a sacar de la Basílica a Queipo de Llano y a Francisco Bohórquez –este último, un señor desconocido por el gran público y al que el Gobierno acaba de dar más publicidad post mortem que la que le ofrecía la lápida–.

Este hermano mayor es más moderado y prudente que su antecesor, y no pierde la calma. Está molesto: se ha enterado de la carta por la prensa. Ya se habían hecho acciones previas, como quitar de la lápida toda referencia a la naturaleza militar y franquista del difunto. Es más, el hermano mayor había propuesto enviar a Queipo de Llano, antiguo hermano mayor, a un columbario que pretendía hacer, vinculada con la basílica. Está entre la hermandad, el Gobierno y las familias de ambos fallecidos. De Justicia no hablamos, porque ya no hay en España, si es que alguna vez la hubo.

Esto ya se reduce a ver quién tiene la corbata más grande. La Hermandad de la Macarena es una de las tres grandes hermandades de la Ciudad del Betis. La religión, la gratitud –es conocida la labor social de las hermandades–, la sentimentalidad o la costumbre, cuando no todas a la vez, hacen que más de media ciudad esté vinculada tanto con sus imágenes titulares como con la hermandad en sí.

Entrar en la Parroquia de San Gil sin permiso de su hermano mayor sería una profanación difícil de perdonar y, en pleno divorcio con el Partido Socialista, puede provocar una radicalización de ciertas posiciones políticas.

Más todavía si tenemos en cuenta que muchos sevillanos tienen la convicción de que hay cuestiones más urgentes. Cuestiones que, entre otras organizaciones, combaten muchas hermandades con sus acciones de asistencia social. Una convicción que se suma a la absoluta seguridad de que Andalucía no recibe el mismo tratamiento por parte del Gobierno que las desleales Cataluña y Euskadi. Desde la imposición, desde la falta de diálogo, poco se puede conseguir.

Espero y deseo que los generales franquistas salgan de la Macarena. Y que algún representante del Gobierno se siente con la hermandad, dé facilidades, y que encuentren una solución discreta y respetuosa con las instituciones de la ciudad. Con todas. Soñar es gratis, ¿no?

Concluyo con un apunte: el ‘Vaca’, un ciudadano con antecedentes policiales, acaba de morir tras un tiroteo en las Tres Mil Viviendas –zona conflictiva del Polígono Sur–. No hay propaganda que cambie eso. Sin embargo, un ministro ha venido a Sevilla, ha inaugurado una comisaría donde no debía y ha resuelto el aprieto en el que se encontraba. Conclusión de sanchista: Queipo de Llano tiene que salir de la Macarena.

Haereticus dixit

RAFAEL SOTO

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