La Cooperativa Agrícola La Unión, una de las entidades de referencia en la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles, celebró ayer la tercera edición de su Vendimia Infantil en las modernas instalaciones de la calle Río de la Hoz, muy cerca de la estación de ferrocarril de Montilla. Una jornada festiva que, en apenas tres años, ha pasado de ser una iniciativa pionera a convertirse en una tradición esperada por decenas de familias.
Y es que no se trata únicamente de cortar racimos o de ver cómo el mosto fluye tras la molturación. El objetivo que se ha propuesto esta entidad fundada en 1979 por un grupo de agricultores impulsados por la Unión de Agricultores y Ganaderos (UAGA) va mucho más allá: acercar a los más pequeños la cultura del vino, enseñarles de dónde nace y, sobre todo, sembrar en ellos el amor por la tierra para garantizar un relevo generacional que se ha convertido en una necesidad para el sector agrícola.
Desde primera hora de la mañana, el lagar de La Unión se llenó de movimiento. Llegaban niños y niñas acompañados de sus padres y abuelos, algunos empujando carritos, otros cargando cestas y hasta pequeños capazos en los que reposaban los racimos de uva recién cortados. Cada familia pasaba por la báscula para pesar el fruto, aunque en cantidades simbólicas, porque lo importante, una vez más, no era la cantidad, sino el gesto.
Después, la magia continuaba en el pequeño lagar portátil instalado para la ocasión. Allí, bajo la mirada atenta de los operarios de la cooperativa y el asombro de los más pequeños, las uvas se fueron transformando en mosto, ese líquido de color parduzco y tremendamente peguntoso, que encierra siglos de historia y que, ayer, se convirtió en el mejor aprendizaje.
“Difícilmente conseguiremos un relevo generacional tan necesario para el mantenimiento de la vitivinicultura en el marco Montilla-Moriles si no dejamos que los más jóvenes conozcan nuestras tradiciones y entiendan la importancia de la defensa de los agricultores”, afirmó Francisco Fernández, director-gerente de La Unión.
El portavoz de la cooperativa no dudó en recalcar la finalidad última de esta cita: despertar la curiosidad de los niños por la cultura vitivinícola y enseñarles que detrás de cada copa de vino hay un trabajo, una historia y una identidad. “Queremos sembrar entre la infancia y la juventud la semilla de mantener nuestro patrimonio, el que nos identifica, con una tradición antiquísima del cultivo de la vid y la elaboración de nuestros vinos generosos”, añadió.
La Vendimia Infantil no solo repitió el esquema de sus dos ediciones anteriores, sino que incorporó varias novedades muy bien acogidas por todos los asistentes. La primera, un taller impartido por la Asociación de Amigos de la Venencia de Montilla, en el que los niños pudieron aprender esta técnica que nació con una finalidad práctica —probar el estado del vino en las botas de crianza— y que se ha convertido en un símbolo del marco Montilla-Moriles. Y es que comprobar cómo el vino describe un arco perfecto antes de romper en la copa sigue siendo, para muchos, un momento mágico.
La segunda novedad fue la participación de niños procedentes de Moriles, localidad con la que la Cooperativa Agrícola La Unión mantiene una relación especial, sobre todo desde la fusión, el pasado mes de junio, con la Cooperativa Vitivinícola Nuestra Señora del Rosario. Un guiño al territorio que, según avanzó Francisco Fernández, se repetirá en ediciones futuras con otros pueblos del marco Montilla-Moriles. De esta manera, la Vendimia Infantil se abre al conjunto de la comarca, convirtiéndose así en un espacio común para las familias de toda la Denominación de Origen.
Además de la vendimia simbólica y el taller de venencia, los pequeños pudieron disfrutar de un desayuno molinero en el que no faltaron el pan y el aceite de oliva virgen extra elaborado por la propia Cooperativa Agrícola La Unión. Un momento sencillo, pero cargado de significado, que recordó la importancia de los productos básicos en la dieta mediterránea y la conexión entre el campo y la mesa. Tras el desayuno, los participantes recibieron un diploma conmemorativo, un detalle que guardarán como recuerdo de un día diferente.
Pero la experiencia no terminará aquí. La Unión ha anunciado la convocatoria de un concurso de dibujo en el que los niños y niñas podrán plasmar cómo vivieron la jornada de ayer. Las obras deberán entregarse antes del 10 de septiembre en la oficina principal de la cooperativa, situada en la Avenida de Italia, y formarán parte de una pequeña exposición que la entidad prevé organizar en las próximas semanas.
En apenas tres años, la Vendimia Infantil de La Unión ha pasado de ser una anécdota que nació en 2022, cuando dos hermanos llegaron con tractores de juguete para descargar uva como los adultos, a convertirse en un acontecimiento que combina tradición, aprendizaje y diversión. Porque, como reconocen desde la cooperativa, el relevo generacional no se improvisa: se cultiva, igual que la vid, con paciencia, con mimo y con ilusión.
Un compromiso que se enmarca en la historia y el crecimiento de la propia entidad, hoy convertida en una de las cooperativas de referencia de la DOP Montilla-Moriles. Sus modernas instalaciones, levantadas sobre una parcela de 35.000 metros cuadrados, son testimonio de un esfuerzo colectivo que sigue mirando al futuro sin olvidar las raíces. Y la Vendimia Infantil es, sin duda, una de las mejores semillas para garantizar que ese futuro esté asegurado.




Y es que no se trata únicamente de cortar racimos o de ver cómo el mosto fluye tras la molturación. El objetivo que se ha propuesto esta entidad fundada en 1979 por un grupo de agricultores impulsados por la Unión de Agricultores y Ganaderos (UAGA) va mucho más allá: acercar a los más pequeños la cultura del vino, enseñarles de dónde nace y, sobre todo, sembrar en ellos el amor por la tierra para garantizar un relevo generacional que se ha convertido en una necesidad para el sector agrícola.
Desde primera hora de la mañana, el lagar de La Unión se llenó de movimiento. Llegaban niños y niñas acompañados de sus padres y abuelos, algunos empujando carritos, otros cargando cestas y hasta pequeños capazos en los que reposaban los racimos de uva recién cortados. Cada familia pasaba por la báscula para pesar el fruto, aunque en cantidades simbólicas, porque lo importante, una vez más, no era la cantidad, sino el gesto.

Después, la magia continuaba en el pequeño lagar portátil instalado para la ocasión. Allí, bajo la mirada atenta de los operarios de la cooperativa y el asombro de los más pequeños, las uvas se fueron transformando en mosto, ese líquido de color parduzco y tremendamente peguntoso, que encierra siglos de historia y que, ayer, se convirtió en el mejor aprendizaje.




“Difícilmente conseguiremos un relevo generacional tan necesario para el mantenimiento de la vitivinicultura en el marco Montilla-Moriles si no dejamos que los más jóvenes conozcan nuestras tradiciones y entiendan la importancia de la defensa de los agricultores”, afirmó Francisco Fernández, director-gerente de La Unión.
El portavoz de la cooperativa no dudó en recalcar la finalidad última de esta cita: despertar la curiosidad de los niños por la cultura vitivinícola y enseñarles que detrás de cada copa de vino hay un trabajo, una historia y una identidad. “Queremos sembrar entre la infancia y la juventud la semilla de mantener nuestro patrimonio, el que nos identifica, con una tradición antiquísima del cultivo de la vid y la elaboración de nuestros vinos generosos”, añadió.

La Vendimia Infantil no solo repitió el esquema de sus dos ediciones anteriores, sino que incorporó varias novedades muy bien acogidas por todos los asistentes. La primera, un taller impartido por la Asociación de Amigos de la Venencia de Montilla, en el que los niños pudieron aprender esta técnica que nació con una finalidad práctica —probar el estado del vino en las botas de crianza— y que se ha convertido en un símbolo del marco Montilla-Moriles. Y es que comprobar cómo el vino describe un arco perfecto antes de romper en la copa sigue siendo, para muchos, un momento mágico.




La segunda novedad fue la participación de niños procedentes de Moriles, localidad con la que la Cooperativa Agrícola La Unión mantiene una relación especial, sobre todo desde la fusión, el pasado mes de junio, con la Cooperativa Vitivinícola Nuestra Señora del Rosario. Un guiño al territorio que, según avanzó Francisco Fernández, se repetirá en ediciones futuras con otros pueblos del marco Montilla-Moriles. De esta manera, la Vendimia Infantil se abre al conjunto de la comarca, convirtiéndose así en un espacio común para las familias de toda la Denominación de Origen.
Además de la vendimia simbólica y el taller de venencia, los pequeños pudieron disfrutar de un desayuno molinero en el que no faltaron el pan y el aceite de oliva virgen extra elaborado por la propia Cooperativa Agrícola La Unión. Un momento sencillo, pero cargado de significado, que recordó la importancia de los productos básicos en la dieta mediterránea y la conexión entre el campo y la mesa. Tras el desayuno, los participantes recibieron un diploma conmemorativo, un detalle que guardarán como recuerdo de un día diferente.

Pero la experiencia no terminará aquí. La Unión ha anunciado la convocatoria de un concurso de dibujo en el que los niños y niñas podrán plasmar cómo vivieron la jornada de ayer. Las obras deberán entregarse antes del 10 de septiembre en la oficina principal de la cooperativa, situada en la Avenida de Italia, y formarán parte de una pequeña exposición que la entidad prevé organizar en las próximas semanas.




En apenas tres años, la Vendimia Infantil de La Unión ha pasado de ser una anécdota que nació en 2022, cuando dos hermanos llegaron con tractores de juguete para descargar uva como los adultos, a convertirse en un acontecimiento que combina tradición, aprendizaje y diversión. Porque, como reconocen desde la cooperativa, el relevo generacional no se improvisa: se cultiva, igual que la vid, con paciencia, con mimo y con ilusión.
Un compromiso que se enmarca en la historia y el crecimiento de la propia entidad, hoy convertida en una de las cooperativas de referencia de la DOP Montilla-Moriles. Sus modernas instalaciones, levantadas sobre una parcela de 35.000 metros cuadrados, son testimonio de un esfuerzo colectivo que sigue mirando al futuro sin olvidar las raíces. Y la Vendimia Infantil es, sin duda, una de las mejores semillas para garantizar que ese futuro esté asegurado.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

