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Mostrando entradas con la etiqueta A las andadas [Juan C. Romero]. Mostrar todas las entradas
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1 ene. 2019

  • 1.1.19
El 2 de diciembre de 2018 marcó un hito en la historia de Andalucía al abrir la puerta a la posibilidad de descabalgar al PSOE del Gobierno de la Junta por primera vez. La suma de las derechas de PP y Ciudadanos junto a los ultras de Vox tienen por delante el desafío de propiciar el relevo de los socialistas, con una responsabilidad que les trasciende.



El próximo ciclo electoral, los posicionamientos a nivel estatal de PP y Ciudadanos, la emergencia de Vox con el 10 por ciento de los votos en Andalucía. Sobradamente se ha hablado de la repercusión que lo ocurrido en las elecciones andaluzas pueda tener fuera de nuestras fronteras.

A menudo se obvia la clave andaluza: lo que está en juego aquí es si serán capaces PP y Ciudadanos, y Vox en la medida en que pueda condicionar a ambos, de poner en marcha un Gobierno con un discurso homogéneo, coherente y con medidas bien planificadas que se distancien del PSOE conservador que ha venido gobernando Andalucía, y que sepan trasladarlas a la opinión pública con solvencia.

La primera vez que en San Telmo tome posesión un presidente ajeno al PSOE tiene un plus de responsabilidad. En Galicia, Emilio Pérez Touriño logró desbancar a los populares y su Gobierno apuntalado por los nacionalistas del BNG fue tan fugaz como el del popular José Antonio Monago en Extremadura.

Las experiencias de otras latitudes vienen al caso para dilucidar que un posible Gobierno de las derechas en Andalucía puede ser un punto de inflexión o puede, también, ser garantía de que la cabra tendrá larga vida en el Sur.

¿La cabra? En la jerga popular andaluza se dice hace décadas que los socialistas, hasta poniendo una cabra de cabeza del cartel, serían capaces de sostenerse, dada la animadversión que tradicionalmente han tenido los andaluces y las andaluzas a las derechas.

La ejemplaridad del nuevo Ejecutivo será una de las claves. Medidas acordadas como la equiparación de honorarios de altos cargos políticos a los del Estado español, lo que supone algunos incrementos de hasta el 100 por cien en gastos de sueldos, no son muy edificantes, como el PSOE y Adelante Andalucía han empezado a denunciar.

Que fuerzas como PP y Ciudadanos –que niegan un salario mínimo de 900 euros para los trabajadores y las trabajadoras– acuerden, así sea con eufemismos, un incremento exponencial de los salarios que perciben los altos mandos políticos, no alientan el mejor ambiente para la puesta de largo del nuevo Gobierno.

La capacidad que Vox tenga de enmendar la plana a PP y Ciudadanos adquiere una relevancia máxima que sabrán explotar desde PSOE y Adelante Andalucía. Será llamativo, si ocurriese, ver a Moreno y Marín defender propuestas de Abascal desde Presidencia, escorados a la derecha más casposa e insensible que cuenta con el rechazo mayoritario del pueblo andaluz.

La gestión del tiempo nuevo abierto tras el 2 de diciembre será compleja pero apasionante para las fuerzas que se han propuesto pasar página, de momento, a la era socialista. La credibilidad de sus medidas y formas, y la eficacia de sus propuestas, dirán el resto.

JUAN C. ROMERO

14 mar. 2018

  • 14.3.18
Verde, blanca y verde, el programa que Canal Sur Televisión emite en su prime time, volvió anteanoche a eludir el debate en clave andaluza con un monográfico sobre la situación de Cataluña que anotó un pobre 2,5 por ciento de cuota de pantalla. El debate, a razón de 43.000 euros por emisión, toca fondo y elude la clave andaluza en sus contenidos.



Una vez más, Canal Sur obvia la función pública que le es inherente y priva a la audiencia de contar con representantes y portavoces de los agentes sociales que han liderado y protagonizado la actualidad en las diferentes provincias andaluzas.

Las preocupaciones de los andaluces pueden esperar. Verde, blanca y verde parece al margen de la defensa de la Sanidad pública,  que sigue dejando en los últimos meses movilizaciones en Andalucía, por ejemplo, las promovidas por el doctor Jesús Candel, Spiriman, desde Granada. Sirve de ejemplo, toda vez que sería inimaginable ver a Candel debatir con autoridades y representantes políticos sobre la Sanidad en Andalucía.

No es un tema excepcional, ni el único agente social que se obvia. Se pasa totalmente de la cuestión andaluza. El diseño de este debate parece concebido para marcar una agenda diferente a la que preocupa realmente a la ciudadanía, como las convocatorias feministas del pasado 8 de marzo desbordaron todas las provisiones, o el profesorado interino en Andalucía, que se echó a las calles para pedir un plan que les dé estabilidad en su trabajo en los centros educativos, mejorando así la Educación pública, o los pensionistas que están preocupados por el deterioro de sus condiciones de vida también en Andalucía, y han convocado movilizaciones para el próximo 17 de marzo.

La selección de estos contenidos parece ideada con el objetivo instrumental a los intereses del Gobierno de Susana Díaz de desviar el foco mediático de las cuestiones de relevancia andaluza a otras cuestiones que nada aportan para la televisión autonómica andaluza, ni son un estímulo para la audiencia andaluza.

El monográfico sobre Cataluña sirvió para que la producción tocase fondo. El prime time de Canal Sur con Verde, blanca y verde obtuvo su peor nota respecto a los tres programas emitidos hasta la fecha con un 2,5 por ciento de la cuota de pantalla.

En una semana marcada por la agitación social en las calles andaluzas como consecuencia de las protestas de pensionistas, profesorado interino o la histórica huelga feminista que el 8 de marzo, Verde, blanca, verde se ampara en la guerra de banderas para alimentar de contenidos su programa con un enfoque controvertido.

La producción de corte oficialista estuvo plagada de lugares comunes y dogmas centralistas al abordar el tema catalán. Entre los invitados para opinar sobre Cataluña faltaban voces más diversas y plurales, y pesaba cierta unanimidad, cuestión que se ponía de manifiesto a medida que tomaban la palabra.

El equipo de Verde, blanca y verde llega a imprimir carácter editorial al programa, que se hace evidente en la manera de plantear las preguntas, en la dramatización de lo que se cuenta, y en el tono. Una tutorización que la audiencia, al hilo de los pobres datos, no estuvo dispuesta a soportar. Desde plató, la copresentadora, Laura Lobo, pregunta si "hay miedo" en Cataluña por el procés.

"Hay sobre todo preocupación y mucha incertidumbre, y eso es lo que vamos a ir desgranando a lo largo de la noche en este programa especial", dramatizaba María López, enviada especial de la superproducción a Cataluña. "La actualidad manda y vamos a estar muy pendientes de la última hora de Cataluña", añadía la enviada especial, como si el tema catalán estuviese eclosionando en la noche del lunes y justificase en modo alguno la conexión de enviadas especiales para relatar alguna noticia urgente al pie de la calle.

Entre los invitados a este monográfico queda latente que Canal Sur rehúye de poner en marcha una producción contando con profesionales andaluces, referentes de los agentes sociales de Andalucía, y en clave andaluza.

Si el objetivo era valorar desde Andalucía la situación de Cataluña, la selección de invitados al debate fue cuando menos controvertida, toda vez que acudieron a la televisión pública andaluza Jordi Xuclá, diputado del PDCAT; Gemma Ubbasat, profesora de Ciencias políticas de la Universidad de Girona; José Rodríguez de la Borbolla, expresidente de la Junta de Andalucía; Gabriel Colomé, profesor de Ciencias Políticas en Barcelona; Rafael Porras, director de El Mundo Andalucía; y Lorena Mostajo, responsable de Casals de Cataluña.

La cuidada puesta en escena, profesionalidad del equipo que no se pone en cuestión, grafismos, sintonías y decorados contrastan con el ritmo lento, tedioso y por momentos desordenado del programa. El debate no fluye. Se interrumpe continuamente con numerosos invitados que conectan desde las pantallas del plató y se salpica de estudios de opinión de la Universidad de Granada que no despiertan interés ni para las personas que deben debatirlos. Entre tantos elementos diferentes y carentes de coherencia unos con otros, la audiencia llega a perderse.

El espacio de Paco Lobatón, pese al alto costo de 43.000 euros por emisión para los andaluces, no contribuye a articular el territorio andaluz y a dar voz a representantes de asociaciones, colectivos o fuerzas políticas para que sean reconocidas para el conjunto de la sociedad andaluza.

JUAN C. ROMERO

14 feb. 2018

  • 14.2.18
En las primeras estribaciones de la Sierra Morena de Sevilla se está haciendo un trabajo trascendental para defender el trazado original de la Vereda Salto de la Trocha, en la Vía de la Plata, entre los pueblos de Castilblanco de los Arroyos y Almadén de la Plata. Un corredor con una rica biodiversidad, con un legado de siglos de historia que hoy puede perderse para siempre por servilismo o negligencia de las autoridades que están llamadas a defender lo público.



Los colectivos y agentes sociales se organizan para dar a conocer la Vereda del Salto de la Trocha con una actividad el próximo 4 de marzo entre Castilblanco y Almadén que anuncian en www.saltodelatrocha.es. Lo hacen sin recursos, conscientes de ser David contra Goliat.

Inexplicablemente, el PSOE de Castilblanco, al frente del cual estaba Segundo Benítez, actual delegado provincial de Agricultura y Desarrollo Rural de la Junta, mandó en 2009 cambiar el trazado del Salto de la Trocha en lo que afectaba a dos fincas privadas, para llevarlo a la cuneta de una carretera. La gente se enteró en 2014 de este cambio solicitado por el equipo de gobierno socialista a merced de un acuerdo con los propietarios de las fincas que ocupaban esta vía pública.

Esta modificación de trazado supone la pérdida de un paraje natural precioso, con valor patrimonial, histórico y etnográfico; vital para entender la vida de los lugareños en tiempos pretéritos. Sus oficios, sus comunicaciones, los abrevaderos y descansaderos donde aliviaba el ganado su pesar. Por eso hay que revertir el cambio de trazado y trabajar junto a la Administración para recuperar estos senderos, señalizarlos y respetarlos en beneficio de la comarca y sus usos.

El relato de los pueblos pasa por estas veredas, patrimonio de toda la ciudadanía. Cambiar su trazado para dejar este capital en manos de los propietarios de Cortijo de Campo y La Yerbabuena, que han venido ocupando esta vereda con connivencia o impunidad, supone traicionar el mandato de nuestras autoridades de defender lo que es de todos. Es, también, borrar de un plumazo parte de nuestra identidad.

La identidad colectiva y la memoria de los antepasados que hicieron vida al calor de la vereda del Salto de la Trocha con los recursos de un espacio vivo y de futuro como el Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla. Es nuestra responsabilidad colectiva defender los espacios y caminos públicos, para que generaciones venideras puedan conocerlo e investigar sobre el terreno. Tienen derecho a conocer el legado de sus gentes.

Hacer patria es reconocer, valorar y respetar lo que es de todos. Por eso, el 4 de marzo se proyecta una actividad para toda la familia: alegre y abierta a senderistas, clubes deportivos, ecologistas, apasionados del montañismo y de la naturaleza. Promovida por los agentes sociales Ecologistas en Acción y Plataforma Ibérica por los Caminos Públicos con el objetivo de transitar, con los permisos pertinentes, por el trazado original del Salto de la Trocha.

La Vereda del Salto de la Trocha es pasado, presente y también está llamada a ser futuro y un pulso de dignidad para nuestra comarca. El 4 de marzo debemos decirlo en Sevilla en un contexto en el que se ha constituido una comisión sobre la Ley Andaluza de Recuperación de Vías y Caminos Públicos.

JUAN C. ROMERO

28 dic. 2017

  • 28.12.17
Lo vimos anoche en La 1 de TVE. Entre risas de los chefs, aparece una anguila viva junto a uno de los concursantes, Juan Antonio, y el programa insta al pequeño concursante a matar al animal para cocinarlo. La escabrosa escena aún aparece en la web del programa de TVE como "la divertida batalla de Juan Antonio contra la anguila".



Televisión Española obvia la función de servicio público que le es inherente en el enfoque de este programa infantil por varias razones que repasamos a continuación:

En primer lugar, al programar un programa con niños, y dirigido al público infantil, donde se pueden ver escenas de violencia o maltrato animal, así sea en el contexto de una cocina y de un programa gastronómico. La broma es aún más perversa atendiendo a la sensibilidad de los menores: de los concursantes y de la audiencia a la que va dirigido este formato.

En segundo lugar, vemos un programa infantil en una televisión pública que arranca pasadas las diez y media de la noche y se alarga hasta la madrugada. Una hora que obliga a la audiencia infantil a trasnochar para seguir la trama del concurso. Justificarlo en que los menores puedan estar de vacaciones no es coherente, toda vez que se sigue obviando el compromiso para la racionalización de los horarios en TVE.

En tercer lugar, RTVE incurre en una gran incongruencia al usar a los niños y niñas de reclamo televisivo en un programa de adultos como MasterChef donde se les inculcan valores de competitividad desde edad temprana. Y al impulsarles a hacer cosas que, como se pudo ver anoche, no estaban seguros de querer hacerlas.

Todo en un ambiente de gran presión ante las cámaras, parte del guión y del espectáculo que vende el programa, y con pruebas como la de matar a una anguila que no comprenden los menores.

"Yo creo que en la pescadería (la anguila) te la dan ya muerta", confesó el concursante Juan Antonio, todavía dudando de lo oportuno de la prueba a la que fue sometido ante la audiencia. Lo que la cadena pública resume como una "divertida batalla", para estupefacción de quienes, como el pequeño concursante, no comprendan si en ediciones próximas del programa puedan instar a los menores a hacer lo mismo con gallinas, vacas o cerdos ibéricos.

La incongruencia de emisiones como MasterChef Junior en TVE estas Navidades llega a extremos perversos. Es así si tenemos en cuenta que la dirección de la cadena pública, que entre 2003 y 2006 mantenía el concurso musical infantil Eurojunior para seleccionar al candidato de España en el Festival de Eurovisión Junior, pero optó desde 2007 por suprimir la representación de España en este festival alegando que el concurso fomentaba "estereotipos que no compartimos". Estas eran las declaraciones del entonces director de TVE, Javier Pons.

La misma dirección de TVE sostenía en esa etapa que era pertinente "abrir una reflexión" en la sociedad española sobre la adecuación de mantener en antena estos concursos de mayores adaptados a menores porque se fomentaban "estereotipos" en un ambiente de competitividad donde es fácil "cruzar rayas peligrosas".

La medida, así argumentada, era del todo razonable si la pretensión era garantizar los derechos de la infancia, fomentar valores como la cooperación frente a la competencia o, aún más importante, cuando hablamos de menores: la no violencia.

"A ver, Juan Antonio, ponlo encima de la tabla y lo cortas, como un chef", indican desde el programa al pequeño concursante, mientras el resto del equipo le indica cómo hacerlo entre risas, en una secuencia marcada por los gritos de los menores que seguían la prueba estupefactos.

Tras esta escabrosa escena en el prime time de las Navidades, con un niño instado por mayores en un programa de televisión a matar a un animal, y aunque RTVE lo defina como "divertida batalla", ¿qué reflexión es conveniente abrir ahora en el seno de la dirección de la pública española?

JUAN C. ROMERO

5 jun. 2014

  • 5.6.14
A la par que coherencia, en la fuerza que algunas personas desconocían hasta las elecciones del 25 de mayo demandan ética en el ejercicio de la política. Proponen convergencia con otras fuerzas políticas –esto es: diálogo, negociación, consenso, Política- y, al igual que su misma irrupción, supone un motor de cambio para la forma de hacer política y para los aparatos que progresivamente hurtaron la capacidad de decidir de la ciudadanía y fueron restando legitimidad popular a los liderazgos y a sus proyectos políticos para subordinar el interés común en intereses propios.

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Está forzando una renovación en conjunto. Atañe al sistema y al principio de representación de la ciudadanía en las administraciones públicas. Asume la máxima manifestada en sucesivas protestas ciudadanas donde se demandaba la democratización de nuestras instituciones y mayores cotas de participación en la toma de decisiones, tras la eclosión de los movimientos sociales en los últimos años.

El éxito de Podemos, más allá de lograr la confianza de 1,2 millones de personas en unas elecciones, reside en la promesa de cambio. El temor de otros partidos está en el potencial de esta promesa.

Es un mensaje que cala en una ciudadanía que observa cómo la impunidad reina en las élites de poder: sea en el seno de la Corona española hundida en su ilegitimidad; en el partido que sostiene la acción del Gobierno de Mariano Rajoy cuestionado por los sobresueldos y las cuentas de sus patriotas autoridades en paraísos fiscales mientras se recortan derechos, libertades y servicios; en el caso del PSOE con sucesivos escándalos y posicionamientos que lo alejan de postulados que llevan en sus siglas y de ser una alternativa de Gobierno.

Pero también en el caso de la patronal con el expresidente de los empresarios, Gerardo Díaz Ferrán, encarcelado por sus abusos; de instituciones hondamente antidemocráticas como el Fondo Monetario Internacional, o hasta de las fuerzas sindicales, con el escándalo que ensombrece la acción y la imagen de UGT, también en Andalucía, lo que denota que la acción desde los más diversos ámbitos del ejercicio de la política (la toma de decisiones en instituciones, gobierno, oposición, empresariado, sindicatos) no estuvo regida por el interés de servir al bien común.

Si estas acciones no estuvieron encaminadas a servir a la ciudadanía ¿A qué intereses se subordinaron? Los partidos políticos, la banca acreedora, el gran capital y los intereses de los medios de comunicación tradicionales han jugado un papel determinante. Lo siguen jugando.

En este marco, el profesor universitario Pablo Iglesias anunció que la campaña de Podemos no subordinaría su discurso al interés de bancos o amigotes que puedan condicionar luego la acción de esta fuerza en las administraciones públicas, sustituyendo el gobierno por el bien común en un gobierno por el sostén de privilegios y la devolución de favores.

Esto le da legitimidad popular a sus decisiones, y les permite marcar distancia ante las presiones de los lobbies que dan forma a las políticas que nos han traído hasta esta crisis: amnistías fiscales, subidas de impuestos, recortes en los derechos laborales y en los salarios, o pactos entre PP y PSOE para garantizarse la vara de mando ante sus superiores (la banca y el gran capital) que han sustituido a las bases y a la militancia en la toma de decisiones.

Del análisis de referentes de nuestra vida política, como el expresidente Felipe González, subyace una paradoja. El viejo líder socialista que dio forma al Estado Social en España, a instancias de la ciudadanía que lo elevó a la Presidencia, es hoy a Podemos lo que los grises fueron al joven que se hacía llamar Isidoro en los años previos a la Transición en este país.

Esto nos lleva a una reflexión. ¿Por qué la ciudadanía precisa de apuestas como la que hacen visibles hoy Pablo Iglesias, Íñigo Errejón o Jesús Jurado, y un sinfín de anónimos que con su labor han dado forma a una opción de cambio factible?

Desde el bipartidismo que ha edificado nuestro sistema democrático se tilda de "extremismo" o de "bolivariano" (de la caricatura que desean vendernos de Hispanoamérica y su bagaje en las salidas ante la crisis) las demandas de respeto a las bases de nuestro propio ordenamiento, que propone Podemos.

Perciben como una amenaza que se apueste por la igualdad de las personas ante la ley para terminar con la impunidad, por la redistribución de la riqueza y ese principio de solidaridad que se traduce en una progresión fiscal para que la construcción de nuestra sociedad sea equilibrada y no a costa de dejar a otros colectivos en las cunetas, o que se haga una defensa de los derechos a los que la ciudadanía debe tener acceso: la Educación –no para dogmatizar a las personas, sino para hacerlas libres- y la Sanidad –porque la salud no puede ser un negocio y no puede estar sujeta a intereses de rentabilidad que no sea la rentabilidad social- u otros como la Vivienda, que es un derecho y no un negocio.

De las plazas del 15-M en 2011 se hicieron muchas lecturas. Una corriente minoritaria en la opinión pública, apostó en aquel contexto, por ejemplo, por paralizar los desahucios. Mientras los medios ("los brazos ejecutores del sistema", según el teórico Helbert Schiller) criminalizaban estas acciones, las personas que las protagonizaban advertían que el desahucio era un drama social, además de un abuso, y señalaban a los responsables de estas ejecuciones hipotecarias.

Esta corriente minoritaria logró hacerse mayoritaria en la opinión pública, y dio lugar a un posicionamiento de la Unión Europea en la que advertía a España de la ilegalidad de nuestra Ley Hipotecaria.

Podemos es ciudadanía: consecuencia de un tiempo donde la conciencia social cobra importancia. De ahí que los viejos eslóganes y los líderes de sonrisas y selfies causen hoy rubor ante amplias capas de nuestra sociedad que los miran con pasmo, preguntándose cómo los viejos partidos se muestran incapaces de ofrecer una respuesta a un sistema que ya se ha derrumbado, al menos en la manera en que venía reproduciéndose hasta 2011.

Podemos es una buena noticia, con independencia de que se comparta la ideología de esta fuerza que irrumpe en nuestro sistema para cambiarlo, porque ha logrado situar una alternativa donde decían que era imposible que emergiese, y porque su acción cuestiona al sistema y necesariamente fuerza al avance de todas y cada una de las fichas del tablero.

En lo que a partir de ahora pueda traducirse la opción Podemos, una vez que han logrado hacerse visibles y acceder a las administraciones, tomarán partido infinidad de variables y la honestidad de las personas que se acerquen a hacer y a servir a la ciudadanía.

JUAN C. ROMERO

21 ene. 2014

  • 21.1.14
Lo único nuevo en el viejo sindicato UGT-Andalucía y de sus prácticas –cuestionadas en estos meses y que cierran explosivamente con la era de la concertación social- es su secretaria general, Carmen Castilla. Y ni es nueva, ni tiene los 100 días de rigor para demostrar el cambio.

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El Gobierno de la Junta de Andalucía de Manuel Chaves y de José Antonio Griñán, algún responsable del Ejecutivo de Susana Díaz, la patronal andaluza y hasta los sindicatos –los pilares que sostuvieron la concertación social- han saltado por los aires con las instrucciones judiciales que hacen, aunque a años vista, una labor fiscalizadora que en su momento, por hache o por be, tampoco tuvo la capacidad de hacer la oposición en nuestra tierra. La paz social de discursos pasados suena ahora a la compra de las voluntades de personas y de organizaciones a golpe de pesetas o de euros –muchas y muchos-.

Entre auto judicial y exclusiva periodística, salta al ruedo otra cara nueva, la de Carmen Castilla. Recibe de sus últimos compañeros cuestionados en el estamento superior del sindicato el mando de la organización UGT. Su nombramiento no ha estado exento de polémica en el seno de la propia institución sindical: muchos no entienden que en medio del escándalo sea una persona de la misma Ejecutiva bajo sospecha la que siga, a la desesperada, capoteando el chaparrón ante la opinión pública.

Los críticos, y buena parte de la base, llamaban a conformar una gestora para erradicar las malas prácticas de su élite, y erradicar cualquier atisbo de connivencia con las personas deshonestas que hubieran podido manchar en algún momento al sindicato con sus erradas decisiones.

Las comparaciones de Carmen Castilla con la secretaria general del PSOE y presidenta de la Junta, Susana Díaz, no se han hecho esperar. Y es que ambas vienen del mismo poder interno cuestionado en sus organizaciones. Ambas, también, han subido al estrado presentadas como una novedad, con la sorna ambiciosa de "un nuevo tiempo", al tiempo que se muestran "implacables" ante una corrupción que nos avergüenza. Y a ellas, dicen, también.

Pero en el sindicato, como en el seno del renovado PSOE o del Gobierno de PSOE y de IU, no están para paños calientes, y la flamante responsable Castilla tendrá complicado un respiro o querer gozar de los 100 días de rigor para demostrar cuánto de implacable va a ser ante las situaciones de abuso que hayan podido derivarse de años de presunto descontrol del dinero público recibido para formación.

Si desde la Junta se demandaba con la apertura de un procedimiento administrativo formal la devolución de 1,8 millones de euros que recibió UGT y que no quedaron justificados, desde la Secretaría General de UGT-Andalucía empiezan a matizar.

"Subsanar presuntos errores de documentación", cita Carmen Castilla, con la esperanza de abrir un periodo de alegaciones en el que tengan opción de aportar la documentación necesaria para justificar lo hasta ahora injustificado.

En todas partes cuecen habas, y hasta desde el PP andaluz se han hecho fuertes con la organización sindical y demandan una ejemplaridad poco vista hasta ahora en las filas conservadoras.

Con una pata en la instrucción judicial y otra en los medios de comunicación –donde se airea la etapa dorada del estamento superior de UGT-, los trabajadores asisten confusos al cambio y al nuevo tiempo que no marca el sindicato sino la "extremadamente agresiva" –en palabras del ministro Luis de Guindos- reforma laboral española, que liquida derechos laborales mientras otros ministerios elevan dogmas al ordenamiento jurídico o pretenden, a golpe de decretazo y publicación en el BOE, castellanizar a ciudadanos o amordazar y limpiar las calles de una indignada mayoría social en proceso severo de empobrecimiento.

El ritmo vertiginoso de los cambios resta honores a Carmen Castilla y a la capacidad de movilización de su sindicato, y la sitúa ante un desafío sin igual para ganarse el favor y la confianza no de las mismas organizaciones cuestionadas, sino de la ciudadanía que espera defensas también desde los sindicatos de clase para sumar fuerzas y librar la batalla que cada viernes se escribe en el BOE.

Castilla debe despojar la estructura sindical de lo accesorio, depurar responsabilidades sin concesiones, y bajar UGT de los despachos de abogados a las calles de Andalucía, de donde no debieron distanciarse en ningún caso.

JUAN C. ROMERO

15 dic. 2013

  • 15.12.13
En un mundo donde el dogma capitalista invita a desregular cualquier actividad, Uruguay ha dado un paso en la dirección contraria. Es el primer país en regularizar la producción y autoconsumo de cannabis. ¿Es una decisión acertada?

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La iniciativa se saldaba hace unos días con el apoyo mayoritario del Senado –antes lo obtuvo de la cámara de representantes- de la república oriental del Uruguay: se regula la producción y consumo de cannabis.

El Estado de este pequeño país del Río de la Plata, donde no viven más de tres millones de personas, ha dado por perdida la batalla contra el narcotráfico –que, en las últimas décadas, ha segado la vida de miles de personas y ha llenado las cárceles de ciudadanos- y ha apostado por regular en un campo donde hasta ahora sólo se imponía la ley del más fuerte: la del lucro de organizaciones mafiosas, la del delito y, en algunos casos, la del crimen.

La falta de control sobre la producción de marihuana ha hecho fuertes a las mafias al tiempo que el problema de salud pública en nuestras sociedades no ha hecho sino agravarse, con la percepción de que las políticas han errado.

La regulación aprobada por el Senado de Uruguay es una primera base, arriesgada como las demás alternativas, para avanzar en la solución de un problema, una vez que la administración oriental ha tomado conciencia de que las viejas soluciones no venían a dar respuestas a las cuestiones actuales heredadas de décadas anteriores.

Esta propuesta para regular contó con el respaldo de representantes de la oposición, de colorados y blancos, al no existir disciplina de voto en el país oriental, y lejos de ser fruto de una improvisación del Gobierno del exguerrillero José Mujica, con el apoyo del Frente Amplio que avala las políticas de su Ejecutivo, es consecuencia de un debate que desde el año 2010 ha estado presente en el seno de la sociedad uruguaya.

Con el objetivo de obtener el monopolio de la producción de cannabis en el país, y dispensar de manera controlada y segura en las farmacias la marihuana, Uruguay invierte la lógica de las mafias, y asume como responsabilidad del Estado este problema de salud pública para proteger a la ciudadanía y anular las situaciones de fuerza que hasta ahora quedaban en manos de las mafias.

Lo acertado o errado de esta nueva política habrá de valorarse conforme se ponga en marcha, si bien cabría preguntarse si la desregulación en otras áreas ha sido beneficiosa para la ciudadanía o por contra ha alimentado situaciones de abuso sobre el Estado y sobre el conjunto de la sociedad.

¿Ha sido acertada la desregulación del sector bancario que ha llevado a países como España a una de las crisis más importantes económica, institucional y social? ¿Ha sido acertada la desregulación de los medios de comunicación que ha propiciado la concentración de los medios en unos pocos de gigantes multinacionales que controlan la mayoría de cadenas de televisión y cabeceras tradicionales?

Hacer juicios de valor sobre esta política aún por implementar es prematuro. Por contra, sí es posible analizar en nuestras sociedades lo que décadas de desregulación han promovido. Y es esa una buena base desde las que aportar nuevos marcos de acción política.

JUAN C. ROMERO

23 ago. 2013

  • 23.8.13
Tras una primera etapa de éxito en Andalucía, el desembarco de Toñi Moreno con el programa más solidario en la cadena pública estatal es la apuesta de RTVE para las primeras sobremesas sin telenovelas en varias décadas.

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El programa llegará con novedades la próxima semana, la primera: el español neutro de Moreno. La presentadora parece haber dejado el acento de su habla andaluza en Despeñaperros, en una decisión que pone de relieve cómo todavía hoy el andaluz no está bien visto, aún siendo la cadena de todos.

En RTVE todo está a punto para el estreno del programa Entre todos. Es la adaptación del formato Tiene arreglo que ha liderado las mañanas en Canal Sur Televisión con una fórmula y un equipo bien engrasado para encontrar a cada problema una solución.

Cuenta con la cómplice y solidaria participación de otras personas, que hacen posible que los casos de las personas con dificultades que pasan por plató vayan resolviéndose en directo.

Entre las claves del formato, en la televisión andaluza, destacó la proximidad de su presentadora, Toñi Moreno, una todoterreno versátil, curtida en formatos como Andalucía Directo, capaz de empatizar y meterse en el bolsillo a propios y a extraños. Su marcado acento andaluz, de Sanlúcar de Barrameda, fue parte de la identidad del programa en la autonómica, y consciente de ello, se hizo gala de esta particularidad en Andalucía para prestigiar el andaluz.

Pero las promociones de Entre todos que hasta ahora se han acercado a las pantallas de la cadena estatal han llamado la atención de los andaluces, y no por los significativos cambios que pueda tener el formato, que mantiene la esencia de su antecesor, sino por el tratamiento al habla andaluza. En La 1 de RTVE, la presentadora Toñi Moreno camina por una ciudad hablando un español neutro: su andaluz se ha esfumado en antena.

Lo que pudiera parecer un tema baladí, el acento de un comunicador, no lo es si tomamos en consideración la valoración que se tiene del andaluz como un “español mal hablado”. Este estigma a las hablas andaluzas se estudia en las universidades, y redunda en el tópico andaluz y en la percepción que a nivel estatal se tiene de Andalucía, o en la que los propios andaluces tienen de sí mismos y de su manera de hablar.

¿Hablan "mejor" o "peor" que en Madrid? Es una pregunta recurrente, que no debiera ser todavía en 2013 un motivo para ridiculizar a las personas que habitan en determinado territorio, que presentan los rasgos propios de esa región a la hora de comunicarse con otras personas en la oralidad.

El bloqueo a la diversidad de lenguas, dialectos y hablas en RTVE, en este caso al andaluz de Moreno, pasaría desapercibido, de no ser porque el desembarco del equipo de Tiene Arreglo coincide con el anuncio del posible retorno de Los Morancos a la primera cadena de TVE. ¿Con qué acento creen que harían reír a nivel estatal los hermanos Cadaval con su show en el prime time?

Como lo hiciera la mítica Juani en Médico de Familia, Jorge y César hablarán andaluz en su programa. Un programa de humor. Y los humoristas llamarán a Josua desde la ventana de su plató con unas voces que nos resultarán familiares de Despeñaperros para abajo. Y veremos a la madre de Antonia en ese mismo sketch corrigiéndola por "hablar mal", y tratándole de enseñar a hablar como habla esta renovada Toñi Moreno que promociona RTVE para hacer solidarias las tardes desde los estudios de la tele de Madrid.

El español neutro de Moreno pasaría desapercibido de no ser por el agravio para los andaluces, en el que ahondan luego las autoridades políticas a lo largo y ancho del Estado.

Artur Mas propinó un bofetón a los andaluces cuando espetó que los niños andaluces no saben hablar. O en la misma línea desde las filas populares, con la diputada Montserrat Nebrera, cuando dijo que el acento andaluz “parece un chiste, un chiste malo”, en alusión a las particularidades del habla de la entonces ministra Magdalena Álvarez.

En definitiva, sobre el andaluz pesa todavía hoy la losa de los clichés y de los estereotipos. Del centralismo exacerbado, y de la bota que durante siglos pesó sobre la sien de los trabajadores y de las trabajadoras del campo. Mujeres y hombres analfabetos trabajando de sol a sol por su subsistencia, con el azote de su irrelevancia tatuado en su piel, de los que hablase y teorizase Blas Infante, el padre de la Patria Andaluza.

JUAN C. ROMERO
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7 ago. 2013

  • 7.8.13
No sé si es moderna o antigua. Si camino por una calle o me voy por los tejados de la ciudad. Si hay vida en las derruidas construcciones, o si en su decadencia se abraza el olvido a la melancolía. Viseu se dibuja sobre un promontorio, coronado por dos edificios singulares: la iglesia de la Misericordia y la Catedral.

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En torno a ellos, tan pronto parece que estamos en una zona urbana como en la profundidad del campo, como sugieren las bolsas de suelo y corralones, constantes en el centro como en la zona residencial.

En la parte baja, el legendario Viriato, líder de las tropas lusitanas y celtíberas que resistió a la dominación romana, observa desde la monumental escultura erigida en su honor, el devenir de los actuales íberos (portugueses, españoles, gallegos, catalanes, vascos…) que enfrentan el desempleo, la emigración que vacía su territorio, los recortes para saldar deudas, y la dominación del capital en la voz despectiva y el dictado de la Troika.

Por el empinado viario del casco histórico los adoquines de granito confinan la historia con lo coetáneo, y los restos de la muralla se integran con la arquitectura de coloridos edificios de impronta moderna, haciendo un guiño al que lo ve y desmontando a su paso los prejuicios de quienes desconfían de la compatibilidad en el casco antiguo del pasado con el futuro, en la acción permanente de nuestro presente.

Los parques y espacios públicos derrochan frescor con árboles y plantas, y se prodigan por toda la ciudad con impecable mantenimiento, dando cuenta del civismo y de la exquisita relación del entorno con sus gentes.

Las fuentes, de diversos tipos son frecuentes en el callejero, alivian una temperatura que, para ser verano, rara vez supera los treinta grados, haciendo agradable el encuentro en alguno de los bancos que invitan a echarse a la calle para conversar, para leer, o simplemente para cuestionar un modelo de ciudad, rico en matices, diseñado para las personas.

Las vías peatonales y las áreas de esparcimiento dan buena cuenta de esta clave, que no está reñida con los intereses de los vehículos privados o de los comercios. Muchos de estos comercios son despachos, viejas tiendas de proximidad que se resisten a abandonar su histórico emplazamiento o a cederlo a las franquicias globales que homogenizan los centros de las ciudades.

Los gatos se regodean en las esquinas sombrías de las calles estrechas que bajan desde el cerro donde se levanta Viseu, con pasajes en los que uno camina con temor de sorprender a otros viandantes de imprevisto, o de elevar más de lo justo la voz haciendo que vuelva a pasar el tiempo en un lugar que parece condenado a entenderse con las estampas de tonos sepias, donde las agujas dan a entender que también se han ido ya del reloj.

Las telarañas, el óxido de rejas o de candados cerrados hace décadas, los jardines desatados, y la madera descarnada de alguna ventana o puerta a lugares deshabitados, acompañan a los vecinos en un quehacer diario que no parece estar regido por el extrés o las prisas. El funicular es un medio de transporte de renovado brío en Viseu, con unas cabinas nuevas que acarician como en otro tiempo la cuesta, y ayuda a los viseenses a hacer llevadera la subida.

Un anciano duerme la siesta tardía a las seis y media de la tarde sobre un gran sillón venido –como casi todo aquí- a menos. Al fresco, al relente, como un actor sobre un decorado en el escenario de su ciudad. Su gorra de visera lo protege de un sol que hace horas dejó de ser una molestia, pero hace apacible su descanso.

Entre los balcones y los ventanales de las casas juegan los geranios de colores, dando un toque pintoresco y alegre al vivir de los fríos bloques de piedra esconchados de las fachadas. Otras, por contra, lucen engalanadas con nobles cerámicas de estampados que parecen tejidos. Son la piel y el ángel de un caserío a veces desangelado que burla las líneas rectas, y la seguridad del viandante.

En algunas plazas, cafés y restaurantes sacan sus veladores al viario, y como los edificios públicos, convidan a la ciudadanía a compartir su experiencia desde la capital del distrito de Viseu con el resto del mundo, gracias a unas redes de wi-fi abiertas. Los templos siguen un mismo patrón arquitectónico de estilo neobarroco dieciochesco, conocido como estilo Juan V, con fachada labrada coronada por un escudo de armas, con una o dos torres para el campanario, generosas ventanas y paredes de color blanco.

En una ida y vuelta caprichoso del destino, el aire colonial no llega de América, sino de África. La población afrodescendiente es una minoría notable en Viseu. Recuerda a la capital oriental del Río de la Plata, Montevideo, y a su popular Barrio Sur. Al son de los tambores del candombe, y a la rebeldía del Sur. Sones de protesta, de queja, de falta, de nostalgia y también de melancolía, como el fado. Parábola, hoy, de la rebeldía de unos pueblos que se resisten a ser esclavos de los nuevos poderosos.

JUAN C. ROMERO
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19 abr. 2013

  • 19.4.13
Estados Unidos ha resuelto el caso de las explosiones de Boston siguiendo la doctrina de la Justicia Infinita que justificó la invasión de Afganistán e Irak. Primero disparamos, luego contrastamos si en efecto guardas o no relación con las explosiones que esta semana empaparon de sangre la meta de la maratón de Boston.

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Sin una investigación que pueda esclarecer las circunstancias de lo ocurrido en la ciudad próxima a Nueva York, los medios de comunicación se han abrazado al dogma. Reproducen que las explosiones son parte de un atentado terrorista. No señalan, por ahora, si bien las "tertulias plurales" agitan cuanto pueden y alimentan, como parte de una orquesta deleznable, la amenaza del mundo musulmán, con el brazo armado de Al Qaeda.

En las últimas horas hemos conocido que la Policía abatió a un ciudadano al que responsabiliza de la autoría del supuesto atentado de Boston. Los medios siguen fieles al discurso oficial y hablan de que se ha abatido a una persona que atentó en la maratón de Boston.

¿Cuál ha sido el juicio a esa persona abatida para hablar con rigor de responsabilidad en unos atentados terroristas? Obvian la garantía procesal que debe ser la norma en un estado de derecho, también en América. Una América acostumbrada a censurar la falta de democracia y libertades de otros estados, de manera especial si median intereses estratégicos como yacimientos petrolíferos: véase Libia o Irak.

Asesinatos desde la oficialidad, y a prueba de bombas. El abatido es probablemente una víctima más del déficit democrático de los Estados Unidos de América donde el gatillo fácil y los ataques preventivos están a la orden del día.

George Bush hablaba de "justicia infinita" y esta declaración de un presidente estadounidense que sería motivo de caricatura de haberse dado en Iberoamérica, en Corea del Norte o en Oriente Próxmo, es la que ha seguido con acomodo el Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, que ha dado buenas muestras del vigor de esta doctrina que permitió el asesinato de Sadam Husseim en Irak o el de Gadafi en Libia.

El propio Obama se mostró contrariado unos días después de las explosiones de Boston por la decisión del Senado estadounidense que dará continuidad al libre albedrío de armas. El presidente pretendía poner coto al gatillo fácil con el que algunos ciudadanos suplen el déficit de seguridad, o se cobran las cuentas pendientes. El proyecto de ley que tumbó el Senado pretendía echar un vistazo a los antecedentes penales de quienes pretenden hacerse con fusiles o pistolas.

Ni las 26 personas que murieron en la escuela Sandy Hook de Newtown a mediados de diciembre como consecuencia de un tiroteo pesaron ante sus señorías. No prosperó. Silencio y complicidad ante el crimen. Voz y voto del negocio armamentístico.

JUAN C. ROMERO
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12 mar. 2013

  • 12.3.13
Son la jet set del capillismo. Les vemos siguiendo ensayos de hermandades, pendientes de la presentación del magno cartel de la Semana Santa de la Tertulia de Amigos Cofrades "Los del cirio verde" o del horario de traslado de una parihuela desde la nave donde se guarda el resto del año al templo desde donde sale.

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Son muy cofrades. Aprovechan cada minuto para reafirmar su condición de cofrade. Sea cerveza en mano, o con la fina cuestión del vino fino entre manos. Las ironías y las bromas hablan de cuán cofrades son; basta dar un paseo por el tuiterío para encontrar gracias cofrades al mejor postor, compartidas y arengadas por la vieja guardia que celebra el músculo de las hermandades.

Conservadores de discurso, desmandados de práctica, hay quien no alcanza a saber por qué se celebra la Semana Santa. Pero hagamos de su capa un sayo, y tiremos adelante, si lo importante es andar, es lo que vienen a decir desde la jerarquía eclesiástica, restando importancia al carácter meramente anecdótico en el que se basan no pocas de las hermandades y procesiones, para sostener ese flujo de personas en su milenaria y sacra institución.

Si se habla de Jesús no es por el carácter revolucionario de sus acciones hace 2.000 años sino por el conservador de una Iglesia romana que llevó a Vaticano la sede de su hegemonía entre las iglesias que nacen de Cristo. Que censura la diversidad, sostiene las desigualdades por cuestiones de género o identidad sexual y vive en estos momentos una pugna interna para dar con el dedo en el que lucirá el Anillo del Pescador.

Jesús debió ser la antítesis de la Iglesia que pretende aprisionar su mensaje. De hecho, el de Nazaret fue un revolucionario de su tiempo por enfrentar a los poderes fáticos: a los sumos sacerdotes, al imperio, a la feligresía de los fariseos con su golpe de pecho, y a los mercaderes que habían hecho de la casa de Dios un negocio.

Cristo debió ser un herético. Basta leer dos versículos seguidos de la Biblia para tomar conciencia de esta particularidad tan obviada en los días en los que se recuerda la pasión, muerte y resurrección de este hombre.

El de Nazaret –como ahora el de Caracas- enfrentó a los poderes establecidos y sumón tantos seguidores como detractores. Las dos revoluciones viven tiempos de incertidumbres, en una pugna por reconducir a sus próximos –en algunos casos en las antípodas de lo que fueron- al mensaje que propugnaron sus líderes.

La muerte de Hugo Chávez nos lleva a pensar, salvando todas las distancias, que el nazareno sumaba tantos seguidores como detractores por enfrentar al poder establecido. Son dos heréticos: ambos incómodos al sistema que ante ellos reacciona expulsándolos del mismo, señalándolos como el enemigo, caricaturizándolos, negándolos... o incorporándolos a su propio sistema para legitimarlos.

El de Caracas permitió –con un mandato que, como todos los mandatos, están abiertos a discusión- que millones de personas sin recursos ni condición de ciudadanos pudieran en algún momento ser, al sacarlas de la pobreza.

Promovió desde el Estado el acceso a una serie de derechos fundamentales que no podían concebirse como sinónimos de lucro, y ha liderado un proceso de integración de los pueblos de Iberoamérica que ha dado voz (500 años después de los procesos revolucionarios que condujeron a su independencia de la metrópoli) a una región acostumbrada a construir su identidad basándose en lo que otros han dicho de ella: "repúblicas bananeras", "populistas", "caudillos", "panchitos", "corruptos"...

Al sistema hegemónico y sus medios de comunicación, cualquier proceso tímidamente revolucionario le resultaría una amenaza ¿Iba a querer el poder establecido en Francia la toma de la Bastilla? ¿Desearían en el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial que hubiese alternativas consolidadas que discutan abiertamente una manera de hacer las cosas que resulta beneficiosa a una élite privilegiada con capacidad de imponerse a la soberanía de los pueblos y dictar sus políticas sin margen de negociación?

En Andalucía, la pasión, muerte y resurrección se vive diariamente en las personas que pasan hambre. Sean nativos o inmigrantes. En las que no tienen una fuente de ingresos ni la expectativa de un trabajo: de manera especial, los jóvenes de menos de 25 años, con más de un 70 por ciento de desempleo, en las familias que están por perder o han perdido su hogar y se encuentran desamparadas. O en las personas que para costear con su triste pensión el encarecimiento del coste de la vida sacrifican su salud aunque el frío cale en sus huesos o el gusanillo del hambre no rompa la barrera de su vergüenza para pedir auxilio.

Y, entretanto, el capillita es posible que llore al ver al costalero en el retranqueo, o lo hizo hace un mes en la igualá. Ajeno al pesar, y quizá también al mensaje de la Iglesia que pretenden ser. Centrado en la anécdota, en definitiva. Que Dios nos coja confesados.

Ratzinger ha dejado la Silla de Pedro con el desafío más importante por delante ¿Será capaz el nuevo Papa de la Iglesia Católica de retomar el carácter revolucionario que impulsó el Hijo de María y José desde su nacimiento en el pesebre de Belén?

JUAN C. ROMERO
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27 feb. 2013

  • 27.2.13
María tiene 81 años y estos días padece la crudeza de los recortes de la Junta de Andalucía en el área de Sanidad, además de los dolores propios de la neumonía que le diagnosticaron. Son las 12.00 de la mañana en su pueblo, en la provincia de Sevilla. Preocupada por el agravamiento de su estado de salud, la familia de María llama al Centro Médico. Tras valorar el historial clínico y lo severo de los síntomas que presenta, su médico de cabecera deriva el caso a la unidad de Urgencias del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla.

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A las 14.00, la paciente ingresa desorientada en una sala de grandes dimensiones donde comparte la espera para recibir la primera atención médica con más de medio centenar de enfermos de diversas patologías y consideración, apelmazados junto a sus familiares. Algunos pacientes pueden permanecer en pie; para otros se ha dispuesto una silla de ruedas. En otros muchos casos, se encuentran en camillas.

La valoración inicial para María demora dos horas desde su ingreso, y sólo es la primera fase de su estancia en Urgencias. El acusado olor en la sala delata el estado en el que esperan algunos pacientes. Y es germen para el desaliento de sus acompañantes.

A las 18.00, María logra recibir la atención médica que se ajusta a sus síntomas: le realizan unos análisis y una radiografía cuyos resultados se conocerán en torno a las 19.30. A los familiares que la acompañan se les informa: "pasará a la unidad de Observaciones cuando haya disponibilidad de camas".

Las horas pasan en la sala de Urgencias. Con María hay decenas de enfermos: niños, jóvenes, mayores y ancianos. Unos portan mascarillas. Los mareos que padecen otros se manifiestan en forma de vómitos. Las personas con movilidad reducida reclaman atención para asearse al cabo de varias horas de espera. Faltan celadores.

María está siendo medicada por vía intravenosa sobre una camilla. Cumple seis horas en Urgencias. Suero y calmantes para su dolor. El mostrador de la sala desborda a las tres personas que lo atienden. "Entendemos la paciencia que tienen, a nosotras nos toca dar la cara por la situación que están viviendo aquí. Le van a llamar pronto", sirve de recurso para contestar a quienes demandan una explicación a la prolongada espera para recibir atención médica o para ser trasladados a otra unidad clínica.

Debido a la falta de personal y a los costes de mantenimiento, "hay áreas del Hospital Virgen Macarena cerradas", sostienen en el mostrador. El personal del centro se disculpa por el colapso de las instalaciones, pero la situación no depende de ellos.

Los recortes en el área de Sanidad, dependiente de la Junta de Andalucía, restringen la capacidad de atención del personal de las unidades del Hospital. Se sacrifica la salud y la dignidad de los propios enfermos.

Aquejada de diversas dolencias y con un tratamiento prescrito para su día a día, María no sabe con qué posición hacer llevadera la espera. "Que me lleven a casa: lo que quiero es irme ya de aquí", balbucea apenas al familiar que la acompaña.

A medianoche, las luces de Urgencias se atenúan. "Hay sólo para quince ingresos", indica a viva voz una enfermera en la sala. "¿Qué va a pasar con mi enfermo?", se preguntan los acompañantes. "Es inhumano", dice una octogenaria que no separa su mano de la de su marido, postrado sobre una camilla.

Uno a uno, en las horas que siguen, van siendo llamados quienes han sido calificados y valorados oportunamente para pasar a la unidad de Observaciones. Son las 3.00 de la madrugada. Le llega el turno a María trece horas después de su ingreso.

Pero en la sala a la que la conducen no hay médico. Desde las 18.00 de la tarde nadie ha revisado la evolución de la paciente en Urgencias. No han dado instrucciones sobre la continuidad de su tratamiento. Al menos, tiene el privilegio de un merecido descanso: unas horas sobre una cama. Los familiares aguardan fuera. Otros pacientes aguardan fuera. La mañana, con su turno de visitas a las 7.30, abrirá una nueva página en el historial de los sacrificados.

El sistema de Salud de la Junta de Andalucía está enfermo. Se descompone a sí mismo y se lleva por delante la vida de otros enfermos. La enfermedad de los recortes del Gobierno de PSOE e Izquierda Unida late en el corazón de cada paciente y de quienes aguardan en el desaliento de la espera de una atención que se demora.

También del personal que les atiende, desbordado y dando la cara por las decisiones de quienes no la dan. Atestado cada rincón de las instalaciones abiertas a la ciudadanía. Son los números de unas cuentas que no saben del drama que se dibuja en la cara de las personas: enfermos, acompañantes, trabajadores... ¿No están en deuda con vosotros?

JUAN C. ROMERO

29 ene. 2013

  • 29.1.13
Las últimas dos semanas han dejado un panorama ensordecedor para la ciudadanía. Los dos partidos que han gobernado España se han visto inmersos en vergonzantes casos de corrupción, de desigual envergadura. De fondo, la responsabilidad de la autoridad de cumplir y hacer cumplir la ley. También dentro de las burocracias que controlan los partidos.

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Inmersos en un proceso de desarticulación de bases como el Estado Social y el Estado de Derecho, según alertan con sus movilizaciones amplias capas de la ciudadanía a lo largo y ancho del país, la aparición de una cuenta en Suiza del extesorero del Partido Popular (PP) –y cargo de confianza de Rajoy-, Luis Bárcenas, con 22 millones de euros, ha sido un sablazo en toda regla a la denominada Marca España.

Si, en un ejercicio de imaginación, convirtiéramos los 22 millones de euros de la cuenta de Suiza en carritos de la compra, se pondría de manifiesto el guante blanco con el que el Gobierno de Mariano Rajoy está gestionando una crisis que apunta de lleno a una financiación irregular en su partido. Los sobresueldos que habrían venido cobrando durante años algunos dignatarios, de manos del propio extesorero, son un revés en toda regla al partido que sostiene al Gobierno español.

Los paños calientes de la acción gubernamental en este caso contrastan con diligencia del ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, cuando ordenó la detención de Juan Manuel Sánchez Gordillo tras la anecdótica acción del parlamentario andaluz con Diego Cañamero y los trabajadores del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) en el supermercado.

La sustracción de varios carros de la compra que marcó el verano pasado se produjo a la luz de las cámaras; se produjo a la vista de todos, y dejó en el ambiente la reflexión y la denuncia. Desde la radicalidad, trasladaron a la opinión pública la extrema necesidad que padecen ya muchas familias en este Sur, Andalucía, con las tasas de paro diez puntos por encima de la media estatal.

Estos bandoleros andaluces, los jornaleros del SAT, señalaron a la "irresponsabilidad de los responsables"; a gestores magnos como Rodrigo Rato, premiado meses después con un puesto de confianza en Telefónica tras el rescate con dinero público del agujero negro de Bankia.

La aparición de tanto euro patrio en un paraíso fiscal, y a nombre de una persona de confianza con despacho en Génova, hace saltar por los aires el discurso de la austeridad: unos privilegiados se benefician de sobresueldos y para otros no cesan los sobreesfuerzos.

Desde la bancada de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba no ha tenido margen para alzar demasiado la voz contra cualquier atisbo de corrupción. No están libres de fantasmas: haberlos haylos hasta bajo las alfombras reales.

Las ideas socialistas se esfumaron cuando Amy Martin levantó su pluma poniendo un conmovedor punto y final a sus versos. El caso de la periodista fantasma que entregaba sus honorarios de 3.000 euros por columna al presidente de la Fundación Ideas del PSOE, Carlos Mulas, quedaría en una anécdota. De no ser por la complicidad y necesaria connivencia de otros cargos del partido.

El gerente del PSOE se reunió Amy Martin y le dio el visto bueno, revela el diario El Mundo. Tanto periodista en el desempleo y el socialismo apuesta por contratar a un fantasma. Así, Rubalcaba pecaría de incoherente si sostiene sus acusaciones a Rajoy por no estar al tanto de los populares sobres de Bárcenas cuando no tiene constancia de las irregularidades en su círculo más próximo.

El estupor de estos casos no ha dado lugar a un cambio legal que desde la transparencia impida, en adelante, una financiación opaca –o susceptible de caer en prebendas e irregularidades- de los partidos que deben defender el sistema democrático y legislar para todos.

Aquejada de corruptelas y manzanas podridas que no se dejan sanar por las manzanas sanas de su cesta, la Marca España sigue siendo la de unos dirigentes aparentemente indolentes con escaso margen para apostar por la transparencia sin que les tiemble el pulso, o aparezcan fantasmas que maticen y den un nuevo significado a sus voces.

JUAN C. ROMERO

9 ene. 2013

  • 9.1.13
El periodismo está indefenso en muchos pueblos de Andalucía. Numerosos profesionales que llevan a cabo su labor en pequeños y medianos municipios de esta región padecen cada día la desidia de unas autoridades políticas hábiles en el escamoteo de la información e impúdicas a la hora de vetar a aquellos medios de comunicación que no les bailan el agua. Ejemplos de este tipo de políticas lesivas los encontramos, por desgracia, a lo largo y ancho de la geografía andaluza. Algunos más cerca, incluso, de lo que imaginan –si es que necesitan imaginar-.

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Pero, sin duda, uno de los casos más sangrantes de los últimos meses lo protagoniza el Ayuntamiento de Espartinas, en la provincia de Sevilla. El Pleno de la Corporación Municipal ha aprobado por mayoría absoluta un reglamento que constata el carácter antidemocrático que han tomado muchas de nuestras instituciones. Capaces, incluso, de prohibir el acceso de la ciudadanía al máximo órgano de representación de la Administración local: el Pleno de la Corporación.

Sesiones que debieran convocarse con semanas de antelación e informar a la ciudadanía a través de todos los medios para propiciar debates de los ámbitos que les son comunes en el seno de la opinión pública, son convocadas en las tinieblas de la Junta de Gobierno, sin antelación ni información pública.

En localidades como Castilblanco de los Arroyos, en la Sierra Norte de Sevilla, es norma habitual convocar estas sesiones a primera hora de la mañana para, de esta forma, dificultar la posibilidad de asistir a estas sesiones plenarias a amplios colectivos sociales como empresarios, trabajadores o estudiantes.

El derecho de la información, en la base de nuestro sistema democrático, está en el centro de una diana donde van a parar los dardos de las autoridades que debieran tutelar, salvaguardar o garantizar un bien público y universal para la ciudadanía.

El artículo 20 de la Constitución española reconoce el derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La Ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades”.

La realidad en el ámbito local dista mucho de asemejarse a lo establecido en la norma básica de nuestro ordenamiento jurídico. Los dardos restrictivos a los derechos fundamentales en muchos ayuntamientos andaluces impactan desde las siglas más diversas. Y es que PP, PSOE, IU y UPyD aprobaron en Espartinas la primera normativa que limitaba el derecho a informar de los plenos.

Con tan buena base, la mayoría popular que regenta el Consistorio de esta localidad de algo más de 14.000 habitantes no tuvo oposición para asestar el golpe definitivo dos plenos más tarde y dejar la grabación audiovisual en exclusividad para los operarios municipales y a discreción de los intereses políticos del partido de gobierno en cuanto a su edición y difusión.

Esta práctica no es ni mucho menos aislada, más bien por el contrario la padecen los profesionales del periodismo en su labor diaria. El Ayuntamiento de Castilblanco, con mayoría absoluta de PSOE, mantiene las emisiones de una televisión municipal ajena a la legalidad desde la que ofrece visiones muy particulares de la realidad local.

El canal, costeado con recursos públicos desde 2007, carece de permisos para operar en la TDT y ha sido objeto de denuncias por censurar a asociaciones, partidos políticos y entidades locales. El Consejo Audiovisual Andaluz emitió un informe constatando que “el 82,95 por ciento del tiempo de voz de los actores que aparecieron en los informativos de la cadena en las fechas de análisis correspondió a miembros del equipo de gobierno del Ayuntamiento”.

El sesgo y la falta de pluralismo político de la emisora municipal puso de manifiesto “la inexistencia de debate democrático en los informativos y la ausencia de libertad de expresión de opiniones en dicho espacio, en detrimento del derecho de información de los ciudadanos”, según el informe del Consejo remitido al Pleno de la Corporación en junio de 2011. Pero la situación no ha variado año y medio después, pese a las advertencias. La emisión irregular continúa y no ha habido sanción o apercibimiento al Ayuntamiento desde los órganos competentes.

Sin periodismo no hay Democracia: debemos denunciar cada derecho fundamental que irresponsablemente pretenden negar a la ciudadanía o modular a su gusto. Las asociaciones de la prensa y los colectivos de periodistas deberían hacer una radiografía de las administraciones locales que coartan a la ciudadanía el derecho a la información. Y romper de una vez por todas este silencio tolerante en un escenario de retroceso y de desigualdad ante quienes administran el poder, en defensa de la libertad de información y del ejercicio del periodismo.

JUAN C. ROMERO

28 dic. 2012

  • 28.12.12
El líder de la Iglesia encargado de transmitir la Palabra de Dios ha abierto este año en su mensaje navideño la caja de los truenos y ha llamado a la feligresía a "luchar" contra la igualdad de las personas en una nueva cruzada, ésta de carácter homófobo.

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“Los homosexuales manipulan la identidad de Dios para adaptarla a sus preferencias, con lo que destruyen la esencia misma de la criatura humana”, afirmó el Sumo Pontífice en la tradicional audiencia navideña celebrada en el Vaticano. Unas palabras que pasaron desapercibidas para buena parte de los medios de comunicación tradicionales en el relato de la actualidad.

A sus 85 años, Benedicto XVI parece avanzar con inusitada decisión por una vía de autodestrucción de la Iglesia Católica quizá con escasos precedentes en este credo milenario. España es un país aconfesional. La libertad de credo la reconoce el artículo 16. de la Constitución, que establece que ninguna religión tendrá carácter estatal. La religión queda, por tanto, circunscrita a un ámbito inherente a la libertad y a la voluntad de cada persona.

Si hace sólo unas semanas el Papa sobresaltaba al mundo con la "revelación", a dos mil años vista, de que no había estrella fugaz, ni mulas o bueyes junto al Nazareno, la llamada a la feligresía a combatir la igualdad de derechos y la discriminación en función de la identidad sexual puede –no sin motivos- interpretarse como una metedura de pata que la edad de quien la pronuncia no debería servir para justificar.

Sin duda, se trata de un envite a la autonomía de la persona y, también, de una incoherencia con respecto al discurso de las Sagradas Escrituras y a la Palabra de Dios que la Iglesia pretende transmitir desde los púlpitos del universo.

El hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios. “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se muevan sobre ella”, dice el primer libro de cuantas escrituras conforman la Biblia. Se trata del Génesis, y la cita es textual del capítulo 1, versículo 26.

Desde esta base, cabe interpretar que las palabras del Papa son producto de una animadversión personal hacia determinados colectivos sociales. Y esta animadversión ha llevado a la curia a manifestarse "en defensa de la familia".

La jerarquía eclesiástica que clama en defensa de un status quo con colectivos estigmatizados e invita a una nueva cruzada para preservar a la "criatura humana" en detrimento de una sociedad de iguales, parece no haber calculado aún el bien que haría a una desequilibrada institución emprender una cruzada contra los abusos cometidos desde el altar. Si, en efecto, el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios, algún cardenal debiera aconsejar mejor al dignatario que ostenta el trono de San Pedro.

“A dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo, de nuevo alertada. Entonces, de lo alto apareció un pulgar, un ancho dedo humano y concienzudamente aplastó carga y hormiga”, escribió Mario Benedetti en A imagen y semejanza.

Paradójicamente, el cuento de este escritor uruguayo parece explicar el empeño que muestra Ratzinger con su dedo inquisidor que, concienzudamente, se dedicar a “aplastar carga y hormiga” en lugar de iluminar la senda de su feligresía conforme al mandamiento que proclamaba aquello del “amarás a Dios sobre todas las cosas… y al prójimo como a ti mismo”.

JUAN C. ROMERO

7 dic. 2012

  • 7.12.12
Del 6 al 8 de diciembre, España vive el puente festivo de los dos dogmas: el de la Constitución Española y el de la Inmaculada Concepción de María. El primero es político; el segundo, de carácter religioso. El diccionario define el dogma religioso como la “doctrina de Dios revelada por Jesucristo a los hombres y testificada por la Iglesia”, y la Iglesia Católica celebra el 8 de diciembre que Jesús fue concebido por María por obra del Espíritu Santo, sin pecado original de por medio.

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El dogma político cobra otro matiz que reconoce el diccionario al definirlo como “fundamento o puntos capitales de todo sistema, ciencia, doctrina o religión”. El dogma político español por excelencia ha sido la Constitución de 1978.

Pero si puede el Papa Benedicto XVI romper con la arraigada tradición que situaba al buey y a la mula en el portal de Belén, también pudieron los dos grandes partidos políticos romper nada más y nada menos que con el dogma político por excelencia. Así lo hicieron en agosto de 2011.

De lo poco que se puede celebrar este año con motivo de la Constitución será, precisamente, el día de hoy, 7 de diciembre, jornada festiva a caballo entre dos efemérides. Y si se puede celebrar algo es, precisamente, gracias a que mañana se celebra la festividad de la Inmaculada.

Es lo que queda después de que PSOE y PP decidieran remozar el artículo 135 para subordinar la Carta Magna nacida del consenso de la Transición a los intereses de la banca privada. "No anteponer nada al pago de la deuda". Visto así suena a revelación, a mandamiento –no divino, más bien del capital- asumido por el bipartidismo como nuevo dogma.

Al Partido Popular, como partido conservador que gobierna hoy en España, se le suponían políticas de derechas. Y a pesar de ello, caminan estos días por los clavos de su programa electoral incumpliendo una a una las promesas con las que obtuvieron la mayoría absoluta de la que gozan. Defraudan a sus votantes llevando a cabo políticas frontalmente opuestas a las presentaron a la ciudadanía para acceder al Gobierno de España.

Del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero –y con Alfredo Pérez Rubalcaba como mano derecha en la etapa final- se esperaba otra cosa. Y sin embargo, promovieron el pacto para adulterar la norma fundamental a instancias de la Troika. Luego, lejos de plantear una alternativa socialista a la austeridad, optaron por el adelanto electoral.

Dejaban el terreno abonado a los populares, que se beneficiaron del divorcio del electorado socialista con su partido, y pueden señalar sin remordimiento a los socialistas como cómplices de las políticas de recortes que ejecutan. De aquellos barros, estos lodos.

El Partido Popular y los medios de comunicación afines se presentan como defensores de la Constitución Española, salvaguarda de la unidad de España, y la anteponen a cualquier posicionamiento político. Demandan poco menos que la reverencia del conjunto de la ciudadanía y de las fuerzas políticas ante un texto a su juicio intocable.

En un ejercicio de cinismo, eluden su deber de cumplir y hacer cumplir el artículo primero, que dice lo siguiente: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.

Desde 2011 el Gobierno central abomina del Estado Social con un programa de "ajustes" encaminado a desproteger a los trabajadores, a los pensionistas o a los dependientes, al tiempo que se saltan a la torera derechos fundamentales inherentes a la persona al no garantizar el acceso universal a la Educación o a la Sanidad.

“Las gentes sin casa y las casas sin gentes” evidencian el incumplimiento del derecho constitucional a una vivienda digna. La intervención del servicio público de RTVE para someter el criterio periodístico a las directrices gubernamentales ponen en jaque el derecho de la ciudadanía a recibir una información veraz.

Si algo faltaba, rompen con el Estado de Derecho definitivamente, gracias a la ley de tasas judiciales, en un último envite que está llamado a configurar un sistema donde los derechos son definitivamente del capital y las obligaciones de las personas.

Entretanto, el liderazgo de la oposición no está escorado tras las siglas de PSOE que en el XXXVIII Congreso celebrado en Sevilla apostó por la continuidad de la mano de Rubalcaba, sino que nace de la convergencia de diferentes movimientos sociales que tienen en común una máxima: cuestionan abiertamente el dogma político que sentó las bases de las últimas décadas de convivencia en el Estado, y del que han quedado ahora al margen.

JUAN C. ROMERO

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