Venimos de una semana negra para el cine español, debido a los fallecimientos de Verónica Echegui (1983-2025) y Eusebio Poncela (1945-2025). Este último fue protagonista de una de mis películas favoritas, Arrebato (1979), de Iván Zulueta. Se trata de uno de esos filmes casi desconocidos, calificado como “maldito”, que solo alcanzas a ver si eres cinéfilo o, como fue mi caso, te lo encuentras por casualidad. De hecho, tuvo muchos problemas para ser proyectada.
Arrebato se produjo en el mismo año que Apocalypse Now (Francis Ford Coppola), La vida de Brian (Terry Jones), Kramer contra Kramer (Robert Benton) o Manhattan (Woody Allen). En España, se estaba viviendo la Transición y los comienzos de la Movida Madrileña, de la que Arrebato es una de sus películas emblemáticas (por ejemplo, Alaska o Almodóvar tienen algunas discretas participaciones que no se encuentran en los créditos).
Aquel mismo año salieron películas de corte político como El crimen de Cuenca (Pilar Miró) —censurado inmediatamente—, El proceso de Burgos (Imanol Uribe), El corazón del bosque (Manuel Gutiérrez Aragón) u Operación Ogro (Gillo Pontecorvo) —también trabajó Poncela en este filme—, entre otros.
De acuerdo con Caparrón Lera, historiador del cine, la filmografía española de todo este período se caracterizó en términos generales por la revisión del franquismo, por hacer un uso excesivo e innecesario de la violencia y el erotismo (lo que no dejaba de ser una incoherencia estético-discursiva), y la desconexión entre los cineastas y los espectadores.
En este contexto, Arrebato participó en las dos últimas características señaladas, al menos. No es cine familiar, ni de grandes salas. La película gira en torno a un director de películas de serie B interpretado por Poncela que se encuentra en plena crisis personal y profesional.
Mantiene una relación tóxica con su expareja, Ana (Cecilia Roth), con la que ya solo le unen las adicciones, y una extraña atracción por Pedro (Will Moore), un personaje extravagante obsesionado por el cine, su adicción, que acabará vampirizándolo.
Sin embargo, a diferencia de otras películas de la época, el sexo, la violencia y las adicciones, que pueden ser desagradables, se encuentran bien integrados y justificados en la trama. Refleja los demonios de un director maldito, Iván Zulueta, y ofrece un filme diferente en un momento en el que casi todo era política y/o cine comercial.
Arrebato es una oda al cine. Sin embargo, lejos del romanticismo de un Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), nos encontramos con un amor sucio, tóxico, de una persona que ama el arte, pero que no sabe mantener una relación sana con en ella. Así se manifiesta desde la primera escena, ya mítica en la Historia del cine español, en la que el personaje de Poncela afirma con colmillos postizos: "No es a mí a quien le gusta el cine, sino el cine a quien le gusto yo".
Eusebio Poncela tuvo una amplísima trayectoria, llena de papeles extraordinarios y otros más discretos, como suele ocurrir con todos los buenos actores. Sin embargo, me apetecía hablar de este clásico “maldito” y recomendarlo a todos aquellos que todavía no hayan tenido el placer de disfrutarlo. Descansen en paz.
Haereticus dixit
Arrebato se produjo en el mismo año que Apocalypse Now (Francis Ford Coppola), La vida de Brian (Terry Jones), Kramer contra Kramer (Robert Benton) o Manhattan (Woody Allen). En España, se estaba viviendo la Transición y los comienzos de la Movida Madrileña, de la que Arrebato es una de sus películas emblemáticas (por ejemplo, Alaska o Almodóvar tienen algunas discretas participaciones que no se encuentran en los créditos).
Aquel mismo año salieron películas de corte político como El crimen de Cuenca (Pilar Miró) —censurado inmediatamente—, El proceso de Burgos (Imanol Uribe), El corazón del bosque (Manuel Gutiérrez Aragón) u Operación Ogro (Gillo Pontecorvo) —también trabajó Poncela en este filme—, entre otros.

De acuerdo con Caparrón Lera, historiador del cine, la filmografía española de todo este período se caracterizó en términos generales por la revisión del franquismo, por hacer un uso excesivo e innecesario de la violencia y el erotismo (lo que no dejaba de ser una incoherencia estético-discursiva), y la desconexión entre los cineastas y los espectadores.
En este contexto, Arrebato participó en las dos últimas características señaladas, al menos. No es cine familiar, ni de grandes salas. La película gira en torno a un director de películas de serie B interpretado por Poncela que se encuentra en plena crisis personal y profesional.
Mantiene una relación tóxica con su expareja, Ana (Cecilia Roth), con la que ya solo le unen las adicciones, y una extraña atracción por Pedro (Will Moore), un personaje extravagante obsesionado por el cine, su adicción, que acabará vampirizándolo.

Sin embargo, a diferencia de otras películas de la época, el sexo, la violencia y las adicciones, que pueden ser desagradables, se encuentran bien integrados y justificados en la trama. Refleja los demonios de un director maldito, Iván Zulueta, y ofrece un filme diferente en un momento en el que casi todo era política y/o cine comercial.
Arrebato es una oda al cine. Sin embargo, lejos del romanticismo de un Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), nos encontramos con un amor sucio, tóxico, de una persona que ama el arte, pero que no sabe mantener una relación sana con en ella. Así se manifiesta desde la primera escena, ya mítica en la Historia del cine español, en la que el personaje de Poncela afirma con colmillos postizos: "No es a mí a quien le gusta el cine, sino el cine a quien le gusto yo".
Eusebio Poncela tuvo una amplísima trayectoria, llena de papeles extraordinarios y otros más discretos, como suele ocurrir con todos los buenos actores. Sin embargo, me apetecía hablar de este clásico “maldito” y recomendarlo a todos aquellos que todavía no hayan tenido el placer de disfrutarlo. Descansen en paz.
Haereticus dixit
RAFAEL SOTO ESCOBAR
FOTOGRAFÍA: DEPOSITPHOTOS.COM
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