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HIPODROMO

29 oct 2023

  • 29.10.23
Carmen Pascual cuenta que la educación y el ejemplo que recibió de su familia influyeron de forma decisiva en su deseo de dedicar su vida, conocimiento y tiempo a los más vulnerables, siendo consciente de que en este mundo sigue siendo la mujer la primera víctima. Por eso fundó EducAcciONG, la asociación a través de la cual trabaja por transformar la sociedad desde la educación.


Mari Carmen Pascual Romero nació en Huelva capital hace ahora 61 años, pero tras acabar su carrera de Ingeniería Técnica Industrial, Electricidad y Electrónica y, posteriormente, lograr su plaza como profesora en Formación Profesional, lo que le llevó a ejercer esta profesión por provincias como Jaén o Cádiz, recaló un buen día en la barriada nazarena de Montequinto, de donde sigue siendo vecina y desde donde ha emprendido toda su lucha por ayudar a los más desfavorecidos tanto en España como en distintos países europeos, americanos o africanos.

Se encuentra casada con Rafael Garrido, también como ella ingeniero técnico en Electrónica, con quien tiene dos hijos, Ángela y Pablo, una de ellas ingeniera de Telecomunicaciones y el otro ingeniero de Robótica. Y residiendo ya en Montequinto fue cuando, en el año 2008, se decidió a fundar, junto con un grupo de compañeros y compañeras vinculadas a la enseñanza, la Asociación EducAcciONG con el propósito de tratar de transformar la sociedad a través de la educación.

Y bien que, dentro de los múltiples obstáculos con los que se encuentran cada día, lo está consiguiendo. Desde sus inicios han estado llevando a cabo proyectos vinculados a la alfabetización, apoyo escolar, creando y equipando centros escolares y de formación profesional, procurando capacitaciones laborales, obteniendo becas de estudios universitarios y promocionando cooperativas o pequeños negocios, centrados en muchos casos en la mujer. Pero también han colaborado en diferentes programas de ayuda a personas refugiadas (campamentos saharauis, sirios o ucranianos), donde pudo comprobar cómo la mujer siempre se encuentra en una posición de mayor vulnerabilidad.

Carmen se encuentra hoy jubilada, muy a su pesar, en cuanto a sus obligaciones –que confiesa que nunca lo fueron, sino todo lo contrario- como profesora, pero no como activista de su ONG, de la que habla de forma apasionada y de la que no se cansa de dedicarle todo el tiempo que puede, pese a los múltiples problemas con los que se encuentran cada día. Y de ello, y de otras cuestiones, como el hecho de formar parte del Calendario ¡Agárrate a la vida’ que editó la Delegación de Igualdad del Ayuntamiento de Dos Hermanas, del que es el mes de octubre, habla en esta entrevista en primera persona. Suya es la palabra:

“Estar incluida en el Calendario fue para mí una sorpresa y todo un orgullo, sobre todo por el significado que tiene. El Ayuntamiento de Dos Hermanas la verdad es que hace muchos años que se dedica a la lucha por la igualdad de la mujer, al apoyo a las jóvenes, a organizar actividades con programas como ‘Dos Hermanas Divertida’. Entonces, el que se acuerden de mí y que hayan valorado mi trayectoria, porque nosotros en la ONG nos centramos principalmente en el voluntariado de mujeres, me llena de orgullo. De hecho, nosotros llevamos a cabo muchas actividades de sensibilización en los centros escolares de Dos Hermanas y de la provincia, y todo lo basamos en promocionar la igualdad de la mujer. Y si nos centramos en el ámbito de la cooperación internacional, se trata de una batalla tremenda, ya que en todos los sitios donde trabajamos es donde se nota más la desigualdad”.

“La época en la que estudié Ingeniería Técnica había muy pocas mujeres. Recuerdo que el año en el que me gradué éramos sólo cinco mujeres. Yo creo que cogí esta especialidad porque yo veía que mi padre, que era maestro, ayudaba a algunas personas que se habían quedado sin trabajo dándole cursos de reparación de televisión. Él tenía en casa un tallercito, y yo creo que de ahí me viene la afición por la electrónica. Pero mi camino en esta formación no fue fácil. Ya en aquellos años de estudiante tuve que aguantar comentarios de profesores que no entendían qué hacía yo en esa carrera. Hubo en concreto un profesor retrógrado, porque afortunadamente no todos eran así, que me preguntó que si estaba en una dirección de obra y me cogían el culo, ¿qué haría yo? Y de las entrevistas de trabajo a las que asistí una vez que acabe la carrera, pues tengo anécdotas de todo tipo. Yo, para poder ir a Madrid a entrevistas de trabajo, daba clases particulares para poder pagarme el viaje y la estancia, y recuerdo que después de una semana de exámenes, de inglés, de electrónica, de digital, de analógica…, llegaba a la entrevista final y te decían: “Señorita, no me voy a andar por las ramas: no vamos buscando mujeres”. Eso fue algo que me pasó no sólo en Madrid, también en Sevilla, en concreto en una empresa que no me importa decir su nombre: ‘HP’. Y al principio de empezar a trabajar, me discutían los jefes de obras como cuestionando que yo entendiera de las secciones de los cables o de otras materias. Pero, bueno, cuando veían que lo dominaba, ya me trataban de otra manera, aunque siempre he tenido que demostrar lo que a un hombre no se le pide”.

“Al final saqué una plaza de funcionaria, pasando por ciudades como Jaén, Cádiz, Algeciras o el Puerto de Santa María, hasta que llegué a Montequinto por un concurso de traslado. Yo tenía mi plaza definitiva en Algeciras, donde daba clase en los talleres de Electrónica, y llegué al Hermanos Machado, antes de que estuviera en su actual ubicación, aunque también pasé por el María Galiana. Yo era profesora de Equipos Electrónicos en Formación Profesional, y hubo una época en la que di Tecnología en Secundaria”.

“A mí todo lo relacionado con la ayuda a los más necesitados me viene de educación. En mi familia, mi abuelo, mi padre y sus hermanos se dedicaron todos a la enseñanza. Eso es algo que se vive. Y la hermana de mi madre estudió Enfermería. En mi casa, por ejemplo, nunca hubo una diferencia entre qué tipo de educación se le daba a un hombre o a una mujer. Es algo que he visto normal. Y la inquietud de luchar por la justicia también me viene de familia. Siempre nos han inculcado el trabajar todo lo que podamos para ayudar a los demás, aunque muchas veces dan ganas de tirar la toalla por las muchas dificultades que nos encontramos por el camino. Por ejemplo, nosotros mandamos contenedores llenos de material, pero no contamos con una nave donde guardar ese material, lo que nos lleva a tener que pelearnos porque alguien nos preste algún lugar donde por acumularlo. Recuerdo que la primera vez que fui al Centro Cultural de Montequinto nos dijeron que no sabían de la existencia de nuestra ONG, pero cuando vieron lo que hacíamos, nos preguntaban que cómo lo conseguíamos, y nosotros contestamos que con mucho empeño”.

“EducAcción ONG surge siendo yo coordinadora de un proyecto europeo, que se llamaba ‘Diferentes pero semejantes’, en el centro donde daba clase, y gracias a él hicimos mucha amistad con algunos de los profesores, que eran de centros de Inglaterra, Francia y Alemania, y, más en concreto, con la coordinadora francesa, que, de hecho, es desde entonces nuestra vicepresidenta. Nosotros habíamos empezado en un primer momento a llevar proyectos de apoyo a otras ONG para trabajar en Guatemala y Paraguay, entre otros países, pero vimos que no era lo que nosotros queríamos porque en nuestros estatutos tenemos recogido que nadie puede cobrar, que todo es con voluntariado, de forma que si se viaja a un país, te lo tienes que pagar todo de tu bolsillo, porque no queremos que esto sea algo para que la gente viva de ello. Y por eso decidimos hacer nuestra ONG, que creamos entre gente que en un principio provenían del mundo de la educación. Y nuestro fin no era otro que transformar la sociedad a través de la educación, proporcionar educación para transformar la vida de la gente y que tuvieran una mejor calidad de vida. Por eso todos los proyectos están basados principalmente en la educación: alfabetizar a adultos, permitir estudios de Primaria y Secundaria, dar becas universitarias, equipar colegios, proporcionar materiales, libros… Pero tenemos también un proyecto que es proporcionar ayuda a familias en paro y que no pueden comprar el material necesario. Nosotros hemos adelantado dinero de matrículas, hemos dado becas a fondo perdido, y hoy hay muchos psicólogos, maestros y enfermeros que han podido estudiar todo el proceso gracias a nuestra financiación”.

“Ahora estamos muy centrados en Guatemala, donde tenemos distintos proyectos, pero también hemos estado trabajando en Paraguay y ahora mismo estamos en otro de apoyo escolar en Burundi para pagar todos los materiales y que los niños y niñas, y universitarios, puedan estudiar. Hemos colaborado varias veces con Filipinas, con Senegal, con Marruecos, desde donde ahora nos están demandando material tras el terremoto; con Cuba, a donde sobre todo se envía material médico en colaboración con el Ayuntamiento de Dos Hermanas. Gracias a un acuerdo que teníamos firmado con Asisa hemos conseguido máquinas de diálisis, campimetría de los ojos, máquinas para hacer colonoscopias, resucitadores, camillas, mesas, equipaciones médicas, y que hemos enviado también a Marruecos y Guatemala. El SAS también nos ha dado muchas cosas para Paraguay. En una ocasión se desmanteló entero un centro médico en Carmona y todo lo que tenía se envió a Cuba: máquinas para hacer radiografías, las salas de espera, paritorios, habitaciones…. Cuando ocurre algo así, nosotros vamos, lo desmontamos todo, se prepara y se hace el envío, y luego ya nos desplazamos al sitio elegido porque nosotros luego tenemos que hacer un seguimiento de todo ello. Ahora tenemos el proyecto, del que estuvimos haciendo sensibilización aquí en Montequinto, con mujeres que han sido maltratadas en Guatemala, las llamadas ‘guajeras’, que desde chicas han tenido que buscar siempre comida entre las basuras, que no han podido ir al colegio, y a las que se les da alfabetización, se les paga terapias, porque han sido maltratadas en todos los sentidos; se les pagan revisiones médicas, porque suelen tener muchos problemas físicos, e incluso se les daban clases de costura, de bisutería y de cocina, de forma que con las cosas que hacían las vendían luego en mercadillos y todo el dinero que sacaban era para ellas. En otras palabras, hacemos comercio justo con todo ello. Eso es cooperación pura y dura”.

“La financiación para llevar a cabo todo esto procede de fondos propios, de lo que aportan los socios, y de vender artesanía en los mercadillos, que bien hacen estas mujeres o nosotros mismos, y todo lo conseguido se emplea en los diversos proyectos. Por ejemplo, con ello hemos subvencionado la compra de un montón de tablets. El Covid me pilló a mí en Guatemala, visitando precisamente a las mujeres del proyecto ‘guajeras’, además de otro proyecto que tenemos en un colegio de allí. Entonces, compramos doscientas tablets en distintas remesas de ofertas y las mandamos a este colegio para que tuviera una cada alumno, además de los profesores. Y desde Infantil hasta que se han incorporado a un trabajo, han estado trabajando con ellas”.

“En estos momentos, en la ONG contamos con algo más de cien asociados. Unos aportan lo que pueden económicamente, porque no hay una cantidad fija, pero otros, por ejemplo, que se encuentran en paro, en vez de pagar lo que hacen es aportar su trabajo. En este sentido, me acuerdo mucho de un asociado que fue muy importante para nosotros, y que desgraciadamente ha muerto hace poco, que era el que nos hacía los logos y diseños. Él estaba parado pero nos aportaba su trabajo y conocimientos”.

“La labor que hacemos es muy importante, pero somos conscientes de que nos queda mucho. De hecho, con las dificultades que tenemos, nos ha pasado que hemos llegado a perder donaciones importantes, palets de medicinas, por no tener dónde guardarlas, algo que estamos supliendo con espacios que nos presta el Ayuntamiento de Dos Hermanas. Café Soto, por ejemplo, nos deja lugares en su nave para guardar cosas, como ocurrió con la ayuda humanitaria que enviamos Ucrania en el principio de la guerra, y ahora con dos palets que tenemos allí con recursos didácticos. Como decía, hay momentos en los que dan muchas ganas de tirar la toalla, pero no lo hacemos pensando en las personas. Vale que me digan que no nos pueden dar ayuda, pero que no quede que yo no me esfuerce en conseguir que estas personas dispongan de unos recursos que les son necesarios. No tenemos un local donde guardar las cosas en condiciones, pero tampoco una furgoneta que nos ayude a recoger material o, como también hacemos, a repartir comidas a cien familias de Villanueva del Río y Minas que no tiene nada. Y nosotros lo hemos hecho en nuestros coches. Así funcionamos. Todo lo que nos van diciendo que les hacen falta a esas familias, llenamos varios coches de voluntarios y se los llevamos. Así es como vamos tirando, pero es que no tenemos de momento otra manera de hacerlo”.


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